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Reseñas de Biblioteconomía y Documentación
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Lluís Anglada
Director del Àrea de Ciència Oberta
Consorci de Serveis Universitaris de Catalunya (CSUC)

Else, Holly (2018). «Europe’s open-access drive escalates as university stand-offs spread: Sweden is latest country to hold out on journal subscriptions, while negotiators share tactics to broker new deals with publishers». Nature, no. 557, 17 May, p. 479-480. Disponible en: <https://www.nature.com/articles/d41586-018-05191-0>. [Consulta: 03/06/2018].

Morais, Rita; Bauer, Julian; Borrell-Damián, Lidia (2018). EUA big deals survey report: the first mapping of major scientific publishing contracts in Europe. Brussels: European University Association (EUA). 27 p. Disponible en: <http://www.eua.be/Libraries/publications-homepage-list/eua-big-deals-sur.... [Consulta: 03/06/2018].

Pathways to open access (2018). University of California Libraries. 40 p. Disponible en: <https://libraries.universityofcalifornia.edu/groups/files/about/docs/UC-.... [Consulta: 03/06/2018].

Roadmap open access 2018–2020 (2018). Association of Universities in the Netherlands (VSNU). 19 p. Disponible en: <http://www.vsnu.nl/files/documenten/Domeinen/Onderzoek/Open%20access/VSN... >. [Consulta: 03/06/2018].

Un elemento nuevo de la situación del acceso abierto (AO) son los conflictos abiertos que mantienen algunos países con algunas editoriales. El Nature del 17 de mayo de este año reporta cuatro. El de las universidades alemanas con Elsevier, que es el más antiguo, y los surgidos en 2018: las universidades holandesas con la Royal Society of Chemistry Publishing, el del consorcio francés Couperin con Springer y, el último, el del consorcio sueco Bibsam con Elsevier. Estos conflictos son un elemento diferenciador respecto del pasado y podrían ayudar a dar un viraje definitivo al sistema de diseminación de los artículos científicos.

Las principales agencias de financiación de la investigación están adoptando políticas pro AO que obligan a los receptores de las ayudas económicas a publicar de forma inmediata en abierto los resultados de la investigación. Para facilitarlo, las agencias financiadoras permiten a los investigadores usar el dinero de las ayudas para sufragar los costes de pagar por publicar en abierto (APC) en revistas. Se empiezan a tener datos de los efectos de la tendencia de favorecer las revistas híbridas, iniciado con el Informe Finch (tal y como puede verse para el caso del Reino Unido en un informe reseñado recientemente aquí) y estos se resumen fácilmente: hemos creado un nuevo gasto que se suma al ya existente de las suscripciones.

Las explicaciones dadas por el consorcio sueco Bibsam muestran claramente lo que pasa. Bibsam paga unos 12 M€ a Elsevier para que los miembros de las organizaciones consorciadas puedan leer las revistas de esta editorial, pero la presión por publicar en abierto ha hecho que los autores de estas mismas organizaciones paguen para que sus artículos estén en abierto en revistas unos 1,3 M€. Las revistas híbridas nacieron con la promesa que el dinero pagado por alguien para «abrir» su artículo sería descontado de la factura de todos los suscriptores, evitando un doble pago pero, tal y como indica el caso sueco, las editoriales no están descontando los ingresos por publicar en abierto de las facturas de suscripciones y están recibiendo ingresos por vía doble: por leer y por publicar.

Se recuerda poco que los acuerdos consorciados de suscripciones de revistas (iniciados en 1997) se basaron en «el gasto previo», es decir, la suma del coste pagado por los consorciados por las suscripciones que tenían a las revistas (entonces impresas) de una editorial dada. Bueno o malo, este modelo de precio ha hecho posible la enorme ampliación del acceso a revistas a través de acuerdos consorciados de suscripción a paquetes, pero ha creado también una situación difícil de comprender y que puede resumirse diciendo que lo mismo (revistas) para los mismos (el número de beneficiados) puede costar el doble o la mitad según lo que las bibliotecas gastaban en suscripciones en el momento del acuerdo.

La European University Association (EUA) acaba de publicar el EUA big deals survey report: the first mapping of major scientific publishing contracts in Europe, un informe breve (27 páginas) con un título que promete mucho y da poco, pero cuya existencia es indicativa de que la financiación de la comunicación científica está escalando posiciones en la agenda de las universidades y de las entidades financiadoras de la investigación.

Tal y como se explica en la introducción (capítulo 1), el informe quiere ser una concreción de una de las recomendaciones del Amsterdam call for action on open science, concretamente la que pide transparencia en el coste del sistema actual de comunicación científica. Las premisas metodológicas (capítulo 2) impiden conseguir este resultado dado que, a pesar del alto nivel de respuesta del cuestionario en que se basa el informe (hay datos de 27 países europeos), los datos solo hacen referencia a los principales proveedores de cada consorcio y, en algunos casos, están anonimizados.

Los datos se dan agrupados por resultados referidos a los consorcios y a los big deals (capítulo 3), a las revistas suscritas (capítulo 4), a las bases de datos (capítulo 5) y a los libros (capítulo 6). Entre los primeros puede encontrarse información sobre quién forma los comités negociadores, quién paga los contratos o si estos incluyen APC y, entre los segundos, la duración de los contratos, los incrementos anuales o los derechos contemplados en los contratos. Serían muy interesantes los datos del coste de los contratos consorciados (capítulo 7), si no fuera que –como hemos dicho– son parciales y anonimizados. A pesar de todo, la gráfica 32 permite ver la incoherencia del modelo de precios basado en «el gasto previo». El informe acaba (capítulo 8) con unas conclusiones a mi entender no siempre deducibles de los datos mostrados.

El Gobierno holandés es, juntamente con el británico, el más implicado en conseguir que en 2020 todas las publicaciones científicas estén en acceso abierto, tal y como mostró mientras presidió la Unión Europea (momento en que se publicó el Amsterdam call, mencionado más arriba). Es por ello normal que la asociación de rectores de las universidades de investigación de Holanda (VSNU) mantenga, dentro de su web, un apartado dedicado al AO y es normal también que se preocupen del impacto del AO o que acaben de publicar el Roadmap open access 2018- 2020.

El informe (breve también, 19 páginas) quiere mostrar los avances en el objetivo de conseguir que en 2020 todas las publicaciones científicas holandesas estén en AO. De este informe se desprende claramente que en el núcleo de la estrategia holandesa está el juntar la suscripción consorciada de revistas con el acceso abierto, y muestra al resto de países el que sea probablemente un camino sin retorno si se quiere evitar el pagar una segunda vez (ahora por publicar) lo que ya se estaba pagando (por leer). Esto se complementa con unas negociaciones que están llevadas al máximo nivel y que tienen lugar de forma unitaria, con el apoyo del Gobierno y hechas por un conjunto especializado de negociadores.

El informe explica las negociaciones con los proveedores, iniciadas en 2014, y detalla los términos en que son hechas. Los resultados los consideran buenos ya que les han permitido pasar del 20 % de publicaciones científicas holandesas en AO en 2014 al 42 % en 2016. De este 42 % en AO, un 20 % es en revistas híbridas, un 9 % en revistas totalmente en AO (gold OA) y el restante 13 % en repositorios. El VSNU considera que la transición al AO será posible si la sostenemos sobre cinco pilares: la negociación con los editores, la colaboración internacional, el depósito (o vía verde), la monitorización del AO y las plataformas alternativas de publicación.

Acabamos esta reseña hablando del informe Pathways to open access (40 páginas), donde las University of California Libraries analizan cómo puede conseguirse el acceso abierto. El informe tiene interés al menos por dos cosas: primero porque es un material norteamericano, cosa poco frecuente entre la bibliografía sobre el tema; segundo, porque sin aportar demasiadas novedades (cosa, por otro lado, imposible) presenta las acciones de forma bastante original.

El informe distingue entre aproximaciones y estrategias. Las primeras serían tres: la vía verde, la dorada basada en APC y la dorada no basada en APC. Para cada aproximación se explica la naturaleza y ventajas, se comenta el impacto, se definen y explican las estrategias que acompañarían a cada una, y mencionan los retos (o dificultades) y las oportunidades.

El informe continúa relacionando toda una serie de actuaciones que serían universales, en el sentido que no se asocian a ninguna de las tres aproximaciones mencionadas. Entre ellas tenemos la de buscar la implicación de la comunidad investigadora o las sociedades científicas para que ellas presionen también en hacer posible el AO, la de boicotear acuerdos de suscripción que no incluyan la publicación en abierto de artículos de autores de las instituciones suscriptoras, pasando por el incremento de la colaboración internacional o el aumentar el descubrimiento de las publicaciones en abierto. El informe acaba con los posibles pasos que las University of California Libraries pueden hacer en cada una de las aproximaciones mencionadas.

Teresa Fèrriz Roure
Responsable de Nous Projectes
Universitat Oberta de Catalunya (UOC)

Barcelona Ciudad de la Literatura. Barcelona: Ajuntament de Barcelona, 2017-  . Disponible en: < http://ajuntament.barcelona.cat/ciutatdelaliteratura/es>. [Consulta: 05/06/2018].

En diciembre de 2015, Barcelona entró formalmente dentro de la Red de Ciudades Creativas de la UNESCO como Ciudad de la Literatura. Integran la red 180 miembros de 72 países que han apostado por singularizarse en alguna de estas siete grandes categorías: la artesanía y las artes populares, el diseño, el cine, la gastronomía, la música, las artes digitales y la literatura. Que Barcelona hay querido ser ciudad literaria no es una elección arbitraria: tiene mucho que ver con ello su historia consolidada de gran capital editorial, pero, sobre todo, una estrategia de posicionamiento de la industria cultural catalana en el contexto global. La ciudad quiere enriquecer su actual proyección internacional con los atributos asociados al libro y a la literatura y, al mismo tiempo, contribuir a reforzar un ecosistema que en la última década ha sufrido un descenso progresivo de las ventas, sacudidas estructurales en el modelo empresarial y, sobre todo, un cambio cultural derivado de las nuevas prácticas de consumo y ocio asociadas a la digitalización, especialmente de las generaciones más jóvenes.

La nominación de la UNESCO llegó en un buen momento: los indicadores apuntan una leve recuperación del mercado lector y percibimos otros elementos esperanzadores, como la consolidación de las editoriales «de editor» (aquellas que nacen de la vocación personal y encuentran su espacio lector gracias a un catálogo muy cuidado, habitualmente de alto vuelo intelectual) o la creación de nuevas librerías por parte de profesionales jóvenes, que vienen a cubrir el vacío dejado por espacios de venta tradicionales que no han sabido adaptarse a los cambios, además de una presencia consolidada del sector del libro en la programación cultural de Barcelona (no solo de los escritores, sino también de otros agentes de la cadena del libro como las editoras, las libreras… ‒en femenino, sí, porque la mayoría de activistas del libro son mujeres).

En este contexto, una de las primeras acciones impulsadas por la Oficina UNESCO Barcelona Ciudad de la Literatura fue la creación de un espacio web para hacer visibles las estrategias y ejes de actuación de la nueva ciudad creativa. Este web, junto con sus perfiles en las redes sociales (Twitter, Facebook e Instagram, en orden de relevancia), hace las funciones de ventana y aparador, además de impulso a nuevos proyectos.

Relacionado con el eje informativo y/o de promoción de Barcelona como ciudad de la literatura, el web se propone:

  • Presentar la Oficina UNESCO y sus responsables y difundir las actividades propias que se incluyen dentro de la programación cultural estable del Ayuntamiento de Barcelona. Es el caso de las becas de escritura Montserrat Roig u otras acciones iniciadas hace años, separadas las unas de las otras, que Barcelona Ciudad de la Literatura ha empezado a gestionar promoviendo sinergias y favoreciendo una mejor redistribución de los recursos en colaboración con otros agentes del tejido educativo, social o comunicativo de la ciudad. La voluntad informativa, en este caso, también coincide con la vocación de servicio de la Oficina, que quiere apoyar el talento creativo con recursos y ayudas de todo tipo.
     
  • Seleccionar las actividades relacionadas con el libro y la literatura propias de la agenda del Ajuntament de Barcelona. Además, propone diariamente la sección «¡No te lo pierdas!».
     
  • Destacar ‒coherentemente con la asociación que viene de lejos entre Barcelona y la gestión de grandes acontecimientos‒ la celebración de Sant Jordi, incluyendo un incipiente archivo histórico sobre las fiestas y acciones relacionadas, como La Noche del Dragón o los Diálogos de Sant Jordi, organizados en colaboración con las Bibliotecas de Barcelona.
     
  • Informar sobre librerías, bibliotecas, editoriales e instituciones relacionadas, publicando directorios con la geolocalización en Google maps.
     
  • Cartografiar literariamente la ciudad desde el apartado «Barcelona y literatura», que se articula, con un enfoque original, alrededor de las acciones relacionadas con la cadena de valor de la obra literaria: desde la generación de la idea hasta la publicación y el diálogo de la obra con otras expresiones artísticas como el cine, la gastronomía o la música. Este espacio incluye muchísima información y muy diversa, como también lo hace el apartado «Libros TV», una extensa recopilación de vídeos organizados por temas. Uno y otro son una cata inicial y apetitosa de un menú que percibimos en construcción.

