Factores de degradación intrínsecos en los libros: la naturaleza del material bibliográfico

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Factores de degradación intrínsecos en los libros: la naturaleza del material bibliográfico

 

[Versió catalana]


Zoel Forniés Matías

Conservador y restaurador
Arxiu Municipal Contemporani de Barcelona

Raquel García Quiroga

Restauradora profesional

 

Resumen

Com bé apunta l'annex E de la Carta del Restauro de 1987, abans de qualsevol intervenció, el llibre, com a bé cultural, s'ha de considerar en la seva complexitat i multiformitat històrica, artística, material i funcional. El coneixement de cada material original és indispensable per procedir correctament en la feina. En l'article es repassen exhaustivament les degradacions principals de caràcter intrínsec dels materials més utilitzats en la manufactura del llibre al llarg de la història.

Abstract

As observed in Appendix E of the Carta del Restauro (Carta della Conzervazione e del Restauro degli ogetti d’arte e di cultura [1987]), before undertaking any project of conservation or restoration, professionals must consider that as a cultural asset and in historical, artistic, material and functional terms, the book is a complex, multi-format artefact. Knowledge of the various original materials used to make books is crucial to such professionals and this paper presents a comprehensive analysis of the main types of intrinsic degradation in the materials most commonly used in the history of book making.

 

Introducción

En ocasiones, el efecto de deterioro del libro suele ser consecuencia de la propia naturaleza de los elementos que lo componen, ya sea por tener un carácter inestable o bien porque exista cierta incompatibilidad entre dos o más elementos constituyentes (Bello; Borrell, 2008). Uno de los motivos más frecuentes es el hecho de que muchos objetos que actualmente forman parte del patrimonio artístico y cultural de la mayoría de las instituciones, en su momento, se confeccionaron como instrumentos de estudio y trabajo o con un carácter (administrativo) temporal, sin una intención real de permanencia, empleando por ende materiales de baja calidad (menor coste).

Estos elementos con capacidad de deterioro, como hemos dicho, pueden ser parte de la composición original (en ocasiones materias primas de baja calidad o procesos de manufactura deficientes), pero también es posible que hayan sido adicionados en algún tratamiento posterior (reparaciones o restauraciones incorrectas) o incluso aparecer de forma natural a raíz de alguna reacción degradativa impulsada por algún factor externo, que puede estar actuando durante largos periodos de tiempo (Tétreault, 2009).

También puede considerarse un factor congénito de degradación potencial la propia estructura o formato del libro. Ya que, en ocasiones, un peso excesivo del volumen o una gran complejidad constructiva pueden dificultar la manipulación o crear problemas de funcionalidad. Habitualmente los libros de gran formato presentan deformaciones estructurales y deficiencias mecánicas. Asimismo, estos factores intrínsecos están íntimamente asociados a otros factores externos; por la dificultad de su manipulación o de la correcta colocación durante su almacenamiento, suelen presentar otro tipo de degradaciones fisicomecánicas asociadas: desgastes y deformaciones en la encuadernación, fracturas, desuniones, desgarros en las hojas de guarda, etc.

Debido a que estos factores se conciben en la propia naturaleza del libro, la eliminación no forma parte de una posible solución para erradicar el problema. Por ello, en ocasiones, las gestiones paliativas directas suelen consistir en procesos complejos de bloqueo. Quizás uno de los tratamientos de este tipo más practicado en el ámbito del libro y del documento con soporte de papel sea la desacidificación, que, a grandes rasgos, puede describirse como un tratamiento a base de compuestos alcalinos con el objetivo de bloquear los posibles compuestos ácidos inherentes.

Pero para pugnar contra este tipo de factores, la estrategia más utilizada es la de generar unos planes de conservación preventiva eficaces, con los que se consiga neutralizar, o al menos atenuar, los procesos de degradación. Habitualmente estos planes consisten en la creación de un entorno favorable mediante la modificación del medio y la generación de protocolos para el manejo de la obra o el conjunto de las colecciones.

En ocasiones, la identificación precoz del deterioro causado por factores intrínsecos es difícil realizarla a simple vista, ya que, salvo casos excepcionales, la información sobre la selección de materiales y los detalles del proceso de manufactura de un determinado libro es difícil de encontrar o prácticamente inexistente. Solamente un técnico especialista en restauración experimentado con un amplio conocimiento en la tecnología de los materiales puede ser capaz (de forma limitada) de realizar un diagnóstico anticipado de ciertas patologías congénitas. Conjuntamente, un posible recurso para realizar estudios exhaustivos es el de apostar por instituciones multidisciplinarias con servicios de instrumental analítico, en las que es factible no solo caracterizar los diferentes materiales constitutivos de una pieza, sino además identificar marcadores cualitativos y cuantitativos de los cambios en las propiedades físicas, químicas y ópticas (Van der Reyden, 2010).

 

1 Soportes o sustentantes (tripa o cuerpo del libro)

1.1 Soportes tradicionales

1.1.1 Pergamino o vitela

Debido a que se trata de un material resistente, muchas de las degradaciones que puede presentar un pergamino tienen un origen inherente a su naturaleza o su manufactura. Normalmente presenta una superficie anómala, lo cual le otorga un carácter de heterogeneidad higroscópica. Esto puede provocar con el tiempo deformaciones y otras degradaciones físicas asociadas: grietas, arrugas, roturas, etc. (Vergara, 2002). Además, si la calidad de la materia prima no es alta, también pueden encontrarse marcas y orificios propios de las heridas del animal antes de ser sacrificado.

La naturaleza de la piel utilizada en el proceso de manufactura también desempeña un papel importante. Normalmente el pergamino confeccionado a partir de la piel de la cabra es mucho más fino y flexible que el resultante a partir del becerro. Esto le aporta un aspecto mucho más atractivo, pero, en líneas generales, es la elaborada a partir del becerro la que se ha preservado mejor a lo largo del tiempo, al presentar una mejor resistencia a la flexión y al doblado; incluso algunos sustentados como la pintura o el dorado se han preservado mejor gracias a su estructura más compacta (Szczepanowska, 2004).

