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Reseñas de Biblioteconomía y Documentación
Actualizado: hace 3 meses 2 semanas

Conocer, Compartir, Concentrar

Mié, 10/06/2020 - 18:55

Lluís Anglada 
Director del Àrea de Ciència Oberta
Consorci de Serveis Universitaris de Catalunya (CSUC)

Blok de BiD. 02/06/2010-  . Barcelona: Facultat de Biblioteconomia i Documentació, 2010-  . Setmanal. Disponible en: <http://www.ub.edu/blokdebid/>. [Consulta: 08.06.2020]. ISSN 2014-0894.

El Blok de BiD ha cumplido 10 años. Lo hicimos para «conocer lo que hacen los otros, prepararse para un mañana que no sabemos cómo será y explorar terrenos más allá de las ocupaciones diarias», para estar al día y ser así –profesionalmente hablando– mejores.

Hace 10 años declarábamos el ideario del Blok así: «Ingestar, deglutir, regurgitar». Con esta manera bastante fisiológica de referirnos al conocimiento expresábamos nuestra creencia en que la acción es un retorno de lo que previamente ha sido conocido y digerido, que la práctica profesional refleja las prácticas de otros y que las nuestras mejoran sabiendo lo que preocupa, piensan y hacen nuestros colegas.

Han sido más de 400 posts los que hemos ido publicando todos los miércoles del año – vacaciones excluidas– donde casi 200 colegas han reseñado informes y explicado servicios con la intención de ampliar los conocimientos y horizontes profesionales de los que no teníamos tiempo de leer todo lo que aparecía.

De aquel 2 de junio del 2010 hasta ahora han cambiado muchas cosas. Escribimos esta declaración de intenciones en medio de la crisis causada por la pandemia del COVID-19, en unas circunstancias que todo el mundo afirma que acelerarán la digitalización. Los profesionales informacionalistas –archiveros, bibliotecarios, documentalistas e incluso quizás museólogos– y los centros donde trabajamos estamos hoy en medio del loop de esta montaña rusa de velocidad creciente llamada «realidad».

Abrochémonos bien el cinturón de seguridad, agarrémonos fuerte a la barra de sujeción, gritemos muy fuerte para expulsar los miedos... las emociones fuertes están garantizadas. Soluciones mágicas, ninguna; cosas que ayuden, muchas. Entre las últimas, la receta del Blok para esta década: conocer, compartir, concentrar.

Conocer. Saber qué pasa y qué tendencias se marcan, cómo se descomponen los problemas; conocer qué están haciendo aquellos o los de más allá, en este sitio o en aquel lugar.  

Compartir. Socializar lo que sabemos, ponerlo encima de la mesa, verbalizar lo que hacemos y nos preocupa; exponer lo que hacemos y lo que pasa para que sea visto y comentado. Confiar en que compartir lo que hacen y saben los demás nos ayuda a perfilar opiniones antes de hacerlo nosotros. 

Concentrar. Integrar este saber socializado en un entorno profesional. Quizás no sabemos qué nombre nos define mejor, pero las preocupaciones comunes nos hermanan y crean este espacio de personas con creencias compartidas. Trabajamos en sitios diferentes, aportamos especializaciones diferentes, incidimos en realidades diferentes, pero la función que hacemos (el valor social que aportamos) nos une.

Hoy nos reconocemos en esta voluntad: conocer, compartir y concentrar (otras palabras para aquel ingestar, deglutir y regurgitar de hace 10 años). En eso creemos: en saber y en compartir el saber, y en hacerlo concentrando esfuerzos; porque la realidad compleja lo pide, porque la colaboración ayuda y porque los retos profesionales están más cerca los unos de los otros de lo que pueda parecerle a una visión poco atenta.

Gracias a los que nos habéis acompañado leyendo el Blok a lo largo de estos 10 años.

Y gracias a los que habéis escrito. Gracias Ramón Abad, María Francisca Abad García, Ernest Abadal, Xavier Agenjo Bullón, Lluís Agustí, Ricardo Albiñana, Mireia Alcalá, Rafael Aleixandre Benavent, Inma Aleixos, Laia Alonso, Julio Alonso-Arévalo, María Luisa Alvite Díez, Jordi Andreu i Daufí, Lluís Anglada, Jordi Ardanuy, Isabel-Cristina Arenas, Sílvia Argudo, Llorenç Arguimbau, Natalia Arroyo, Laura Avià, Cristina Azorín, Joan Badia, Tomàs Baiget, Assumpta Bailac, Núria Balagué, Santi Balagué, Mònica Baró, Isabel Bernal, Pilar Blesa, Ignasi Bonet, Isabel Bordes Cabrera, Ángel Borrego, Jordi Bosch, Juanjo Boté, Iuliana Botezan, Ferran Burguillos, Andoni Calderón, Laura Calosci, Sònia Camarasa Sola, Felicidad Campal García, Sônia Elisa Caregnato, Mabela Casal Reyes, Judit Casals, Maria Cassella, Neus Castellano Tudela, Mariona Chavarria, Lluís Codina, Maite Comalat, José Antonio Cordón García, Lúcia da Silveira, Antoni Daura i Jorba, Pablo de Castro, Marta de la Mano González, Giovanni Di Domenico, Ana Doñate-Cifuentes, Antonio Eleazar Serrano-López, Constança Espelt, Eulàlia Espinàs, Mª Asunción Esteve Pardo, Helena Fàbregas Rebato, Enric Faura, Antoni Feliu, Carme Fenoll, Antonia Ferrer-Sapena, Tránsito Ferreras Fernández, Teresa Fèrriz Roure, Josep M. Figueres, Jorge Franganillo, Marcela Fushimi, José Pablo Gallo León, Carme Galve Montore, Alicia García-García, Francesc García-Grimau, Paola Gargiulo, Fernanda Garzón-Farinós, Jesús Gascón García, Daniel Gil Solés, Elea Giménez Toledo, Aina Giones-Valls, Tommaso Giordano, Sebastiano Giorgi-Scalari, Raquel Gómez Díaz, José Antonio Gómez-Hernández, Nieves González, Llarina González-Solar, Javier Guallar, Francisca Hernández, Hilario Hernández, Tony Hernández-Pérez, Oriol Izquierdo, Núria Jornet, Alice Keefer, Fernando Juárez, Ignasi Labastida, Laia Lapeyra i Julià, Pablo Lara Navarra, Xavier Lasauca i Cisa, Javier Leiva, Ciro Llueca, Alexandre López-Borrull, Marina Losada, Marga Losantos, José Antonio Magán Wals, Anna Magre Ferran, Teresa Mañà, Marià Marín i Torné, Dídac Martínez, Josep Matas, Remedios Melero, Valtencir Mendes, José A. Merlo, José Morales, Laura Moré, José A. Moreiro González, Paquita Navarro, Miguel Navas, Cristina Novoa Fernández, Candela Ollé, Carla Ollé, Ester Omella, Georgina Orselli, Virginia Ortiz-Repiso, Maria Parras, Cristóbal Pasadas Ureña, Juan-Antonio Pastor-Sánchez, Mireia Pérez Cervera, Mario Pérez-Montoro, Glòria Pérez-Salmerón, Fernanda Peset, Amadeu Pons i Serra, M. Lourdes Prades Artigas, Jordi Prats Prat, Francisca Pulgar Vernalte, Sílvia Rabat Fàbregas, Eli Ramírez, Noelia Ramos, Luis Fernando Ramos-Simón, Sílvia Redondo, Rafael Repiso, Carina Rey Martín, Mireia Ribera, Clara Riera Quintero, Lluís Rius, Nicolás Robinson-Garcia, Blanca Rodríguez Bravo, Josep-Manuel Rodríguez-Gairín, David Rodríguez Mateos, Marta Roig, Santi Romero, Ramon Ros, Anna Rovira, Anna Rovira Jarque, Pedro Rueda Ramírez, Gisela Ruiz, Bernat Ruiz Domènech, Marina Salse Rovira, Lydia Sánchez, Enrique A. Sánchez Pérez, Teresa Sancho, Gema Santos-Hermosa, Tomás Saorín Pérez, Rosãngela Schwarz Rodrigues, Eugènia Serra, Jordi Serra, Jordi Serrano, Cristina Soy, Bruno Splendiani, Andreu Sulé, Margarita Taladriz Mas, Carlos Miguel Tejada Artigas, Judit Terma, Miquel Térmens, Rosa Togores Martínez, Pep Torn Poch, Daniel Torres, Jesús Tramullas, Asunción Trenor, Josep M. Turiel, Cristóbal Urbano, Aurora Vall, Anna Valls, Mercè Vázquez Garcia, Lluís Vicente, Gerard Vidal Santos, Christian Vidal Cabo, Carles Viladiu, Enric Vilagrosa y Anna Villarroya.

La actitud positiva hacia la lectura, en disminución

Mié, 03/06/2020 - 19:23

Maite Comalat
Facultat d’Informació i Mitjans Audiovisuals
Universitat de Barcelona (UB)

Hooper, Martin. Troubling trends: an international decline in attitudes toward reading. Amsterdam: International Association for the Evaluation of Educational Achievement (IEA), 2020. 12 p. (Compass briefs in education; 8). Disponible en: <https://www.iea.nl/sites/default/files/2020-03/Compass_brief_8_Troubling-trends.pdf>. [Consulta: 19/05/2020].

El pasado mes de marzo, Martin Hooper, investigador de los American Institutes for Research (AIR) y experto en metodologías de evaluación internacional a gran escala, publicó un breve informe con el análisis de algunos de los resultados de los últimos cuatro estudios PIRLS (Progress in International Reading Literacy Study) realizados entre 2001 y 2016. Aunque España no forma parte del estudio dado que empezó su participación en la edición del 2006, hay que pensar que las conclusiones pueden ser útiles y que deberían permitirnos intervenir en la línea de lo que propone este experto.

El informe es interesante, por una parte, por las evidencias que recoge sobre la importancia que la lectura tiene en el rendimiento, la ampliación del vocabulario y el desarrollo del cerebro de la población más joven y, a la vez, en la mejora del bienestar y la salud mental y cognitiva en los adultos. Una importancia que los sistemas educativos promueven intentando generar actitudes positivas hacia la lectura a través de actividades de fomento de la lectura. Unas actividades que, según los resultados de la investigación vinculada, deben proporcionar materiales diversos que coincidan con los intereses de los estudiantes, dar herramientas para que sean lectores autónomos y puedan escoger qué leen y generar oportunidades para la lectura social y colaborativa. Una vez más, se destaca la vinculación entre el hábito de la lectura y un mejor rendimiento académico y, también, la influencia del ámbito familiar y, en concreto, el impacto que la afición de los padres por la lectura tiene en este hábito. 

Por otra parte, también son interesantes los resultados aunque, desgraciadamente, no son muy alentadores. El informe basa sus conclusiones en el vaciado de tres ítems relacionados con el contexto de los alumnos que se han mantenido en las cuatro ediciones del estudio y que corresponden a algunas de las preguntas que aparecen en el apartado R6 del cuestionario y que también se analiza en los informes nacionales.1 En el caso de los alumnos, la valoración se ha hecho sobre la puntuación dada en las afirmaciones: «Disfruto leyendo», «Si alguien me regalara un libro me pondría contento» y «Creo que leer es aburrido». En el caso de los padres, los ítems valorados han sido los que se han mantenido estables en las cuatro ediciones y que aparecen en la pregunta 12 del cuestionario de contexto: «En mi casa, la lectura es una actividad importante», «Leo solo si debo hacerlo», «Me gusta pasar el tiempo libre leyendo» y «Leo tan solo cuando necesito información».

