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Blok de BID (es)

Reseñas de Biblioteconomía y Documentación
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Llorenç Arguimbau
Observatori de la Recerca
Institut d’Estudis Catalans

Giménez Toledo, Elea (2017). La edición académica española: indicadores y características. [Madrid]: Federación de Gremios de Editores de España. 190 p. Disponible en: http://ilia.cchs.csic.es/SPI/spi-fgee/docs/EAEV1.pdf. [Consulta: 10/11/2017].

¿Cuál es el panorama de las editoriales académicas españolas? ¿Cuál es el reconocimiento de los libros científicos en el sistema de evaluación? Desde el año 2008, el Grupo de Investigación sobre el Libro Académico (ILIA) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha impulsado una línea de investigación para responder a estas cuestiones. Además de numerosas publicaciones científicas y diversos proyectos competitivos, la investigación del grupo ha permitido la creación del sistema de información Scholarly Publishers Indicators (SPI).

Los objetivos del sistema SPI son, en primer lugar, mejorar el conocimiento del sector editorial de libros en ciencias sociales y humanidades y, en segundo lugar, obtener información objetiva mediante metodologías científicas. De esta manera, también se favorece el reconocimiento científico de los libros publicados en el Estado español. De hecho, la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) ya utiliza el sistema SPI como  fuente de información de apoyo en los procesos de evaluación científica.

El informe La edición académica española: indicadores y características es una iniciativa patrocinada por la Federación del Gremio de Editores de España, ha sido elaborado por Elea Giménez Toledo (Grupo ILIA) y se dirige a editores, autores, evaluadores e instituciones vinculadas con políticas del libro. El documento reseñado aquí amplia el alcance del sistema SPI, porque incorpora un conjunto más grande de información y estudia editoriales con publicaciones de ciencias, tecnología y medicina. Los indicadores, informaciones y clasificaciones de las editoriales académicas pueden consultarse de forma desagregada en la página web SPI: edición académica española.

Desde una perspectiva panorámica, el informe estudia el sector editorial científico y académico del Estado español a partir de diferentes aproximaciones y datos. Hasta la fecha, no había ningún análisis global de la edición pública y privada en este sector. Seguramente, las dos dimensiones más interesantes del estudio son las relacionadas con, por un lado, la calidad editorial y, por otro lado, la definición y delimitación de las editoriales especializadas.

En relación a la calidad de una editorial, el informe demuestra que se trata de un concepto complejo y que no se puede establecer en términos absolutos ni a través de una variable única. Ahora bien, existen algunas variables que pueden ayudar a explicar la calidad de una editorial: nivel de cumplimentación de metadatos de materia en las plataformas españolas DILVE e ISBN; grado de dedicación al libro científico; agrupación de la producción editorial en colecciones; producción por disciplinas científicas; especialización de las editoriales; prestigio según el sistema SPI; y, por último, procedimientos de selección de originales (tipología y transparencia). Los resultados que ofrece el informe se han obtenido a partir de metodologías estandarizadas como, por ejemplo, la minería de datos, los cuestionarios estructurados y, finalmente, el análisis de los sitios web de editoriales académicas.

Por lo que se refiere al concepto de editorial académica/científica, el informe también constata que se trata de una definición complicada. En consecuencia, la delimitación de las editoriales que integran este estudio es objeto de análisis en un apartado específico. Así, se ha trabajado con un conjunto inicial de más de 700 editoriales que reúnen alguna característica de la edición académica. Los análisis realizados y los indicadores obtenidos (volumen editorial; grado de dedicación; colecciones; especialización; prestigio; transparencia informativa) han permitido acotar progresivamente los núcleos de editoriales que realmente presentan un perfil científico/académico y diferenciarlas de las especializadas en alta divulgación o ensayo, entre otras áreas. El informe concluye que es imprescindible una aproximación cualitativa sólida para diferenciar las editoriales académicas.

A modo de conclusión, un 20 % de la producción editorial española corresponde al ámbito académico, hecho que demuestra una actividad intensa por parte de las editoriales en este ámbito, pero también por parte de la comunidad científica para publicar resultados en formato de libros. El informe reivindica el rol del libro académico en la producción científica, porque considera que todavía no está lo bastante reconocido por los informes, políticas y responsables científicos.

Mª Asunción Esteve Pardo
Profesora agregada
Departamento de Derecho Civil
Universitat de Barcelona

Carbajo Cascón, Fernando (2017). La propiedad intelectual en la sociedad de la información: leer para descansar tranquilo. Peñaranda de Bracamonte: Bracamonte. 72 p. Disponible en: http://bibliotecadigital.jcyl.es/fr/catalogo_imagenes/grupo.cmd?path=101.... Consulta: [23/10/2017].

Este informe elaborado por Fernando Carbajo Cascón, profesor titular de Derecho Mercantil de la Universidad de Salamanca, es una síntesis en clave divulgativa de las numerosas publicaciones que este autor ha realizado en materia de propiedad intelectual. Contiene un análisis del derecho de propiedad intelectual en el ámbito de las nuevas tecnologías digitales y aborda los numerosos interrogantes que Internet plantea para lograr mantener un equilibrio entre los derechos que la ley reconoce a los autores y productores y el acceso a la cultura, la educación y el conocimiento.

El informe contiene una breve introducción en la que se expone a grandes rasgos el contenido de la propiedad intelectual: el autor explica la diferencia entre los derechos que la Ley de Propiedad Intelectual reconoce a los creadores para incentivar el desarrollo de las industrias culturales, así como los límites legales que la propia Ley impone a los titulares de estos derechos para garantizar el acceso a la cultura, la educación y la información.

El autor analiza el difícil equilibro que debe encontrarse entre ambos sectores desde que Internet ha cambiado sustancialmente el mercado, ya que permite a cualquier usuario acceder de forma masiva y gratuita a todo tipo de obras y producciones culturales, artísticas y científicas. Señala Fernando Carbajo que «el debate no debe plantearse sobre el acceso a la información, sino sobre el acceso a los materiales de los que se desprende esa información». En este contexto, el autor plantea la insuficiencia que los límites tradicionales a la propiedad intelectual plantean en la sociedad de la información y analiza los nuevos fenómenos de creación de obras que han introducido las licencias Creative Commons y las recientes formas de explotación de obras que permiten las nuevas tecnologías, como el intercambio de música con programas peer to peer, las webs de enlaces gratuitos y la existencia de un mercado ilícito ampliamente extendido en Internet.

Con el fin de aclarar todas estas cuestiones, Fernando Carbajo expone, de forma breve y clara, el contenido de los derechos de propiedad intelectual y su alcance en el ámbito digital. Dentro de este marco legal, sintetiza los principales modelos de negocio que pueden desarrollarse en la actualidad para comercializar y difundir obras y producciones (contratos de licencia de usuario final, modelos de descarga y acceso en línea, acceso libre y gratuito mediante licencias implícitas, acceso abierto mediante licencias generales). Analiza, a continuación, el nuevo contenido de los límites legales a la propiedad intelectual en Internet (reproducciones provisionales en Internet, copia privada, uso de contenidos de prensa e información por buscadores, excepción educativa, límites a favor de bibliotecas, archivos y museos) y, por último, aborda el nuevo límite de acceso a las obras huérfanas (aquellas cuyo autor o titular es desconocido o ilocalizable) que la Ley reconoce a los centros que facilitan el acceso a la cultura como bibliotecas, centros educativos y organismos públicos de radiodifusión.

Los dos últimos capítulos del informe están dedicados al denominado conocimiento libre y a la piratería digital. Al referirse al conocimiento libre, el autor describe las nuevas licencias de derechos de propiedad intelectual que los titulares pueden utilizar para permitir la máxima difusión de sus obras sin las restricciones propias del denominado «modelo propietario». Se detiene en explicar las licencias de software libre y las licencias Creative Commons, así como las iniciativas de acceso libre a obras científicas y docentes, promovidas desde diversos ámbitos científicos y que pueden desarrollarse dentro del marco legal y del respeto a los derechos de los autores.