Vinculado a este ambicioso objetivo de enlazar el espacio físico de la ciudad con la literatura que allí se genera, el lugar web presenta los proyectos más genuinos y singulares que ha impulsado la Oficina desde su creación, especialmente «Literapolis» y «Mapa 10».

«Literapolis» es un juego para teléfonos móviles donde toma protagonismo la geolocalización con una gincana que promueve el descubrimiento del espacio de la ciudad gracias a sus referentes de ficción. «Mapa 10» parte de un formato muy común y compartido por todas las ciudades literarias UNESCO: la elaboración de rutas literarias por todos los distritos de la ciudad, encargadas a profesorado o creadores. Como en las ciudades «hermanas», las referencias a los autores y las obras se complementan con la señalización física para sorprender al paseante o al turista que no ha buscado los autores y las obras proactivamente pero termina por encontrarlos «por casualidad».

Los dos proyectos nacen con el propósito de explorar nuevos formatos y nuevos públicos buscando los límites del descubrimiento de la literatura por parte del no lector. Habrá que seguir con atención las iniciativas de la Oficina en esta línea, dado que la realidad es obstinada y la mayoría de proyectos de difusión literaria, a pesar de los intentos por cambiar esta dinámica, acaban casi siempre siendo consumidos por los colectivos educativos o los lectores ya consolidados.

Estaría bien que el web evolucionara hacia un ecosistema de espacios digitales que no necesariamente han de pivotar alrededor del eje informativo o documental heredado de la estructura del web del Ayuntamiento de Barcelona donde se inserta, con las servidumbres obvias. (El entorno documental, por ejemplo, siempre quedará inacabado porque cuesta mucho mantener nóminas y listas actualizadas de negocios cuando hay compañías que se dedican exclusivamente a esta tarea.)

El entorno digital de Barcelona Ciudad de la Literatura puede influir, desde la centralidad que le otorga el apoyo institucional, en todos los agentes de la cadena del libro, y promover, siempre en colaboración, proyectos digitales innovadores que no eludan el riesgo y sobresalgan en ambición. Para ejercer esta función de nodo central deberá explorar nuevos formatos y lenguajes híbridos, seguir con atención las tendencias digitales y tejer complicidades más allá de nuestro entorno lingüístico y cultural, con vocación global. El potencial es enorme en la Barcelona que apuesta por las tecnologías del conocimiento y el talento creativo y que quiere incorporar nuevos valores a su imagen icónica dentro de las ciudades con mayor proyección internacional del mundo. Seguramente que a Barcelona Ciudad de la Literatura no le costará mucho encontrar muy buena compañía en este viaje.

Nota: Esta entrada se publica simultáneamente en el Blog de l’Escola de Llibreria.

 

Oriol Izquierdo  
Profesor de la Escola de Llibreria y de la Universitat Ramon Llull

Hábitos de lectura y compra de libros en España 2017: barómetro (2018). [Madrid]: Federación de Gremios de Editores de España. 135 p. Disponible en: <http://federacioneditores.org/img/documentos/HabitosLecturaCompraLibros2.... [Consulta: 25/04/2018].

En una breve introducción titulada «Antecedentes», los responsables del barómetro hacen notar que el estudio de los hábitos de lectura y compra de libros en España se llevó a cabo ininterrumpidamente, por acuerdo entre el Ministerio de Cultura español y la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), entre el año 2000 y el 2012. Después, la evolución social de la lectura solo se ha podido seguir a partir de la encuesta sobre hábitos culturales que llevó a cabo el Ministerio el curso 2014-2015. Ahora, inquieta por la incidencia de la transformación tecnológica, es la FGEE que decide retomar por su cuenta el estudio.

Y lo hace ofreciendo algunas consideraciones conceptuales relevantes. Como por ejemplo que no tendrán en cuenta solo la lectura «voluntaria», es decir la propia de las prácticas de ocio, como en los estudios precedentes, sino también la lectura «obligatoria», ya sea por razón de estudios o por necesidades laborales. Sorprende que esta lectura forzosa, que me aventuro a suponer que, digan lo que digan las cifras, ha sido siempre más frecuente que la libre, y que la ha condicionado y la condiciona, haya podido quedar por lo que se refiere a la evaluación estadística en la sombra hasta ahora.

Pero más sorprendente resulta la primera consideración conceptual, que propone definir la lectura como «un proceso mediante el cual se traducen determinados símbolos para su entendimiento». Cabe suponer, interpreto, que los responsables del barómetro han procurado encontrar una definición lo bastante abierta para que no periclite, sobre todo en pleno proceso de transformación del libro a causa de las revoluciones tecnológicas que difuminan todas las certidumbres. Pero quizás han acabado por disiparla demasiado. Porque, según esta definición, bajo el término lectura cabría casi todo y ya no haría falta ni tan solo que partiera de un texto. Entonces, ¿qué sería «leer»?

No diré nada de las especificaciones que se ofrecen sobre la metodología seguida (universo, ámbito, técnica de muestreo y dimensiones de la muestra) porque de esto no entiendo. Pero sí me llama la atención la categorización que distingue entre lectores frecuentes, lectores habituales, lectores ocasionales y no lectores. Los primeros, se nos dice, son los que declaran leer al menos una vez por semana; los lectores habituales declaran leer al menos una vez al mes; los ocasionales —y yo aquí veo una franja injustificable de intersección con la anterior— dice que no leen cada semana pero que lo hacen al menos una vez por trimestre.

Esta categorización no establece ni qué tipo de actividad es la lectura ni sobre qué tipo de objetos se lleva a cabo. No aclaramos, pues, si se trata de textos, de textos en algún soporte o formato específico o, de acuerdo con aquella anterior definición, de cualquier otro tipo de «símbolos determinados». Si nos guiamos por lo que hay implícito en la justificación del cuestionario, observamos que prácticamente todas las preguntas hacen referencia a la lectura de libros, mientras que, en la presentación de la categorización de los lectores, la delimitación entre la lectura de libros y una concepción de la lectura más general es, cuando menos, borrosa. Después, la encuesta distingue lectura de libros, revistas, periódicos, cómics, webs-blogs-fórums y redes sociales (quien sabe si WhatsApp incluido). En conclusión, es necesario que los responsables del informe revisen a fondo la relación entre la pobre definición inicial de la lectura y el uso práctico que hacen del concepto en la encuesta.

Después de estas vacilaciones conceptuales, que no parecen en ningún caso anecdóticas, los primeros datos que proporciona el barómetro más bien provocan un cierto escepticismo. Porque cifra el total de lectores (esto es, los que leen alguna cosa en algún soporte al menos una vez por trimestre) en el 94,7 % de la población española de 14 años o más (en el 89 % si la frecuencia de la lectura es semanal). Entre el 2008 y el 2011 el índice era del 90 % y el 2012 ya superaba el 92 %.

¡Vaya! Si eso fuera así —si fuera así ahora, y lo hubiera sido desde 2008— ¡qué sociedad más letrada, más ilustrada, más cultivada y más chachi piruli tendríamos! O, visto que no parece que sea así, quizás es que tanta lectura no aprovecha demasiado. Es evidente que alguna cosa no casa. O los encuestados continúan mintiendo mucho —y eso sería un signo esperanzador de que la lectura continúa conservando un cierto prestigio social—, o lo que entiende por «lectura» tanto quien formula la pregunta como quien la responde debería  ser revisado un poco a fondo.

Unos pocos datos más: un tercio de la población declara no leer libros, otro tercio declara hacerlo en el tiempo libre y, del cerca del tercio restante, una quinta parte, el 6 % del total, dice que lee por obligación (ya sea por estudios o por trabajo) y el 22 % que lo hace tanto por trabajo como por ocio. En total, el lector de libros en tiempo libre es de un 59,9 %. La media de libros leídos al cabo del año es de 13 y las horas semanales de lectura son 7,6. Dice que los lectores de libros que leen diariamente son un 29,9 %; el lector de libros es mayoritariamente mujer, sobre todo joven, aunque crecen los de más de 45 años, y tienen estudios universitarios, aunque la lectura se extienda lentamente entre los otros niveles formativos. Sin contar el libro de texto, en cada casa hay, de media, poco más de dos cientos libros. Por lo que se refiere al último título leído, cerca del 70 % declaran que era un volumen de narrativa; sumando otros géneros, la literatura llega a cerca del 75 %, y el resto queda desmenuzado entre las humanidades, el libro práctico, el libro científico y el infantil (recordemos que la encuesta se dirige a población que tiene al menos 14 años).

La lectura digital tiene un capítulo propio en el barómetro. El universo de lectores digitales (que leen al menos una vez al trimestre) es del 76 % de la población (mientras que en 2012 era del 58 %). Más de la mitad de los encuestados declaran leer en pantalla webs-blogs-fórums y redes sociales, el 40 % periódicos y el 27 % libros. Las cifras indican que el soporte digital no incorpora nuevos lectores, sino que parte de los lectores existentes pasa a leer también en pantalla. La pantalla dominante es la del ordenador, aunque se le acerca bastante la de las tabletas y crece sobre todo la de los teléfonos y no tanto la de los e-readers. Es relevante que menos del 30 % de los libros digitales se obtienen pagando, y la tendencia es decreciente. El lector digital lee una media anual de libros, en cualquier soporte, de cerca de 17, media que es de 11,6 para el lector exclusivamente en papel.

Los otros capítulos del barómetro hacen referencia a la compra de libros, al uso de las bibliotecas y a la lectura en menores y adolescentes. La librería continúa siendo el proveedor mayoritario de libros (también los de texto), muy por encima de las cadenas de librerías y los grandes almacenes, o del cuarto canal de compra, Internet (donde domina, con mucho, Amazon). Cerca del 32 % de la población declara haber ido a la biblioteca el último año, un tercio de manera frecuente y más de la mitad ocasionalmente; el 53,5 % ha hecho uso del servicio de préstamo, principalmente de libros; leer o ir a buscar libros son las actividades claramente mayoritarias en la biblioteca, junto con usarla como espacio de estudio.

Resumo las conclusiones principales que expone el propio informe. Primero, crece el índice de lectores, y especialmente de lectores frecuentes, pero disminuye la lectura de prensa y de cómics. Parece que tienden a reducirse en alguna medida las diferencias tradicionales en la proporción de lectores por razón de edad o de estudios. Se incrementa sensiblemente la lectura «en soporte digital», y se atribuyen al lector de libros en tiempo libre en formato digital algunas características relevantes, que podríamos resumir calificándolo de más activo (intensivo, informado) que no pasivo. Crece el número de compradores de libros (el 61,3 % de la población), aunque pasan de una media de 10,6 libros al año en 2010 a los 9,4. Por lo que respecta a las bibliotecas, los usuarios las valoran más que antes, pero disminuye el uso del servicio de préstamo. En el caso de los niños y los adolescentes, hasta los 10 años la lectura parece muy consolidada (entre los 6 y los 9 años dice que el 86 % leen libros no de texto), mientras que a partir de los 14 años disminuye el uso de la biblioteca y la participación en actividades relacionadas con la lectura.

¿Qué nos dice, pues, el barómetro de Conecta para la FGEE sobre los hábitos de lectura y compra de libros por parte de los ciudadanos de las Españas? Más allá de las cifras concretas —tan poco acorde con otros indicativos que podemos encontrar a mano, aunque a veces no tengan un valor estadístico real: nunca he tropezado en clase con ningún grupo de alumnos con un 95 % de lectores, ni un 59,9 % de lectores de libros ni tan solo un 32 % de visitantes ocasionales de su biblioteca pública—, a mí me lleva a plantear al menos dos cuestiones. Primera, que hay que revisar de pies a cabeza la estructura conceptual de estudios como este, porque los datos que se desprenden no resulten demasiado engañosos. Segunda, que esta revisión deberá comportar, probablemente, que se introduzcan elementos para que el análisis no sea solo cuantitativo sino también cualitativo. Si es que de verdad pretendemos conocer, tal y como indica el título de la cosa, los hábitos de lectura de la población.

Nota. Esta reseña se publica simultáneamente en el Blog de l'Escola de Llibreria.

Daniel Gil Solés
Biblioteca Pública Episcopal del Seminari Conciliar de Barcelona

Rosa, Kathy S. (ed.) (2018). «The State of America’s libraries 2018: a report from the American Library Association». American libraries, special report April. 25 p. Disponible en: <http://www.ala.org/news/state-americas-libraries-report-2018>. [Consulta: 05/05/2018].