¿Y qué nos dicen los resultados? Los resultados muestran una disminución de las actitudes de lectura en la mayoría de los países tanto de los alumnos de cuarto curso de primaria como de sus padres de la edición de 2001 a la edición de 2016. El porcentaje de estudiantes a quienes les gusta leer ha disminuido en 13 de los 18 países que han participado en las cuatro ediciones y solo aumenta en Inglaterra y en Irán y se mantiene en los Estados Unidos, Nueva Zelanda y Hong Kong. El porcentaje de padres a quienes les gusta leer también ha disminuido a 14 de los 16 países que han participado (en este caso no aparecen Inglaterra ni los Estados Unidos porque no pasaron el cuestionario para los padres y, por ello, no se han podido analizar los resultados).

Ante estos datos, el informe apunta dos interesantes propuestas de trabajo futuras que las administraciones deberían apropiarse para establecer políticas que permitiesen modificar la tendencia y mejorar los resultados. Por una parte, una primera recomendación para educadores y responsables de las políticas educativas que, teniendo presente este descenso de tendencia en las actitudes de lectura, requeriría una revisión de los currículums actuales para apoyar el desarrollo de actitudes positivas hacia la lectura. Y, una segunda, que se dirige también a responsables políticos, para fomentar la actitud lectora entre los padres a través de campañas y programas generalizados para promover actitudes positivas hacia la lectura entre adultos y familias. Y, como no podía ser de otro modo, el informe pone de relieve el interés, también, de seguir investigando la influencia que puede tener en estos resultados la generalización del acceso a la información digital a través de diferentes medios (periódicos en línea, blogs, redes sociales y correo electrónico). 

En definitiva, un nuevo informe que añade más datos a una situación bastante conocida. La lectura no está en sus mejores momentos y, aunque se están llevando a cabo muchas acciones para modificar esta tendencia, desde librerías, bibliotecas o escuelas, la pregunta es... ¿a quién están llegando? Realmente, ¿podemos asegurar que el número de familias que participan se amplía? O, como apuntan algunas voces expertas de aquí, ¿las actividades siempre giran alrededor de unos asistentes fijos y fieles?

Nota. Esta reseña se publica simultáneamente con el Blog de l’Escola de Llibreria.

1 Los informes y toda la información relacionada puede consultarse en la página del Instituto Nacional de Evaluación Educativa del Ministerio de Educación y Formación Profesional. En el informe español de 2016, el análisis de estas preguntas puede encontrarse en las p. 93-97.

Bibliotecas de investigación, Wikimedia y datos abiertos enlazados

Mié, 27/05/2020 - 16:31

David Rodríguez Mateos
Departamento de Comunicación
Universidad Carlos III de Madrid

ARL White Paper on Wikidata Opportunities and Recommendations (2019). ARL Task Force on Wikimedia and Linked Open Data. Washington D.C.: Association of Research Libraries – Wikimedia Foundation. 59 p. Disponible en: <https://www.arl.org/wp-content/uploads/2019/04/2019.04.18-ARL-white-paper-on-Wikidata.pdf>. [Consulta: 19/05/2020].

¿Cómo conseguir que las principales bibliotecas universitarias de Estados Unidos y Canadá, y algunos otros grandes centros con recursos de información pública de esos países, aumenten la visibilidad de sus colecciones, de sus actividades y de sus investigadores? ¿Y, cómo compartir esfuerzos para aprovechar su experiencia describiendo esos contenidos? Responder, entre otras, a estas dos preguntas fue lo que llevó a la Association of Research Libraries (ARL) a unir sus fuerzas con una de las iniciativas de difusión de conocimiento colaborativo más conocidas del mundo: la Wikimedia Foundation, organización responsable de la Wikipedia.

Además de algunas de las universidades punteras de estos países, la ARL incluye como miembros a la National Library of Medicine y a la NARA (National Archives and Records Administration), que agrupa a numerosos archivos públicos de Estados Unidos. Por su parte, Wikimedia mantiene, además, otras colecciones de datos como Wikimedia Commons, que reúne varias decenas de millones de recursos multimedia de libre acceso, o Wikisource, que incluye todo tipo de documentos históricos y otras fuentes primarias.

Tras cuatro años de contactos, ambos colosos publicaron en 2019 un informe conjunto en el que describen cómo podrían colaborar en beneficio mutuo, y recomiendan que esa colaboración se extienda entre sus miembros. Ese texto está basado en las experiencias durante ese período, así como en los posibles resultados que podrían obtenerse si se extienden esas prácticas.

La propuesta de colaboración entre la ARL y Wikimedia está basada en la relación previa de Wikimedia con todo tipo de bibliotecas, archivos, museos y centros de arte, tanto en Estados Unidos (Biblioteca del Congreso, Smithsonian Museum o las universidades de Harvard, Princeton y Stanford, por citar algunos ejemplos) como en Europa (incluidas las bibliotecas nacionales del Reino Unido, Francia o Alemania, entre otras).

En concreto, las recomendaciones incluidas en el informe van dirigidas al uso, no de la Wikipedia en sí, sino de su principal herramienta para describir datos, Wikidata. Wikidata es una base de conocimientos de datos enlazados estructurados, el lugar de donde salen esas cajas de información sobre fecha de nacimiento o población y densidad de un país, premios, récords, etc. 

Existen varias razones para argumentar esta propuesta de colaboración. Una de ellas es que Wikidata no solo contiene los datos empleados para elaborar la Wikipedia, sino otros muchos contenidos adicionales. Es decir, no todos los objetos y metadatos que contiene Wikidata están necesariamente en la Wikipedia, pero sí son de acceso público desde el mismo momento en que son añadidos y, por lo tanto, son automáticamente reutilizables. Además, los metadatos pueden ser descritos mediante el uso de múltiples ficheros de autoridades que pueden ser definidos, ampliados y referenciados de forma inmediata, entre sí, por las propias bibliotecas o por cualquier otra institución. 

Desde el punto de vista técnico, las autoridades pueden ser empleadas mediante la combinación de los llamados datos abiertos enlazados, o linked open data (LOD). Estos datos abiertos enlazados son referidos mediante URI (uniform resource identifiers). Es decir: cuando se hace referencia a un metadato, se emplea la dirección de este en un vocabulario controlado (accesible a través de Internet), que puede ser el que una o varias bibliotecas hayan empleado para definir ese término.

Además, esos metadatos no solo definen los identificadores de los objetos, lo que en LOD se conoce como «ítems», u otras cualidades relacionadas, como el autor, o incluso un premio recibido: en LOD, estos conceptos se denominan «valores». También son organizados como metadatos las relaciones entre ítems y valores: por ejemplo, la relación de autoría de un «valor» respecto a un «ítem», que se conocen como «propiedades». Estas propiedades deben haber sido previamente usadas en la Wikipedia, aunque en la actualidad existen varios miles de propiedades disponibles. 

Por lo tanto, las combinaciones entre ítems, propiedades y valores ofrecen una gran flexibilidad. Eso supone que los metadatos LOD empleados en Wikidata pueden ser adaptables, modulados, extendidos y aplicados a diferentes necesidades que cada biblioteca tiene para crear sus propios recursos informativos. En suma, los datos accesibles mediante Wikidata son muy proclives a formar parte de lo que se conoce como datos FAIR, es decir, localizables (findable), accesibles, interoperables y recuperables. Estas cualidades permiten también que cualquier otra biblioteca en el mundo, incluso con recursos tecnológicos más reducidos, pueda acceder a estos datos, adaptarlos para su propio uso y aplicarlos en sus contenidos.

El informe puede tener un nivel técnico medio alto para lectores no familiarizados con la tecnología linked open data y los conceptos de Wikidata o Wikibase, y ofrece ejemplos de uso de Wikidata en las bibliotecas, en archivos y en colecciones especiales. Asimismo, ofrece recomendaciones prácticas para implementar Wikibase y utilizar Wikidata con el fin de fomentar la visibilidad de colecciones y materiales que ayuden a mejorar la inclusión de colectivos, hasta ahora, infrarrepresentados tanto en los materiales de las bibliotecas universitarias como en la propia Wikipedia: ya sea por razones de género, de lengua o de raza.

En el mismo informe, se incluye un apartado especial sobre el uso de Wikidata en la comunicación científica, para señalar que la colaboración entre Wikidata y las bibliotecas que pertenecen a la ARL, u otras cualesquiera, también permitiría la difusión de los datos sobre los autores universitarios y sus trabajos de investigación. Para identificar a los autores, pueden aplicarse recursos de identificación extendidos internacionalmente, como ORCID (open researcher and contributor ID) o VIAF (Virtual International Authority File). Estas opciones no restringen el uso de otro tipo de identificadores, al menos, de manera explícita. 

Esta colaboración también puede extenderse, según los autores del texto, al uso de Wikibase, la tecnología empleada por Wikimedia para la creación de bases de datos locales que sean interoperables con las que mantiene directamente la Fundación. No obstante, el documento solo insiste en sus ventajas genéricas, como las diferentes posibilidades de inserción de contenido, el mantenimiento continuo del histórico de cambios, o la mencionada capacidad de convertir cualquier dato en interoperable. Sin entrar a fondo en posibles requerimientos técnicos, el informe no pasa de sugerir su implementación, y de citar algunos casos concretos ya desarrollados, a modo de ensayos.

Por último, los redactores del informe son conscientes de que aunque Wikidata no pueda ser planteada como una alternativa a los actuales sistemas bibliotecarios sí puede ser una herramienta muy útil para extender la difusión de sus contenidos, y de sus investigadores, porque se trata de una herramienta de descripción cada vez más aceptada internacionalmente, y porque el uso de datos enlazados sin requerir herramientas tecnológicas de alto coste mejora la interoperabilidad de sus contenidos. En definitiva, esta propuesta puede ayudar a las bibliotecas de investigación: tanto en la difusión de conocimiento más allá de los clásicos canales académicos como en la colaboración con otras instituciones, universitarias o no. 

 

Plataformas para la transparencia de políticas editoriales abiertas en revistas científicas

Mié, 20/05/2020 - 17:14

Lúcia da Silveira
Universidade Federal do Rio Grande do Sul, Departamento de Comunicação, 
Programa de Pós-Graduação em Comunicação. Porto Alegre, RS, Brasil  

Sônia Elisa Caregnato
Universidade Federal do Rio Grande do Sul, Faculdade de Biblioteconomia e Comunicação. Programa de Pós-Graduação em Comunicação. Porto Alegre, RS, Brasil

Platform for Responsible Editorial Policies (2020). Disponible en: <https://www.responsiblejournals.org/> [Consulta: 10/04/2020]. 

Transpose: a database of journal policies on peer review, co-reviewing, and preprinting (2020). Disponible en: <https://transpose-publishing.github.io/#/> [Consulta: 10/04/2020]. 

La Ciencia Abierta se guía por tres principios rectores: apertura (disponibilidad de datos y de publicaciones para uso y reuso), transparencia (de todos los procesos, sean el de investigación o las etapas editoriales y publicación, incluidas las inversiones financieras) y reproducibilidad (permite evaluar la calidad de la investigación porque los datos son abiertos). Esto quiere decir que la investigación pública debe permitir el uso y reuso de datos y publicaciones, que todo el proceso tiene que ser transparente para verificar su integridad, que no deben existir sesgos políticos y que se debe evitar el malbaratamiento de recursos en investigaciones sin datos abiertos y, por tanto, no reproducibles. Todos los agentes implicados, ya sean investigadores, financiadores, editores, revisores, etc. deben estar comprometidos con estos principios que rigen el funcionamiento del sistema de comunicación científica.