El informe se cierra con los principales problemas que plantea la piratería digital en Internet. Destaca las infracciones contra la propiedad intelectual que se producen masivamente en Internet, independientemente de que haya ánimo de lucro por parte de quien la realiza, tanto si son efectuadas por prestadores de servicios en Internet como si son realizadas por usuarios.

Resulta una lectura muy recomendable para todo tipo de lectores interesados en conocer el marco legal de la propiedad intelectual en Internet. A pesar de que su contenido es estrictamente jurídico, las explicaciones resultan asequibles y claras para los profesionales interesados en el sector de las nuevas tecnologías y para cualquier usuario de Internet. Ofrece una visión completa de las principales cuestiones que plantea la protección de la propiedad intelectual en Internet y de la necesidad de equilibrar su reconocimiento con el acceso a la cultura, la educación y la información.

 

Nota. Esta reseña se publica simultáneamente en el Blog de l’Escola de Llibreria.

Daniel Gil Solés
Helena Fàbregas Rebato
Biblioteca Pública Episcopal del Seminari de Barcelona

ALIA futures: future of the Library and Information Science profession (2017). [Canberra]: Australian Library and Information Association. Disponible en: <https://www.alia.org.au/futureoftheprofession>. [Consulta: 23/10/2017].

En 2013, la ALIA, la Australian Library and Information Association elaboró por primera vez el informe Future of the library and information science profession, del que ya hicimos una primera reseña en este mismo espacio. A partir de este primer informe, la ALIA fue recibiendo opiniones y respuestas que han ido dibujando toda una serie de nuevos objetivos y nuevos horizontes para la profesión. Así, este feedback recibido ha permitido identificar nuevos temas, nuevos retos y nuevas acciones que la profesión debe afrontar, y que tienen como resultado una actualización del informe original, con fecha de mayo de 2017; esta vez, pero, en siete informes sectoriales, mucho más concretos y centrados en un ámbito más preciso: la profesión en general; los profesionales; las asociaciones y entidades del sector; bibliotecas públicas; bibliotecas especializadas; bibliotecas escolares; y finalmente bibliotecas universitarias. Todos estos informes sectoriales siguen la misma estructura.

Por lo que a la profesión en general se refiere, en primer lugar se hace referencia a los diez principales aspectos que han aparecido los últimos cuatro años, y que han afectado de forma directa a la profesión. De entre estos diez puntos, destacaríamos los que hacen referencia a la visión de las bibliotecas para construir una sociedad más justa, que evite las desigualdades (entre ellas, la brecha digital) y que potencie las oportunidades. Y esta visión se enmarca en un escenario social cada vez más rico en información, y donde la presencia del big data es cada vez más sólida. Un paisaje, no obstante, donde también han aparecido las noticias falsas y la denominada posverdad, y donde la postura ética de las bibliotecas está muy bien valorada y se hace más necesaria que nunca. Finalmente, para la ALIA la advocacy continua siendo una de sus prioridades máximas, por lo que se refiere a la influencia que es preciso ejercer en la toma de decisiones públicas, para hacer entender el valor y la contribución de nuestro sector en las sociedades contemporáneas avanzadas. En este sentido, buena parte de las siete acciones que la ALIA ha llevado a cabo entre 2013 y 2017 van en esta línea, como por ejemplo haciendo de lobby ante el Gobierno de Australia por la reforma de la ley del copyright y la introducción del derecho de préstamo digital, o por el reconocimiento profesional (en colaboración con los archivos nacionales de Australia) de nuestra categoría en las posiciones de funcionario del Gobierno. Así, una de las lecciones que en estos años se han aprendido ha sido la necesidad constante de la advocacy (creativa, inteligente, persistente e innovadora) para mantener unos mínimos niveles de impacto social, económico y político.

El segundo informe sectorial hace referencia a los profesionales. Entre los principales aspectos que han surgido los últimos años, quisiéramos acentuar cuatro que creemos que son relevantes: han mejorado los sueldos de los profesionales, siempre en consonancia con la importancia de sus roles; hay oportunidades laborales para los profesionales fuera de las fronteras típicas de la biblioteca; los profesionales se están convirtiendo en líderes sociales y comunitarios; y finalmente, se está consiguiendo mantener una mayor visibilidad de los profesionales, incluso en el entorno digital. De hecho, por lo que respecta a los sueldos, el informe indica que en 2013 el sueldo medio semanal para una dedicación a tiempo completo fue de 1.500 $ australianos, mientras que para el resto de trabajos fue de 1.152 $. En relación con el desarrollo profesional, la ALIA ha mantenido los últimos cuatro años su papel central en la profesión: por ejemplo, monitorizando las ofertas de trabajo de nuestro sector, potenciando la formación continua y profundizando en aspectos como la gestión o el liderazgo, insertando la tecnología en ByD en los cursos y la formación reglada y, finalmente, actuando como agente certificador de los profesionales (por ejemplo, con una Certificación Profesional en Documentación Sanitaria), elemento que da valor tanto a los profesionales, así como a la propia ALIA. Creemos importante este último punto, dado que consideramos indispensable la certificación profesional emitida por las asociaciones y los colegios profesionales, para mejorar la visibilidad, la valía y el reconocimiento general de los profesionales de nuestro sector. Finalmente, la ALIA considera estratégico establecer alianzas con otras organizaciones similares; así, en 2014 iniciaron conversaciones con la Australian Society of Archivist (ASA) y con la Records and Information Management Professionals Australasia (RIMPA), y el curso 2015/16 se llevaron a cabo las primeras acreditaciones conjuntas de cursos universitarios. Una acción conjunta que consideramos que tiene un fuerte impacto, y que pensamos que sería necesario trasladar a nuestro país.

Las bibliotecas nacionales son el tema del tercer informe sectorial. En este informe la ALIA ha detectado que el acceso digital, el crecimiento y el desarrollo de colecciones digitales ha sido uno de los vectores que más se ha impulsado en estas bibliotecas los últimos años. En efecto, hemos visto cómo, no solo en Australia, se han ido multiplicando estas iniciativas, que permiten la consulta ubicua del patrimonio y de los tesoros culturales y bibliográficos, y que además enriquecen los datos y la experiencia del usuario a la hora de acercarse a estos productos. Además, la ALIA apunta que este impulso se ha hecho de forma cooperativa, extensa y descentralizada, y apunta el GLAM (galleries, libraries, archives and museums) como un ejemplo a seguir capaz de generar sinergias positivas entre sectores diferentes, y de gestionar un volumen de información cada vez más grande. También se habla de que la gestión de estos grandes volúmenes de información cultural digital está creando nuevas oportunidades de colaboración y de participación, afirmación que compartimos plenamente. Así pues, en el informe la ALIA apuesta por el liderazgo de las bibliotecas nacionales, tanto por lo que respecta a la profesión en general, como específicamente en este ámbito: con las miradas puestas en el mundo digital, han de ser capaces de generar nuevos caminos, garantizar el acceso y potenciar nuevas formas de trabajo cooperativo y en común entre instituciones culturales a todos los niveles, local, comarcal, provincial o estatal.