En el siglo xix junto con los avances científicos se industrializa la manufactura del pergamino, al incluir productos químicos (como el óxido y carbonato de calcio y el sulfuro de sodio) con el objetivo de agilizar el proceso de eliminación del pelambre, que tradicionalmente se realizaba con un baño de cal prolongado. La desventaja de este proceso es que se retiraba demasiado tejido de la piel, con lo que se obtenían pieles de inferior calidad. Para contrarrestar los efectos del baño rápido, se utilizaban además otros productos químicos como el formaldehído, que todavía perjudicaba más a la calidad del producto final, mucho más rígido debido a la pérdida de elasticidad. Igualmente, los restos de azufre (del sulfuro de sodio) empleados, al catalizarse con la acción de iones de hierro y cobre presentes en la piel, se transforman en ácido sulfúrico, el cual, al reaccionar a su vez con el carbonato de calcio presente en el pergamino, produce sulfato de calcio (yeso). Este, en un medio de humedad relativa fluctuante, puede disolverse y recristalizar de forma repetitiva ayudando a atrapar la suciedad y las partículas contaminantes del medio, las cuales suelen proporcionarle una apariencia deslucida y gris (Lem, 1997).

También es importante apuntar que, en el envejecimiento natural del pergamino, la cantidad de lípidos constituyentes tiene un papel importante, ya que en los procesos de autooxidación de estos se ha evidenciado la producción de peróxidos y la emisión de aldehídos, que conducen irremediablemente a la degradación oxidativa del colágeno. Por ello no deberían utilizarse aceites no saturados en las intervenciones a pergaminos (Cassar, 2009).

Debido al uso extendido del polietilenglicol o PEG (un polialcohol) en diferentes tratamientos curativos del pergamino (sobre todo como estabilizador higroscópico), se han llegado a describir efectos secundarios indeseables, como un aumento en la transparencia en zonas de menor espesor y un aumento del peso (esta última alteración puede llegar a repercutir en la resistencia de la estructura de un libro). Este es un buen ejemplo de factor intrínseco adicionado (Tacón, 2004).

 

1.1.2 Papel de trapo

En comparación con el pergamino, el papel se presenta como un material de soporte mucho más frágil. Debido a esta premisa, se puede afirmar que la mayoría de las patologías que pueden afectar al papel confeccionado a partir de trapos de fibras vegetales (lino, cáñamo, algodón, etc.) son extrínsecas a su composición. No obstante, su elaboración es un proceso largo y complejo (de al menos trece operaciones), por el que la materia prima utilizada (que ya en sí misma es un producto elaborado) tiene el riesgo de sufrir algún tipo de alteración indeseada o empobrecimiento de sus características esenciales, estos cambios, con el tiempo, pueden ser susceptibles de comportarse como factores de degradación inherente.

Pero, para tratar este tipo de factores de forma más concreta, clasificaremos el proceso de manufactura de este tipo de papel en dos modos, los cuales, además, corresponden con periodos de tiempo claramente diferenciables: aquel en el que se han empleado técnicas totalmente artesanales y aquel en el que se han empleado los recursos que ha ofrecido el desarrollo industrial (mecanización de la etapa artesanal).

Obviando la posibilidad lógica de una mala manufactura en cualquiera de sus modalidades, es posible afirmar que, en términos generales, el empleo que los recursos que la industrialización ha ofrecido a la fabricación de papel ha sido en detrimento de su calidad.

Aunque la materia prima en un principio puede ser la misma, el proceso de bateado se refina a partir del siglo xviii con el uso generalizado de la pila holandesa. Este refinamiento provoca a su vez un acortamiento en las fibras que forman la pulpa, con lo que mengua la resistencia mecánica del producto final. Además, es también a finales del siglo xviii cuando comienza a generalizarse el empleo de aditivos químicos con el objetivo de facilitar las tareas de manufactura. Estos aditivos tienen también un papel importante como factores intrínsecos del papel, sobre todo tres de ellos: los residuos remanentes de blanqueantes clorados (como el hipoclorito), utilizados para decolorar los trapos (teñidos) de la materia prima;1 el alumbre empleado para endurecer la gelatina (encolante para aprestar el papel); y la colofonia, empleada para dar resistencia al papel (Crespo, 1992). Todos ellos son productos disgregantes de naturaleza ácida que, potenciados por agentes externos, suelen ser causantes de la ruptura de las moléculas de celulosa por medio de reacciones ácidas, el incremento de enlaces interfibrilares y la cristalización de las paredes de la fibra. Estas reacciones favorecen la degradación de la fibra del papel debilitando su resistencia mecánica (Crespo; Viñas, 1984).

 

1.2 Soportes modernos

1.2.1 Papel de pasta mecánica

El aumento exponencial en la demanda del papel provoca que en el siglo xix se comience a experimentar con otras materias primas de peor calidad. Este proceso culmina a mediados del mismo siglo con la patente del desfibrado de la madera por medios abrasivos, con la cual se pudo llegar a sustituir totalmente el uso de los trapos.

A diferencia de los trapos de alto contenido en celulosa, la madera presenta un porcentaje mucho menor de aquella (entre el 45–55 % según su origen) y un mayor porcentaje de sustancias llamadas incrustantes. Estas sustancias son designadas de esta forma porque son innecesarias para la fabricación del papel: hemicelulosa (15–25 % de la madera), lignina (20–30 %), resinas, ceras, grasas, colorantes, taninos, gomas, sustancias inorgánicas, etc. Se puede afirmar, por tanto, que todas las sustancias incrustantes son componentes potencialmente dañinos, ya que, como impurezas, pueden alterar la estabilidad que confieren las propiedades de la celulosa.