La aplicación de estos principios rectores a las políticas editoriales de las revistas científicas es una cuestión muy importante. Las políticas editoriales determinan los criterios de aceptación de manuscritos (procedentes de investigaciones), las condiciones técnicas y los estándares normativos, el modelo de revisión por expertos (peer review), la periodicidad, la apertura de acceso a publicación y también a los datos de investigación, etc.   

En estos momentos, se dispone de dos plataformas que registran justamente las políticas editoriales de las revistas científicas en relación con la ciencia abierta, mostrando el grado de transparencia editorial (Transpose) o el de responsabilidad editorial (Platform for Responsible Editorial Policies-PREP). Con estos instrumentos, los autores tienen a su alcance información relevante para elegir dónde publicar, y los investigadores en comunicación científica disponen de un panorama general de la evolución de los procesos editoriales, por ejemplo. Nuestro propósito es describir ambas herramientas. 

La plataforma Transpose (TRANsparency in Scholarly Publishing for Open Scholarship Evolution) empezó en 2018, por medio de una acción de colaboración (crowdsourced) entre investigadores de las instituciones 221B (EE.UU.), Humboldt Institute for Internet and Society (Alemania), UPenn (EE.UU.), bioRxiv (EE.UU.), Crossref (EE.UU.), Future of Research (EE.UU.), ASAPbio (EE.UU.), TU & Graz Know-Center (Austria). Es una iniciativa que se propone trazar un mapa de políticas editoriales de las revistas revelando principalmente las modalidades de revisión por pares (las ciegas o abierta, open peer review y sus características), la identificación y formalización del trabajo de los revisores y corevisores (investigadores iniciando su carrera que hacen la revisión junto con el revisor principal), así como la adopción de la modalidad de publicación rápida en preprint.

Actualmente, Transpose dispone de 3.300 registros de revistas. Dentro de ese total se encuentran 302 revistas que publican en abierto los informes de los revisores y 113 títulos que permiten la interacción abierta entre la comunidad. La mayor parte de las revistas incluidas en la plataforma (cerca de 2.300 revistas) son de editores comerciales, principalmente de Elsevier, Springer, Wiley, Sage, entre otros. Los editores universitarios son 16 y disponen de un total de 30 revistas y también se encuentran 86 revistas de sociedades científicas y asociaciones. Finalmente, en el apartado de editoras de acceso abierto, destacan Hindawi (231), MDPI (206), Copernicus (88), Pensoft (82), F1000 Research (25) y PLOS (30). Para incluir una revista es necesario rellenar un formulario con los datos generales de la revista, y la página de donde se puede extraer (y confirmar) los demás datos específicos: a) Open peer review; b) Co-reviewers and peer review structure; c) Peer review transfer; d) Peer review credit; e) Detailed preprint policies. 

Por su parte, la Platform for Responsible Editorial Policies (PREP), disponible desde comienzos de 2020, está creada por The Dutch Organisation for Medical Research and Health Innovation (ZonMw), con la colaboración del Institute for Science in Society de la Radboud University y el Centre for Science and Technology Studies de la Leiden University. Tiene como objetivo mejorar la calidad de la transparencia de los procesos editoriales. Hasta el momento, dispone de 386 revistas distribuidas entre editores universitarios (34), asociaciones y sociedades científicas (25), editores comerciales como Taylor & Francis (52), Elsevier (51), Wiley (40) o Sage (25), entre otros.

Esta plataforma dispone, también, de un servicio de asesoría para los editores, pero primero es necesario que los editores contesten a un formulario disponible en la página web, sobre los detalles de la apertura de evaluación (open peer review). Los datos del formulario de la PREP son similares al Transpose (apertura de identidades, de informes, colaboración externa), pero tiene aspectos inherentes a la infraestructura de la revista científica respecto al equipo, rigor metodológico, rigor en los instrumentos de evaluación (si tienen modelos estructurados o no), herramientas (softwares para revisar las estadísticas, la originalidad del manuscrito y manipulación de imágenes) y si se usan recursos comerciales en alguna parte de las revisiones. 

La PREP tiene una política clara y nítida de compromiso con los valores de la Ciencia Abierta, con la formación de los editores, a los que pide que firmen la Declaration on transparent editorial policies for academic journals para garantizar no solo la interacción técnica, sino también la política editorial y la transparencia. 

La principal aportación de ambas plataformas es la presentación de mapas con los grados de apertura de las políticas editoriales que pueden ayudar a los autores a tomar decisiones respecto de la revista donde publicar sus artículos, basándose no solo en el tradicional factor de impacto o en el número de citas sino en toda la información sobre transparencia y responsabilidad que aportan ambas bases de datos. Transpose tiene dos aspectos diferenciales: la indicación del papel del corevisor y la posibilidad de comparar tres revistas entre sí para poder elegir de acuerdo con su transparencia editorial. Por su parte, la PREP tiene una función valorativa para ayudar a elaborar nuevas medidas responsables, apunta soluciones de visualización de los datos accesibles y dirigidas a la calidad de las revistas científicas. Es decir, la PREP ofrece más que un mapa de la situación, ya que es un servicio de asistencia a los editores para que puedan mejorar sus políticas editoriales. 

Esas opciones para la transparencia de políticas editoriales son respuestas de investigadores e instituciones con la insatisfacción con el modelo tradicional de publicación, evaluación y monetización de la ciencia y con esas posibilidades promueven los principios y prácticas de la Ciencia Abierta.

Nota: Agradecemos al profesor Ernest Abadal por sus valiosas preguntas y su detallada revisión. 

Entre la mística y el negocio: reflexiones y propuestas para la industria de la edición

Mié, 13/05/2020 - 18:37

Lluís Agustí
Director de la Escola de Llibreria
Facultat d’Informació i Mitjans Audiovisuals
Universitat de Barcelona (UB)

Estudio de la percepción de los profesionales del sector del libro sobre el presente y futuro de la industria: visiones del sector del libro en la era exponencial. Madrid: Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 2019. 104 p. ISBN 978-84-89384-98-9. Disponible en: <https://fundaciongsr.org/wp-content/uploads/2020/01/Visiones-libro-era-exponencial-2.pdf>. [Consulta: 05/05/2020].

Es bastante conocida la tarea de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez (FGSR) en el ámbito de la lectura y el libro a la hora de generar conocimiento y producir innovación y experiencia en ámbitos vinculados a la cultura impresa y también digital, y por extensión en las bibliotecas. Esta labor se produce a partir de la investigación realizada por investigadores y expertos siempre en colaboración con la comunidad, y su resultado más directo son a menudo proyectos experimentales que dan como resultado informes y estudios que son divulgados y transferidos públicamente muchas veces en forma de «modelos de utilidad», esto es, de nuevos procedimientos para trabajar con más eficacia en el ámbito del fomento de la lectura, de las bibliotecas, de la cultura.

Y en el caso que nos ocupa, el estudio tiene como objetivo el presente y el futuro del sector del libro. La FGSR afirma que «ha venido identificando hace años dos grandes desafíos para el sector del libro (y la industria cultural en general): conseguir que las creaciones culturales sean visibles en el marasmo de Internet y que esas creaciones culturales sean retribuidas» (p. 9). Así es, el sistema del libro español se enfrenta a una etapa de desafíos, manifestada por el estancamiento en el volumen de negocio durante la última década y la pérdida de posiciones frente a unos actores nuevos, las plataformas. Y el estudio de la FGSR pretende, en este caso, analizar el sector a partir del contacto con representantes de la llamada cadena de valor del libro (autores, editores, distribuidores, libreros), para entender en qué situación se encuentran (o se perciben) en relación con su adaptación a las innovaciones tecnológicas, a los nuevos modelos de negocio que se han derivado y a la aparición de estos nuevos «jugadores», para enseguida, en la segunda parte del estudio, proponer una serie de recomendaciones estratégicas y de actuación.

El sector de la edición vive a menudo inmerso –personalmente diría que desde la misma invención de la imprenta– en una dicotomía entre su valor cultural –el libro no es un producto industrial cualquiera– y la necesidad de adoptar de manera constante todo tipo de innovaciones y mejoras en su proceso de fabricación, distribución y comercialización –como un producto industrial más– para asegurar y mantener, precisamente a partir de esta innovación, la misión tradicional y social del libro y la lectura.

Los autores del estudio interrogaron, a partir de instrumentos de consulta cualitativos, un total de 640 profesionales del sector del libro sobre las percepciones del sector. Así, por ejemplo, se les pedía cómo se veían como profesionales ante estos retos; cuál creían que era su capacidad de adaptación y transformación, de anticipación y de evolución; cuáles eran concretamente las amenazas; de qué manera percibían la competencia de estas empresas hasta ahora ajenas al sector como eran las plataformas digitales y de comercio electrónico; cómo veían los otros eslabones de la cadena; también si contaban con herramientas tecnológicas y preparación adecuadas, etc. Y todas estas cuestiones fueron planteadas segmentadas por autores, editores, distribuidores y libreros. 

A partir de las respuestas, con un trabajo de reflexión y de cocina basado en el conocimiento y la experiencia, los expertos de la FGSR elaboraron posteriormente una propuesta estratégica para el diseño de actuaciones dirigidas a aligerar el impacto de los elementos perturbadores para la salud y la supervivencia de estos «jugadores» (editores, distribuidores y libreros), considerados clásicos del sector editorial.

Estos protagonistas no deben ser ayudados o salvados por nostalgia, ni por una especie de mística libresca, sino por el convencimiento que conforman un sector positivo para la sociedad. Sus bondades, según el estudio, se podrían resumir en estos elementos: el trabajo de selección y edición aporta cultura de calidad y es el medio primordial para el aprendizaje y para la transformación de la información en conocimiento; el libro es un instrumento fundamental para el crecimiento personal y la formación de individuos críticos; potencia la calidad de vida y la salud, así como la equidad social; la edición es un sector industrial con un coste medioambiental muy inferior a otros; genera puestos de trabajo más cualificados que la media de la economía; es un contrapeso ante el modelo GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon), dado que genera ingresos tributarios locales; finalmente, aporta una balanza comercial exterior netamente positiva.

Pero ¿cuáles son los problemas que exactamente amenazan el sistema según los participantes del estudio, los desafíos y las fortalezas del sector, y las posibles soluciones? Intentamos resumirlos brevemente a continuación.

Los principales problemas del sector del libro, según el propio sector, son:

  • Escasez de la demanda a causa de la debilidad de los hábitos de lectura del país.
     
  • Falta de una estrategia de cooperación dentro del sector del libro.
     
  • Falta de dimensión suficiente para competir con las plataformas digitales.
     
  • Piratería.
     
  • Falta de fuerza para fijar condiciones propias a las plataformas digitales.
     
  • Ignorancia sobre la transformación de los comportamientos culturales de la gente.
     
  • Ausencia de datos reales sobre el mercado para la toma de decisiones.
     
  • Incapacidad a la hora de aprovechar la tecnología para competir mejor.

Los desafíos:

  • Necesidad de fortalecer la presencia de la práctica de la lectura en la sociedad y la mejora de la percepción del valor de los libros.
     
  • Dificultad para el acceso rápido a la tecnología y fragilidad en la capacidad para aprovecharla y rentabilizar como sí lo hacen en otros sectores.
     
  • Habilidad a la hora de reaccionar ante las amenazas, pero dificultad de innovar a partir de las capacidades endógenas. 
     
  • Conocimiento insuficiente de las prácticas de consumo y las necesidades de los lectores. 
     
  • Complejidad derivada de la secuencia de excesivos agentes económicos.
     
  • Tendencia en el enfoque aislado de las soluciones, desde la propia industria del libro, sin adaptar soluciones de otros sectores o industrias.
     