El número de abril de 2018 de la revista American libraries, la revista de la ALA, la American Library Association, es un número monográfico dedicado exclusivamente al estado de las bibliotecas de los Estados Unidos en 2018, a hacer una fotografía de la situación en que se encuentran, y a detectar y poner encima de la mesa sus principales problemas y las tendencias actuales y futuras que se han detectado. Este año, este estudio lo ha editado Kathy S. Rosa. El monográfico se divide en las siguientes secciones: en primer lugar, se hace una introducción para, a continuación, analizar la situación de las bibliotecas universitarias, escolares y públicas. Finalmente, se analizan los problemas y las tendencias, tanto a nivel profesional como a nivel nacional de los Estados Unidos. Una situación social, cultural y económica que se enmarca en un contexto en que, tal y como se hace referencia en la presentación del informe, según el Pew Research Center, un porcentaje cada vez más elevado de la población cree que los bibliotecarios y las bibliotecarias pueden ayudarles a localizar y gestionar información de confianza y pertinente, al mismo tiempo que les proporciona un entorno seguro de trabajo y ocio.

En primer lugar, por lo que respecta a las bibliotecas universitarias, en el informe se hace referencia a los datos de 2016 que cada año elabora la ALA Association of College and Research Libraries (ACRL), y que se centran en aspectos de personal, colecciones, horas de servicio y acceso, gastos, operaciones e iniciativas. Por lo que se refiere a los gastos de personal, se destaca que en los últimos cinco años, es decir, desde 2013, un 21 % de las bibliotecas universitarias ha tenido aumentos de personal, mientras que un 19 % ha sufrido un descenso en su financiación. Destaca, además, que un 60 % de las bibliotecas universitarias norteamericanas ha sufrido un ajuste, a la baja, en sus presupuestos. En el informe se destaca que, a pesar de que dos de cada tres bibliotecas han visto recortados sus presupuestos, la creación e implantación de nuevos servicios no ha parado de crecer. Así, los principales servicios implantados estos años, y que nos pueden servir de guía, son el desarrollo web, la creación de repositorios institucionales en acceso abierto, los sistemas de aprendizaje, las humanidades digitales y la producción de medios de comunicación digital. También se hace referencia al desarrollo de servicios como la creación de MOOC (massive open online courses), los portafolios digitales, la confección de makerspaces o el diseño de Servicios de Información Geográfica. Otras cifras que merece la pena mencionar son las del acceso en que, de media, las bibliotecas universitarias abrieron 63 horas a la semana; y las del desarrollo de la colección donde destaca que, de media, estas bibliotecas gastan un 69,8 % del presupuesto destinado a adquisiciones a las suscripciones de revistas (una tendencia al encarecimiento que también apreciamos en las bibliotecas catalanas y españolas).

Por lo que se refiere a las bibliotecas escolares, se pone especial énfasis en su papel vital para la comunidad a las que sirven, y que representan una parte esencial para el aprendizaje a lo largo de la vida, tanto para alumnos como para profesores. De hecho, es justamente en las bibliotecas escolares donde los estudiantes empiezan a aprender y entienden conceptos como la privacidad, la confidencialidad, la libertad intelectual, el acceso abierto o el uso justo; conceptos todos ellos que les acompañarán durante toda su vida. Además, en el informe se destaca que desde 2015 hay en vigor la Every Student Succeeds Act (ESSA), donde por primera vez se preveía una «biblioteca escolar efectiva» en los programas y en los resultados del aprendizaje de los estudiantes. Es decir, que la biblioteca escolar se convierte en el centro proactivo en el éxito curricular, académico y de adquisición de conocimientos de los estudiantes. Por otra parte, cabe destacar que las asociaciones profesionales, en este caso la American Association of School Librarians se ha implicado de forma activa, liderando la implantación de esta ley en todos los estados del país.

En tercer lugar, por lo que respecta a las bibliotecas públicas, se destaca el servicio y  su papel absolutamente fundamental en la vitalidad y expansión de las ciudades y pueblos donde se ubican; y destaca dos ámbitos: por una parte, en la reducción de la brecha digital por motivos económicos (resultando el principal proveedor de acceso a Internet y a ordenadores); y por otra, en la ampliación del acceso a la información, en este caso, a la información sanitaria. Por lo que se refiere al primer ámbito, en el informe se destaca la creación y el impulso del programa DigitalLearn.org, que quiere ayudar a estudiantes y familias con ingresos bajos a que puedan acceder y usar la tecnología en igualdad de condiciones, y que tengan niveles óptimos en alfabetización digital. Con la misma orientación hay que destacar la estrecha colaboración que mantienen con las bibliotecas escolares, como pieza clave en el desarrollo del programa Every Child Ready to Read, que tiene como objetivo el desarrollo de la lectoescritura en los niños. Por otra parte, en lo referente al segundo ámbito, la Public Library Association (PLA) y la National Network of Libraries of Medicine (NNLM) están llevando a cabo un programa de ámbito nacional que busca mejorar la información sanitaria y médica que tienen los habitantes de los Estados Unidos (una falta de información médica que había sido detectada como una grave carencia en el sistema médico norteamericano, y que se buscaba paliar con la ayuda de las bibliotecas públicas como primer centro de sus respectivas comunidades).

A continuación, en el informe se habla de los ámbitos más relevantes que afectan a las bibliotecas norteamericanas, así como a las principales tendencias y retos a los que deberán hacer frente, siempre desde una perspectiva global a nivel macro, y siempre en un entorno estrictamente profesional. En primer lugar, el informe hace referencia a las restricciones en materia de libertad intelectual, de contenidos y de desarrollo de colecciones que está sufriendo el sector, siempre en «intentos formales de eliminar o restringir el acceso a materiales y servicios de la biblioteca». Concretamente, en el informe se habla de tres ámbitos donde se ha detectado censura: el de los libros (que es el más importante); el de otros materiales, como podrían ser las películas, las revistas, los programas, las exposiciones e incluso los recursos electrónicos y que el informe detecta que cada vez tiene más repercusión; y el tercer ámbito de pérdida de libertades hace referencia a los actos de vandalismo, como podrían ser pintadas, destrucción de mobiliario y destrucción de textos en función de la religión. En segundo lugar, se habla de la necesidad de ofrecer un servicio de calidad y personalizado tanto a jóvenes como a adolescentes (se detecta que es un público objetivo prioritario), poniendo especial énfasis en aspectos como la mentoría en medios multimedia, la diversidad y la inclusión, o el apoyo a los niños y a las familias con necesidades específicas. De todo ello se extraen los dos últimos retos: por una parte, la obligación de establecer programas específicos desde las bibliotecas para dar respuestas en todos los ámbitos posibles y, especialmente, en el de los jóvenes en tanto que futuros adultos usuarios de la biblioteca y de todos los servicios públicos en general; y por otra, hacerlo en un entorno sostenible y que permita su aplicación a lo largo del tiempo, es decir, que todo se planifique a largo plazo.

En el último apartado del informe se mencionan los principales retos que ha identificado la ALA en sus acciones a nivel político, como lobby que actúa en el ámbito nacional de los EEUU y que intenta influir en la agenda política. Es decir, que para la ALA el advocacy forma parte inseparable de su acción corporativa y de defensa y promoción de la profesión. Así, entre las tendencias futuras que de alguna u otra manera afectaran a las bibliotecas de los Estados Unidos, la ALA ha identificado las siguientes: un envejecimiento progresivo y constante de la población; un aumento de las desigualdades sociales; y una omnipresencia cada vez más importante del aprendizaje en línea. Para hacer frente a todos estos retos, se apunta la necesidad que los espacios, los edificios y los programas de las bibliotecas puedan ayudar a las personas a encontrar, conjuntamente, la ayuda necesaria para sus respectivas vidas y que, al mismo tiempo, permita un impulso del diálogo permanente que sirva para romper estas desigualdades sociales que cada vez están más presentes en nuestras sociedades. Sin duda, esta posición ofrece a las bibliotecas una posición privilegiada dentro de sus comunidades como importantes centros económicos y generadores de oportunidades para todo el mundo.

De la lectura del informe puede desprenderse la conclusión que el estado de las bibliotecas, los retos que deben afrontar, y las tendencias futuras en las que se verán inmersas no son muy distintas de la situación que podemos tener aquí en Cataluña o en el Estado español. Y por extensión en el mundo occidental. En el fondo, todos los profesionales estamos detectando, con matices locales, las mismas preocupaciones y necesidades casi idénticas respecto a nuestra profesión y a los equipamientos y servicios en los que trabajamos. En este sentido, nada nuevo a destacar. No obstante, sí que encuentro relevante el hecho de que las bibliotecas se están convirtiendo (si no lo han hecho ya) en instituciones en las que se puede confiar. En tiempos de la denominada posverdad, de pérdidas de libertades sociales, de las fake news y de la información en general poco o nada contrastada y trabajada, vemos cómo la sociedad está perdiendo referentes informativos y a los medios de comunicación cada vez se les cuestiona más su supuesta imparcialidad (que aparece, a ojos de la opinión pública, como parcialidad a favor de los poderes fácticos). En este contexto, hay que valorar que la sociedad vea las bibliotecas como instituciones en las que poder confiar, en las que se puede encontrar y buscar información fiable y contrastada, en un ambiente de libertad intelectual y de neutralidad política y cultural. Pienso que este es un elemento de un valor estratégico extraordinario, que debemos saber aprovechar para que signifique un punto de inflexión en positivo en la visión que ofrecemos a la sociedad y en la percepción que la misma tiene de nosotros. Hay que continuar fortaleciendo este sentimiento de confianza hacia las bibliotecas como un elemento crítico del éxito de la profesión.

Enric Faura
Director de Xarxa de Llibres y profesor de la Escola de Llibreria

El sector del libro en España (2018). [Madrid]: Ministerio de Educación, Cultura y Deporte: Observatorio de la Lectura y el Libro. 148 p. Disponible en: <http://www.mecd.gob.es/dam/jcr:864ae325-5db4-4ada-b7df-903b60c529f1/El%2.... [Consulta: 27/04/2018].

El pasado mes de abril se hizo público un informe por parte del Observatorio de la Lectura y el Libro en España sobre el mundo del libro. Con el nombre de El sector del libro en España, este documento intenta dibujar de la manera más precisa posible el panorama del sector editorial en el Estado español recogiendo, agrupando y analizando los principales datos y magnitudes, y al mismo tiempo aporta información sobre algunos de los agentes del sector, como las librerías, las bibliotecas y también analizando la evolución del hábito lector en la población española.

Los datos más importantes y relevantes son los siguientes:

  • El sector del libro es un motor económico de la cultura española. Representa el 0,8 del PIB total y el 33,7 del PIB cultural. Ocupa a casi 50.000 trabajadores, que son el 9,1 % de los 544.700 puestos de trabajo de la cultura española.
     
  • El sector, a pesar de los embates de la crisis, es dinámico. A lo largo del 2016 se registraron 281 nuevas editoriales, hasta superar las 3.000 editoriales en activo.
     
  • Se publicaron más de 86.000 títulos nuevos, un 8,3 % superior al año anterior, que posicionan a España como un referente editorial en el mundo, en quinto lugar tras el Reino Unido, Alemania, Italia y Francia.
     
  • En 2016, la facturación global se incrementó ligeramente, un 2,8 %, dejando atrás las caídas de los años de crisis. La facturación global bruta llega a los 2.317 millones de euros.
     
  • El precio medio del libro se sitúa en 19,8 €.
     
  • En los últimos cinco años, la proporción de compradores de libros ha crecido casi seis puntos, aunque la media anual de libros ha bajado a los 9,1 libros.
     
  • La tirada media de cada título continúa en caída, y se sitúa en 2.749 unidades.
     
  • Los libros en soporte papel continúan manteniendo la hegemonía, con un 70 % de las novedades, pero van creciendo las novedades en digital, que ya se acercan al 30 % del total, aunque la dismetría en las ventas continúa muy marcada, dado que del total de ventas, solo un 5 % corresponde a los libros digitales.
     
  • Las librerías continúan siendo el principal canal de ventas y mantienen una red con una gran capilaridad.
     
  • Se afirma que el 62,2 % de los españoles leen al menos un libro al año, creciendo un 3,2 % este índice en relación a los últimos cuatro años. De media, los lectores afirman leer 12 libros anuales, dos más que hace cinco años y se dedican 7,6 horas semanales a la lectura.
     
  • Las mujeres leen más libros que los hombres y los adolescentes son los que más leen, hasta los 15 años.
     
  • Madrid y Barcelona continúan siendo las capitales del libro, con más de la mitad de todo el sector.

Es un documento extenso y prolijo, de 150 páginas, árido, de interés profesional, pero importante para seguir y evaluar la evolución histórica de algunas tendencias y magnitudes. También es importante para analizar el detalle de muchos datos, desde la facturación a la exportación, el porcentaje de lectores con todo detalle, los ránquings de ventas y las actividades de las bibliotecas, la lengua de publicación, las materias de los libros, las traducciones o incluso haciendo comparaciones con el informe Pisa.

Un informe con un volumen de tantos datos resulta difícil de analizar e interpretar y sobre todo poner en contexto. Los datos fríos muchas veces confunden y el bosque no deja ver los árboles. Después de sufrir una fortísima crisis, que en los últimos 10 años ha hecho disminuir entre el 30 i el 40 % del sector, este informe confirma la leve y lenta recuperación o, cuando menos, la interrupción de las caídas. Este informe también confirma el lento y leve crecimiento del índice lector, no obstante con muchas carencias.