La lignina es considerado uno de los componentes inherentes más dañinos que contiene el papel de pasta mecánica: durante la formación de la pulpa, los procesos acuosos permiten a la celulosa la formación de puentes intermoleculares, proceso que aporta resistencia al producto final. Sin embargo, el contenido en lignina actúa como cementante en la superficie de las fibras, pues impide la formación de estos enlaces y, por consiguiente, provoca un papel mucho más débil. Además la degradación de la lignina puede generar ácidos que debiliten el soporte rompiendo las cadenas de celulosa. Otro dato que debe tenerse en cuenta es que en la autooxidación de la lignina se producen peróxidos, los cuales, en presencia de otros agentes inductivos (como la humedad o cationes metálicos) que actúan como catalizadores, pueden formar radicales libres que aceleren los procesos de hidrólisis (disociación) (Viñas, 1994).

Todos estos procesos químicos pueden traducirse en la pérdida de las propiedades elementales del papel: pérdida de brillo, disminución de la resistencia física y mecánica, anomalías en los movimientos higroscópicos de dilatación-contracción (capacidad de absorción) e inestabilidad química. El amarilleamiento del papel provocado por la fotooxidación (factor extrínseco) también está relacionado con el contenido de lignina u otras impurezas, ya que absorben la radiación ultravioleta de forma mucho más eficaz que la propia celulosa (Odor, 2008).

 

1.2.2 Papel de pasta química y semiquímica

A mediados del siglo xix, en plena opulencia del desarrollo industrial, con el objetivo de mejorar el proceso de desfibrado y conseguir mejorar la calidad del papel, se experimentan los métodos de obtención de pulpa empleando productos químicos. La finalidad de estos es la de disolver las impurezas cementantes de la pasta de madera; para reducir así, y de forma muy significativa, el contenido de lignina de la pulpa.

De esta manera el proceso de obtención puede clasificarse en: semiquímico, si se emplean ambos procedimientos (desfibramiento mecánico y tratamiento químico), o químico, si se emplean solo baños con sustancias reactivas. Este último modo de producción era mucho más efectivo a la hora de eliminar los residuos de lignina, pero también de un coste mucho más elevado, por lo que fue mucho más practicada la primera opción (Henry, 1990).

En el mejor de los casos, aunque la ausencia de lignina en el papel puede ser indicativo de un soporte más resistente, las sustancias incrustantes residuales, el corto tamaño de las fibras, la agresividad de los procesos químicos empleados y la adición de sustancias inestables en la composición final, como el alumbre, la colofonia y residuos clorados, han proporcionado un producto final con un alto riesgo de presentar algún tipo de anomalía constitutiva y de acelerar el proceso de envejecimiento (Crespo; Viñas, 1984).

 

2 Elementos sustentados

2.1 Tintas caligráficas

Todas las tintas básicamente se componen de un colorante, un disolvente, un aglutinante, un mordiente y de una serie indeterminada de aditivos o elementos secundarios: agentes espesantes, retardadores, desinfectantes, aromatizantes, abrillantadores ópticos, penetrantes, etc. (Cárcel; Trenchs, 1979). Además de este factor con tantas variables (cualidad), hay que sumarle el del proceso de manufactura, o sea, las proporciones (cantidad) y la calidad de cada una de ellas. De esta manera obtenemos un importante conjunto de variables que pueden llegar a afectar al producto final en forma de factores de degradación intrínseca.

Sin un análisis previo es difícil caracterizar totalmente una determinada tinta caligráfica, ya que su composición, más que estar marcada por un uso generalizado en una época determinada, lo está por la función o el cometido que debía tener; además de otras variantes como son la situación geográfica y los recursos tecnológicos disponibles.

Es cierto que se suele apuntar al siglo xi como una época en la que el uso de las tintas con elementos de alto contenido en taninos y sales de hierro se generaliza y se hace ya muy popular (Mut, 1992). Pero se sabe que la reacción colorante entre estas dos sustancias (reacción base de las tintas ferrogálicas) ya era conocida por el Imperio romano, como atestigua Plinio en el siglo i. Por lo que es lógico pensar que la mayoría de las formulas practicadas para obtener tinta tenían una composición mixta entre la tinta basada en el negro de carbón y la coloración ferrogálica.

 

2.1.1 Tintas de colorante carbonáceo

Básicamente consiste en la suspensión de un pigmento o colorante negro en un aglutinante y un número indeterminado de elementos aditivos. Es la tinta más antigua conocida y de uso muy extendido en Oriente.

Como materia colorante se solían utilizar sobre todo productos de naturaleza vegetal carbonizados, como hollín de sarmientos, de madera, de huesos de frutos, o de la brea y el alcanfor (resinas). Aunque también se utilizaban productos colorantes de origen animal como la tinta de la sepia2 o los huesos de animales, algunas grasas y el marfil carbonizados, o incluso materiales minerales (más comunes en Oriente), como pigmentos negros de óxido de hierro.

Como aglutinantes se solían emplear (en muchas ocasiones mezcla de varios de ellos) gomas como la arábiga o gomorresinas como la mirra, azúcares, miel (polisacáridos); clara o yema de huevo, gelatinas o colas (proteínas); o incluso aceites o grasas (lípidos) (Crespo; Viñas, 1984).

El resultado suele ser el de una tinta estable al envejecimiento (debido sobre todo a las propiedades del pigmento) aunque algo vulnerable a los factores externos; sobre todo al rozamiento y a la solubilidad del agua. Los posibles problemas inherentes suelen surgir de incompatibilidades, mixturas poco proporcionadas o sustancias residuales de aditivos.

Quizás las fórmulas inestables de este tipo más célebres son las que utilizan como colorante la tinta de la sepia (utilizada ya durante el Imperio romano) o el bistre, que se obtiene de la cocción del hollín (una fórmula muy empleada entre los siglos xvii y xviii para abaratar la producción). Las tintas elaboradas con estos materiales suelen padecer cambio tonal o perder intensidad hasta decolorarse completamente (Bello; Borrell, 2002).