En el ámbito de las bibliotecas públicas, en cuarto lugar, el informe habla primeramente de las tendencias que se han detectado estos últimos cuatro años en las 1.500 bibliotecas públicas australianas, entre las cuales creemos que vale la pena destacar las siguientes: un mayor apoyo a la comunidad donde se ubican, en forma de impulso a la economía creativa, la creación de comunidades, y la expansión de centros empresariales centrados en el conocimiento. Un entorno social donde las bibliotecas públicas aparecen como maker spaces, y donde se profundiza todavía más en la percepción de la biblioteca pública como el principal servicio gratuito de la comunidad. Las bibliotecas públicas, no obstante, no han obviado en absoluto la digitalización de los fondos, aunque las previsiones de estos fondos en forma de ebook en las bibliotecas públicas hayan debido ser revisar a la baja: de un 50:50 para el 2020, a un 80:20 para el mismo año. De hecho, la promoción de la lectura continúa siendo uno de los objetivos principales en toda Australia. Entre las acciones llevadas a cabo por la ALIA entre 2013 y 2014 destacan las que están relacionadas, precisamente, con reforzar el papel principal que tienen las bibliotecas públicas dentro de sus comunidades y ciudades, para cohesionarlas y hacerlas más dinámicas, así como para encontrar vías de colaboración entre diferentes bibliotecas públicas de una misma ciudad, como por ejemplo un carnet único.

En quinto lugar, por lo que se refiere a las bibliotecas especializadas, el informe relaciona diez puntos que en estos últimos cuatro años se han conseguido en estas bibliotecas, de los que destacamos los tres que creemos más relevantes: en primer lugar, la gestión del conocimiento como garantía de un posicionamiento; el uso amplio y extenso del big data; y finalmente, un impulso potente de la digitalización de sus fondos. En el ámbito de las bibliotecas especializadas, pero, el cambio en las empresas, organizaciones y gobiernos es constante y muy rápido, Y esto afecta també el rol que juegan los bibliotecarios y los profesionales de la información dentro de sus entidades madre. Durante estos cuatro años, principalmente se ha avanzado en dos grandes acciones; en primer lugar, mediante la evaluación comparativa de los servicios, desarrollando métricas y compilando y analizando datos provenientes de terceros. Y en segundo lugar, trabajando con los formadores y el resto de profesorado, para insertar en los currículums académicos de los estudios en ByD nuevas áreas como, por ejemplo, el big data. En un entorno cambiante, pues, los profesionales de estas bibliotecas deberán crecer en resiliencia y en adaptabilidad, fortaleciendo todavía más un trabajo cooperativo que, justamente en este ámbito, ya venían desarrollando. Y todo, siempre, en un entorno de aprendizaje continuo que llegará a ser todavía más clave, crítico y nuclear. Como conclusión en el área de las bibliotecas especializadas, el informe apunta su gran heterogeneidad, que dificulta su evaluación comparativa. En todo caso, desde la ALIA se apuesta, en un plan a tres años, por la advocacy, el desarrollo profesional, la enseñanza, el apoyo y la investigación como elementos transversales en estas bibliotecas, y que pueden implicar más profesionales.

El sexto informe está dedicado a las bibliotecas escolares, donde acentuamos tres aspectos. Por una parte, es remarcable la diferencia en la inversión económica que hay entre escuelas privadas y públicas, siendo las primeras las que dedican más recursos en bibliotecas escolares; el segundo aspecto que se ha detectado ha sido que es necesario empoderar mucho más los padres y madres, e involucrarles en el funcionamiento, en la defensa y en la promoción de la biblioteca, y que esta sea también uno de sus centros en la acción educativa que ejercen; y el tercer aspecto que destacamos es la necesidad de difusión y comercialización de los servicios que tienen estas bibliotecas para con la competencia directa de otros servicios gratuitos en línea como Youtube o Google. A modo de conclusión, la línea principal de acción que ha desarrollado la ALIA estos últimos cuatro años ha sido la de garantizar la formación de los profesionales y docentes de las bibliotecas escolares en la profundización de las sus habilidades digitales, incorporando nuevos cursos y formaciones específicas en el currículum de ByD.

La última sección trabaja el ámbito de las bibliotecas universitarias, donde se han centrado, por una parte, en mejorar los recursos de aprendizaje en línea, como los MOOC (massive online open course), y mejorar la experiencia en línea del usuario, enfocada a ser funcional, pero sobretodo hacerlo favoreciendo un acceso intuitivo y atractivo para el usuario. Por otra parte, el papel del profesional en este área deberá ser experto en la materia que cubre y deberá dar apoyo a la investigación, formando parte de los equipos de investigación de la universidad. El cambio más importante se hace patente en el paradigma digital, donde se evidencia la proporción presupuestaria asignada a los recursos electrónicos, a la dedicación profesional y al acceso virtuales 24/7 en las bibliotecas. También es relevante que los profesionales de las bibliotecas participen de forma activa y apoyen el almacenamiento y la difusión de datos y publicaciones de investigación, rol que se ha convertido en indispensable en el ámbito de las bibliotecas universitarias. El open access (OA) a los datos ha sido un enfoque importante, reforzado por el impulso del Gobierno australiano para dar una mayor disponibilidad y uso de los datos.

Se pueden extraer algunas conclusiones, y creemos que todas pasan por el impulso que ha habido los últimos años en el ámbito digital, y que ha afectado, en diferentes grados y de manera transversal, todas las bibliotecas y también, claro, los profesionales. Un impulso que de cara al futuro deberá potenciarse, y profundizar en diferentes aspectos, como por ejemplo big data. Pensemos, por otra parte, que sería necesario corregir algunas disfunciones, como en el caso de la inversión en bibliotecas escolares de escuelas públicas. Un hecho que, por desgracia, también conocemos de primera mano en Cataluña. Y en el ámbito de las bibliotecas, se quiere apostar por reforzar todavía más su rol central en la construcción y el dinamismo de las comunidades a las que sirven. Finalmente, el tema central que planea por todos los siete informes es el de la advocacy; y es que para la ALIA se trata de un elemento crítico en el desarrollo de la profesión, y para fortalecer la presencia, visible y real, de las bibliotecas en la sociedad en general como un elemento de valor, indispensable para construir las sociedades del futuro.

 

Mireia Alcalá
Técnica de Recursos de Información
Àrea de Ciència Oberta
Consorci de Serveis Universitaris de Catalunya (CSUC)

Eynden, Veerle van den [et al.] (2016). Towards open research: practices, experiences, barriers and opportunities. [London: Wellcome Trust]. 64 p. Disponible en: https://dx.doi.org/10.6084/m9.figshare.4055448. [Consulta: 23/10/17].

Jubb, Michael (2016). Embedding cultures and incentives to support open research. London: Wellcome Trust. 21 p. Disponible a: https://dx.doi.org/10.6084/m9.figshare.4055514. [Consulta: 23/10/17].

El Wellcome Trust, institución sin ánimo de lucro de investigación biomédica con sede en el Reino Unido, ha encargado una serie de informes y estudios para analizar los diferentes desafíos que comporta la Ciencia Abierta. Entre los diferentes informes donde se analizan las infraestructuras, las habilidades, la interoperabilidad o la equidad –entre otros–, Michael Jubb y Veerle Van den Eynden exploran los mecanismos culturales y de incentivos para hacer que la ciencia sea más abierta. Uno con una mirada más teórica y el otro a partir de la evidencia.

Jubb parte de los trabajos elaborados por el Expert Advisory Group on Data Access (EAGDA)1 del Reino Unido. En cambio, Van den Eynden extrae sus resultados a partir de una encuesta en línea realizada a 583 investigadores que habían recibido financiación del Wellcome Trust y 259 financiados por el Economic and Social Research Council (ESRC).
 