Lo que este informe no refleja, y seguramente no pretende hacerlo, son los retos que tiene el sector, la necesidad de reconversión y de adecuación de su capacidad industrial en un mercado mucho más pequeño. No analiza la irrupción de Amazon como canal de venta disruptivo ni los cambios sociales que necesariamente provocarán reformas en la industria.

Como conclusión, aconsejamos la lectura del informe en su contexto y con información complementaria, para obtener una radiografía fiel del estado del sector, ya que la lectura única del informe daría una falsa sensación de fortaleza y salud que no se corresponde con la realidad.

Nota. Esta reseña se publica simultáneamente en el Blog de la Escola de Llibreria.

Andreu Sulé
Facultat de Biblioteconomia i Documentació
Universitat de Barcelona

Dooley, Jackie; Bowers, Kate (2017). Descriptive Metadata for Web Archiving: recommendations of the OCLC Research Library Partnership Web Archiving Metadata Working Group. Dublin, Ohio: OCLC. 53 p. Disponible en: <https://www.oclc.org/research/publications/2018/oclcresearch-descriptive... [Consulta: 19/05/2018].

El control bibliográfico universal ha sido, desde hace más de dos siglos, un objetivo fundamental de la comunidad bibliotecaria. Paul Otlet y Henri La Fontaine, a principios del siglo XX, con su Répertoire bibliographique universel, ya quisieron describir toda la documentación del mundo mediante fichas móviles. Y si ya en el tiempo de Otlet y La Fontaine este objetivo era difícil de conseguir, con la explosión de la producción documental en la segunda mitad del siglo XX dicho propósito se convirtió casi en imposible. Después de la II Guerra Mundial el número de publicaciones aumentó exponencialmente y, además, se presentó en formatos muy diversos.

El golpe de gracia en esta carrera inalcanzable por el control bibliográfico universal fue la aparición de Internet, que con sus facilidades de publicación pusieron al alcance de cualquier persona e institución la creación de contenidos. Además, este nuevo contenido web tiene una de las características más perniciosas para el control bibliográfico: su volatilidad. En efecto, si hasta entonces las publicaciones, a pesar de su gran volumen, eran materiales relativamente estables y de contenido inalterable, con el web todo resulta inestable. Se crean páginas web de las cuales algunas desaparecen en cuestión de semanas o meses, y la gran mayoría actualizan  su contenido con una frecuencia tal que, parafraseando Heráclito de Éfeso, «un hombre no puede bañarse dos veces en la misma web».

La comunidad archivística ha sido otro de los sectores damnificados por este cambio en el volumen y la naturaleza de la información con la irrupción del web. A pesar de tener un enfoque de la descripción diferente al de la comunidad bibliotecaria (agrupaciones de documentos en lugar de recursos individuales; acento en el contexto más que en la descripción; etc.), la variabilidad de las páginas web ha dificultado la tarea para la elaboración de descripciones archivísticas esmeradas.

A lo largo de los últimos años, diversos han sido los intentos de elaborar unos criterios de representación de los contenidos web que diesen respuesta a los retos mencionados. Algunos han sido diseñados dentro de un marco más amplio de descripción, como es el caso de los «recursos integrantes» de Resource Description and Access, o Describing archives: a content standard en el contexto de la archivística, mientras que otras organizaciones, como el PADICAT, han aprovechado esquemas de metadatos genéricos como Dublin Core para elaborar perfiles de aplicación específicos para la descripción de las páginas web archivadas.

Ahora, en 2018, es OCLC quien presenta su propuesta de esquema de metadatos para la descripción de webs archivadas, el Descriptive Metadata for Web Archiving. Se trata de una recomendación muy poco granulada, con tan solo 14 propiedades, 8 de las cuales son elementos de Dublin Core Metadata Element Set.

Collector     Extent     Source of description Contributor     Genre/Form Subject Creator     Language     Title Date     Relation     URL Description     Rights      

Las autoras de la propuesta, Jackie Dooley y Kate Bowers, ponen especial énfasis en el hecho que Descriptive Metadata for Web Archiving quiere resultar «un puente entre los enfoques bibliográficos y archivísticos de la descripción» (p. 5). De hecho, la propuesta trata de superar esta dualidad con una metodología de elaboración plenamente orientada al usuario, basada en el informe Literature review of user needs, también de OCLC. En este interesantísimo documento, poco frecuente en proyectos de este tipo, se analizan las necesidades de dos tipos de usuarios de metadatos: los usuarios finales y los profesionales de metadatos. La revisión bibliográfica concluye cosas tan significativas como que para los usuarios finales es importante disponer de información contextual de la procedencia de las páginas web archivadas, o como que para los profesionales es bastante importante encontrar formas de combinar las normas bibliotecarias y las prácticas archivísticas.

Otra idea fuerte de Descriptive Metadata for Web Archiving es la voluntad de ser un esquema compatible con el resto de esquemas ya existentes, generalmente más granulados. De esta manera se pretende «mejorar la compatibilidad y fomentar la consistencia entre entornos de descubrimiento» (p. 16). En este sentido, la propuesta de OCLC parece pretender ir un paso más allá del actual uso de Dublin Core Metadata Element Set como «máximo común divisor» de la interoperabilidad, agregando elementos propios de la comunidad archivística como el contexto de procedencia y la descripción a nivel de colección.

Para finalizar, destacar el acierto de dedicar buena parte de la propuesta a sus fundamentos teóricos y metodológicos. Casi un tercio del total de las 53 páginas que ocupa el documento está dedicado a exponer y explicar los objetivos, las prácticas descriptivas y los estándares ya existentes, los estudios previos hechos por el propio OCLC (el ya mencionado Literature review of user needs y Review of harvesting tools, una revisión de herramientas de recolección web), y un apartado muy interesante sobre diversos problemas sin resolver todavía que deberán ser motivo de investigación en un futuro.

Tendrá que verse qué grado de aceptación y de implementación real tendrá Descriptive Metadata for Web Archiving, dado que su simplicidad puede ser, al mismo tiempo, su punto fuerte y débil. Punto fuerte porque da una respuesta mixta, escalable y económica a un problema compartido por bibliotecas y archivos; punto débil porque esta misma simplicidad puede hacer la propuesta poco atractiva para instituciones y servicios con proyectos de gran complejidad funcional.

Ángel Borrego
Facultat de Biblioteconomia i Documentació
Universitat de Barcelona

ISSN Conference 2018: une perspective internationale sur le libre accès dans la communication scientifique: succès et défis = an international perspective on open access in scholarly communication: achievements and challenges. Disponible en: <https://webcast.in2p3.fr/container/issn-conference-2018>. [Consulta: 14/05/2017].

El pasado 26 de abril se celebró en la École Nationale d'Administration en París una jornada que, bajo el título Une perspective internationale sur le libre accès dans la communication scientifique: succès et défis, abordó diversos aspectos relacionados con el fenómeno del acceso abierto. La sesión estaba organizada por el Centre International de l'ISSN, la agencia encargada de la asignación de códigos ISSN para la identificación unívoca de revistas. Aquellos que no tuvimos la suerte de viajar a París para asistir a la jornada podemos al menos consultar los vídeos de las diversas presentaciones.

El programa constaba de una conferencia inaugural a cargo de Jean-Claude Guédon, profesor de la Université de Montréal, seguida de ocho presentaciones, cada una de las cuales puede consultarse por separado. A continuación resumiremos brevemente las diversas intervenciones.

La conferencia de Guédon presentó un recorrido histórico de la evolución del mercado de la edición científica que arrancaba con los cambios que se producen a partir del final de la Segunda Guerra Mundial: la irrupción de las editoriales privadas, la creación de los índices de citaciones de Eugene Garfield y la consiguiente identificación de un conjunto de revistas «nucleares» (core journals) con consecuencias sobre el precio de subscripción de estos títulos, la digitalización de la producción y distribución de las revistas, la declaración de Budapest, la aparición de los megajournals, etc.

A continuación, Mikael Laakso, de la Hanken School of Economics (Finlandia), hizo un análisis de la evolución de la publicación en acceso abierto entre los años 2010 y 2016. El análisis longitudinal vino acompañado de una parte más metodológica que hacía especial énfasis en el uso de ROAD (The ISSN directory of open access scholarly resources) como fuente de información útil para la realización de estudios sobre el acceso abierto.

Elizabeth Gadd, Research Policy Manager en la Loughborough University (Reino Unido), abordó el acceso abierto como un fenómeno en el que se ven involucrados cuatro actores ―investigadores, instituciones, agencias de financiación y editores―, poniendo una especial atención a la situación en el Reino Unido.

Marc Vanholsbeeck, de la dirección de investigación de la Fédération Wallonie-Bruxelles (Bélgica), abordó el análisis de las políticas de ciencia abierta en el marco de la Unión Europea. En su opinión, muchas de las líneas estratégicas actuales no son sino una continuación de iniciativas que arrancan en los años 80 y 90 con la definición de la European Research Area. Vanholsbeeck fue crítico con las contradicciones que, a su entender, se producen entre los objetivos de las políticas científicas europeas, encaminadas hacia la ciencia abierta, y la gestión real de las convocatorias, que prestan una atención preponderante a indicadores de rendimiento basados en la cuantificación del número de publicaciones y su impacto en términos de citaciones a través de Web of Science o Scopus.

La segunda parte de la jornada se centró en la evaluación de revistas de acceso abierto. En primer lugar intervino Didier Torny, investigador del CNRS, que describió los principales modelos de evaluación de revistas, tanto los basados en indicadores como los elaborados a partir de encuestas a investigadores.

Leo Waaijers, creador de Quality Open Access Market, presentó este portal que evalúa revistas de acceso abierto a partir de la información disponible en sus páginas web ―composición del comité editorial, proceso de revisión, tasas de edición, etc.― y las puntuaciones otorgadas por investigadores. El objetivo es orientar a los autores en la elección de la revista de acceso abierto a la que enviar su manuscrito.

Annaïg Mahé, profesora de la École Nationale des Chartes (Francia), hizo un análisis del funcionamiento durante la última década de HAL el principal repositorio multidisciplinar disponible en Francia: número de documentos depositados, tipologías documentales, tiempo transcurrido entre la publicación y el depósito, diferencias por disciplinas, etc.

Joachim Schöpfel, de la Université de Lille (Francia), se centró en la situación en los países del llamado «sur global», incluyendo el tercer mundo y países en vías de desarrollo, donde el fenómeno del acceso abierto es especialmente significativo en Brasil, India o Indonesia.

Para clausurar la jornada, Ana Maria Cetto, profesora de la Universidad Nacional Autónoma de México, presentó la panorámica en América Latina. En su intervención hizo referencia a iniciativas como Latindex, Redalyc o SciELO, presentó datos estadísticos sobre la presencia de revistas de acceso abierto en la región, comentó la aprobación de declaraciones y mandatos institucionales y gubernamentales en favor del acceso abierto y la ciencia abierta, etc.

El hecho que podamos consultar todas las presentaciones de la jornada desde cualquier dispositivo conectado a la red ejemplifica de forma excelente una de las consideraciones de Jean-Claude Guédon en su conferencia inaugural al afirmar que, para él, el acceso abierto no es sino un elemento de segundo orden dentro de un cambio disruptivo de primer nivel como es la digitalización del acceso a la información científica.

Candela Ollé
Estudis de Ciències de la Informació i la Comunicació
Universitat Oberta de Catalunya

Connaway, Lynn Silipigni; [et al.] (2017). The many faces of digital visitors & residents: facets of online engagement. Dublin, OH: OCLC Research. Disponible en: <doi.org/10.25333/C3V63F>. [Consulta: 07/05/2018].

¿Te consideras un nativo o bien un inmigrante digital? ¿Crees que la fecha de nacimiento te condiciona a la hora de responder la pregunta? Pues el informe coordinado por Lynn Connaway puede ayudarte a salir de dudas y entender, con profundidad, cómo los individuos hacen uso de la tecnología y del web. La semilla de este proyecto surgió a partir de la afirmación de Mark Prensky (2001) que dividía la población en nativos e inmigrantes digitales y la posterior crítica que David White hizo en 2008 donde concebía el web como un lugar para vivir o una colección de herramientas útiles (de jardín, por ejemplo).

El objetivo primordial del proyecto The many faces of digital visitors & residents: facets of online engagement (entendido como una compilación de la historia, actividades y resultados del trabajo hecho en el contexto de Visitors & residents) es que los resultados obtenidos permitan tomar decisiones y hacer cambios, si es preciso, tanto en el diseño de tecnologías de la información como en los servicios tecnológicos de las bibliotecas para mejorar el servicio a los usuarios. En 2015, ya lo mencionamos en la reseña Los adolescentes son de Neptuno, los bibliotecarios de Plutón.