 

2.1.2 Tintas de colorante orgánico-metálico

De uso preferente desde la Edad Media hasta bien entrado el siglo xix, debido sobre todo a su resistencia y su carácter permanente, las tintas llamadas ferrogálicas se han posicionado, junto al papel de pasta mecánica, como uno de los elementos más problemáticos para la preservación documental (Banik, 1997).

Básicamente consisten en una mezcla de sales de hierro con sustancias vegetales ricas en taninos (ácido gálico o tánico), que al reaccionar forman un complejo orgánico-metálico de color oscuro. Esta sustancia resultante se mezcla además con un aglutinante (normalmente una goma) y un número indeterminado de aditivos.

El principal deterioro influenciado por los elementos inherentes de este tipo de producto es conocido como corrosión de la tinta. Aunque puede llegar a afectar a soportes proteicos (pergamino), suele ser más habitual localizarlo en los soportes celulósicos (papel).

Es un proceso complejo que consiste en la formación de mecanismos de hidrólisis ácida y oxidación de la estructura molecular del soporte, catalizados por los iones metálicos existentes en la composición de la tinta y el ácido sulfúrico que se produce por la combinación de estos con agentes externos. Este proceso suele traducirse en la migración de los componentes de la tinta, cambios tonales, expansión de halos, y la desintegración del soporte (Holúbková; Jablonský; Kazíková, 2010).

El porqué es posible encontrar tintas ferrogálicas en diferente estado de corrosión se debe, como en todos los materiales, a la influencia de los factores de índole inherente al propio producto final y a la de los agentes externos. Los dos factores congénitos más importantes son, por un lado, la resistencia y compatibilidad que ofrece el soporte a la tinta, y por otro, la proporción de hierro y taninos que contiene.

Una proporción estable3 de los elementos que componen la tinta parece ser menos agresiva para el soporte (Odor, 2011). El problema reside en que es muy difícil conseguir una proporción balanceada (además este nunca ha sido uno de los objetivos de la manufactura de la tinta): Si la proporción de hierro es mayor al balance (la mayoría de los casos), el exceso de iones de hierro provocará una mayor susceptibilidad hacia la corrosión. Si al contrario, oscila más hacia la cantidad de taninos, tenderá a ser una tinta más efímera adquiriendo un tono más claro y tendiendo a decolorarse.

Otro tipo de tinta muy empleado emparentada es con base de palo de Campeche y palo de Brasil, elementos de origen vegetal que se han utilizado ampliamente como tintes naturales. Debido a sus propiedades también han sido utilizados como tintas caligráficas o incluso, más recientemente, para cintas de máquinas de escribir o para papeles de copia (Hammeke, 2004).

Estos colorantes se extraen de plantas ricas en hematoxilina, una sustancia que proporciona en su forma reducida un intenso color rojo y al oxidarse se oscurece a un tono azulado. Aunque se trata de un compuesto bastante estable, este era mezclado con sales metálicas para conseguir un color oscuro intenso, con lo que en ocasiones se obtenía una tinta de carácter inestable y con consecuencias muy parecidas a las ferrogálicas (Bicchieri [et al.], 2008).

Con el desarrollo de la industria se fueron sustituyendo algunos ingredientes por productos sintetizados equivalentes para mejorar las fórmulas, como la alizarina, el vanadato de amonio o ciertos ácidos. Pero, en lo relativo a la preservación, el resultado final presenta el mismo tipo de degradaciones.

 

2.1.3 Tintas de colorante sintético

A partir de finales de siglo xix, junto con los avances químicos y tecnológicos, se comienzan a sintetizar colorantes artificiales. La anilina es uno de los elementos de mayor importancia, ya que sería la materia prima empleada para la obtención de diversos productos intermedios en la industria de los colorantes. La anilina es un líquido oleoso que se obtiene por la reducción del nitrobenceno tratado con hierro y ácido clorhídrico. Estas sustancias eran mezcladas con un número indeterminado de aditivos con el objetivo de obtener tintas de diferentes características según la patente (Ruggiero, 2002).

Las alteraciones más representativas de este tipo de tintas provienen de su debilidad hacia agentes externos como el rozamiento, la humedad y sobre todo la luz. Por lo que suelen padecer desvanecimiento o decoloración (Crespo; Viñas, 1984).

 

2.2 Tintas impresas

La mayor diferencia entre la tinta caligráfica y la tinta impresa reside en el cometido o finalidad. Mientras que la primera ha sido confeccionada para un empleo directo, la tinta impresa debe tener unas características adecuadas para la reproducción fiel, un número determinado de veces y a una velocidad determinada. Los tipos de tintas impresas son tantos como mecanismos de impresión, por lo que es lógico encontrar un enorme número de fórmulas diferentes para cada procedimiento: tipografía, calcografía, serigrafía, litografía, offset, etc.

Las tintas con base grasa han sido las tintas impresas más utilizadas en Occidente desde los inicios de la imprenta en el siglo xv hasta la actualidad. Su elemento más característico es la utilización de una base oleosa de origen vegetal como aglutinante, normalmente aceite de linaza o de nueces (más recientemente de origen mineral), mezclada con un colorante o pigmento y un número variable de aditivos con los que conseguían variar sus características: brillo, viscosidad, penetración, tiempo de secado, etc.

Las tintas resultantes correctamente confeccionadas con productos de calidad suelen ser de gran permanencia y estabilidad hacia los agentes externos. Se suelen localizar problemas de naturaleza inherente en impresiones baratas como es el caso de los periódicos u otras publicaciones divulgativas, en los que se han empleado materias primas de baja calidad y un exceso de secativos (falta de penetración) (Crespo; Viñas, 1984).

Otros problemas derivados del mal uso de aditivos suelen aparecer en tintas a las que se les han añadido aceites de secado lento. Estos pueden provocar una absorción excesiva del aglutinante por parte del soporte, con lo que por tanto se produce una pérdida en el poder de adhesión, y la aparición de aureolas de tonalidades amarillentas alrededor de la grafía, así como el traspaso o migración de las tintas al reverso del soporte (Vergara, 2002). Además de la descompensación entre los diferentes ingredientes de la tinta, la aparición de este tipo de patologías también puede ser consecuencia del uso de tintas de penetración rápida en soportes muy porosos (Andrés, 1992).