  • Implantación insuficiente y disciplina en relación con los estándares para impedir la pérdida de información a lo largo de la cadena del libro. 

Las fortalezas:

  • El contenido derivado de la creatividad de los autores es el gran activo del sector, es la materia prima. El libro es el objeto, pero el valor lo aporta el autor y es necesario que sea debidamente compensado para potenciarlo.
     
  • El sector del libro todavía conserva un estatus de calidad, a través de la selección, el cuidado de las obras y las fuertes relaciones con los lectores. 
     
  • La pasión por el contenido genera la mayor parte de las interacciones en Internet y el mundo del libro puede potenciar las comunidades para fidelizar los lectores. Los lectores frecuentes conforman una audiencia con un poder de prescripción enorme, hay que «obsesionarse» por los lectores más que por los modelos de negocio. 
     
  • La información generada alrededor de los libros es otro activo que puede potenciarse cuidando la calidad y la gestión para retener el control de los datos. 
     
  • La colaboración de los agentes del sector de la edición alrededor de los estándares propios y su renovación permanente es un activo estratégico para la visibilidad y reducción de costes.
     
  • La colaboración entre los agentes del sector ha demostrado que favorece la competitividad del sistema del libro.
     
  • Los oficios del libro son una base sólida, pero hay que complementarlos con la formación en conocimientos no tradicionales del sector, como el marketing.
     
  • El diseño de experiencias, la investigación sobre la interacción humana y en espacios físicos y su reflejo en mapas de experiencias favorecen la aparición de emociones para recordar en torno a los libros.
     
  • La fuerza de lo analógico crece en un contexto digitalizado y la tecnología puede ser integrada para multiplicar la visibilidad de la excelencia de lo analógico.

Las posibles soluciones para el fortalecimiento del sector del libro:

  • Disponer de datos y generación de un modelo que ayude a impulsar su reconversión dentro del contexto digital. 
     
  • Ayudar a mejorar la formación de los profesionales, mediante la detección de carencias.
     
  • Proponer una estrategia de reconversión de la proyección del sector, de las narrativas que reflejan lo que es y lo que desea ser para adaptarse al modelo digital, que incorporan las plataformas.
     
  • Promover las sinergias en el sector, gracias a la participación de las organizaciones privadas de autores (ACE-Asociación Colegial de Escritores), de editores (FGEE-Federación de Gremios de Editores de España), distribuidores (FANDE-Federación de Asociaciones Nacionales de Distribuidores de Ediciones) y de libreros (CEGAL-Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros) y la reflexión que se puede compartir alrededor de una serie de cuestiones de peso.

El estudio es rico y podríamos seguir analizando los problemas estructurales, coyunturales y sobrevenidos que se presentan, pero animamos a los lectores a leer más que un resumen, el informe entero. Sin ofrecer milagros, recordando lo de valor que ya se tiene, insistiendo en todo lo que falta y todo lo que se puede hacer, vale la pena.

Nota. Esta reseña se publica simultáneamente con el Blog de l’Escola de Llibreria.

Preparar a los bibliotecarios escolares del futuro: los nuevos estándares de acreditación de la formación en los Estados Unidos

Mié, 06/05/2020 - 13:09

Mònica Baró
Facultat d’Informació i Mitjans Audiovisuals
Universitat de Barcelona (UB)

ALA/AASL/CAEP School librarian preparation standards (2019) (2019). [Chicago, IL: American Association of School Librarians (AASL)]. 76 p. Disponible en: <http://www.ala.org/aasl/sites/ala.org.aasl/files/content/aasleducation/ ALA_AASL_CAEP_School_Librarian_Preparation_Standards_2019_Final.pdf>. [Consulta: 21/04/2020]. 

Los cambios que se producen continuadamente tanto en el mundo de la educación como de las bibliotecas requieren que los bibliotecarios escolares actualicen sus conocimientos y adquieran nuevas competencias y, por ello, se hace necesaria una revisión permanente de la formación básica y/o continuada que estos reciben para desarrollar su tarea. Para asegurar que esta formación es la adecuada, en algunos países de tradición anglosajona las asociaciones profesionales acreditan titulaciones, tanto a nivel de máster como de postgrado, en base a unos estándares que sirven para evaluar los programas de formación, y que se renuevan periódicamente para adaptarlos a las necesidades cambiantes de los entornos. Unos nuevos estándares, pues, establecen unos requerimientos actualizados para aquellos que muy pronto serán bibliotecarios escolares, pero también sirven de indicadores para aquellos profesionales que están en activo y, evidentemente, de guía para que los centros de formación revisen y actualicen, a su vez, los planes de estudio.

En los últimos años, la American Library Association (ALA) y su división la American Association of School Librarians (AASL) han acreditado los programas de formación a nivel de máster general o de máster con la especialidad de bibliotecas escolares, en base a unos Standards for the initial preparation of school librarians que se publicaron en el año 2010, y que en 2019 se actualizan con los School librarian preparation standards, siempre para bibliotecarios escolares en centros educativos de K-12, el equivalente a nuestros centros de educación primaria y secundaria obligatoria. 

La principal novedad de esta propuesta de formación, en comparación con la precedente de 2010, es que pone el énfasis en el carácter que tiene el bibliotecario escolar como educador y, por ello, los nuevos estándares han sido preparados conjuntamente por las dos asociaciones bibliotecarias mencionadas y el Council for the Accreditation of Educator Preparation (CAEP), que es la entidad que acredita la preparación de los profesionales de la educación en los Estados Unidos, con lo que se consigue una acreditación superior. 

El texto presenta cinco estándares, que corresponden a los diversos aspectos que un bibliotecario escolar debe dominar. Los dos primeros están relacionados con el carácter educador del bibliotecario escolar, el tercero y el cuarto inciden en los conocimientos más técnicos y el quinto hace referencia a la profesionalización del bibliotecario escolar. Cada estándar se articula en cuatro o cinco aspectos o componentes y todos ellos, de manera transversal, remarcan la necesidad de que los bibliotecarios actúen de manera ética, aseguren un acceso equitativo a los recursos y a los servicios y que tengan en cuenta la diversidad en relación con las necesidades culturales, sociales y lingüísticas de los alumnos, y sus capacidades.

Estándar 1. El alumno y el aprendizaje. Integra los conocimientos relativos al desarrollo cognitivo, psicomotor, afectivo y de desarrollo del alumnado, las actitudes de respeto a la diversidad –en todas sus variantes– y la capacidad de los bibliotecarios para crear entornos de aprendizaje físicos y virtuales, y de diseñar los programas de formación.

Estándar 2. Planificación para la formación. Asegura la capacidad de los bibliotecarios escolares para trabajar colaborativamente con la comunidad escolar para planificar, llevar a cabo y evaluar estrategias de aprendizaje basadas en el uso de los recursos, la investigación y la exploración, y para acompañar a los alumnos en los procesos y guiarles en las reflexiones sobre sus aprendizajes.

Estándar 3. Conocimientos y aplicación. Establece que los bibliotecarios escolares deben tener conocimientos de literatura infantil y juvenil, sobre alfabetización digital y de la información y que deben poder fomentar el pensamiento crítico entre el alumnado. También requiere que sean expertos en tecnologías educativas actuales emergentes para diseñar y adaptar experiencias de aprendizaje y aplicar los conocimientos para que los alumnos sepan buscar y utilizar datos en entornos digitales y se conviertan en ciudadanos con competencias digitales. 

Estándar 4. Organización y acceso. Determina que el bibliotecario escolar debe ser capaz de desarrollar, seleccionar, organizar y administrar una colección de recursos para satisfacer las necesidades curriculares, pero también las personales de la comunidad educativa. Igualmente, debe saber diseñar las políticas de servicios y trabajar los procesos de evaluación de la biblioteca y de sus impactos en la comunidad educativa.

Estándar 5. Liderazgo, defensa y responsabilidad profesional. Garantiza la profesionalidad del bibliotecario escolar, su compromiso con la formación continuada, su posición de liderazgo en el diseño y la implementación de soluciones que tengan impactos positivos en la comunidad educativa, pero también su capacidad de colaboración con esta comunidad y con el conjunto de la profesión, justificando así el papel de la biblioteca escolar en los centros educativos.

El documento es muy detallado y, para cada estándar y para cada componente, se establecen las bases teóricas para constituir el cuerpo en el programa de formación: directrices y normas de instituciones diversas y desarrollos legislativos o estudios empíricos sobre cada uno de los aspectos tratados en los estándares, y se aportan más de 80 referencias bibliográficas, muy actualizadas. El documento se acompaña de una tabla comparativa entre los estándares requeridos para los profesionales de la educación y para los bibliotecarios escolares, y, finalmente, se adjunta una lista de las actuaciones que, para cada estándar, un bibliotecario escolar debería poder llevar a cabo como evidencia de que su formación ha cumplido los estándares. 

Ni que decir tiene que estos estándares y, muy especialmente, esta última lista de competencias habrá que tenerlos muy en cuenta a la hora de actualizar los planes de estudio de las escasas menciones o másters de especialización para bibliotecarios escolares que hoy ofrecen nuestras universidades, si queremos que nuestras bibliotecas escolares respondan, de verdad, a todo aquello que la escuela necesita y que puedan acompañar los cambios en el mundo de la educación.

 

Situación de la preservación digital en bibliotecas y archivos del Canadá

Mié, 29/04/2020 - 17:08

Juanjo Boté
Facultat d’Informació i Mitjans Audiovisuals
Universitat de Barcelona (UB)

Hurley, Grant; Shearer, Kathleen (2019). Final report of the survey on digital preservation capacity and needs at Canadian memory institutions, 2017-18. [Ottawa]: Canadian Association of Research Libraries. 68 p. Disponible en: <http://www.carl-abrc.ca/wp-content/uploads/2019/11/Digital_preservation_capacity_finalreport_EN-1.pdf>. [Consulta: 14/04/2020].

El Digital Preservation Working Group de las instituciones de memoria histórica del Canadá ha realizado un estudio sobre las necesidades y la capacidad de preservación digital de dichas instituciones, entre las cuales destacan instituciones gubernamentales, archivos, bibliotecas y museos. 

En este estudio participaron 52 instituciones y se realizó en dos fases, comprendiendo instituciones asociadas a la CARL (Canadian Association of Research Libraries) en la primera fase. En la segunda, se invitó a participar a instituciones similares no asociadas a la CARL. Del informe, publicado en noviembre de 2019, se desprende que el 94 % de estas instituciones están recolectando material digital de origen o nacido digital, tanto publicaciones como objetos digitales de donantes privados.

Un elemento para destacar son las políticas de preservación digital. Un 17 % de todas las instituciones participantes tienen activas políticas de preservación digital y un 19 % las están revisando.

Uno de los apartados que precisa la preservación digital es el uso y las buenas prácticas de referencia. Estas prácticas se están adoptando en un 58 % de las instituciones consultadas, y consisten en el empleo de estándares específicos en preservación digital, el uso de mejores prácticas o de guías de referencia.

La capacidad de desarrollar estrategias de preservación digital permite, a cualquier institución, tomar decisiones y crear una base de conocimiento dentro de la propia institución. En este aspecto, del total de participantes cuyas estrategias se han medido en un sistema de puntuación cuantitativa se deduce que el 13 % de las organizaciones está empezando a desarrollar su capacidad de preservación digital, el 79 % tiene programas en marcha o en desarrollo y el 8 % tiene un base ya madura de políticas de preservación digital.