Jubb inicia su discurso remitiendo a diferentes encuestas relacionadas con la compartición de datos (Tenopir2, PARSE.Insight3 y Fecher4). En ellas se muestra cómo la gran mayoría de los investigadores creen que la falta de acceso a los datos supone un importante obstáculo para el progreso de la ciencia, a pesar de que menos del 50 % los publiquen. Un porcentaje similar (51 %) aparece en las respuestas de la encuesta de Van den Eyden. No obstante, informan que cada participante ha compartido una media de cuatro conjuntos de datos (datasets) en los últimos años.
Hay fuerzas clave que impulsan a los investigadores hacia una mayor apertura (Jubb): el crecimiento de las colaboraciones de investigación internacional, la gestión eficaz de la investigación a nivel institucional, las políticas de los gobiernos y las agencias de financiación. Los investigadores añaden, además, que los resultados deben permitir validar y replicar los resultados de investigación. En general, aunque no han experimentado ningún beneficio directo para abrir los datos, tampoco se han visto perjudicados.

Por lo que se refiere a las principales barreras que se indican para no publicar en abierto los datos, encontramos: la falta o deficiencia de infraestructuras o normativas, deficiencias en las habilidades y poca formación para los usuarios, la preocupación por la calidad de los datos y por temas legales y éticos, por el temor a la competencia y a la pérdida de control y, finalmente, por los costes de tiempo y dinero para preparar los datos (incluyendo la documentación asociada y los metadatos correspondientes). Así pues, en un contexto donde uno de los principales incentivos es publicar al máximo y lo más rápido posible, hace que compartir los datos quede en un segundo plano.

Tanto Jubb como Van der Eynden inciden en que el grado de apertura de datos varia mucho en función de la disciplina. Los investigadores biomédicos y clínicos son los que practican más activamente la investigación en abierto, dado que muchos de ellos –con diferentes niveles de conocimiento– trabajan activamente para analizar grandes volúmenes de datos complejos y/o porque se ha convertido en una norma cultural impulsada por la naturaleza o las necesidades de la investigación. Los primeros –los biomédicos– no reportan barreras para compartir ni necesitan motivaciones para hacerlo, en cambio, los segundos –los clínicos– aunque comparten los datos tienen el temor que se abuse de los suyos. En cambio, los investigadores de humanidades y ciencias sociales tienen menos experiencia en este campo; a la poca motivación en compartir los datos se suma el hecho de que necesitan permisos de terceros porque sus datos contienen información personal.

En todos los casos, se pueden aumentar significativamente la compartición de datos si se proporcionan incentivos. Los investigadores indican que estarían motivados en abrir los datos si recibiesen financiación para cubrir los costes de preparación, si se aumentara la reputación académica y se pudiera promocionar académicamente y, finalmente –pero no menos importante–, se tuviera en cuenta en futuras convocatorias de financiación. Y, en este terreno, existe la opinión generalizada, según Jubb, de que los agentes externos pueden ser influencias potentes sobre el comportamiento, dado que actualmente sí que se obtienen recompensas (de influencia, de mejor posicionamiento en los ránquings, etc.) a partir de la publicación de artículos pero no para publicar los datos.

El elemento clave del cambio es la estandarización por lo que se refiere a las infraestructuras que, actualmente, es heterogénea y fragmentada. Esto hace que surjan tensiones entre la demanda de una gran cantidad de disciplinas y subdisciplinas con sus prácticas, culturas y estándares, y también la necesidad ampliamente expresada para tener normas comunes y potenciar, así, la interoperabilidad de sus datos.

Según Jubb, hay diferentes medidas e incentivos que se pueden tomar para hacer crecer la cultura de la ciencia en abierto:

  • Los diferentes agentes (agencias de financiación, universidades, instituciones de investigación y editores) deben asegurar que cuentan con políticas claras para la gestión y el intercambio de datos.
     
  • Las agencias de financiación deben revisar sus políticas y prácticas relacionadas con las solicitudes de financiación.
     
  • Los diferentes agentes deberían trabajar conjuntamente para apoyar y promover medidas para ampliar el alcance de los datos y conseguir que sean citados para superar las barreras.
     
  • Las universidades y centros de investigación deberían trabajar conjuntamente con las agencias de financiación para establecer programas de formación de sensibilización en el tema y permitir a los investigadores desarrollar las habilidades adecuadas, en todas las etapas de su carrera.
     
  • Los agentes de financiación deberían trabajar con los centros de datos, las plataformas y los proveedores de servicios existentes, así como con las diferentes iniciativas internacionales como la RDA Alliance y DataCite, para solucionar los problemas de interoperabilidad.
     
  • Los diferentes agentes implicados deben trabajar para asegurar los costes completos de la gestión y de la compartición de datos.
     
  • Los editores, con una poderosa posición para influir en el comportamiento de los investigadores, deberían trabajar con el resto de agentes para intentar desarrollar pautas y metodologías para evaluar la calidad técnica y académica de los datos de investigación por medio de la revisión por pares (peer review).

Recientemente, el G7 Open Science Working Group (OS WG)5 formado por los ministros de investigación del Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, el Reino Unido, los Estados Unidos y el comisario para la investigación, la ciencia y la innovación de la Comisión Europea se reunieron en Turín (Italia) y aprobaron una declaración donde, en relación a la Ciencia Abierta, reconocen que los incentivos son uno de los aspectos para ayudar en la apertura del ecosistema de investigación y señalan que en la evaluación de los investigadores debería reconocerse y premiar las actividades de Ciencia Abierta.

1 Grupo de expertos conformado por miembros del Cancer Research UK, el Economic and Social Research Council, el Medical Research Council y el Wellcome Trust. Pueden consultarse sus trabajos aquí: https://wellcome.ac.uk/what-we-do/our-work/expert-advisory-group-data-ac....

2 Tenopir, Carol [et al.] (2011). «Data sharing by scientists: practices and perceptions». PLoS ONE, vol. 6, no 6.

3Insight into digital preservation of research output in Europe: survey
report
(2009). PARSE.Insight.

4 Fecher, Benedikt [et al.] (2015). «A reputation economy: results from an empirical survey on academic data sharing». DIW Berlin discussion paper, no. 1454. Deutsches Institut für Wirtschaftsforschung.

5G7 Science Ministers Communiqué (2017). Turin, Italy, September 28.

 

 

Lluís Anglada
Director de l’Àrea de Ciència Oberta
Consorci de Serveis Universitaris de Catalunya (CSUC)

Fyfe, Aileen; Coate, Kelly; Curry, Stephen; Lawson, Stuart; Moxham, Noah; Røstvik, Camilla Mørk (2017). Untangling academic publishing: a history of the relationship between commercial interests, academic prestige and the circulation of research. [S.l.]: Zenodo. 23 p. Disponible en: http://doi.org/10.5281/zenodo.546100 . [Consulta: 17/09/17].

La novela de Mario Vargas Llosa, Conversación en La Catedral, empieza con el protagonista preguntándose: «¿En qué momento se jodió el Perú?»1. El informe que reseñamos podía haber empezado de forma similar2, preguntándose cuándo ‘se jodió’ lo nuestro, las revistas científicas y académicas, en este caso.

El paso al digital ha impactado de forma disruptiva en el mercado de los contenidos (libros, revistas, películas) donde las empresas comerciales líderes en el mercado de lo analógico han tenido que dejar paso a nuevas alternativas para el consumo, iniciativas estas conducidas o por nuevas formas de acceso o por nuevas empresas. No ha pasado lo mismo en el mercado de la comunicación científica donde, después de algunas compras y fusiones, cinco editoriales comerciales (las big five), a las que hay que sumar no más de 30 sociedades científicas, publican la mayoría de las revistas que ‘cuentan’ (es decir, las incluidas en los índices de Web of Science o de SCOPUS).

La concentración de la publicación científica en empresas editoriales comerciales empezó en los años 70 del pasado siglo, pero ha llegado a extremos oligopolísticos con Internet. El cambio ha sido tan grande que la prensa generalista se ha hecho eco y ha examinado los caminos que han llevado a esta situación (véase, por ejemplo, «Is the staggeringly profitable business of scientific publishing bad for science?» en The Guardian) y se hacen eco de la necesidad, expresada por muchos científicos, que el control de las publicaciones científicas vuelva a la academia («It's time for academics to take back control of research journals»).