El planteamiento de la investigación tiene un contexto internacional que cuenta con la participación de cinco países (Estados Unidos, Reino Unido, España –UOC y Universidad Carlos III–, Italia –Università Cattolica del Sacro Cuore– y China) y utiliza las etapas educativas (emergente, establecida, adaptada y experta) para identificar la muestra, dado que considera que representa mejor la relación con la tecnología más que la edad o la generación. Las técnicas utilizadas para recoger la información han sido: entrevistas (164 individuos), periódicos mensuales individuales, mapas (151 individuos) y encuesta en línea (150 individuos), entre los años 2011 y 2016. A grandes rasgos, les  piden cómo obtienen la información; por qué toman la decisión/opción a la hora de seleccionar un recurso y qué diferencias encuentran en función de si el contexto es personal o institucional.

El segundo capítulo del informe describe con detalle la metodología y ofrece datos según la procedencia, la etapa educativa, entre otros, de los individuos que formaron parte del proyecto. La inicial dicotomía entre los conceptos visitante o residente en la práctica se convierte en dos palabras que tienen una frontera permeable.

Podemos definir los visitantes como usuarios anónimos, que no crean un perfil ni identidad digital y, por lo tanto, no son miembros ni visibles en las redes, primordialmente por el miedo al robo de la identidad y la privacidad. Se han marcado un objetivo y buscan una herramienta adecuada para conseguirlo. Aunque la herramienta escogida no haya sido perfecta están satisfechos si ven un progreso o beneficio en utilizarla. Para ellos el web es una de las muchas herramientas, como por ejemplo el teléfono, el software fuera de línea; una más.

Una posible definición de residentes son los que ven el web como un lugar donde pueden compartir información sobre el trabajo y su vida personal. Tienen sentimiento de pertenencia a una comunidad, expresan opiniones, generan contenidos y les gusta invertir tiempo conectados. Tienen perfiles en Facebook o Twitter y se sienten cómodos y desarrollan una identidad digital y, en cierta manera, no desconectan nunca ya que hacen actualizaciones de los perfiles, comentarios a blogs, etc. Interpretan el web como una red de individuos que generan contenidos, pero no hacen distinción entre contenido y persona. Para ellos, por ejemplo, que Wikipedia haya sido creada de manera colectiva no es una preocupación, lo que es importante es la relevancia que la información que encuentran se adecúe a sus necesidades particulares.

De las definiciones anteriores pasamos a resaltar algunos de los resultados, que evidencian la importancia de los recursos humanos (de manera más importante a los individuos de la UOC). Las tipologías más mencionadas son los amigos y colegas, resultados que descienden con el perfil de expertos dado que tienen competencias y experiencia en el uso de las herramientas. También identifican el cara a cara como una fuente valiosa de información, la conveniencia como prioridad cuando deben tomar decisiones sobre qué herramientas y fuentes utilizar, pero también esperan que los resultados tengan calidad suficiente.

Por otra parte, la herramienta utilizada viene determinada, en parte, por el contexto y la situación (cultural, social y tiempo utilizado) e influencia el comportamiento en el momento de tomar decisiones. Por ejemplo, las instituciones españolas e italianas concluyen un uso más elevado de las tabletas que las americanas o inglesas. En líneas globales los participantes hacen un uso extensivo de los motores de búsqueda, especialmente de Google (y conviene hacer más visibles y fáciles de localizar los filtros/búsqueda avanzada), así como de Wikipedia que utilizan para familiarizarse con la materia.

Los recursos de la biblioteca se utilizan aunque lamentablemente no se identifican como  fuentes de la biblioteca. La concepción de esta varía en función de la etapa académica de los individuos, desde un espacio contenedor de libros a un lugar para estudiar y colaborar. La edad no es un factor determinante del uso de la tecnología en línea, ya que los estudiosos en la etapa educativa posterior (que se correlacionan con la edad pero la no denotan) indican un uso elevado de las fuentes digitales.

El cuarto capítulo de conclusiones y recomendaciones explicita que el comportamiento de búsqueda cambia con la evolución y progreso en la etapa educativa en la que se encuentran. Los resultados obtenidos con la muestra de individuos de la UOC, como la única universidad en línea de las participantes, tiene patrones de conducta diferentes, por ejemplo hacen un uso más elevado de la biblioteca dado que la tienen incorporada en el aula.

Se acentúa un vacío entre los usuarios y la biblioteca y se recomienda que las bibliotecas conozcan cómo obtienen la información en lugar de esperar que los individuos cambien los flujos y hábitos de trabajo para adaptarse a las herramientas, fuentes y servicios que ofrece la biblioteca.

En resumen, la teoría me define como milenial, de la generación Y, residente según el informe aquí presentado, y todos además somos adultos, seguramente de los más conectados (y enganchados a las redes), narcisistas y consentidos según unos, y críticos, exigentes, reformistas y participativos según otros (Una generación entre dos mundos), pero con una gran variedad de comportamientos. Nativo o inmigrante, visitante o residente o una mezcla de todos, un alto grado de personalización de las tecnologías siempre será muy bienvenido.

Ernest Abadal
Facultat de Biblioteconomia i Documentació
Universitat de Barcelona

Ferwerda, Eelco; Pinter, Frances; Stern, Niels (2017). A landscape study on open access and monographs: policies, funding and publishing in eight European countries. Knowledge Exchange. Disponible en: <https://zenodo.org/record/815932#.Wul6eG6FOM8>. [Consulta: 20/04/2018].

Afortunadamente, empiezan a ser cada vez más frecuentes los estudios sobre cómo puede afrontarse la transición hacia la publicación de monografías académicas en acceso abierto. La lista de organizaciones que han promovido informes en esta línea también va ampliándose. Los hemos ido reseñando todos en el Blok. Empezamos con Knowledge unlatched (Montgomery, 2014), el proyecto OAPEN (Collins, Milloy, 2016) y también Springer-Nature (Emery et al., 2017). Ahora añadiremos otro a la lista, dado que el informe que nos ocupa está patrocinado por Knowledge Exchange (KE), un consorcio que agrupa seis organismos estatales de apoyo a la investigación en la educación superior: CSC (Finlandia), CNRS (Francia), DEFF (Dinamarca), DFG (Alemania), Jisc (Reino Unido) y SURF (Países Bajos) y que tiene por objetivo desarrollar una infraestructura que facilite la comunicación científica en acceso abierto.

Al leer el título vemos que se refiere a ocho países europeos. ¿Por qué estos ocho, precisamente? ¿Qué relación les agrupa? De hecho, la selección está directamente relacionada con los miembros que constituyen KE (antes mencionados y a los que se sumaron Austria y Noruega), y con el interés que tiene KE de saber en qué ámbitos o áreas puede contribuir de cara a facilitar la publicación de monografías en acceso abierto. El informe está estructurado en cuatro partes que tienen objetivos, estructura y metodologías bastante diferenciadas y que pasamos a comentar a continuación.

La primera parte es un estudio teórico que presenta la situación actual de la publicación de monografías en acceso abierto, haciendo especial hincapié en las vías de financiación (book processing charges - BPC, especialmente) y un apartado muy interesante sobre las cuestiones que los editores deben tener en cuenta, y entre las que destacamos el aseguramiento de la calidad, el marketing digital, los formatos digitales, las plataformas, las métricas y el papel de la biblioteca, entre otros elementos. También es muy interesante la tipología de sistemas de financiación y los ejemplos que ponen de cada país, mostrando la diversidad de aproximaciones existentes. Se incluyen datos concretos sobre el número de monografías publicadas en cada país –unas cifras misérrimas, por cierto– basadas en la consulta a DOAB, y también se comentan las políticas de promoción de la publicación de libros en acceso abierto, a partir de la consulta al directorio ROARmap. Se trata de un texto bien estructurado y muy aclaratorio, un buen resumen de la situación actual que puede ser de mucho interés y muy sugerente, en especial para editores y bibliotecarios.

La segunda parte incluye los estudios concretos de cada uno de los países (Alemania, Austria, Dinamarca, Finlandia, Francia, Noruega, Países Bajos y Reino Unido) y se basa en cuestionarios web y entrevistas hechas a los editores, bibliotecarios y financiadores. Los cuestionarios tuvieron un índice de respuesta más bien bajo (entre el 15 % de los bibliotecarios y financiadores, y el 25 % de los editores). Otra limitación fue no disponer de preguntas específicas para cada país que permitieran captar mejor las diferencias que existen en cada uno de ellos respecto a la publicación de monografías. Para cada país se comenta la panorámica general de la publicación de monografías en acceso abierto y también las políticas de apoyo. No se ofrecen datos concretos o cuantitativos sino más bien comentarios cualitativos generales con indicación de los editores más destacados. Se ve claro que el nivel de respuestas fue bajo y no dio para ofrecer los datos cuantitativos de progreso. Es una parte que, a diferencia de la anterior, no es especialmente interesante.

La tercera parte se estructura a partir de 14 temáticas (como la colaboración entre biblioteca y editoriales universitarias, la inclusión de las monografías a los mandatos, el desarrollo de estándares, etc.) de cada una de las cuales se incluyen diversos ejemplos de «iniciativas notables» (prefieren este nombre en lugar del de buenas prácticas). A continuación, indican los vacíos que hay en el sector, especialmente la ausencia de datos estadísticos (oferta, datos de uso, costes, etc.) que sirvan para conocer a fondo la situación y también añaden un conjunto de recomendaciones organizadas según el destinatario (ya sean los editores, universidades, autores, bibliotecas o los financiadores). Es una parte breve de la que pueden extraerse ejemplos concretos y recomendaciones que pueden ser de interés.

Finalmente, hay unos apéndices firmados por diferentes autores que analizan tres temáticas a partir de la revisión bibliográfica de los estudios más relevantes publicados sobre la cuestión. Aquí se incluye un análisis de la edición de monografías en ciencias humanas y sociales, las variaciones de los costes de la edición de monografías en acceso abierto (BPC) en los diversos países y también consideraciones sobre la evaluación del impacto y difusión de las monografías en acceso abierto. Es una parte teórica que permite conocer de manera rápida, ordenada y comentada la bibliografía fundamental sobre monografías en acceso abierto.

Como comentario final del informe, destacaría que pone de manifiesto que no hay una vía estándar para llegar al objetivo (es decir, publicar monografías en acceso abierto) sino que se muestran diversas vías adaptables al tipo de editor (si es tradicional, digital, etc.) y a las políticas y particularidades editoriales de cada país. También queda bien claro que el acceso abierto es un modelo que ya cuenta con el apoyo de los principales editores comerciales (como sería el caso de Springer-Nature, al que antes hemos hecho referencia). Así pues, a pesar de que la selección de los países está más relacionada con los intereses de KE que otra cosa, creo que este estudio contiene muchos aspectos interesantes que pueden ayudar a aclarar dudas y sugerir ideas a los editores de cualquier país europeo (no hace falta que sea de los estudiados) que quieran desplegar proyectos de publicación de monografías en acceso abierto.

Ignasi Labastida
CRAI
Universitat de Barcelona

Monitoring the transition to open access (2017). London: Universities UK. Disponible en: <http://www.universitiesuk.ac.uk/policy-and-analysis/reports/Pages/monito.... [Consulta: 21/03/2018].

En el año 2012 se publicó en la Gran Bretaña el informe Finch. En este informe, comisionado por el Gobierno británico a un grupo de expertos liderados por la socióloga Janet Finch, se apostaba claramente por la vía dorada como estrategia preferente para conseguir el acceso abierto, diez años después de la Declaración de Budapest. Recordemos que la vía dorada propone, por una parte, la creación de nuevas revistas de acceso gratuito que faciliten la libre reutilización de los contenidos publicados sin tener que pedir ningún permiso y, por otra, la transición de las revistas existentes hacia este modelo. El principal reto de la vía dorada ha sido el de encontrar un modelo de negocio para asumir los costes de publicación y muchas veces ha sido, injustamente, identificada como la opción de pagar por publicar. Esta identificación se da por el hecho de que las revistas de acceso abierto más relevantes utilizan este modelo de negocio, aunque la mayoría de revistas no lo utilizan, según los últimos datos del DOAJ (Directory of open access journals).

La principal crítica al informe Finch fue, justamente, el coste que supondría esta elección para el sistema de investigación. Un coste estimado de unos 60 millones de libras esterlinas anuales durante el período de transición. Sin embargo, las instituciones y los organismos de financiación adoptaron las recomendaciones del informe Finch y fomentaron que los investigadores publicasen en acceso abierto en lugar de seguir la vía verde que propone el autoarchivo de cualquier publicación en un repositorio.
 
La principal consecuencia de esta opción hacia la vía dorada ha sido el fortalecimiento del llamado modelo híbrido, que es aquel que ofrecen las editoriales para que los autores abran individualmente sus publicaciones en una revista de acceso restringido. En general, este modelo tiene un coste superior a publicar en una revista de acceso abierto completo, cuando es preciso pagar por publicar.
Para hacer un seguimiento de la transición hacia el acceso abierto, la organización Universities UK creó un grupo de coordinación que ha publicado un par de informes: el primero en agosto de 2015, y el segundo a finales de 2017 con resultados bastante interesantes.