Por lo que al presupuesto se refiere, una de las cuestiones recurrentes en la preservación digital, el 62 % de las instituciones participantes indicó que tenía un presupuesto de más de cuatro millones de dólares canadienses para sus estrategias de preservación digital. No obstante, un 12 % desconocía el presupuesto de que disponía.

En una estrategia de preservación digital los objetos a custodiar pueden ser variados. Así, como fuentes primarias de información, las instituciones manifestaron que su mayor fuente de ingresos son objetos digitales que provienen de estudiantes (55 %) y de investigadores de las correspondientes facultades (73 %). Dentro de estas fuentes, las fotos, los vídeos, los audios y los documentos personales en forma de escritos constituyen la gran parte de los objetos digitales que tienen en custodia. 

Como partes principales de los elementos de custodia, se destaca que la mayoría conserva objetos digitales. Los contenidos informacionales son diversos y por ello las organizaciones participantes necesitan soporte o ayuda para preservar contenidos más complejos. Finalmente, un reducido grupo de participantes confiaba en sus habilidades para llevar a cabo la preservación digital de aquello que tienen en custodia. También debido a una falta de capacidad de preservación muchas de las instituciones no llevan a cabo actividades de preservación.

En relación con los retos que tienen por delante las instituciones, se ha observado una falta de recursos, falta de comunicación con los stakeholders o falta de apoyo a alto nivel, es decir, por parte de cuadros de mando ejecutivos.

Uno de los elementos más interesantes en la preservación digital es dar acceso a los materiales custodiados. El éxito de la institución y su posterior apoyo a futuras acciones de preservación digital depende del tipo de acceso que se facilita. En este aspecto, la mayoría de las instituciones que han participado en el estudio facilita el acceso de una forma o de otra y solo un 2,4 % no da acceso a los materiales custodiados. Sin embargo, la mayoría de las entidades ve imposibilitada la mejora de las barreras de acceso a los materiales.

Los perfiles laborales, altamente cualificados y no fáciles de conseguir en el mercado laboral, juegan una baza importante en cualquier institución que cree políticas de preservación digital. Con respecto al personal que trabaja en estas instituciones, un 18 % indicó que realizan más de cinco roles dentro de su organización de custodia, y en la mayor parte de ellas el personal tiene baja cualificación profesional. Esto también se refleja en las propias organizaciones donde a nivel organizativo el 44 % de las instituciones tiene un comité de trabajo vinculado a la preservación digital.

Quedan todavía muchos retos alrededor de la preservación digital en las bibliotecas universitarias de Canadá. Como se puede observar en el informe, la preservación digital no parece que sea una prioridad y prueba de ello son los perfiles laborales señalados anteriormente.

Finalmente, en el informe se propone que las instituciones culturales como la CARL y LAC (Libraries and archives Canada) unan esfuerzos para definir una estrategia nacional de preservación digital en el Canadá.

Bibliotecas públicas en el Reino Unido: argumentos para su reconocimiento

Mié, 22/04/2020 - 19:23

Maite Comalat
Facultat d’Informació i Mitjans Audiovisuals
Universitat de Barcelona (UB)

Public libraries: the case of support (2018). 24 p. [S. L.]: CILIP; The Big Issue. Disponible en: <https://d3n8a8pro7vhmx.cloudfront.net/librariesdeliver/pages/76/attachments/original/1571054196/Public_Libraries_-_The_Case_for_Support_%28CILIP__The_Big_Issue%29.pdf>. [Consulta: 07/04/2020].

Estos son días de reflexión y de revisión de nuestros hábitos y costumbres que nos han llevado, en algunos casos, a reconocer el valor de algunos servicios que como sociedad habíamos ido dejando abandonados al no considerarlos suficientemente esenciales. Una magnífica muestra es, por desgracia, el reconocimiento diario que recibe el personal de los servicios sanitarios. 

Aunque de los beneficios sociales que aportan determinados servicios se habla demasiado poco, podemos encontrar, en cambio, muchos informes que se elaboran para analizar el impacto, hacerlos visibles y ponerlos en valor. Y en esta línea, recogemos un interesante informe del CILIP (Chartered Institute of Library and Information Professionals) y The Big issue que fue presentado en octubre de 2019, cuando nada hacía pensar cuál sería la situación actual, con el objetivo de evidenciar el retorno social de las bibliotecas públicas en el Reino Unido. 

El informe Public libraries: the case of suport sigue la línea del informe que ya reseñamos en este mismo blog Un informe de rabiosa actualidad: «Libraries deliver: ambition for public libraries in England 2016-2021», y reúne, por primera vez, tal y como afirman el presidente y los vicepresidentes del All Party Parliamentary Group del CILIP en el prólogo, evidencias del impacto transformador de los servicios de las bibliotecas públicas para las personas, las comunidades y la vida cultural, creativa e intelectual. El informe pretende obtener el compromiso de los responsables políticos que garantiza, por una parte, la capacidad de las autoridades locales por mantener los fondos básicos para la prestación del servicio de biblioteca y, por otra, que asegure el presupuesto necesario para crear un programa de transformación de bibliotecas hacia un futuro servicio moderno y eficiente. 

Con este objetivo, el informe destaca de qué manera los servicios de la biblioteca pública y sus profesionales ayudan a crear mejores lugares para vivir, trabajar y prosperar, incidiendo en el aprendizaje formal e informal, en la salud y el bienestar y en la accesibilidad a los servicios locales. Analiza, también, cómo las bibliotecas han innovado y se han adaptado a la era digital, ayudando a disminuir la brecha digital y abordar nuestras futuras necesidades de habilidades informacionales. Y, finalmente, señala la importancia del apoyo que las bibliotecas ofrecen a la comunidad empresarial que ayuda a generar un crecimiento económico inclusivo en el Reino Unido. En definitiva, el informe pretende destacar la gran oportunidad que los gobiernos locales y nacional tienen de trabajar juntos e invertir en un servicio de biblioteca pública moderno y sostenible para el futuro.

El informe se inicia con un interesante y rápido retrato de las bibliotecas públicas británicas que es, al mismo tiempo, una magnífica muestra de los puntos fuertes del servicio que se recogen en cada uno de los apartados dentro de los cuales pueden encontrarse evidencias de muchos y variados estudios. Las bibliotecas públicas en el Reino Unido, pues: 

  • Llegan a un público fuertemente diversificado a través de todas las características protegidas, y en particular por lo que respecta a la etnia y a la edad;
     
  • El colectivo más fuertemente correlacionado con el servicio es el de los jóvenes de 15 a 24 años;
     
  • Los bibliotecarios se encuentran entre los cinco mejores profesionales que ayudan a la gente a mejorar su capacidad de encontrar información de confianza y combatir las noticias falsas;
     
  • Actúan cada vez más como instituciones para la regeneración y la creación de lugares de trabajo, apoyando el desarrollo económico local;
     
  • Tienen un papel fundamental a la hora de construir comunidades prósperas con un fuerte sentido de pertenencia;
     
  • Ofrecen un acceso seguro y de confianza a una amplia gama de servicios de la autoridad local, mejorando y ampliando el apoyo a la población local;
     
  • Contribuyen a la educación y al aprendizaje: el 88 % de los estudiantes dice que utilizar la biblioteca les hace sentir más seguros y un 76 % afirma que les ayuda a mejorar las cualificaciones;
     
  • Tienen un impacto positivo demostrado en la salud y el bienestar;
     
  • Ayudan a la gente a acceder en línea, a solicitar empleos, servicios y asistencia a través del acceso gratuito a ordenadores y Wi-Fi;
     
  • Ofrecen una amplia gama de iniciativas de competencias digitales, que ayudan a disminuir la brecha de competencias digitales del Reino Unido;
     
  • Proporcionan apoyo empresarial y negocios exitosos que fomentan el desarrollo económico local a través del programa Business and IP Center de la British Library;
     
  • Ofrecen una serie de servicios dirigidos que combaten la soledad y el aislamiento social, incluyendo eventos y actividades que animan a la gente a reunirse y a participar de su comunidad;
     
  • Tienen un impacto demostrable en la movilidad social, ayudando a los usuarios a construir habilidades y confianza y a mejorar sus posibilidades de vida y su empleabilidad. 

Las bibliotecas públicas se entienden, por esta razón y siguiendo el argumento del documento previo que hemos comentado, como núcleos vitales de la comunidad que fomentan la cohesión y apoyan a las personas y acceso a servicios para ayudarles a vivir mejor a partir de siete áreas en las que han de tener un papel activo relevante: el enriquecimiento cultural y creativo; el incremento de la lectura y la alfabetización; la mejora del acceso y la alfabetización digital; la ayuda en el crecimiento personal; el desarrollo de una vida más saludable y más feliz; el incremento de la prosperidad y, finalmente, la creación de comunidades más fuertes. 

Y, en esta misma línea, el informe recoge ejemplos de apoyo y aporta numerosos datos que muestran el papel que tienen las bibliotecas públicas en diferentes ámbitos: 

  • Un público diverso para las bibliotecas públicas.
     
  • El riesgo de disminuir la inversión.
     
  • Crecimiento económico inclusivo. 
     
  • Educación, aprendizaje informal y habilidades.
     
  • Salud, bienestar y cuidado social.
     
  • Habilidades digitales y conexiones en línea.
     
  • Empresas y apoyo empresarial.
     
  • Pobreza, prevención, movilidad social y aislamiento social.

Más allá del interés indudable de los resultados y de las reflexiones, este informe muestra, por una parte, la disponibilidad de una gran diversidad de datos y un gran número de estudios disponibles. Unas evidencias que se mostrarán especialmente útiles en los momentos que han de llegar cuando las bibliotecas públicas, como otros servicios culturales, deberán responder a las secuelas de una crisis que poco podíamos imaginar. Por otra, también se hace evidente la debilidad, en estos momentos, de las bibliotecas públicas en el Reino Unido. Deberemos seguir con interés si la crisis sanitaria confirma y pone en valor los resultados de este informe o, por el contrario, agrava la situación y pone en peligro, todavía más, la evolución de las bibliotecas públicas en el país que las vio nacer.

 

 

Servicios relacionados con los datos de investigación por parte de las bibliotecas universitarias: mucho a ofrecer, mucho por formar

Mié, 15/04/2020 - 18:32

Alexandre López-Borrull
Estudis de Ciències de la Informació i de la Comunicació
Director del grau d'Informació i Documentació
Universitat Oberta de Catalunya (UOC)

Tenopir, Carol; Kaufman, Jordan; Sandusky, Robert; Pollock, Danielle (2019). Research data services in academic libraries: where are we today? [Middletown, CT]: Choice. (A Choice white paper). Disponible en: <https://www.choice360.org/content/2-librarianship/5-whitepaper/tenopir-white-paper-2019/tenopir_121019_rds.pdf>. [Consulta: 01/04/2020].

Choice es una unidad editorial de la Association of College & Research Libraries (ACRL), una división de la American Library Association (ALA). Choice y ACRL ofrecen herramientas de desarrollo profesional de biblioteconomía, dentro de las cuales se incluyen seminarios, podcasts, libros blancos, ensayos bibliográficos y publicaciones digitales, pensados para formar y reforzar las habilidades de los bibliotecarios. En este caso, se trata de un informe liderado por la reconocida profesora Carol Tenopir juntamente con tres profesores más de diversas universidades de los Estados Unidos.

Tal y como describen ya desde el inicio, se trata de un estudio a través de encuestas que sirve para actualizar y comparar lo realizado el año 2012 y que fue reseñado en este mismo blog1 en 2013 por parte de Alicia García García y Fernanda Peset. Independientemente de los principales resultados que se mencionarán posteriormente, es siempre interesante el hecho de poder medir diferentes espacios temporales, para conseguir la perspectiva. Así como en 2012 los servicios de datos de investigación (RDS por sus siglas en inglés) se anunciaban como retos de futuro, este año ya no hablamos como entonces de un servicio añadido de mucho valor, sino como una necesidad inseparable del personal investigador y académico.