Pero la historia de la creación de oligopolios editoriales no es la de una apropiación, es la historia de una cesión. Una historia que tiene sus causas (y sus efectos) y que tiene mucho que ver con la capacidad baja de una sola revista (o de unas cuantas) editada de forma altamente voluntarista, de sobrevivir (es decir, de ser vista y de poder financiarse) en un mercado cada vez más global y competitivo.

El informe (breve) que reseñamos se ha producido en el marco de un proyecto de investigación sobre la historia de Philosophical transactions (la revista científica viva más antigua) financiado por el UK Arts and Humanities Research Council y refleja las ideas que se expresaron en un seminario que se celebró en la Royal Society, en abril de 2016, bajo el título de «The Politics of academic publishing, 1950-2016».

El texto reseñado se inicia con un resumen del informe y una introducción donde se señala que el informe se centrará en los cambios en la edición de revistas científicas a partir de la Segunda Guerra Mundial y que, para entender los cambios, no tan solo debemos fijarnos en los desarrollos tecnológicos, sino también en la situación financiera de las universidades y en el sistema de reconocimiento del prestigio de los académicos. A este último tema se dedica el primer capítulo («Publication and prestige before the 1940s») donde se explica que las publicaciones no empiezan a contar para el prestigio científico hasta la segunda mitad del S. XIX, y que hasta la segunda mitad del siglo XX la carrera docente y el prestigio científico no tenían relación.

El grueso del informe se dedica a los cambios en las publicaciones y el prestigio después de la Segunda Guerra Mundial. Los apartados en los que se divide este apartado son lo bastante claros como para indicar el contenido, y son: La comercialización y consolidación de la publicación científica, Investigación y prestigio en las universidades, Revisión por pares y el prestigio académico, Los límites del modelo comercial, Tecnologías alternativas, Publicación científica en línea.

De forma resumida (y seguramente incompleta) los elementos clave del proceso de cambio que acontece en este período son tres:

  • La investigación necesita ampliar su difusión y esto comporta la profesionalización de la edición científica. Esta profesionalización tiene un coste que es preciso sufragar e implica que la edición de revistas deba tener una mínima economía de escala que solo pueden proporcionar las editoriales comerciales y las sociedades científicas grandes.
     
  • La educación superior se extiende mucho en la segunda mitad del S. XX y crece también la necesidad de transparencia y control (accountability), es decir, la de tener indicadores de resultados; crece también la importancia de la investigación (más impacto económico y social y más financiación pública). Demanda de resultados e importancia de la investigación se encuentran: el uso de indicadores asociados a las publicaciones crece.
     
  • La financiación de las revistas funciona bastante bien hasta lo que se denomina «crisis de las revistas» (segunda mitad de la década de 1970). Desde entonces, el coste de subscribir revistas no ha parado de crecer por encima de los incrementos del IPC. A pesar de los nuevos desarrollos tecnológicos, las revistas digitales no han solucionado muchos de los problemas de la comunicación científica (el precio sería uno, pero la capacidad de publicar un artículo de forma rápida sería otro).

En las reflexiones finales, los autores del informe reconocen las aportaciones de las editoriales comerciales en la publicación científica, pero también señalan su responsabilidad en las disfunciones que actualmente tiene. Las causas, pero, hay que buscarlas en un mercado sin competencia (el de las revistas) y en una evaluación científica demasiado ligada a los indicadores de publicación.

El informe termina con recomendaciones al Gobierno, a las entidades financiadoras de la investigación y a las sociedades científicas, a los dirigentes universitarios y a los científicos. Entre las que se propone destaco estas:

  • Hay que conocer realmente lo que cuesta el sistema actual de comunicación científica (esto incluye los libros y los pagos de APC, article processing charges).
     
  • Hay que revisar y rediseñar los procesos de evaluación de forma que sean menos dependientes de indicadores bibliométricos.
     
  • Es necesario que el derecho de copia de las publicaciones científicas quede en manos de sus autores y que no sea transferido a terceros.

1Wikipedia. [Consulta: 17/09/17].

2 Arturo San Agustín remite a lo mismo en el título de su libro: Cuando se jodió lo nuestro: Cataluña-España crónica de un portazo. Península, 2014. 260 p. ISBN 9788499423111.

 

Laura Calosci
Máster en Biblioteca Escolar y Promoción de la Lectura

Evaluating information: the cornerstone of civic online reasoning (2016). [S.l.]: Standford History Education Group. 27 p. Disponible en: https://sheg.stanford.edu/upload/V3LessonPlans/Executive%20Summary%2011..... [Consulta: 28/09/17].

La habilidad con la que los nativos digitales se mueven por la red y utilizan sus terminales electrónicos –smartphones, tabletas y ordenadores– no significa necesariamente competencia informacional sino, más bien, según un estudio publicado en noviembre de 2016 por el Stanford History Education Grup (SHEG), de la prestigiosa universidad californiana de Stanford, «las capacidades de los jóvenes de valorar las informaciones en Internet se pueden resumir con una sola palabra: desoladoras». Según el citado estudio, los nativos digitales son fáciles de engañar a la hora de valorar una información. Este hecho, según el SHEG, es extremadamente preocupante tanto desde el punto de vista de los derechos de ciudadanía, como desde el punto de vista de la calidad democrática que se puede derivar. En un momento en que la posverdad ha entrado en el debate público por su fuerte influencia en la opinión pública es fundamental, para no caer atrapados en la red, promover en las escuelas una pedagogía que favorezca la adquisición de sólidas competencias informacionales en el uso de las nuevas tecnologías.

En este sentido, el SHEG es un grupo que, además de la investigación académica, ofrece diferentes recursos para los profesores de las escuelas de todos los niveles educativos, y es en este contexto que se enmarca el estudio Evaluating information: the cornerstone of civic online reasoning. La finalidad del estudio es justamente la de dibujar un cuadro realista sobre las actuales capacidades de los jóvenes de valorar la credibilidad de la información que fluye en Internet y dar herramientas para trabajar estas competencias en las clases.
El cuadro que surge es francamente preocupante.

El estudio, iniciado en enero de 2015, ha implicado estudiantes de diferentes edades, desde la ESO hasta la universidad, procedentes de 12 estados de los Estados Unidos y de realidades socioeconómicas muy diferentes. Se han elaborado 7.804 respuestas en total. Los ejercicios propuestos a los estudiantes pedían reflexionar sobre la naturaleza de la información y el grado de fiabilidad de las noticias que circulan por Internet y en las redes sociales.
La publicación del estudio al que nos referimos detalla el análisis de tres ejercicios, uno para cada nivel de estudio, mostrando los resultados globales y algún ejemplo de respuestas.

Ejercicio 1. Análisis de una home page del magazín en línea Slate.com

Se ha pedido a los estudiantes de ESO distinguir las noticias de los anuncios publicitarios y de los native advertising –contenidos patrocinados, verdaderos anuncios camuflados de noticias– y motivar sus respuestas.
De los 203 estudiantes que han participado, tres cuartas partes saben distinguir perfectamente una noticia de un anuncio publicitario, pero más del 80 % no ha reconocido una noticia de un anuncio patrocinado –native advertising–. Esto significa que la mayoría de estudiantes no sabe qué es un anuncio patrocinado.