El informe de 2017 se estructura en seis partes: una introducción, donde se presentan los principales resultados del estudio, y cinco capítulos. Los dos primeros están dedicados a los autores. En el primero se muestran las opciones disponibles para publicar en acceso abierto mientras que en el segundo se analiza el comportamiento de los autores con respecto a la elección de estas opciones. En el tercer capítulo se recogen los datos del uso de los artículos en acceso abierto, mientras que en el cuarto se analiza el coste que ha supuesto la publicación en acceso abierto. Finalmente, en el quinto capítulo se hace un análisis del impacto que ha tenido el acceso abierto en las sociedades científicas.

A partir de datos obtenidos de Scopus, puede verse cómo han variado las revistas donde publican los autores británicos. Mientras que en 2012 las revistas que solo ofrecen acceso restringido suponían el 38 % del total, en 2016 este porcentaje ha bajado hasta el 27 %, mientras que las revistas que ofrecen el modelo híbrido representan el 57 %, diez puntos per encima del que representaban en 2012. Esta tendencia también se ve a nivel global aunque los porcentajes son diferentes. Si tan solo se miran los 40 editores donde más publican los autores británicos, el porcentaje de revistas «híbridas» aumenta hasta el 73 %, mientras que las revistas de acceso abierto representan el 18 %. Cuando se separan estos datos por disciplinas se ve cómo en ciencias sociales y ciencias experimentales las revistas que solo ofrecen acceso restringido son residuales.
En relación al precio que debe pagarse por publicar, el informe nos ofrece datos de las revistas de acceso abierto y de las revistas «híbridas». En el primer caso, un 15 % de revistas no cobran por publicar, un porcentaje que ha disminuido ligeramente en los últimos dos años, mientras que un 30 % tiene una tarifa inferior a las 500 libras. Sin embargo, hay una tendencia a incrementar estas tarifas, aunque prácticamente no hay ninguna revista que pida más de 2.000 libras por publicar. Por lo que respecta al modelo híbrido, un 70 % de las revistas pide entre 1.500 y 2.000 libras por abrir un artículo. Este porcentaje ha disminuido desde 2015 a favor de la franja de 2.000 a 2.500 que supera ya el 10 %.

Finalmente, hay un par de datos interesantes respecto a las políticas de las revistas. Por una parte, se generaliza la opción de permitir el uso de la licencia de Reconocimiento de Creative Commons (CC BY), que permite una reutilización sin restricciones de los contenidos siempre que se reconozca adecuadamente la autoría. El uso de esta licencia ya estaba bastante generalizado en las revistas de acceso abierto pero no en las «híbridas». Y por otra parte, es relevante ver las políticas editoriales en relación a la vía verde, es decir las políticas de autoarchivo que marcan lo que puede depositarse y ofrecer en un repositori cuando se publica en una revista. El principal elemento de las políticas de autoarchivo es el período de embargo, es decir el período de tiempo que hace falta esperar para ofrecer acceso al público después de ser publicado. Recordemos que la mayoría de financiadores han establecido períodos de seis a doce meses como máximo para poner a disposición del público el texto completo. En cambio, con los datos del informe vemos que las editoriales, en un 80 %, establecen períodos superiores a los doce meses. Un porcentaje que ha aumentado en los últimos años. Esta diferencia entre lo que piden los financiadores y lo que permiten los editores hace que los investigadores escojan la vía híbrida, que generalmente se financia a través de los proyectos.

Un vez vistas las opciones que tienen los investigadores, en el segundo capítulo del informe encontramos los datos referentes al comportamiento de los investigadores a la hora de publicar en los últimos cinco años (de 2012 a 2016). Globalmente, se ha pasado del 12 % al 19 % en lo relativo al porcentaje de artículos que se encuentran en acceso abierto inmediato, es decir que se han publicado en una revista de acceso abierto o se ha optado por el modelo híbrido. Este incremento es mucho más pronunciado en el Reino Unido dado que ha pasado del 12 % al 30 %.

En relación a la accesibilidad de los artículos en los repositorios, también se observa un incremento notable en el Reino Unido, comparando con el resto del mundo, sobre todo en relación con la versión enviada o preprint y la versión del autor, que es la que mayoritariamente autorizan las editoriales que publican revistas en acceso restringido. Sin embargo, es relevante observar que la versión final publicada se encuentra en porcentajes bastante significativos (por encima del 25 % incluso antes de los 12 meses después de la publicación) pero cabe señalar que, mayoritariamente, esta versión se publica en ResearchGate, que últimamente ha tenido algún conflicto con las editoriales respecto a la infracción de derechos de propiedad intelectual. Finalmente, de este último capítulo es importante indicar que más de un 50 % de las publicaciones de autores británicos se encuentran disponibles en acceso público (ya sea porque se han publicado en abierto o porque están depositadas en un repositorio) doce meses después de su publicación. Globalmente, este porcentaje supera ligeramente el 30 %.

En el tercer capítulo se ofrecen los datos respecto al uso de los artículos. Hay que destacar que, de media, los artículos en acceso abierto se descargan más que los artículos publicados en acceso restringido, según datos ofrecidos por las bibliotecas universitarias británicas. También aumentan las descargas de los documentos disponibles en los repositorios institucionales y en PubMed central, como ejemplo de repositorio temático.

En el cuarto capítulo se entra en el terreno más controvertido: el económico. Tal y como apuntaba el informe Finch, la transición hacia el acceso abierto tiene un coste importante y el informe de seguimiento recoge datos relevantes. Tomando una muestra de diez universidades británicas puede verse que el número de artículos por los que se ha pagado por publicar se ha quintuplicado desde 2013 llegando a la cifra de 4.200 artículos anuales en 2016. De estos 4.200, unos 3.000 son artículos publicados según el modelo híbrido. También es remarcable comparar las cifras del coste medio para publicar un artículo, que en el caso del híbrido es de 2.095 libras mientras que en las revistas de acceso abierto baja a las 1.640. Con la misma muestra de diez universidades se ofrece un análisis de gasto en publicaciones, incluyendo el gasto de acceso a los recursos y el destinado a la publicación. El incremento total ha sido de unos cinco millones de libras anuales (de 14 a 19 millones). Este incremento se ha producido por una subida del 20 % en el gasto de acceso a los recursos y del 350 % en el gasto para publicar.
 
El informe finaliza con un capítulo dedicado a la situación de las sociedades científicas, algunas de las cuales tienen un papel relevante en el ámbito de la publicación. En los últimos años ha aumentado el número de sociedades que muestran pérdidas debidas al mayor incremento en los gastos de publicación que en los ingresos.

Como conclusión me gustaría destacar que es fundamental la publicación de estos tipos de informes para analizar la evolución del acceso abierto en un determinado país o una determinada área geográfica. Si cuando apareció el informe Finch muchos pedimos la realización de un informe similar en nuestro país, ahora, de nuevo, me sumo a la petición de hacer un seguimiento similar al que se hace en el Reino Unido respecto al acceso abierto. De hecho, en muchas instituciones ya estamos recogiendo datos para poder analizar el comportamiento de nuestros autores y poder hacer un seguimiento de la evolución a lo largo del tiempo. La mayoría de universidades catalanas tienen políticas de acceso abierto pero, en general, nos ha faltado hacer el seguimiento, fundamental para valorar si la política consigue los objetivos perseguidos. Este documento británico puede servirnos como modelo para elaborar un informe similar y podernos comparar con otros países.

Gema Santos
Servicios de Biblioteca para la Investigación
Universitat Oberta de Catalunya (UOC)

Open educational resources: global report (2017). Burnaby: Commonwealth of Learning. 77 p. Disponible en: <http://oasis.col.org/bitstream/handle/11599/2788/2017_COL_OER-Global-Rep.... [Consulta: 08/04/2018].

Durante los quince años de existencia de los open educational resources (OER), desde su aparición formal en el fórum de la UNESCO de 2002 en París, el movimiento ha ido ganando terreno y se ha expandido de manera notable. El concepto de recursos educativos abiertos incluye todos aquellos materiales de aprendizaje e investigación en cualquier soporte que sean de dominio público o se difundan con una licencia abierta que permita el acceso gratuito, así como el uso, la adaptación y la redistribución por otros sin ninguna restricción o con restricciones limitadas (UNESCO, 2002). El punto culminante del movimiento educativo abierto fue la aprobación de la Declaración OER de París de 20121, durante el I Congreso Mundial de OER de la UNESCO, desde donde hizo una llamada a los gobiernos del mundo para apoyar el desarrollo de los OER (UNESCO, 2012). El siguiente objetivo importante, representado por la hoja de ruta colaborativa OER strategy development (Allen et al., 2015), identificó estrategias específicas para conseguir la adopción real de los recursos educativos abiertos. El informe que hoy nos ocupa, generado con motivo de la celebración del II Congreso Mundial de OER (Eslovenia, septiembre de 2017), correspondería a un tercer estadio del movimiento, que pretende dibujar el estado de la cuestión actual de los OER, de manera global y en relación a las bases anteriores.

El informe está publicado por la Commonwealth of Learning (COL), una organización intergubernamental que promueve el desarrollo y el intercambio de recursos y tecnologías dentro del marco de la educación abierta y a distancia, y presenta los resultados de dos encuestas: una sobre políticas nacionales y estrategias de apoyo de los OER, enviada a los gobiernos de todos los estados miembro de la UNESCO, y otra, más general y dirigida a los agentes clave y partes interesadas en los OER, con el objetivo de comprender sus niveles de concienciación e implicación en el uso y la adaptación de estos recursos. Además, el informe incluye el resumen de seis consultas regionales (en base a 105 países de Asia, Europa, Oriente Medio y norte de África, África, Caribe y países latinoamericanos y Pacífico), que proporciona una breve instantánea de la actividad e iniciativas OER en cada región. No obstante, el análisis detallado de estas consultas está disponible en otro informe complementario, que lleva por título Open educational resources: from commitment to the action.

Es a partir de todos estos resultados que se estructura el contenido del informe. En una primera parte, dedicada a la encuesta gubernamental y en base a 102 países participantes, se identifica un incremento en el apoyo a políticas de OER entre el 2012 y el 2017 −con una mayoría de origen nacional (41 %), seguido del institucional (22 %) y generado por proyectos (9 %)− pero con evidencias poco firmes de la existencia de nuevas políticas, más allá de consideraciones respecto a futuros desarrollos. Otro dato relevante pero no demasiado sorprendente, dado que ha sido identificado en la literatura, es la insuficiencia de OER en idiomas diferentes al inglés (Ehlers, 2010) y la falta de capacitación de los usuarios a la hora de acceder, reutilizar y compartir OER (Cox y Trotter, 2017).

En una segunda parte, se tratan los resultados más relevantes obtenidos a partir de los 600 agentes interesados que respondieron la segunda encuesta. Por ejemplo, que la gran mayoría tiene conciencia general de los OER, aunque no tanto respecto a los requerimientos para su reutilización o disponer de las habilidades necesarias para adaptarlos (véase aquí que tanto gobiernos como agentes interesados coinciden en señalar esta falta de competencia). Todos estos factores, junto con la falta de un sistema de recompensa, de apoyo institucional y la falta de tiempo, son las barreras importantes para la integración generalizada de los OER dentro del sistema educativo; que no difieren demasiado de las identificadas anteriormente (Atkins, Brown, y Hammond, 2007; Butcher, 2011). Respecto a los beneficios más reportados, destacan la reducción del coste de los recursos de aprendizaje y que las licencias abiertas posibiliten el acceso a materiales de calidad, sobre todo en aquellos países menos desarrollados.

En este sentido, a pesar del potencial de los OER para frenar los costes acaecidos durante la última década en educación superior −por ejemplo, la adopción de libros de texto de código abierto (Hilton, 2016; Ozdemir y Hendricks, 2017)−, existe un debate importante sobre su sostenibilidad y los costes adicionales relacionados con el desarrollo, adaptación o remezcla de los recursos, la inversión en tecnologías o el tiempo para el diseño de nuevos planes de estudios (Adams Becker et al., 2017; Downes, 2007).

El tercer bloque de contenidos del informe está integrado por las diferentes visiones y prioridades reflejadas en las consultas regionales: desde las más básicas, como el aumento de concienciación hacia los OER (Pacífico), la conectividad en Internet (Asia), la accesibilidad o la sostenibilidad de los OER (África) hasta otras más concretas, como la de mejorar la capacitación del profesorado, asegurar la calidad de los OER y su disponibilidad en diferentes idiomas o el desarrollo de nuevos modelos de negocio editorial. Por otra parte, un factor coincidente a casi todas las regiones es la necesidad de desarrollar políticas de OER para así incrementar la probabilidad de financiación (sobre todo en el caso de África y Latinoamérica) y también para conseguir un apoyo gubernamental comprometido, que dé cohesión a las acciones de promoción de los OER (en Europa).