Para entender los cambios, recordemos dos comentarios finales que se hacían en aquella reseña:

«Los datos de investigación están empezando a reconocerse como una fuente de conocimiento propia e independiente de las publicaciones que pueden emplearse en la validación de los resultados de investigación publicados en artículos, para generar nuevo conocimiento y ser explotados de manera interdisciplinar.»

«(...) si la biblioteca no se involucra activamente en la prestación de estos servicios, es muy probable que sea otro departamento el que los proporcione, apartando a la biblioteca de su labor en el proceso de investigación; y por tanto perderían una oportunidad para dar servicio a un rango más amplio de agentes sociales interesados en la gestión de los datos.»

En ambas realidades entonces reseñadas, nos encontramos los retos de futuro en todos los diferentes ámbitos del ciclo de la investigación (diseño de la investigación, compilación de datos, análisis de resultados, extracción de resultados y conocimiento) donde los datos son una necesidad. 

Para hacer la investigación en 2019, las encuestas fueron enviadas a algunas de las instituciones que ya la completaron y se aumentó con las de la lista de contactos de la ACRL, unas 3.160 direcciones de las cuales respondieron alrededor del 6 %. Más allá de la representatividad de la muestra, desde mi punto de vista, el interés radica en las respuestas y en la configuración de los servicios que ofrecen las bibliotecas académicas. También se llevaron a cabo 27 entrevistas a personal de algunas de las instituciones que respondieron la encuesta. Así mismo, el nivel de detalle de las preguntas hace que, por ejemplo, muestre la mayor parte de resultados en función del tamaño de las instituciones o bien por tipo de instituciones.

El trabajo permite, pues, comprender el nivel de servicios que las bibliotecas académicas de los Estados Unidos están ofreciendo en relación a la gestión de datos de investigación. Hay que tener en cuenta que el incremento de obligaciones y requerimientos por parte de los financiadores (públicos y privados) también en aquel caso se convierten en la fuerza motriz, el punto de encaje entre la voluntad de ofrecer nuevos servicios y la necesidad por parte de los investigadores de apoyo para una forma de gestionar (y difundir) sus resultados.

Los principales resultados del estudio son:

  • La mayor parte de bibliotecas académicas ofrecen servicios de información/consulta alrededor de los RDS.
     
  • Las bibliotecas en universidades que forman parte del grupo de las doctoral universities (según la Carnegie Classification of Institutions of Higher Education las intensivas en investigación de calidad) son las que más ofrecen RDS de tipo informativo.
     
  • Aquellas bibliotecas que ofrecen servicios y asesoramiento técnico (technical/hands on) lo iniciaron en los últimos tres años. De nuevo, una visión y un debate interesante sobre si es el ámbito bibliotecario quien debe ofrecer este servicio, también en el sentido de la alfabetización en curación, gestión y preservación de datos por parte de su personal.
     
  • En el caso de los servicios de información, lo más habitual es ofrecer fuentes de apoyo, seguido de la creación de guías de apoyo a la gestión de datos.

                          Figura 1. RDS de tipo informativo/consulta ofrecidos por las bibliotecas
                          que respondieron la encuesta. Fuente: Informe reseñado

  • Uno de los servicios más populares en el asesoramiento técnico incluye la participación directa con investigadores en un proyecto o un equipo de trabajo. De alguna forma, enlaza con el rol de bibliotecario integrado en el ámbito de la investigación, ahora en el caso de los datos de investigación para poder participar ya desde el inicio del diseño de los experimentos con un uso más o menos intensivo de datos.


                         Figura 2. RDS de tipo técnico ofrecidos por las bibliotecas
                         que respondieron la encuesta. Fuente: Informe reseñado

  • Las instituciones de investigación ofrecen más apoyo técnico, mientras que todas las instituciones piensan en identificar datos y datasets que podrían añadirse a los respectivos repositorios. De forma lógica, las bibliotecas tienen un papel clave en esta identificación, ya sea para los repositorios institucionales como para los temáticos.
     
  • Todavía hay un 44 % de las bibliotecas que han respondido que no tienen RDS, o bien por falta de financiación, de tiempo, de interés por parte de los investigadores o por falta de personal. 
     
  • Las bibliotecas más grandes son las que tienen más bibliotecarios o especialistas dedicados a los RDS.
     
  • La mayor parte de instituciones de investigación están contratando nuevo personal para responder a las necesidades crecientes de RDS.

                          Figura 3. Liderazgo y responsabilidad principal para los planes
                          y programas de RDS. Fuente: Informe reseñado
 
Los autores concluyen que el abanico de opciones y tipos de RDS es grande, y que no es necesario que la biblioteca deba ofrecer todos los servicios, sino que una buena evaluación de capacidades y recursos puede conducir a planificar RDS realistas y con sentido. Así, por ejemplo, un 40 % de las bibliotecas dicen que colaboran con otras unidades de sus campus, cuestión que me parece clave para tener aproximaciones globales a la gestión de datos de investigación incluyendo la visión legal, técnica y de descripción. En diversos de los datos se ofrece también la visión del 2012 para poder comparar.

Los dos únicos puntos débiles, desde mi punto de vista, serían que faltaría una visión sobre la formación que hacen las bibliotecas, así como utilizar la terminología FAIR (findable, accessible, interoperable, reusable). Así mismo, el papel de los repositorios y su capacidad para poder dar respuesta a las necesidades también hubiera sido relevante, como se ha podido ver en estudios como el de FAIRxFAIR del CSUC. Complementa perfectamente las encuestas que se llevan a cabo en investigadores, como las que llevan a cabo en Digital Science.

A modo de cierre, podemos decir que se trata de un informe interesante para:

  • Científicos en general con requerimientos y responsabilidades referentes a los planes de gestiones de datos de sus proyectos, dado que encontrarán el contexto de los servicios que pueden ofrecer los servicios bibliotecarios.
     
  • Bibliotecas universitarias y de centros de investigación que ya están ofreciendo (o deberían) muchos de estos servicios y que pueden encontrar buenas prácticas, así como tendencias de futuro. 
     
  • Profesionales de la información en general que entienden que la gestión de datos necesita de la colaboración entre los múltiples grupos de interés implicados. En este caso, los datos abiertos son los relativos a la investigación, pero su tratamiento, la necesidad de descripción y metadatos son comunes en múltiples ámbitos y administraciones.

1 García García, Alicia; Peset, Fernanda (2013). «Tres en uno, tres informes sobre la gestión de los datos de investigación». Blok de BiD, 04/09/2013.

 

La biblioteca de prisión como factor de transformación de la vida de los internos

Mié, 01/04/2020 - 19:45

Andreu Sulé
Facultat d’Informació i Mitjans Audiovisuals
Universitat de Barcelona

Krolak, Lisa (2019). Books beyond bars: the transformative potential of prison libraries. Hamburg: UNESCO Institute for Lifelong Learning. 50 p. ISBN: 978-92-820-1231-4. Disponible a: <https://www.unesco.de/sites/default/files/2019-12/books_beyond_bars_krolak_2019.pdf> [Consulta: 29/03/2020]. 

Las bibliotecas de prisión han sido, desde hace muchos años, uno de los patitos feos en el campo de la Biblioteconomía. Se trata de un tipo de biblioteca que ha llamado muy poco la atención a los investigadores, como lo demuestra el hecho de que realizando la búsqueda «prison librar*» en cualquier campo de Web of Science se recuperan únicamente 109 resultados, desde 1958 hasta nuestros días. Es por ello que la publicación, el año pasado, de Books beyond bars: the transformative potential of prison libraries es una muy buena noticia para las bibliotecas penitenciarias, y no únicamente para sumar un recurso más a la escasa lista de obras sobre bibliotecas de prisión, sino por el prestigio de la entidad que la ha hecho posible, el UNESCO Institute for Lifelong Learning (UIL), y de su autora, Lisa Krolak, responsable de la biblioteca del UIL y especializada en el papel de las bibliotecas en la alfabetización (ResearchGate, Academia).

El objetivo de Books beyond bars es evidenciar la capacidad que tienen las bibliotecas penitenciarias para transformar la vida de los internos, favoreciendo su rehabilitación social y reduciendo su reincidencia una vez han salido de la prisión. La autora quiera demostrar que la biblioteca de prisión ha de ser parte integrante de la estrategia multidisciplinaria que el centro penitenciario lleve a cabo para cubrir las necesidades educativas, informativas, legales y recreativas de los internos.

Sin embargo, la singularidad del trabajo de Lisa Krolak no recae en los elementos expuestos para justificar la importancia de las bibliotecas de prisión, sino para la ejemplificación de estos elementos con una diversidad de países tan amplia como nunca hasta ahora se había recogido en una publicación. Además de los casos más conocidos de Australia, los Estados Unidos y el Reino Unido, Lisa Krolak pone a disposición del lector experiencias de Alemania, Argelia, Argentina, Brasil, Bulgaria, Chile, Croacia, Ghana, India, Turquía, etc. Países estos que habitualmente no aparecen mencionados en las publicaciones, donde el predominio del mundo anglosajón es abrumador. La autora explica que toda esta información ha sido recogida gracias no solo a un amplio trabajo de investigación, sino también a sus visitas a diversas bibliotecas penitenciarias de diferentes partes del mundo y, sobre todo, a una llamada global a contribuciones a través de la listserv de la IFLA que fue respondida por bibliotecarios y grupos de interés de 38 países diferentes.

La obra se estructura en siete capítulos. Después de un primer capítulo introductorio, Lisa Krolak expone, en el segundo, la importancia de la educación permanente (lifelong learning) para los internos, entendida esta no solo como educación formal, sino también como educación no formal e informal, como por ejemplo, programas de alfabetización, habilidades para la vida, formación profesionalizadora, actividades artísticas, religiosas y culturales, educación física y acceso a las bibliotecas. A continuación (cap. 3), destaca el papel que pueden jugar las bibliotecas penitenciarias para conseguir este objetivo, ya sea facilitando el acceso a material educativo, o bien ofreciendo a los internos un espacio de libertad relajado y seguro. En el cuarto capítulo, Lisa Krolak hace un breve repaso a las políticas y recomendaciones sobre bibliotecas penitenciarias de ámbito nacional, regional e internacional (artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos; United Nations standard minimum rules for the treatment of prisoners; European prison rules; normas y recomendaciones nacionales –Australia, Brasil, Bulgaria, Croacia, Estados Unidos, Finlandia, Noruega, Reino Unido, etc.– e internacionales –Public Library manifesto de la IFLA y la UNESCO, Guidelines for library services to prisoners de la IFLA; etc.)

Hasta aquí, la parte de la obra que simplemente reproduce información ya disponible en otras publicaciones. Es en el capítulo quinto donde la autora hace su singular aportación, ilustrando cinco elementos de las políticas y recomendaciones expuestas en el capítulo cuatro con experiencias de, literalmente, todo el mundo. Los cinco elementos analizados son:

  • La relación de la biblioteca penitenciaria con la red de bibliotecas públicas (5.1).
     
  • El perfil y el rol del bibliotecario (5.2). 
     
  • La política de colección (5.3).
     
  • El uso de tecnologías de la información y la comunicación (TIC) (5.4).
     
  • Los servicios de extensión (outreach services) y las actividades de alfabetización (5.5).

En cada elemento se sigue el mismo patrón. Primero se expone lo que debería ser y después se analiza de manera comparativa cómo se está aplicando este elemento en diferentes países del mundo.