 

Ejercicio 2. Evaluación de las pruebas. Foto Fukushima nuclear flowers. Post en Imgur

El ejercicio tiene la finalidad de valorar las capacidades de los estudiantes de bachillerato, de poner en duda la fiabilidad de las fuentes y preguntarse: ¿de dónde viene este documento que estoy mirando?
A la pregunta de si el post con la imagen de las flores radioactivas proporciona evidencias sobre las condiciones de las plantas en las proximidades de la central nuclear de Fukushima, tan solo el 20 % de los 170 alumnos examinados ha cuestionado las fuentes, mientras que el 40 % ha argumentado que el post era verídico por el hecho de ser una imagen, o sea que la irrefutabilidad de la prueba se fundamenta en lo que aparece a la vista. Una cuarta parte de los estudiantes sí que ha dudado de la imagen, pero solo por el hecho de que no se mostraban alrededor otras plantas y animales afectados por las mismas radiaciones.

 

Ejercicio 3. Reclamos de las redes sociales: análisis de un tuit

¿Es Twitter una buena fuente de información? Los estudiantes universitarios consultados tuvieron que demostrar sus capacidades para ponderar las fuentes, las opiniones y los intereses implícitos y los argumentos utilizados antes de decidir si un tuit puede considerarse una buena fuente de información.

El tuit objeto del ejercicio concierne a la difusión, por parte de una organización a favor de un mayor control sobre el uso de las armas en los Estados Unidos, MoveOn.org, de un sondeo realizado por otra organización –Center for American Progress– igualmente favorable a la adopción de estas medidas.
En general, los 44 estudiantes universitarios que han llevado a cabo el ejercicio han tenido graves dificultades para ponderar las fuentes del tuit. Solo pocos han prestado atención al hecho que el tuit se basaba en un sondeo realizado por una sociedad profesional y que esto le confería mucha credibilidad como fuente de información. Tan solo una tercera parte de los estudiantes, pero, han destacado al contrario que la ideología política de las dos organizaciones podría haber afectado de alguna manera el sondeo restando, por tanto, credibilidad al tuit. La mayoría de los estudiantes no ha considerado mínimamente las fuentes, limitándose a hacer genéricas consideraciones de contenido. Algunos incluso ni tan solo han abierto el enlace del sondeo.

El estudio demuestra cómo el analfabetismo informacional es una realidad entre los jóvenes de los Estados Unidos. Es lícito pensar que aquí las cosas no sean demasiado diferentes y que quizás el problema no concierne únicamente a los jóvenes sino también a una parte significativa de la población adulta que accede siempre más frecuentemente a la información mediante Internet y las redes sociales. Sería interesante poder realizar un estudio análogo para comprobarlo. Antes de Internet, la información pasaba por ciertos filtros que, de alguna manera, garantizaban la calidad: además del autor, la redacción, el director y eventualmente el editor velaban por las publicaciones. En Internet este filtro desaparece. Es el lector el único responsable de lo que lee y es por esto que a día de hoy es imprescindible dar una formación específica en este sentido, si no queremos convertirnos en ciudadanos fácilmente manipulables. Las competencias informacionales deben entrar en las escuelas y llegar a ser un elemento curricular central. Los recursos para hacerlo ya están disponibles. Además del estudio aquí presentado que ofrece materiales e ideas para trabajar en clase, la UNESCO publicó en 2011 un trabajo sobre Curriculum para profesores sobre alfabetización mediática e informacional que recoge los objetivos de las declaraciones de Grünwald (1982), de Alejandría (2005) y la Agenda de París de la UNESCO (2007).
 
Las bibliotecas escolares y las aulas de informática son unos buenos puntos de partida para trabajar las competencias informacionales en las escuelas, siempre más los docentes y bibliotecarios, personas específicamente formadas en esta materia. Se trataría por tanto de aprovechar con inteligencia estos recursos y, si no estuvieran disponibles como pasa a menudo, sería el momento de reivindicarlos con fuerza si queremos mantener sana y despierta la sociedad en la que vivimos y no acabar enredados en los embrollos de las posverdades, de las fake news y, en definitiva, de las falsedades y manipulaciones.

Amadeu Pons i Serra
Facultat de Biblioteconomia i Documentació
Universitat de Barcelona

Turrin, Enrico. The book sector in Europe : facts and figures. [Brussels]: Federation of European Publishers, 2017. 19 p. Disponible en: http://fep-fee.eu/The-Federation-of-European-844?mc_cid=0bca001f3a&mc_ei.... [Consulta: 21 set. 2017].

De informes y de estadísticas en torno al libro se publican regularmente diversos, y están dedicados a aspectos diferentes (producción, comercio interior y exterior, hábitos de lectura...) y a tipos de obras diferentes (libro universitario, infantil y juvenil, cómic...). Sus productores son normalmente los organismos de la Administración o del sector que disponen de los datos. 

Este tipo de trabajos, que podríamos calificar como de una vertiente particular de la bibliometría avant la lettre, existe desde hace años, y nos sirve para tomar el pulso anual a la industria y constatar la evolución de determinados indicadores que, además de darnos un conocimiento general, a algunos les puede ayudar a tomar decisiones estratégicas. Por ejemplo, interesa saber si el libro electrónico va introduciéndose en el mercado, o saber el precio medio del libro, el tiraje medio, la distribución y evolución de la producción por los grandes grupos de materias, etcétera.

Quien esté interesado en encontrar una recopilación amplia y actualizada de todo tipo de informes de estas caracterįsticas lo tiene fácil, porque la Escola de Llibreria mantiene un apartado dentro de su blog con los enlaces correspondientes: http://bd.ub.edu/edl/ca/fonts-informacio-informes.

El trabajo que tenemos ahora mismo entre manos, de 19 páginas, hace referencia a la industria del libro a escala europea, con datos acumulados desde 2006. Lo publica la federación europea de editoriales, entidad que cumple este año su cincuenta aniversario de creación –España se incorporó en 1986, una vez que entró a formar parte de la Unión Europea–. 

Los aspectos tratados se reparten en 13 capítulos, empezando por la dimensión europea de la industria del libro. Por lo que al volumen de negocio se refiere, en 2008 comenzó un decrecimiento que tocó fondo en 2014. Desde 2015 se observa una recuperación clara de las cifras positivas de este indicador. El que no ha parado de crecer en los diez años que recoge el estudio es el número total de títulos publicados (a parte de una excepción en 2014). El último dato, de 2015, indica que fueron 575.000 los títulos nuevos publicados.

Por lo que se refiere al número de puestos de trabajo directos en el sector de la edición, la tónica es de un ligero descenso en el período estudiado. La última cifra, de 2014, es de 150.791 trabajadores (en 2008 había sido de 169.400). Por el contrario, el número de empresas editoras presenta una evolución positiva (excepto del año 2012). El último dato disponible indica que en Europa hay 29.123 editoriales activas. 

Si observamos los datos a escala estatal, constataremos que España forma parte del equipo de primera división por lo que respecta al volumen de ventas, después de Alemania, el Reino Unido y Francia (por este orden). La publicación de libros electrónicos representa un 6 o un 7 % del conjunto del negocio en Europa (para este tipo de material todavía no hay una metodología estandarizada para homogeneizar los datos entre países), pero ofrece una notable disparidad entre los estados. Así, si en España y Francia se calcula que el negocio del libro electrónico representa un 3 % del total de la industria, la proporción llega hasta un 11,50 % en el Reino Unido. 

De manera parecida, el país que publica un número mayor de títulos en términos absolutos es el Reino Unido, seguido de Alemania, Francia, España e Italia. Pero si ponemos en relación el número de títulos publicados con la población de los respectivos países, los líderes son Islandia y Estonia (con más de 2.000 títulos anuales por millón de habitantes). En España, junto con Alemania, Austria y Grecia, se publican entre 750 i 1.000. Paralelamente se observa una lenta pero constante disminución de los tirajes medios (en España, de 3.790 ejemplares en 2010, se ha pasado a 2.810 en 2015).