 

2.3 Tintas pictóricas

Como sucede en la escritura, se pueden establecer dos etapas claramente identificables en lo correspondiente a la ilustración o aplicación de imágenes: una primera etapa de ilustración directa (iluminación), análoga a la escritura caligráfica, y una segunda etapa, que comienza con la imprenta en el siglo xv, en la que las técnicas de grabado y los procesos de reproducción (uso de tintas impresas) sustituyen casi por completo a la ilustración directa.

 

2.3.1 Iluminación

La iluminación era el arte de decorar libros o documentos mediante las llamadas miniaturas.4 Aunque el origen de la palabra suele adjudicarse al verbo iluminar, 'dar luz', como metáfora del hecho de enriquecer el escrito; seguramente radica en la palabra allumen, 'alumbre',5 una sal que solía utilizarse mezclándola con colorantes orgánicos para conferirles insolubilidad.

Técnicamente la iluminación puede considerarse una pintura al temple (témpera), que básicamente consistía en un pigmento o colorante, un ligante o aglutinante (una goma, huevo o cola animal) y ciertos aditivos, como espesantes, opacantes, desinfectantes, etc.

Por la época, encontramos el pergamino como el soporte por excelencia de la iluminación. Es posible encontrar la iluminación directamente sobre el soporte previamente desengrasado6 o, en algunos casos, con una capa preparatoria intermedia de creta y cola de pescado o goma arábiga.

La complejidad y heterogeneidad de los materiales utilizados en el proceso completo de manufactura, desde la elaboración del pergamino hasta la escritura e iluminación, pensando sobre todo en que eran procesos en los que intervenía una colaboración multidisciplinaria, da una idea de lo común que es encontrar degradaciones congénitas. Un buen ejemplo podemos encontrarlo en los pergaminos iluminados manufacturados en época bizantina. Estos, como solución estética, solían abrillantarse previamente con aceites de linaza o clara de huevo, este proceso restaba adherencia a las tintas, por ello es común encontrar actualmente libros de la época con problemas de descamación de la capa pictórica (Botti; Ruggiero, 2002).

Además de incompatibilidades entre elementos empleados (sobre todo por parte de los colorantes) y defectos de manufactura, al depender de diversos y complejos componentes de naturaleza heterogénea y ocupar una superficie mucho mayor que la de la escritura, la iluminación suele padecer frecuentemente degradaciones relacionadas con las diferencias de cambio dimensional generadas por agentes externos, como descamaciones o craqueladuras. Conjuntamente, al pertenecer a un objeto cuya finalidad requiere de un exceso de manipulación, se acentúan los posibles problemas de descohesión pictórica, además de encontrar otras degradaciones relacionadas con este tipo de uso: abrasión, rayado, manchas o incluso retoques (Bello; Borrell, 2002).

 

3 Elementos de encuadernación

La encuadernación en su elaboración primigenia fue ideada como un sistema de unificación y de protección de los documentos. Con el transcurso del tiempo, este sistema puramente funcional fue adquiriendo importancia estética, por lo que se le fueron añadiendo elementos que lo dotaban de una belleza estética tal que ha superado con creces en innumerables ocasiones a la importancia documental del propio contenido.

La estructura básica de la encuadernación de un libro puede condensarse en dos partes a las que corresponde una función: la costura de las hojas que forman el cuerpo del libro, cuya función es la de unirlas o agruparlas manteniendo un orden determinado, y la estructura protectora que forman el lomo y las tapas o encartonado.

Como sucede con todos los elementos que forman el cuerpo del libro, la encuadernación también ha sufrido una serie de transformaciones a lo largo de la historia. Serán estos cambios en el empleo de ciertos materiales y las variaciones en las tendencias de la forma estructural los que nos marcarán la aparición de posibles problemas inherentes en su preservación, así como su relación con los factores externos.

 

3.1 Mecanismos de unión

3.1.1 Costura

Tradicionalmente los cuadernillos que forman las hojas son cosidos entre sí y a unos nervios que unen el cuerpo con las tapas. En la mayoría de los casos la costura queda oculta y protegida tras el lomo.

La costura fue la técnica utilizada más antigua para la unión de los cuadernillos. Aunque más tarde se reforzaría esta unión con el uso complementario de adhesivos y revestimientos en el lomo, los primeros libros en forma de códex simplemente eran unidos por tiras de cuero o gamuza que a su vez se unían a las tapas (Norman, 2011); la costura solía quedar visible. Con el transcurso del tiempo los materiales para cosido fueron sustituyéndose por cordeles e hilos más refinados: cáñamo, algodón, lino, seda y, más recientemente, fibras sintéticas.

La naturaleza y calidad de los hilos utilizados es significativa, ya que de su resistencia física y al envejecimiento, así como de su compatibilidad con otros materiales, dependerá la buena preservación del amarre (estructura) y del propio mecanismo de articulación (acción). Por ejemplo, en momentos de tensión debida a los movimientos dimensionales provocados por cambios higroscópicos, un hilo sintético (como el nailon) puede dar una respuesta de constricción al soporte, lo que puede llegar a causar algún tipo de deterioro (Bookbinding..., 2011).

La aparición de posibles patologías desencadenadas por la costura, además de la naturaleza y calidad de las materias, también está influenciada por la ejecución y la técnica empleada. Un cosido demasiado tenso o demasiado laxo puede ser consecuencia de deformaciones, desgarros en los pliegues de los cuadernillos o desajustes que desamparen parte del contenido. La costura directa sin nervios confiere menos flexibilidad y expone más al soporte a ser dañado por la tensión del propio hilo.