La obra finaliza con un sexto capítulo a modo de conclusión donde Lisa Krolak sintetiza en cinco recomendaciones los principios rectores que deberían tener en cuenta todos los responsables de sistemas bibliotecarios de prisión:

  1. Las bibliotecas penitenciarias deberían seguir el modelo de biblioteca utilizado por las bibliotecas de fuera de la prisión.
     
  2. Las bibliotecas penitenciarias deberían ser una parte esencial de las regulaciones políticas y de las redes.
     
  3. Las bibliotecas penitenciarias deben ser gestionadas por personal formado y con acceso a recursos suficientes.
     
  4. Las bibliotecas penitenciarias deberían contribuir a un entorno de alfabetización que motive a los internos a desarrollar, mejorar y consolidar las habilidades de alfabetización.
     
  5. Las bibliotecas penitenciarias deberían utilizar sus materiales i espacios para ofrecer actividades de alfabetización.

Finalmente (cap. 7), la obra ofrece al lector una amplia (seis páginas) y variada bibliografía que constituye una muestra más de la orientación internacional de la publicación.

Así pues, estamos ante una obra original, fácil de leer gracias a la gran cantidad de experiencias que incluye, de interés para todas aquellas personas relacionadas con las bibliotecas de prisión (investigadores, bibliotecarios, gestores, etc.)

Servicios bibliotecarios de apoyo a la investigación en el entorno digital

Mié, 25/03/2020 - 09:32

Ángel Borrego
Facultat de Biblioteconomia i Documentació
Universitat de Barcelona

Greenhall, Matt (2019). Digital scholarship and the role of the research library: the results of the RLUK digital scholarship survey. London: RLUK. 77 p. Disponible en: <https://www.rluk.ac.uk/wp-content/uploads/2019/07/RLUK-Digital-Scholarship-report-July-2019.pdf>. [Consulta: 19/03/2020].

El mundo anglosajón ha acuñado en los últimos años la expresión «digital scholarship» para referirse al uso de recursos digitales en la investigación académica. El informe que reseñamos define el término como «the increasingly diverse application of digital technology to scholarly activity, with a particular emphasis on ope nness, cross-disciplinary collaboration, and challenging traditional and established methodological norms» (p. 7). Se trata, pues, de un concepto amplio —sin un equivalente claro en castellano— que incluye la creación y mantenimiento de repositorios, la adquisición de colecciones digitales, la organización de exposiciones virtuales, la preservación digital, la gestión de datos de investigación, el apoyo al acceso abierto o el desarrollo de plataformas de descubrimiento.

Entre enero y abril de 2019, Research Libraries UK —una asociación de bibliotecas universitarias y de investigación británicas— distribuyó una encuesta entre sus 37 miembros para conocer la naturaleza de las actividades de este tipo que desarrollan, las infraestructuras, competencias y financiación necesarias para llevarlas a cabo, y las áreas potenciales de colaboración entre las bibliotecas en este ámbito.

Los resultados muestran que las bibliotecas británicas están familiarizadas con el término digital scholarship: la mayoría (78 %) tiene una definición de trabajo, si bien son definiciones imprecisas y lo suficientemente amplias para abarcar un extenso abanico de actividades. Parte de la dificultad a la hora de fijar una definición más precisa del término radica en el hecho de que los investigadores no lo utilizan, si bien están familiarizados con las actividades que engloba. El 41 % de las bibliotecas tiene un equipo o departamento que trabaja en este ámbito.

Las bibliotecas muestran confianza para desarrollar actividades relacionadas con las colecciones y su puesta a disposición de los investigadores en formato digital: más del 90 % realiza tareas de digitalización, asignación de metadatos, curación de contenidos, etc. Por el contrario, experimentan más dificultades a la hora de realizar actividades relacionadas con la conversión de datos de un formato a otro, el diseño de interfaces, la impresión 3D o la geolocalización. Estas últimas son actividades que desarrollan menos de la mitad de las bibliotecas encuestadas y es frecuente que sean servicios ofrecidos por departamentos ajenos a la biblioteca.

En este sentido, la biblioteca suele ser solo una de las diversas unidades dentro de la institución que ofrecen servicios de digital scholarship. En la mayor parte de los casos, los proyectos emergen de peticiones de los departamentos universitarios —especialmente en el ámbito de las humanidades digitales. Muchas bibliotecas están pasando de ser un proveedor de servicios a actuar como un colaborador más en el proceso de investigación. Ven la oportunidad de ocupar un nicho de mercado y cada vez dedican más espacio, personal y recursos a estas actividades como catalizadores de la colaboración con los investigadores.

La creación de servicios específicos de digital scholarship dentro de la biblioteca ofrece beneficios: otorga visibilidad al servicio, identificándolo como prioritario; ofrece una ventanilla única para comunicarse con los investigadores; incrementa las posibilidades de obtener un presupuesto propio; etc. Desde el punto de vista del personal encargado del servicio, las bibliotecas tienen dificultades para atraer trabajadores con competencias avanzadas en técnicas de visualización (88 %), análisis automático de textos (85 %), geolocalización (81 %) o estadística (69 %).

La financiación del servicio se sustenta, en la mayor parte de los casos, en el presupuesto general de la biblioteca (94 %) o en los proyectos de los investigadores que solicitan el apoyo de la biblioteca (81 %). En términos generales, se trata de una actividad novedosa y solo el 11 % de las bibliotecas ha llevado a cabo algún tipo de evaluación de su funcionamiento, si bien un 6 % adicional lo tiene en mente.

De cara al futuro, muchos participantes vislumbran un cambio en el rol de la biblioteca pasando de ser un proveedor de servicios a convertirse en un colaborador más en el proceso de investigación, participando en todas las etapas de su ciclo de vida, desde el diseño de los estudios hasta la publicación de los resultados. Existe la percepción de que estamos en un periodo de tránsito hacia la centralización de los servicios de apoyo a la investigación que, actualmente, se encuentran repartidos en diversas unidades universitarias.

El informe concluye con una serie de recomendaciones centradas en la necesidad de que las bibliotecas del RLUK trabajen colaborativamente. El informe, en última instancia, ayuda a entender las múltiples caras que están adoptando los servicios de apoyo a la investigación en las bibliotecas británicas de cara a un futuro tan atractivo como lleno de retos.

Desinformación en la era digital

Mié, 18/03/2020 - 12:58

Lydia Sánchez
Departament de Biblioteconomia, Documentació i Comunicació Audiovisual
Facultat d’Informació i Mitjans Audiovisuals
Universitat de Barcelona

Disinformation and «fake news»: final report: eighth report of session 2017-19 (2019). House of Commons. Digital, Culture, Media and Sport Committee. London: House of Commons. 109 p. Disponible en: <https://publications.parliament.uk/pa/cm201719/cmselect/cmcumeds/1791/1791.pdf>. [Consulta: 09/01/2020].

A multi-dimensional approach to disinformation: report of the indepedent High level Group on fake news and online disinformation (2018). European Commission. Luxembourg: Publications Office of the European Union. 39 p. ISBN 978-92-79-80419-9. Disponible en: <https://ec.europa.eu/digital-single-market/en/news/final-report-high-level-expert-group-fake-news-and-online-disinformation>. [Consulta: 09/01/2020].

Una de las principales preocupaciones de los científicos sociales de la primera mitad del siglo XX fue la de los supuestos efectos perjudiciales de los medios de comunicación de masas en las sociedades democráticas. Algunos veían en los medios una fuerza destructora de la cultura (Leavis, 1930), otros incidían en las terribles consecuencias de la propaganda política a través de canales de difusión masivos (Lasswell, 1927, 1934; Lippman, 1922), otros en el uso de los medios por parte de la élite política y económica para mantener su estatus (Adorno y Horkheimer, 1972). Incluso aquellos científicos cuyas investigaciones parecían indicar que los medios no tenían tanta influencia como se suponía dedicaron sus esfuerzos a estudiar la incidencia de los contenidos mediáticos en la sociedad y la democracia (Lazarsfeld, 1944). Ciertamente, el estudio de los efectos de los medios ha dominado la investigación en comunicación durante décadas, y ha sido objeto de interés de administraciones y gobiernos.

Casi un siglo después, científicos, políticos, educadores e instituciones siguen preocupados por dichos efectos, poniendo esta vez el foco en los medios digitales. Las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información han propiciado modos de producción, distribución, uso y consumo de contenidos que han hecho saltar las alarmas. Los medios digitales parecen tener efectos perjudiciales para el bienestar de los individuos, así como para el mismo sistema democrático (Sunstein, 2017). A los nuevos medios se les atribuye desde el incremento de enfermedades mentales en la población joven, el déficit de atención en niños, el aislamiento social, la debilitación de la esfera pública, la polarización ideológica (Prior, 2007), el aumento del populismo, el consumo sesgado de información (Lewandowsky, Ecker, Cook, 2017), la creación de burbujas informativas (Parisier, 2011), el consumo acrítico de contenidos (Bennett, Iyengar, 2008; Iyengar, Hahn, 2009), la falta de debate racional sobre las cuestiones públicas, etc. La situación parece tan alarmante que algunos caracterizan esta época como la era de la Anti-Ilustración (Froehlich, 2017).

Este es el contexto en el que se inscriben los dos informes, a los que hace alusión este escrito. En ambos informes se entiende por desinformación toda forma de contenido falso, impreciso, engañoso, que se produce intencionadamente para causar daño u obtener un beneficio político, personal o económico. Las fake news son, por tanto, sólo una forma de desinformación, siendo este fenómeno más amplio y complejo. 

Informe de la Comisión Europea

En el año 2018, la Comisión Europea creó un grupo de expertos con la finalidad de establecer directrices para contrarrestar la desinformación online. El grupo de expertos estaba formado por 39 miembros con diferentes perfiles: periodistas, académicos, representantes de medios de comunicación, de organizaciones de verificación de datos, de plataformas online, y también miembros de la sociedad civil. 

En el informe final se concretan buenas prácticas que facilitan la creación de iniciativas políticas para evitar la desinformación digital. Para ello se propone crear una red de centros independientes dedicados a la investigación de la desinformación (European Centres for Research on Disinformation). Se subraya que se trata de un problema poliédrico para el que no hay soluciones simples, y que hay que tomar medidas tanto a corto como a largo plazo que impliquen a los diferentes agentes interesados (medios, plataformas digitales, autoridades públicas, la Comisión Europea, los diferentes estados miembros, la sociedad civil, etc.). Medidas que deben, en cualquier caso, preservar la libertad de expresión y de opinión, y el pluralismo mediático. 

En el informe se adopta una perspectiva multidimensional y holística basada en cinco pilares: aumentar la transparencia de las noticias online, promover la educación mediática, desarrollar herramientas que ayuden a usuarios y profesionales a abordar y detectar casos de desinformación, salvaguardar la diversidad y sostenibilidad del sistema mediático de noticias europeo, y promover la investigación sobre el impacto de este fenómeno en Europa para poder evaluar la efectividad de las medidas adoptadas. Se enfatiza también la necesaria colaboración entre todos los agentes implicados.

Entre las medidas a corto plazo, el informe recomienda crear una coalición que represente a las plataformas digitales, los medios, y expertos en verificación de datos, con la finalidad de crear un código de buenas prácticas e implementarlo. También se insta a la participación de estos agentes en los European Centres for Research on Disinformation. Entre las medidas a largo plazo se aconseja, por ejemplo, fomentar la educación mediática de los ciudadanos y el periodismo de calidad, evitar interferir en las líneas editoriales de los medios, apoyar económicamente las actividades que mejoren un ecosistema mediático plural, o colaborar con los investigadores.