Y por lo que respecta a los tipos diversos de libros, ¿qué evolución se observa en cifras de negocio? El estudio establece cuatro grandes categorías. El libro de texto no universitario experimenta, entre 2006 y 2015, un aumento del 5 % (del 14,8 al 19,9 %); por el contrario, el libro académico y profesional pierde fuerza: se observa un decrecimiento de un 10 % en la década estudiada (del 29,4 % al 19,5 %). La literatura infantil y juvenil se mantiene con ligeras oscilaciones, pero con un saldo positivo entre el 2006 (8,3 %) y el 2015 (12,2 %). Finalmente, el libro comercial «normal», que representa el plato fuerte del menú, mantiene también un diferencial positivo entre los dos años: 47,5 - 48,4 %. 

Otro aspecto interesante de la industria del libro son los puntos de venta. Aunque es un hecho innegable el aumento de la compra de libros en línea, capitalizada por la multinacional Amazon y otras grandes empresas, la librería física cumple un papel específico y complementario, como agente cultural de proximidad –más allá de la simple venta de ejemplares– y por el papel del librero como mediador y consejero de los lectores. La última cifra disponible de librerías a escala europea es del 2014: 27.801 establecimientos, mil más que el año anterior; en este año se rompió la tendencia a la baja por este concepto (en 2010 habían 32.275 librerías). 

Las cifras de este indicador por países muestran que Alemania va a la cabeza, con más de 4.000 librerías en total, seguida de España e Italia en segundo lugar, con un número de entre 3.000 y 4.000 librerías por Estado. Pero si consideramos la cantidad de librerías por el número de habitantes de cada país, veremos que Grecia ocupa el primer lugar (con más de 10 librerías por cada 100.000 habitantes), mientras que un segundo grupo bastante numeroso (España, Alemania y cinco países más) cuentan con un número de entre 6 y 10 librerías por cada 100.000 habitantes, frente a las 4-6 librerías por 100.000 habitantes de Francia, Italia, Austria y seis países más. 

El último capítulo que comentaremos es el trece, que hace referencia a los hábitos lectores. Se presentan dos índices. Por una parte, el porcentaje de población de 25 años o más que ha leído al menos un libro al año. Hay países donde el clima ayuda: en Islandia son el 93 % (2011). Los datos para España indican que en 2007 era el 60,8 % de la población que cumplía esta condición, mientras que en 2011 se nota un pequeño descenso: 58 %. Aunque hay una variedad importante entre unos países y otros, no puede decirse que España se encuentre a la cola en este punto. De nuestro entorno, nos supera Francia, pero tenemos un nivel similar en Portugal y estamos mejor que Italia.

El otro índice es el de los «grandes lectores», los que declaran que leen 10 libros o más al año. También en este caso Islandia se lleva la palma, con el 35,1 % de la población. En España son l'11,7 %, lejos del 17,3 % de Italia.

Este es –según dice el presidente de la federación en la presentación– la primera vez que se recopilan estos datos a escala europea, aunque ya se venían recogiendo por cada país desde hace décadas. La industria del libro europea, que es la más importante de las industrias culturales del continente, es líder mundial. En Europa se celebran las ferias del libro más importantes del mundo y el conjunto de sectores involucrados en la cadena de valor del libro, desde los autores hasta los libreros, ocupa entre 600.000 y 700.000 personas. Más allá de las grandes cifras, los bibliotecarios y los libreros debemos ser conocedores de las tendencias de todo este mundo para adaptarnos y hacer cada día mejor nuestro trabajo.

Nota. Esta reseña se publica simultáneamente en Blog de l’Escola de Llibreria.

 

 

Maite Comalat
Facultat de Biblioteconomia i Documentació
Universitat de Barcelona

Libraries deliver: ambition for public libraries in England 2016-2021 (2016). 91 p. [S. l.]: Libraries Taskforce. Disponible en: https://www.gov.uk/government/uploads/system/uploads/attachment_data/fil.... [Consulta: 13/09/17].

Con un título sugerente y ambicioso, el año pasado Libraries Taskforce, la agencia gubernamental inglesa de la que forma parte CILIP (Chartered Institute of Library and Information Professionals), publicó un informe con el objetivo de ayudar a las bibliotecas públicas proponiendo líneas de trabajo, recogiendo buenas prácticas y comprometiendo al Gobierno a apoyar a las bibliotecas para que puedan satisfacer mejor las necesidades de la comunidad local y, al mismo tiempo, fortalecer su imagen.

En un contexto complejo, donde, a pesar de las cifras positivas de visitas físicas y en línea, de los usos y de las valoraciones de los usuarios y no usuarios de las bibliotecas, se han cerrado bibliotecas, se han reducido las inversiones y el personal y se ha cuestionado su papel, Libraries deliver: ambition for public libraries in England 2016-2021 retoma el hilo dejado por el informe Sieghart, publicado el año 2014, y da respuesta a una demanda del Department for Culture, Media and Sport (DCMS) y del Local Government Association (LGA) para desarrollar la visión de futuro de las bibliotecas públicas en Inglaterra.

El informe quiere ayudar a revitalizar las bibliotecas públicas, ofreciendo un discurso convincente que ponga en evidencia la excelente tarea que las bibliotecas ya están haciendo y que, al mismo tiempo, permita responder a los desafíos financieros que plantea el momento actual ayudando a pensar de manera innovadora, para mejorar la organización de los servicios y para buscar estrategias diversas de financiación.

Es el resultado final de un proceso de trabajo que contó con una amplia participación dado que, después de la publicación de una versión preliminar elaborada por el grupo de trabajo, se abrió un período de consulta en el que participaron más de 500 personas vinculadas a bibliotecas. Responsables de bibliotecas, usuarios y miembros de asociaciones y servicios comunitarios contribuyeron, a través de una encuesta en línea y de la participación directa en talleres que se organizaron a lo largo del país, ampliando y mejorando los diversos apartados del informe. Este proceso de consulta se llevó a cabo durante los meses de mayo y junio de 2016 y la versión definitiva del informe se publicó en diciembre de ese mismo año.

Tal y como se formula en el mismo documento, el objetivo del informe es conseguir que todo el mundo:

  • elija utilizar bibliotecas, porque ven beneficios claros y resultados positivos para hacerlo;
     
  • entienda qué servicios ofrecen las bibliotecas y cómo pueden sacar el máximo provecho;
     
  • se abra a nuevas ideas y oportunidades, dándoles acceso fácil y rápido a las herramientas, habilidades e información que necesitan para mejorar su calidad de vida;
     
  • reciba orientación fiable y de confianza para poder desarrollar las habilidades necesarias para prosperar en una sociedad donde la información es fundamental.

El informe parte de una visión de las bibliotecas públicas como núcleos vitales de la comunidad que fomentan la cohesión y dan apoyo a las personas y acceso a servicios para ayudarlas a vivir mejor. Y destaca siete áreas en las que las bibliotecas contribuyen y deben tener un papel activo relevante: el enriquecimiento cultural y creativo; la lectura y la alfabetización; la mejora del acceso y la alfabetización digital; el crecimiento personal; el desarrollo de una vida más saludable y más feliz; una mayor prosperidad y comunidades más fuertes.