Otro claro ejemplo podemos encontrarlo en libros realizados a partir de hojas sueltas (o para abaratar costes en folletos o en bloques delgados) en los que se suele aplicar una costura lateral por el plano del bloque (stab-stitching). Esta costura suele producir una unión resistente, pero se obtienen libros poco funcionales que deben forzarse considerablemente para una adecuada abertura. En ocasiones, para paliar esta falta de flexibilidad de articulación se suele realizar la costura con muy poco margen, lo cual resta resistencia al soporte del bloque ante el hilo (Mumford; Pearson; Walker, 2006).

 

3.1.2 Adhesivo

Los adhesivos comenzaron a ser utilizados en el lomo, como sistema auxiliar de unión de los cuadernillos, para mejorar la resistencia de la unión y corregir los posibles errores de uniformidad en el cosido.

Para unas correctas prestaciones, el adhesivo utilizado debe tener las siguientes características: ser compatible con los demás materiales empleados y tener una buena estabilidad frente al envejecimiento; tener la suficiente fluidez como para penetrar en todos los intersticios formados entre los cuadernillos o las hojas, pero sin llegar a afectar al material del soporte por un exceso de humectación; una vez fraguado, tiene que dotar al lomo de cierta flexibilidad como para ser abierto sin llegar a fracturarse, pero poseer una fuerza a la tensión menor que la de los materiales unidos.

Tradicionalmente se han utilizado colas proteínicas extraídas de restos de animales (piel, huesos, tendones, etc.). Su utilización se generalizó debido sobre todo a que su aplicación, al ser en caliente, consigue un rápido fraguado (por enfriamiento), duradero, firme y resistente. Un importante inconveniente es su cristalización, que ocurre durante el envejecimiento. En este estado el adhesivo se vuelve excesivamente rígido y pierde toda flexibilidad (Bookbinding..., 2011).

A partir de la segunda mitad del siglo xx se han estado utilizando resinas sintéticas como el PVA (acetato de polivinilo), un polímero de aspecto brillante y transparente de gran resistencia y cierta elasticidad que puede aplicarse en frío y dispersarse en agua, y que, mediante aditivos, se ha podido adecuar a las necesidades específicas de las operaciones de encuadernación. Estos aditivos —gomas, almidones, otros coloides sintéticos, disolventes, fungicidas, etc.— pueden modificar las propiedades del PVA pues las perjudican y aumentan su inestabilidad al envejecimiento y a su relación con los agentes externos. En general, desde el punto de vista de la conservación preventiva, la utilización de este adhesivo no suele recomendarse para objetos de papel debido a que, durante el envejecimiento, la migración o volatilización de los plastificantes externos conduce a la fragilidad, coloración e insolubilidad de la película de adhesivo formada (Henry, 1989).

En la actualidad, en la mayoría de los libros encuadernados mecánicamente, se utilizan adhesivos en caliente con base de poliuretano (PUR), una resina sintética inestable que durante el envejecimiento causa la emisión de compuestos orgánicos volátiles, los cuales pueden acidificar al resto de los materiales empleados (Markewitz; Salthammer; Schieweck, 2007).

 

3.2 Estructura protectora

3.2.1 Tapas o encartonado

Las tapas forman el principal órgano protector del contenido del libro. Según su dureza, pueden clasificarse en tapas rígidas y tapas blandas o flexibles; en estas últimas el recubrimiento del libro, normalmente de piel gruesa, no está reforzado con otro material o, si lo está, se ha hecho con algún tipo de armazón dúctil (cartulina, plástico, etc.). El tipo de tapas más usual son las tapas rígidas, formadas por un armazón de placas duras y un revestimiento que sirve a su vez de protección de estas y de decoración. Aunque en la actualidad es posible encontrar todo tipo de materiales que doten de cierta rigidez a las tapas, en Europa desde el siglo xvi ha sido preferente el uso de cartones de diferente gramaje (de ahí la utilización de la expresión encartonado). Anteriormente se utilizaban maderas de diferente tipo, sobre todo las de roble y pino en el norte de Europa y de haya en el sur (Bueno, 2005), y diferente grosor (de hasta 25 mm) (Bookbinding..., 2011), aunque su uso no fue totalmente desplazado hasta el siglo xviii (Miguélez, 2009). En los libros más antiguos se han encontrado láminas fabricadas a partir de varias capas encoladas de papiro (Norman, 2011).

Aunque se solían manufacturar las planchas de madera con gran calidad para este cometido, es posible encontrar algún tipo de patología inherente relacionada: incluir partes de la médula del tronco o bandas anchas de parénquima;7 tener el grano inclinado o entrecruzado a la dirección del lomo, lo que puede conllevar incompatibilidades en el comportamiento mecánico; nudos, que crean zonas inestables con diferentes propiedades al resto; bolsas de resina (que suele ser exudada); grietas o rajaduras; etc. (Azueta; Chan; Araujo, 2002).

Además de estos defectos comunes en la madera, hay que tener en cuenta que todas contienen elementos potencialmente ácidos que pueden ser perjudiciales para los otros materiales que forman el libro, como el ácido acético o el fórmico. Aunque también es verdad que los recubrimientos empleados y otros elementos (como las guardas y hojas de respeto) aíslan la madera de los agentes exteriores y del contenido del cuerpo del libro, con lo que se optimiza la preservación (Bueno, 2005).

Los primeros cartones, utilizados como tapas a partir del siglo xvi, solían estar confeccionados en diferentes calidades: una calidad alta, que correspondería a cartones fabricados a partir de la unión de láminas de papel hecho a mano; una calidad menor, que corresponde a cartones fabricados a partir de la unión8 de papeles ya utilizados (reaprovechamiento de hojas sin encolar, mal impresas o de baja calidad), y una calidad baja, que correspondería al fabricado mediante el uso de la pulpa (pulpboard) preparada a partir de pequeños restos o virutas de papeles de diferentes naturalezas. A partir del siglo xviii la calidad empeoraría, ya que se comenzaría a fabricar el cartón utilizando restos de cuerdas (millboard) de la industria naviera, que en el siglo xix se sustituyeron por paja (strawboard) (Middleton, 1996).