En el apartado final confluyen las evidencias aportadas por las dos encuestas y por las consultas regionales, en forma de una serie de tendencias globales claves en la integración de los OER. Entre otras, la presencia de políticas nacionales es considerada como un indicador relevante que determina los niveles de compromiso real que tiene cada región (o país) con los OER. Esta clave va alineada con la intención manifestada por los gobiernos pero se contradice con la escasez de políticas específicas de OER hoy en día y cómo esto se intenta contrarrestar con el impulso de políticas institucionales y de iniciativas particulares generadas desde la base (bottom-up). Otra tendencia observada es el uso significativamente bajo de los repositorios de OER, debido a su desconocimiento y a la confusión generada por los MOOC (massive open online courses), como plataformas «contenedoras» de recursos abiertos; aunque no todos los MOOC crean y utilizan OER. Esta incertidumbre muestra cómo el significado de «abierto» todavía no está claro para muchos usuarios que, a pesar de los años de evolución del movimiento, confunden los OER con recursos digitales o gratuitos.

En resumen, este informe evidencia intuiciones que ya se venían percibiendo, revelando de forma más clara y completa las disparidades entre regiones y la existencia de diferentes etapas y velocidades en la adopción de los OER. También hace  aflorar que algunos de los aspectos identificados hace seis años, en la Declaración OER de París, continúan siendo un reto importante en algunos contextos y también que, aunque se han sucedido mejoras significativas en línea con las estrategias promovidas por la hoja de ruta OER del 2015, los resultados registrados hasta la fecha no son suficientemente alentadores. Por lo tanto, la actualización aportada por este documento pone de manifiesto que se requiere más esfuerzo para conseguir las metas originarias y el desarrollo de políticas y de acciones específicas para la integración real de los OER.

1 Las versiones originarias de la Declaración pueden consultarse en la web de la UNESCO.

Bibliografía

Adams Becker, S.; Cummins, M.; Davis, A.; Freeman, A.; Hall Giesinger, C.; Ananthanarayanan, V. (2017). Horizon report 2017: higher education edition.
    
Allen, N.; Browne, D.; Forward, M.; Green, C.; Tarkowski, A. (2015). Foundations for OER strategy development purpose of document.
    
Atkins, D. E.; Brown, J. S.; Hammond, A. L. (2007). A review of the open educational resources (OER) movement: achievements, challenges, and new opportunities.

Butcher, N. (2011). A basic guide to open educational resources (OER).

Cox, G. J.; Trotter, H. (2017). «An OER framework, heuristic and lens: tools for understanding lecturers’ adoption of OER». Open praxis, vol. 9, no. 2, 151.
    
Downes, S. (2007). «Models for sustainable open educational resources». Interdisciplinary journal of knowledge and learning objects, vol. 3, 29-44.

Ehlers, U.D. (2010). Open Educational Quality Initiative (OPAL) final report public part.

Hilton, J. (2016). «Open educational resources and college textbook choices: a review of research on efficacy and perceptions». Educational technology research and development, vol. 64, no. 4, 573-590.
    
Ozdemir, O.; Hendricks, C. (2017). «Instructor and student experiences with open textbooks, from the California open online library for education (Cool4Ed)». Journal of computing in higher education, vol. 29, no. 1, 98-113.
    
UNESCO (2002). Forum on the impact of open courseware for higher education in developing dountries: final report.

UNESCO (2012). Declaración de París de 2012 sobre los REA.

 

Anna Villarroya
Profesora de la Facultat de Biblioteconomia i Documentació
Universitat de Barcelona

Kulesz, Octavio (2017). La cultura en el entorno digital: evaluar el impacto en América Latina y en España. París: UNESCO, 2017. 63 p. Disponible en:  <https://es.unesco.org/creativity/sites/creativity/files/dce-policyresear.... [Consulta: 01/04/2018].

Este estudio realizado por Octavio Kulesz, fundador y director de la editorial Teseo e investigador en temas relacionados con la cultura digital en economías emergentes, tiene como principal objetivo examinar el impacto del nuevo entorno digital en la diversidad de las expresiones culturales en España y a cuatro países de habla hispana de América Latina: Argentina, Colombia, Ecuador y México. Esta diversidad cultural, recogida en la Convención sobre la protección y la promoción de la diversidad de las expresiones culturales el año 2005, se ha visto, sin ninguna duda, impactada por diferentes factores: las nuevas tecnologías, que han facilitado la aparición de nuevos modelos de negocio y de nuevos actores, la expansión global de los mercados, la interactividad entre los diferentes agentes de la cadena de valor, la aparición de nuevas fuentes de financiación (micromecenazgo), la pérdida de valor de los canales de distribución tradicionales y la aparición de nuevos modelos de negocio en red social, entre otros.

Todos estos cambios, que pueden ser ventajosos y desafiantes al mismo tiempo, requieren políticas públicas decididas que aseguren la diversidad de las expresiones culturales. Con el objetivo de ofrecer herramientas para facilitar este objetivo, esta publicación se estructura en cuatro grandes capítulos, además del capítulo introductorio y las conclusiones. Cada uno de estos capítulos gira entorno a cuatro grandes ejes, que se corresponden con artículos clave de la Convención de 2005. Estos ejes son: el acceso a la cultura, la creatividad, las industrias culturales, y la participación de la sociedad civil y la sensibilización del público. Además de incidir en cómo las nuevas tecnologías impactan en la diversidad de las expresiones culturales para cada uno de estos ejes, se pone el énfasis en las oportunidades, los retos y las medidas implementadas en los últimos años. El estudio presenta una selección de iniciativas llevadas a cabo en los cinco países considerados, con el objetivo de servir de inspiración para otras regiones y países. La mayoría de estas iniciativas hacen referencia a los sectores del libro, la música y el cine.

Desde la perspectiva del acceso a la cultura, el sector público en España y en América Latina ha hecho importantes esfuerzos para reducir la fractura digital, aun así muchos de los planes implantados no acostumbran a contar con la participación de las autoridades culturales, hecho que impacta negativamente en términos de diversidad de las expresiones culturales. Se produce, pues, un déficit de expresiones culturales (locales) disponibles en línea. Por otra parte, en un contexto en el que las grandes plataformas internacionales presionan para ofrecer soluciones de infraestructura, la intervención de las autoridades públicas es indispensable para garantizar el acceso equitativo y la neutralidad en la red. En el ámbito de las iniciativas concretas destinadas a facilitar el acceso de la ciudadanía a las expresiones culturales en línea, en particular desde bibliotecas, museos y archivos virtuales, el texto destaca la Biblioteca digital hispánica o la Biblioteca digital de patrimonio iberoamericano (BDPI), entre mucha otras.

La tecnología digital también impacta en la creatividad y en la situación de los artistas. En este ámbito son numerosas las iniciativas que contribuyen a la visibilidad de los artistas locales, mediante plataformas y aplicaciones que ayudan a experimentar y crear con tecnologías digitales, mediante actividades de formación, y que protegen también los derechos de autor. No obstante, a menudo las políticas culturales siguen ancladas en el modelo analógico, perdiendo de vista los rasgos característicos del nuevo modelo digital (interacción y colaboración). Entre las iniciativas que se ponen en relieve en el texto destaca una red de laboratorios de innovación que promueven la colaboración creativa y el desarrollo de contenidos digitales (programa ViveLabs de Colombia) o el espacio de formación Laboratorio de ciudadanía digital (México y España) destinado a promover la aplicación de nuevas tecnologías en el arte y la cultura.

En cuanto a las industrias culturales, con el objetivo de consolidar las industrias del libro, de la música y del cine, muchos países han implantado ayudas a la formación y la modernización o han facilitado la creación de plataformas digitales. Aun así, las barreras todavía son considerables: las pequeñas y medianas empresas (que son la mayoría) carecen de las competencias digitales necesarias; la migración del analógico al digital es onerosa y los índices de piratería o descargas no autorizadas continúan siendo elevados. Entre las iniciativas que favorecen la capacitación y la modernización, merece ser destacado Emprendelibro (España), un programa de ayuda a iniciativas emprendedoras de edición digital, o C3+D (Colombia), un laboratorio de emprendimiento de contenidos digitales.

Por último, hay numerosas iniciativas que promueven la difusión cultural y la participación social mediante plataformas de divulgación, comunicación en redes sociales, consultas ciudadanas y conferencias y publicaciones sobre la cultura en la era digital. De todas maneras, aquí todavía queda pendiente el reto de sensibilizar a la población en general sobre los objetivos y los principios de la Convención de 2005. Entre las iniciativas que recoge el texto en este ámbito destaca Hipermédula (Argentina y España), una plataforma digital de difusión cultural que impulsa la relación entre los diferentes actores, creadores y públicos de la cultura iberoamericana. La publicación finaliza con cincuenta recomendaciones organizadas entorno a siete temáticas: las cuatro áreas específicas en las que se estructuran los contenidos de la publicación (acceso, creatividad, industrias culturales, sensibilización y participación de la sociedad civil) y tres áreas transversales (cooperación, intercambio de informaciones y recogida de datos, y temas estratégicos).

A pesar de la cantidad de informes y estudios publicados en los últimos años sobre cómo la tecnología impacta (económicamente y socialmente) en el panorama cultural, el estudio reseñado tiene el valor añadido de centrar su foco de interés en el entorno digital y su impacto en la cultura local y, por lo tanto, en la diversidad de las expresiones culturales. El texto apuesta por un espacio digital de habla hispana que proteja y promueva la diversidad cultural y que al mismo tiempo sea capaz, por una parte, de fortalecer las redes de intercambio en la región (de datos, de experiencias, de contenidos, de expresiones artísticas, etc.) y, por otra, de dar respuesta a las necesidades locales más concretas. Este nuevo espacio es el que puede permitir hacer frente a los retos relacionados con las grandes plataformas globales que impactan considerablemente en la cadena creativa local. En este sentido, la aparición, relativamente reciente, de nuevos agentes tecnológicos (como Google, Youtube, Facebook, Spotify) en el panorama cultural y su alianza con los tradicionales conglomerados de la comunicación a escala global ponen en peligro la diversidad en el entorno digital.

Nota. Esta reseña se publica simultáneamente con el Blog de la Escola de Llibreria.

Carles Viladiu
Gabinet de Projectes Estratègics Institucionals (GAPEI)
Universitat de Barcelona

Severinso, Peter (2017). Approaches to assessing impacts in the Humanities and Social Sciences. Ottawa: Federation for the Humanities and Social Sciences = Fédération des Sciences Humaines. 28 p. Disponible en: https://www.ideas-idees.ca/sites/default/files/impact_report_en_final.pdf. [Consulta: 21/03/2018].

Desde su origen, los criterios de evaluación de la investigación de los ámbitos de las Humanidades y las Ciencias Sociales han sido sometidos a críticas constructivas. El hecho de que estos ámbitos no parecen disponer de indicadores de impacto tan aceptados internacionalmente como otros ámbitos científicos, y también el difícil encaje entre un enfoque internacional y una proyección en el entorno más cercano han promovido iniciativas de reflexión, de búsqueda de consenso y de propuestas para la objetivación. En nuestro entorno, hay que mencionar el documento de AQU Catalunya del año 2010. El informe que ahora reseñamos puede considerarse una nueva aportación al conocimiento desde perspectiva externa.

Esta publicación de la Federation for the Humanities and Social Sciences del Canadá podría proporcionar una buena orientación a los técnicos, investigadores y otros miembros de la comunidad investigadora a la hora de abordar la compleja tarea de evaluar la investigación realizada, de forma especial cuando se analiza bajo el prisma de los impactos sociales que producen. En este sentido, se plantea que hay que utilizar una amplia definición de impacto, una buena diversidad de indicadores y permitir la participación de los propios investigadores en la selección de los más apropiados en cada caso.

El trabajo incluye una introducción al actual contexto canadiense de la investigación en Ciencias Sociales y Humanidades que, en muchos aspectos, no difiere demasiado del que podemos encontrar en nuestro entorno. A continuación, se aborda el concepto de impacto, su definición y la complejidad en su identificación, y los riesgos y beneficios de una aproximación mediante la evaluación del impacto. Finalmente, se analizan los factores clave implicados, y se extraen unas conclusiones y recomendaciones.

El objetivo del trabajo no es avanzar materialmente en el estado de conocimiento sobre cómo evaluar los impactos académicos –cuestión que dejan a los expertos– sino el hecho de contribuir al debate, agrupar los hallazgos de la investigación, ayudar a comunicar su relevancia para la comunidad y aumentar en el conocimiento y las herramientas que pueden utilizarse. La federación canadiense incide en que las agencias públicas de financiación y, principalmente, las propias universidades incluyen cada vez más la evaluación de impacto en sus planes estratégicos, quizás como respuesta a la presión creciente de los gobiernos para obtener más información sobre el rendimiento de los programas e instituciones financiados públicamente. A pesar de todo, se considera que la evaluación del impacto todavía tiene una escasa repercusión ante la financiación de la investigación.

Se observa que el debate sobre la evaluación de los impactos muchas veces se ve obstaculizado por la incertidumbre, la ansiedad y la sospecha: en particular, los investigadores de las Humanidades y las Ciencias Sociales expresan su preocupación porque el sistema de evaluación actual, basado en conjuntos de métricas inflexibles, distorsione el panorama de la investigación en detrimento de algunas disciplinas de investigación cuyos impactos resisten la cuantificación simple. También se constata que los administradores universitarios y los funcionarios públicos encargados de explorar la evaluación de impactos quieren desarrollar prácticas de evaluación responsable y evitar daños no intencionados.