Informe de la House of Commons

Posterior al informe de la Comisión Europea, la House of Commons ordenó a un comité (Digital, Culture, Media and Sport Committee) realizar una investigación sobre el fenómeno de la desinformación. Se invitó a participar a representantes electos de otros países con el fin de analizar la desinformación a nivel internacional. Durante 18 meses el Comité reunió evidencia y documentación aportada por ciudadanos y por los representantes internacionales.

En el informe final realizado en el año 2019, se asume que los medios digitales facilitan la creación, distribución y consumo de contenidos desinformativos. Ante esta situación, el Comité encargado de su elaboración cree necesario implementar una serie de medidas que eviten los efectos perjudiciales de la desinformación sobre la esfera pública digital. En general, las medidas propuestas persiguen regular plataformas como Facebook, Google o Twitter, implementando leyes que protejan los datos de los usuarios (incluidos los datos inferidos), impidan la creación de grandes monopolios y la competencia desleal, obliguen a las compañías a una conducta transparente y ética (por ejemplo, respecto a los algoritmos usados o respecto a sus ingresos a partir de la publicidad), y se combatan los contenidos dañinos o ilegales. Se apela a la responsabilidad de estas compañías implementando un código ético a través de un órgano regulador independiente con poder sancionador (Information Commissioner’s Office, ICO). También se subraya la necesidad de regular las campañas políticas digitales, vigilar por la transparencia de la propaganda política, y dar más poder a las Comisiones Electorales para que puedan actuar en contra de campañas políticas ilegales. Se propone además que los partidos políticos colaboren con la Comisión Electoral y con la ICO.

En el informe también se subraya la necesidad de convertir la competencia digital en uno de los pilares de la educación, de modo que los ciudadanos conozcan cuáles son las consecuencias de compartir datos personales, sus derechos respecto a la cuestión de la privacidad, las maneras de interactuar constructivamente con los medios sociales, qué es contenido de calidad, o cuáles son las prácticas dañinas de estas compañías.

En resumen, ambos informes insisten en la necesidad de establecer reglas y pautas de conducta para los medios digitales que aseguren su buen hacer, así como en la necesidad de dotar a la ciudadanía de conocimientos que permitan hacer un uso adecuado de los medios. Se trata de un tema complejo para el que se requieren medidas de naturaleza diversa. No deja de ser paradójico que, en la era de la información y la comunicación, nos sintamos amenazados por unos medios que deberían ser el pilar de las sociedades democráticas y del bienestar de sus ciudadanos. El problema no es nuevo y, en el fondo, sabemos cómo abordarlo: voluntad política, regulación, código ético, educación, investigación. La información es demasiado valiosa como para dejarla en manos de los intereses del mercado o partidistas. Como todo bien social que afecta a derechos y deberes fundamentales, requiere un escrupuloso tratamiento por parte de profesionales e instituciones. No hay democracia sin ciudadanos bien informados, y no hay ciudadanos bien informados sin contenidos verdaderos. En la raíz de la desinformación está la falta de verdad, propiedad que tienen los contenidos en virtud de mantener una relación de falta de correspondencia con la realidad. Los partidarios de la posverdad han intentado convencernos de que la verdad no existe, y ahora sufrimos las consecuencias de esta impostura (Sokal y Bricmont, 1998). 

Referencias
 
Adorno, Theodor W.; Horkheimer, Max (1972). Dialectic of Enlightenment. New York: Herder and Herder.

Bennet, W. Lance; Iyengar, Shanto (2008). «A new era of minimal effects? The changing foundations of political communication». Journal of communication, vol. 58, no. 4 (December), p. 707-731.

Froehlich, Thomas J. (2017): «A not-so-brief account of current information ethics: the ethics of ignorance, missing information, misinformation, disinformation and other forms of deception or incompetence». BiD: textos universitaris de biblioteconomia i documentació, núm. 39 (desembre). 

Iyengar, Shanto; Hahn, Kyu S (2009). «Red media, blue media: evidence of ideological selectivity in media use». Journal of communication, vol. 59, no. 1 (March), p.19-39.

Lasswell, Harold D. (1927): «The Theory of political propaganda». American political science review, vol. 21, no. 3 (August), p. 627-631.

Lasswell, Harold D. (1934). World politics and personal insecurity. New York: McGraw-Hill.

Lazarsfeld, Paul F. (1944). «The election is over». Public opinion quarterly, vol. 8, no. 3 (fall), p. 317-330.

Leavis, F. R. (1930). Mass civilization and minority culture. Cambridge: Minority Press.

Lewandowsky, Stephan; Ecker, Ullrich K. H.; Cook, John (2017): «Beyond misinformation: understanding and coping with the “Post-Truth” Era». Journal of applied research in memory and cognition, vol. 6, no. 4 (December), p. 353-369.

Lippmann, Walter (1922). Public opinion. New York: Macmillan.

Pariser, Eli (2011). The filter bubble: what the Internet is hiding from you. New York: Penguin Press.

Prior, Markus (2007). Post-broadcast democracy: how media choice increases inequality in political involvement and polarizes elections. New York. Cambridge University Press.

Sokal, Alan; Bricmont, Jean (1998). Intellectual impostures: postmodern philosopher´s abuse of science. London: Profile Books.

Sunstein, Cass R. (2017): #Republic: divided democracy in the age of social media. Princeton: Princeton University Press.

Modelos 3D y realidad virtual en las bibliotecas académicas

Mié, 11/03/2020 - 12:34

Pedro Rueda Ramírez
Miembro del Centre de Recerca en Informació, Comunicació i Cultura (CRICC)
Facultat d’Informació i Mitjans Audiovisuals
Universitat de Barcelona

Grayburn, Jennifer; Lischer-Katz, Zack; Golubiewski-Davis, Kristina; Ikeshoji-Orlati, Veronica (editors) (2019). 3D/VR in the academic library: emerging practices and trends. Arlington, VA: Council on Library and Information Resources. V, 133 p. Disponible en: <https://www.clir.org/pubs/reports/pub176/>. [Consulta: 21/02/2020].

3D/VR in the academic library se ocupa del papel de los modelos en tres dimensiones (3D), la realidad virtual (RV) y la realidad aumentada (AR) en el ámbito de las bibliotecas académicas. Los modelos 3D han ofrecido reconstrucciones de espacios virtuales que han permitido numerosas aplicaciones. Los modelos 3D impresos están cada vez más conectados a los prototipos artísticos o de ingeniería. La realidad virtual ha pasado del juego a simulaciones médicas que usan los estudiantes de anatomía. Y la AR está cada vez más presente en nuestras relaciones con los objetos expuestos en los museos. El interés académico resulta claro tanto por sus aplicaciones a la docencia como a diferentes ámbitos de investigación. La aplicación a numerosos campos del saber puede generar conocimientos aplicados y entornos virtuales de aprendizaje innovadores. El informe intenta responder a estas cuestiones a través de ocho casos prácticos que plantean cómo se han resuelto algunos de estos problemas al abordar los datos 3D y el software de realidad virtual desde perspectivas colaborativas e interdisciplinares. 

El prefacio presenta un estado de la cuestión de Christa Williford necesario para entender este complejo mundo de datos, que requiere de soluciones novedosas para garantizar su correcta gestión, tratamiento y recuperación. Estos objetos son creados en sistemas complejos y en constante evolución. Los retos para los gestores de la información son colaborar con los diferentes agentes que intervienen (académicos, técnicos, informáticos, estudiantes, etc.), tener presente las diferentes áreas de conocimiento implicadas y la diversidad de herramientas utilizadas. Sin olvidar, como las editoras indican, la tarea de identificar a los agentes implicados en estos procesos y a aquellas comunidades que participan como usuarios o desarrolladores de estos nuevos objetos. El reto resulta de notable interés ya que la previsión es que se incrementen los usos en distintas disciplinas (más allá de la arqueología o la medicina que los usan habitualmente), ampliando el ecosistema de creadores, colaboradores y usuarios que interactúan con estos modelos. 

Los autores que escriben este interesante panorama de prácticas y tendencias participaron en un simposio de 2018 sobre estándares y buenas prácticas que ha sido publicado por el Council on Library and Information Resources. Estos ponentes se plantearon el reto 3D/VR como campo emergente de investigación y docencia en ámbitos muy diversos, desde recreación de artefactos a simulaciones de laboratorio. En varios de los trabajos se plantea cómo tratar estos objetos y de qué modo se pueden preservar, cuáles son los estándares y cómo pueden implicarse las bibliotecas universitarias en los ámbitos de docencia e investigación que usan modelos 3D/VR. En el caso de Victoria Szabo se ha ocupado de la experiencia en la Duke University en el ámbito de los proyectos interdisciplinares de humanidades y sus implicaciones en el ecosistema académico.  

Los participantes se interrogaron sobre los nuevos requisitos de la curación de contenidos de un patrimonio digital tridimensional creciente y diversificado. En el estudio de Will Rourk se expone el papel de la biblioteca universitaria de la University of Virginia en relación a los datos 3D y el reto de gestionar datos que permiten reconstruir las tres dimensiones, la escala y el espacio. En este entorno, proponen la conveniencia de pensar la biblioteca académica con servicios adicionales como laboratorio de experiencias digitales 3D/VR. Los nuevos desarrollos didácticos y proyectos de investigación en este terreno implican nuevas herramientas, flujos de trabajo y prácticas académicas. 

Los casos analizados en los trabajos presentados revelan la complejidad de estos objetos 3D/VR y sus variadas aplicaciones, que pueden ayudar en la simulación del cuerpo humano de los estudiantes de anatomía o facilitar un prototipo a un ingeniero para probar sus diseños. Los usos académicos en investigación y docencia resultan realmente fascinantes. Los ejemplos y problemas que se exponen permiten detectar los retos que se avecinan en las bibliotecas académicas. Sin olvidar las potencialidades de transferencias en ámbitos de humanidades como revela el trabajo de Will Rourk y las variadas posibilidades de los modelos virtuales para facilitar el estudio de objetos de museo.

Jessica Meyerson propone algunas ideas interesantes sobre las líneas directrices de la curación de datos digitales, su preservación y los retos que ello supone. De manera similar a otros ámbitos, los complejos sistemas de datos pueden gestionarse con programas comerciales o sin fines de lucro, ser objeto de diferentes sistemas de licencia y ofrecerse para ser compartidos mediante sistemas que garanticen el acceso, el intercambio y la sostenibilidad. ¿Cómo facilitar el acceso a estos datos en sus diferentes formas y formatos? Los estudios de caso muestran la aplicación en diferentes ámbitos de las humanidades digitales y en el patrimonio cultural o la docencia científica. Ann Baird Whiteside, expone el caso de la Harvard University Graduate School of Design, una entidad interesada en la salvaguardia de los diseños digitales de arquitectura y diseño, que ha detectado la necesidad de contar con un marco de políticas de preservación. Unas acciones que implican compromisos institucionales importantes. El enfoque orientado a la preservación y la definición de estándares de preservación para los datos 3D es un aspecto a tener muy presente en futuros desarrollos tecnológicos.

Los autores insisten en el papel del bibliotecario como gestor que puede ofrecer soluciones a los usuarios en la publicación digital de resultados, el desarrollo de bibliotecas digitales de estos objetos y la estandarización de los metadatos. Estos textos interesarán especialmente a los que busquen soluciones creativas orientadas a la curación de datos, colaboren con laboratorios de innovación, tengan intereses en la preservación y los investigadores y bibliotecarios que valoren la investigación, la docencia y la transferencia usando herramientas 3D basadas en comunidades de usuarios.