Cabría destacar dos patologías congénitas comunes en los cartones utilizados para las tapas de los libros. Por un lado, la desfoliación de las esquinas y márgenes, un proceso relacionado con la degradación de los adhesivos utilizados o el excesivo prensado en la manufactura (además del desgaste mecánico en la manipulación). Por otro lado, las posibles impurezas contenidas (sobre todo en el cartón fabricado a partir de cuerdas) que pueden dotar al material de cierta acidez; un buen ejemplo son los iones metálicos congénitos que pueden llegar a reaccionar con gases de la atmósfera y formar ácidos.

Como ya hemos dicho, las patologías de los materiales de las tapas suelen ser atenuadas gracias a los recubrimientos y otros elementos que forman parte del conjunto del libro (Bookbinding..., 2011).

 

3.2.2 Recubrimientos y otros elementos de la estructura protectora

La cubierta posee la función de proteger el lomo y las tapas de la manipulación y los agentes externos, unificar la estructura de la encuadernación y dotar de un aspecto identificativo mediante un trabajo decorativo afín a la estética de la época de producción y la función del propio libro. Se trata de la parte del libro más expuesta a los factores externos y por tanto la que suele presentar un peor estado de conservación. Por eso con frecuencia nos encontramos con volúmenes sin la cubierta original.

Aunque en la encuadernación se ha utilizado una gran variedad de materiales cubrientes como el papel, la tela, el pergamino o los plásticos; el material más utilizado a lo largo de la historia ha sido la piel curtida.9 El curtido es un proceso largo y laborioso que puede ser realizado por diferentes métodos, el más común en la encuadernación ha sido mediante la utilización de taninos vegetales en el caso de pieles de cabra o becerro, y mediante soluciones salinas de alumbre en el caso de pieles de cerdo. Este último se trata de un procedimiento sencillo que produce una piel de color blanco que suele amarillear ligeramente con el tiempo y que, aunque imputrescible, es altamente inestable ante la humedad10 (Bookbinding..., 2011).

La curtición mediante taninos vegetales o curtido vegetal es un proceso largo y complejo de más de veinte pasos entre las tres fases de elaboración (precurtido, curtido y acabado). Este tipo de curtido convierte la piel en un cuero imputrescible, suave, flexible y manejable, apto para las funciones mecánicas de una buena cubierta y todos los trabajos de encuadernación relacionados; quizás el único inconveniente es que la piel curtida con este procedimiento, a no ser que se aplique un tratamiento específico para evitarlo, posee una baja resistencia al agua.

A partir de mediados del siglo xix se comienza a tratar las pieles para su curtición con sulfato de cromo. Con este procedimiento se obtiene una piel mucho más estable y duradera, más suave y resistente; en su contra, el producto muestra una peor calidad de grano y existe una mayor dificultad a la hora de conseguir buenos trabajos de acabado en la encuadernación (como puede ser el dorado).

Como en la mayoría de los productos manufacturados, muchos de los problemas intrínsecos pueden derivarse bien de la calidad de la materia prima (no se obtiene la misma calidad con la piel de un animal enfermo o dañado que con la de uno sano), bien del proceso de manufactura. Hay que tener en cuenta que el desarrollo de la curtición fue un proceso de perfeccionamiento lento y costoso a lo largo de la historia, con el que no siempre se conseguían las características deseadas en el producto final. Entre las diferentes patologías derivadas de estos factores, podemos encontrarnos con defectos macroscópicos de degradación como arrugas, endurecimientos, manchas, marcas y pequeños defectos, desprendimiento de la flor, heterogeneidad en el teñido, etc.

El envejecimiento del colágeno de composición se produce por una degradación química protagonizada por dos tipos de mecanismos, la hidrólisis ácida y la oxidación. Estos mecanismos no solo afectan a la estructura de la molécula de colágeno, sino también a los taninos utilizados en el curtido vegetal y a los lubricantes utilizados normalmente en el proceso de elaboración del cuero. Además, algunos taninos, los llamados condensados, tienen una actividad antioxidante más baja que el resto (hidrolizables), por lo que las pieles curtidas con estas sustancias envejecen de forma más rápida.

La hidrólisis producida de forma intrínseca es debida a la existencia de remanentes de ácidos empleados en la curtición11 o excesos de compuestos de azufre, combinados y/o catalizados por agentes climáticos. La oxidación del colágeno, como pasa en el pergamino, es debida en parte a la producción de peróxidos y aldehídos en el envejecimiento de los lípidos contenidos. Ambos mecanismos se suelen resumir con la pérdida de propiedades de la piel: pérdida de resistencia, pérdida de elasticidad, declinación de la temperatura de contracción, disparidad higroscópica, disgregación, mayor vulnerabilidad a la humedad, etc.

Otro importante factor que debe tenerse en cuenta es la posible incompatibilidad entre el material cubriente y ciertos elementos de otra naturaleza que son utilizados con una finalidad suplementaria,12 bien estética, bien de refuerzo: tachuelas, remaches, bollones, cierres, lomeras y cantoneras metálicas, láminas y filigranas de oro o plata, incrustaciones de gemas, perlas, marfil, mosaico, etc.

 

4 Conclusión

Aparte de estos significativos factores, desde el punto de vista de la conservación preventiva, hay que tener en cuenta que la afirmación de que cada libro es único no solo corresponde al hecho del factor creador de la manufactura y de su composición específica, sino que implica además todo un historial de hechos y acontecimientos que lo han convertido en un producto particular, como son su estado fisicoquímico y su equilibrio con el medio.

En la tabla 1 se resumen de forma práctica las principales degradaciones intrínsecas de los materiales que suelen constituir el conjunto del libro tal y como se ha tratado en el texto, además se indican las causas más frecuentes de su manifestación.