A modo de ejemplo, el trabajo incluye cuatro casos de estudio semihipotéticos, basados en escenarios y actividades reales, que ilustran las diferentes formas en que la evaluación del impacto puede tener en las Humanidades y las Ciencias Sociales. De cada uno de estos ejemplos se pueden obtener diversas lecciones útiles para evaluar los impactos, pero quizás el más importante sea el mensaje que envían en su conjunto: muestran la diversidad y complejidad del mundo de la investigación, y cómo la comprensión de estas dimensiones son claves a la hora de recomendar métodos de evaluación flexibles y pluralistas que aborden los posibles impactos.

Como resultado, recomiendan enfoques adaptables para evaluar los impactos. Eso incluye definir el concepto de «impacto» en general, utilizando una mezcla diversa de indicadores de impacto (tanto cualitativos como cuantitativos) y asegurando que los propios investigadores tengan un papel destacado en la selección de los indicadores que mejor se adapten y describan su investigación.

Recomiendan que las instituciones de investigación, incluidas las universidades y las agencias gubernamentales, aporten los recursos necesarios para apoyar el trabajo exigente de la evaluación de impacto. Y que los enfoques de evaluación reconozcan las aportaciones de socios no académicos, que juegan un papel tan importante en los caminos entre investigación e impactos.

A pesar de su significativa aportación, los autores del trabajo manifiestan que los planteamientos que se recomiendan son intencionadamente amplios y, por tanto, tan solo deben considerarse como una modesta contribución. Ciertamente, la aplicación de estos enfoques a los esfuerzos específicos de evaluación de impacto requerirá trabajos de investigadores, asociaciones académicas, fundaciones de investigación y universidades. Quizás –bajo mi propio punto de vista– serán necesarias unas definiciones más acotadas que permitan registrar, clasificar y valorar estos impactos para conseguir unos sistemas pragmáticos donde reflejar la actividad. En cualquier caso, los autores manifiestan la esperanza que el informe ayude a estos colectivos a trabajar conjuntamente de forma productiva, proporcionándoles un terreno común inicial basado en una comprensión compartida de los factores clave que afectan a la evaluación del impacto.

Marina Losada
Biblioteca
Universitat Pompeu Fabra (UPF)

Early career researchers: the harbingers of change : final report from CIBER : year one (2016). Publishing Research Consortium. 70 p. Disponible a: http://ciber-research.eu/download/20161120-ECR_Year_1_final_report_07111.... [Consulta: 14/02/2018].

Este es un informe elaborado por el CIBER (grupo de investigación interdisciplinario e independiente, con base en el Reino Unido) y financiado por el Publishing Research Consortium. Comentaremos aquí el informe correspondiente al primero de los tres años del estudio, publicado en 2016. También se encuentran disponibles los resultados preliminares del segundo año (2017).

A diferencia de otros estudios, este se centra, únicamente, en los investigadores jóvenes, definidos como aquellos menores de 35 años sin posición fija en sus centros, y quiere conocer sus actitudes hacia la publicación científica, y hasta qué punto sus comportamientos son nuevos.

Se trata de un estudio cualitativo realizado por medio de entrevistas personales a 116 jóvenes investigadores de siete países (España, Estados Unidos, Francia, Indonesia, Polonia, Reino Unido y China) pertenecientes a 86 universidades. Se comentan catorce aspectos diferentes: la carrera, el comportamiento alrededor de la comunicación científica, la revisión por pares, el acceso abierto, las redes sociales y académicas, la búsqueda de información, los teléfonos inteligentes, la ciencia abierta, la colaboración, la evaluación, las métricas, el impacto, el papel de las bibliotecas y los editores.
 
En general, muchos jóvenes investigadores continúan siendo conservadores en sus actitudes y prácticas académicas. Ven oportunidades de cambio pero se sienten encadenados a un sistema de reputación que promueve, por encima de todo, las citaciones recibidas y la revista donde se publica. Se encuentran muy marcados por la necesidad de seguir las prácticas mayoritarias para conseguir progresar en su carrera académica. Se ven motivados a publicar más y lo más rápido posible y en revistas con buen factor de impacto. No tienen muchas opciones más que seguir las normas establecidas, así es que intentan publicar su investigación en revistas indizadas en Web of science y Scopus.

Ven arriesgada la revisión por pares abierta y prefieren las revisiones doble ciego para asegurar que sean anónimas. No consideran prioritario depositar sus publicaciones en los repositorios y muestran poco interés en la ciencia abierta o las altmétricas.  

Por lo que respecta a las redes sociales, ResearchGate, LinkedIn y Twitter son las más utilizadas, principalmente para encontrar y compartir información, tener un perfil y contactar con otros investigadores.

Prefieren los portátiles y los ordenadores de sobremesa para los temas académicos aunque el uso de tabletas aumenta rápidamente. Usan sus teléfonos inteligentes para las redes sociales académicas y para comunicarse cuando están fuera de la oficina.
 
Si hablamos de acceso abierto, consideran que las revistas en esta modalidad son buenas aunque muestran preocupación por el pago de los costes de publicación (article processing charges, APC), que consideran altos y por ello injustos, porque no todos los investigadores los pueden pagar. Que la revista sea o no de acceso abierto, no es un criterio que tenga peso a la hora de decidir dónde publicar, aunque están interesados en conseguir la máxima visibilidad (así aumentan las citaciones) y una mayor velocidad en la publicación de sus trabajos.

No consideran prioritario depositar sus publicaciones en repositorios (piensan que es más un tema para bibliotecarios o administrativos). Lo hacen cuando es obligatorio pero no hay conocimiento ni interés por los repositorios, hasta el punto que muchos desconocen si sus instituciones los poseen.

El término ciencia abierta les resulta prácticamente desconocido, no están interesados en compartir los datos porque su interés principal es explotar al máximo los datos recogidos en diversas publicaciones. No les parece interesante la publicación en blogs como alternativa a las publicaciones.

Tampoco hay mucho interés en las altmétricas dado que no se tienen en cuenta en los procesos evaluativos. De todas maneras, consideran que tienen potencial como  nuevo método evaluativo para medir el impacto. También piensan que la mejor manera de conseguir este impacto es por medio de artículos publicados en revistas prestigiosas.
 
Por lo que se refiere a las bibliotecas, parecen haber perdido toda visibilidad. Muchos jóvenes investigadores no han ido a una biblioteca en años, y las consideran lugares donde los estudiantes de grado van a sentarse y trabajar. Las herramientas de descubrimiento se obvian totalmente a favor de Google. Desconocen que las revistas y otros recursos que utilizan de manera habitual son accesibles gracias a las suscripciones y servicios de las bibliotecas de sus instituciones.
 
Las opiniones y actitudes hacia las bibliotecas no pueden ser una sorpresa. Este y otros informes nos dicen que su papel se desdibuja... su uso físico disminuye y las herramientas que se ofrecen (catálogos y herramientas de descubrimiento) van en segundo lugar después de herramientas como Google. El uso de la colección digital es alto y creciente pero muchas veces no se identifica con la biblioteca.

Otros estudios, como los bien conocidos Ithaka S+R US library survey o los de SCONUL, coinciden en líneas generales: invisibilidad de las bibliotecas y sus servicios. Para cambiar esta tendencia, las bibliotecas ya están desarrollando nuevos servicios tanto de apoyo a la investigación como de la docencia pero también es importante el marketing, «vender» nuestros servicios a los usuarios y darlos a conocer.

Ernest Abadal
Facultat de Biblioteconomia i Documentació
Universitat de Barcelona

Emery, Christina; Lucraft, Mithu; Morka, Agata; Pyne, Ros (2017). The OA effect: how does open access affect the usage of scholarly books? Disponible en: <https://www.springernature.com/gp/open-research/journals-books/books/the.... [Consulta: 13/01/2018].

Los estudios sobre el acceso abierto llevan unos cuantos años prestando una atención casi exclusiva a la situación de las revistas. No obstante, últimamente, el foco se ha dirigido también a los libros y celebramos la publicación de diversos estudios al respecto, algunos de los cuales han sido comentados con anterioridad en este mismo Blok (Montgomery, 2014; HEFCE, 2015; Collins, Milloy, 2016).

El informe que reseñamos se centra específicamente en las monografías de acceso abierto y ha sido publicado por Springer Nature, una compañía que creada en 2015 a partir de la fusión de Springer Science con Macmillan Science and Education (que incluía el editor de Nature). Este conglomerado académico dispone de unos antecedentes en la publicación de monografías que se remonta a hace más de 175 años y también las tiene en acceso abierto desde 2011 (han publicado unos 400 títulos entre SpringerOpen y Palgrave Macmillan).

Es a partir de esta experiencia editorial que elaboran este breve informe que tiene dos partes bien diferenciadas. En primer lugar, encontramos una aproximación cuantitativa basada en el análisis de los datos de las publicaciones del grupo editorial. En segundo lugar, un estudio cualitativo a partir de encuestas y entrevistas que recogen las valoraciones y opiniones de sus autores y financiadores. Cabe destacar también unos anexos que incluyen la mayor parte de los datos utilizados en el estudio.

En la primera parte se hace una comparación entre los usos, citaciones y menciones digitales (en las redes sociales y blogs) de los libros que han publicado en acceso abierto respecto a los que se han difundido por la vía comercial tradicional. Para el análisis, se han seleccionado libros de las mismas materias y publicados en el mismo período a los que se contabilizan las descargas, las citas y las menciones en el transcurso de cinco años utilizando Bookmetrix, una herramienta desarrollada conjuntamente con la empresa Altmetric.

Por lo que a los resultados se refiere podemos destacar los siguientes:

a) Descargas: son 5,3 veces superiores en los libros de acceso abierto en un período de cuatro años. La evolución en el transcurso del tiempo es muy diferente, dado que en el primer mes las descargas de los libros OA son 15 veces superiores y va bajando a las 8,5 veces (al cabo de seis meses), 6,5 veces (1 año), 5 veces (tercer año) o 3 veces (al cabo de cuatro años). Por lo que se refiere a las áreas temáticas, hay muy pocas diferencias entre las diversas disciplinas.

b) Menciones digitales: hay 10 veces más menciones en redes sociales y blogs en los libros de acceso abierto y las diferencias son mucho más acusadas en el primer año.

c) Citaciones: son el 50 % superiores para libros en acceso abierto lo que, aun siendo destacable, es una diferencia menor comparada con las anteriores.

Se dispone de numerosos estudios sobre los efectos del acceso abierto (Open Access Citation Advantge, OACA) en las citaciones de artículos de revista que dan cifras variadas, en la mayoría de los casos siempre a favor de los artículos en acceso abierto (Wagner, 2010). De todas maneras, no se conocen estudios para las monografías. Según los datos de este informe, vemos que queda completamente confirmado el efecto OACA, no tan solo en las citaciones (en un porcentaje superior a los más frecuentes para revistas) sino especialmente a los usos (descargas) y a la presencia en redes sociales.

La segunda parte del informe contiene los análisis de las entrevistas hechas a autores y financiadores a los que se les pregunta por sus opiniones e impresiones sobre el impacto de la monografía en acceso abierto, así como sus expectativas y motivaciones en relación a la experiencia de publicar en acceso abierto.

Los entrevistados destacan que la principal motivación para publicar en acceso abierto ha sido la de ganar visibilidad y amplia difusión. También citan motivos éticos, la expectativa de incrementar descargas y citaciones y la posibilidad de tener una mayor rapidez en la difusión. También reconocen que están poco informados sobre las implicaciones de publicar en acceso abierto, así como en la manera de medir el impacto de su publicación.

Esta parte del informe es menos relevante que la anterior si lo ponemos en contexto con los diversos estudios existentes que recogen las opiniones, hábitos y actitudes de los autores respecto a la publicación en acceso abierto. De todas maneras, es verdad que no hay muchos que estén focalizados en las monografías, como es nuestro caso.

En resumen, se trata de un informe breve, rápido de leer, bien maquetado, bien resumido y con las idees básicas bien destacadas. No dice nada nuevo sobre la cuestión pero sirve para confirmar constataciones ya sabidas y, especialmente, para demostrar que uno de los principales grupos editoriales mundiales se ha tomado muy en serio la edición de monografías en acceso abierto. De hecho, impresiona un poco ver en la portada, todos juntos, los logos de SpringerOpen, Nature, Palgrave Macmillan y BioMed Central (comprado en 2008 por Springer Science).

Bibliografía

Collins, Ellen; Milloy, Caren (2016). OAPEN-UK final report: a five-year study into open access monograph publishing in the humanities and social sciences. London: Arts and Humanities Research Council: OAPEN-UK.

Higher Education Funding Council for England (2015). Monographs and open access. a report to HEFCE.

Montgomery, L. (2014). «Knowledge unlatched: a global library consortium model for funding open access scholarly books». Cultural science, vol. 7, no. 2. 66 p.

Wagner, A. Ben (2010). «Open Access Citation Advantage: an annotated bibliography». Issues in science and technology librarianship, no. 60.