PRINCIPALES DEGRADACIONES DE CARÁCTER INTRÍNSECO DE LOS MATERIALES CONSTITUYENTES EN LOS LIBROS

MATERIAL DEGRADACIONES CAUSAS
Pergamino Manchas / Durezas/ Agujeros / Marcas -defectos o enfermedades implicadas en la piel del animal.
Rigidez / Grasiento / “Blando” o poco consistente -defectos de fabricación.
Grietas / Arrugas -heterogeneidad higroscópica
Papel Amarillamiento, oscurecimiento o pérdida de brillo / Fragilidad / Quebradizo / Inestabilidad química -utilización de pasta de madera o pasta de papel con componentes ácidos para su fabricación.
-agua de pH ácido para su fabricación.
-adhesivos de pH ácido para su fabricación.
Manchas / Transparencias / Escamaciones -agua o cargas con impurezas añadidas a la pasta de papel durante su fabricación.
Tintas no metálicas Pérdida de adhesión / Descamación / Craquelado -defecto de fabricación, por tratarse de una mixtura poco proporcionada o incompatibilidad de componentes.
-envejecimiento y pérdida de aglutinante.
Descoloramiento -envejecimiento de los pigmentos o colorantes.
-vulnerabilidad al rozamiento, la humedad y la luz.
Viraje del color -reacciones químicas de los pigmentos o colorantes.
Tintas metaloácidas Acidez / Corrosión de la tinta / Expansión de halos / Perforación o desintegración del soporte -utilización de una sal metálica y compuestos orgánicos que en combinación con agentes externos pueden producir ácido.
Tintas de impresión Manchas o amarillamiento en el soporte alrededor de la caja de impresión o la grafía -el aceite, utilizado en la fabricación como disolvente, no está bien purificado.
-utilización de aceites de secado lento.
-utilización de papel muy poroso.
Pérdida de adhesión y desprendimiento -el aceite, utilizado en la fabricación como disolvente, está excesivamente desengrasado.
-utilización de un exceso de secativos en su fabricación.
Tintas pictóricas Descamación de la capa pictórica -tratamientos dados al pergamino para prepararlo antes de realizar la iluminación, como el uso de aceite de linaza o clara de huevo.
Costura Deterioro de las páginas por la zona del cosido -utilización de un hilo sintético, constricción del soporte.
Deformaciones del bloque -cosido demasiado laxo.
Desgarros en los pliegues -cosido muy tenso, costura poco flexible.
Adhesivos Manchas / Amarillamiento/ Pérdida de adhesión -envejecimiento de los componentes.
-utilización de componentes con pH ácido en su fabricación.
Rígido, pérdida de flexibilidad -cristalización de colas de origen animal.
Tapas de madera o encartonado Desfoliado -degradación de los adhesivos o excesivo prensado en manufactura.
Acidez -empleo de maderas que emanan ácido o papeles y cartones de pH ácido.
Deformaciones -en tapas de madera, utilización de planchas con partes de la médula del tronco, nudos, o también en el encartonado por encuadernarse con la dirección del grano perpendicular al lomo.
Piel Pérdida de la resistencia y la elasticidad -envejecimiento del colágeno, debido a los procesos de hidrólisis ácida y la oxidación.
Desprendimiento de la flor -mala calidad de la piel curtida.
Endurecimientos -proceso de curtición poco perfeccionado.
Manchas / Marcas -teñido muy heterogéneo.

Tabla 1. Principales degradaciones de carácter intrínseco de los materiales constituyentes en los libros

 

Notas

1 El incremento de la demanda de papel provocó la necesidad de emplear trapos sucios o teñidos, por lo que, para conseguir la apreciada blancura del papel, se empezó a utilizar este tipo de productos.

2 No se trata puramente de un pigmento carbonáceo, ya que las tintas de los cefalópodos contienen mayoritariamente melanina (eumelanina), un polímero de ácidos carboxílicos.

3 Aunque la mayoría de las publicaciones sobre el tema apunta a una relación de moles de sulfato ferroso respecto al ácido gálico de 3.6:1 como una proporción balanceada, en estudios recientes se tacha esta proporción de exceso de iones de hierro, y se corrige con la proporción a 1.49 (Mert, 2008).

4 El origen de la palabra parece tener varias interpretaciones. Las dos más referenciadas seguramente son: que parece formarse a partir de la raíz minus, que apela a una pintura de pequeño tamaño. O que deriva del minio, un pigmento rojo que era usado para escribir (miniar) la primera letra de un escrito (letra capital).

5 Sulfato hidratado de aluminio-potasio (KA1(SO4)2.12H2O).

6 Debido a sus características, el pergamino debía desengrasarse para poder recibir de forma correcta las tintas. El proceso consistía normalmente en un raspado con piedra pómez y tratamiento con alumbre y hiel de buey.

7 Células muertas que forman una zona débil y fácilmente degradable.

8 La unión podía realizarse mediante adhesivos, que daban como resultado un cartón estratificado (pasteboard), o mediante un procedimiento de empapado y prensado de las hojas, que daba como resultado un cartón (waterleaf) sin una estratificación bien definida.

9 Suele denominarse cuero para distinguirla de la piel sin curtir.

10 Debido a la alta inestabilidad ante la humedad del producto final, no se suele considerar de forma rigurosa como un cuero curtido.

11 También es posible que se añadieran en tratamientos posteriores realizados para conseguir efectos estéticos, como el marmoteado. Hay otros tratamientos similares con los que se adiciona un exceso de alcalinidad, lo cual con el tiempo igualmente puede repercutir negativamente.

12 Desprendimientos o pérdidas de elementos, acidez u oxidación por migración, manchas, deformaciones, etc.

 

Cita recomendada

Forniés Matías, Zoel; García Quiroga, Raquel (2014). "Factores de degradación intrínsecos en los libros : la naturaleza del material bibliográfico". BiD: textos universitaris de biblioteconomia i documentació, núm. 32 (juny) . <http://bid.ub.edu/es/32/fornies2.htm>. DOI: http://dx.doi.org/10.1344/BiD2014.32.31 [Consulta: 19-02-2020].


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