Dentro de cada una de estas áreas, el informe fija los objetivos a alcanzar en los siguientes cinco años y propone diferentes líneas de trabajo que, con la colaboración del Department for Digital, Culture, Media & Sport, deben ayudar a hacer de las bibliotecas centros clave en estas siete áreas. Las líneas de trabajo que destaca, y que quedan recogidas en el plan de acción, son:

  1. fomentar los principios de diseño común: cumpliendo con la legislación; creando los servicios con la ayuda, el compromiso y la participación de sus comunidades; proporcionando una experiencia de usuario de alta calidad que haga explícitos los beneficios, los resultados y el impacto que genera; tomando las decisiones sobre evidencias, datos y el análisis de buenas prácticas propias y externas y basadas en el éxito; suscribiendo de manera consorciada para sacar el máximo beneficio sin perder la capacidad de elección; promoviendo el trabajo conjunto y la innovación a través de los propios equipos de trabajo y de alianzas con el sector público y privado y, finalmente, utilizando los fondos públicos con eficacia y eficiencia;
     
  2. planificar los servicios pensando en las necesidades locales: tomando decisiones a partir de la evaluación estratégica y gestionando de manera conjunta con los profesionales de la biblioteca y la comunidad;
     
  3. considerar diferentes modelos para la prestación de servicios, para lo cual el Departament se compromete a recoger experiencias y modelos ya iniciados en algunas comunidades;
     
  4. buscar alternativas de financiación para hacerlo más variado y sostenible: generando ingresos y haciendo que las bibliotecas participen en proyectos más amplios promovidos por el Gobierno central o en colaboración con otras bibliotecas y/o sectores;
     
  5. establecer cómo debe ser un servicio de excelencia basado y desarrollado a partir de la cultura de mejora continua;
     
  6. utilizar mejores evidencias que apoyen la toma de decisiones: recogiendo, analizando y compartiendo datos y formando al personal de las bibliotecas para que pueda explotarlas y aprovecharlas. Estos datos deben ayudar a demostrar el impacto de las bibliotecas y a satisfacer mejor las necesidades de los usuarios y mejorar el funcionamiento;
     
  7. potenciar la coordinación y el trabajo en colaboración: mejorando el impacto y ayudando a reducir costes, al mismo tiempo que fomenta la participación de otros agentes y mejora la prestación de servicios;
     
  8. desarrollar la formación continuada del personal, pieza clave para garantizar un servicio de calidad que responda a los siete resultados que se proponen: dándoles la confianza, las habilidades y los conocimientos necesarios para liderar proyectos en un entorno cambiante. En este contexto, toman especial relevancia áreas como el marketing, el análisis de datos, habilidades comerciales y digitales y, al mismo tiempo, es necesario aprovechar la experiencia y confirmar el compromiso de los voluntarios.

El documento, que recoge buenas prácticas que ya se están llevando a cabo en algunas bibliotecas, se compromete también a trabajar para actualizar la imagen de las bibliotecas y aumentar la conciencia de la amplia gama de servicios que prestan y beneficios que ofrecen:

  • transformando la conciencia del público sobre lo que hacen las bibliotecas, creando visiones positivas pero realistas de la "marca" de la biblioteca;
     
  • desarrollando mensajes positivos sobre las bibliotecas y sobre sus resultados;
     
  • destacando cómo las bibliotecas pueden ayudar a alcanzar los objetivos del Gobierno central y local y de otros socios;
     
  • instando a todos los comisarios de servicio público a pensar en las bibliotecas cada vez que necesitan ofrecer un servicio directo a las comunidades.

El informe incluye un plan de acción que se compromete a revisar anualmente y a informar cada seis meses. La presentación del informe acompañó el anuncio de la creación de un fondo de innovación de «Bibliotecas: oportunidades para todo el mundo» (LOFE) de cuatro millones de libras para proyectos piloto de bibliotecas públicas que ofrezcan oportunidades para beneficiar personas y lugares con desventajas en toda Inglaterra.

El trabajo ha sido presentado y ha generado debate en los entornos profesionales. Sobre él, Richard Heseltine, director de la James Reckitt Library Trust y crítico con el resultado final, afirmaba el 27 de junio de 2016 (http://jreckittlibrarytrust.co.uk/news/what-do-libraries-deliver-1) la necesidad de articular una declaración convincente y ambiciosa de los objetivos de las bibliotecas públicas modernas en un mundo digital. Heseltine defiende la misión de las bibliotecas como facilitadoras de la creación y la curación del conocimiento en interés de la sociedad en general y lo reivindicaba como su propósito esencial y distintivo. Aunque reconoce las limitaciones de un informe elaborado por una agencia gubernamental, reivindica también la pasión, una mirada inspiradora que ponga énfasis en la dimensión local de las bibliotecas públicas y en su capacidad de responder a las necesidades locales. Una argumentación que, durante estos días, también ha sido motivo de debate en nuestro entorno profesional y que evidencia la necesidad de trabajar para explicar, todavía más, el retorno social de las bibliotecas.

El proceso de elaboración de este informe recuerda el que la Direcció General de Cooperació Cultural del Departament de Cultura i Mitjans de Comunicació llevó a cabo entre octubre del año 2008 y enero de 2009 bajo el nombre Imagina la biblioteca pública del segle XXI y que permitió generar un documento de reflexión a partir de propuestas de diferentes agentes y de grupos de trabajo de profesionales. Todo el proceso fue documentado y accesible en www.imaginalabiblioteca.cat, una página que, en estos momentos, no sido posible consultar, aunque algunos materiales sí que están accesibles en la red.

 

Lluís Anglada
Director del Área de Ciencia Abierta
Consorci de Serveis Universitaris de Catalunya (CSUC)

Kamposiori, Christina (2017). The role of research libraries in the creation, archiving, curation, and preservation of tools for the Digital Humanities. [London]: RLUK. 38 p.
Disponible en: http://www.rluk.ac.uk/wp-content/uploads/2017/07/Digital-Humanities-repo.... [Consulta: 10/09/2017].

«Digital humanities: opportunities and risks» (2017). Digital Humanities Satellite Meeting: Berlin: 15-17 August. IFLA. Disponible en: https://www.ifla.org/node/11268. [Consulta: 10/09/2017].

A la investigación que se lleva a cabo en artes y humanidades que utiliza ordenadores y tecnologías digitales se la denomina Humanidades Digitales (Digital Humanities – DH). Este nuevo tipo de investigación (nuevo en los métodos, no en las finalidades) supone un cambio en las necesidades de investigadores tradicionalmente muy relacionados con las bibliotecas y los archivos. Cambio en las necesidades de los usuarios que debe comportar un cambio también en el enfoque, en la configuración de los servicios y (quizás lo que más) en la formación y conocimientos de los profesionales de las bibliotecas universitarias, especializadas y de investigación.

Teniendo en cuenta las incógnitas de este cambio, el RLUK (consorcio de las principales bibliotecas de investigación del Reino Unido y de Irlanda) ha publicado el informe que reseñamos y que tiene por finalidad «explorar el papel que tienen las bibliotecas, o que potencialmente pueden tener, en la creación, archivo, curación y preservación de herramientas para la investigación de Humanidades Digitales». El informe se enmarca en el objetivo más amplio del RLUK de «comprender el papel que juegan las bibliotecas de investigación en la investigación digital, identificar áreas específicas donde las bibliotecas puedan añadir valor, así como facilitar la compartición de mejores prácticas».

El informe se ha elaborado partiendo de una encuesta a los miembros del RLUK, completada con información adicional proporcionada por bibliotecas activas en el área (las bibliotecas de las universidades de Sussex, St Andrews y Sheffield), y tiene una parte inicial de antecedentes, definiciones y metodología. Los temas tratados en el informe son:

  • Iniciativas y servicios de apoyo de las DH que hacen y proporcionan las bibliotecas que han contestado el cuestionario
     
  • Lo mismo por lo que se refiere a las herramientas para las DH y (¡importante!) las habilidades (skills) que deben tener los bibliotecarios que trabajen en este área
     
  • Tres casos prácticos (los de las bibliotecas de las universidades de Sussex, St Andrews y Sheffield) sobre cómo se organiza la colaboración entre la biblioteca y los investigadores en DH
     
  • Una discusión final y conclusiones
     
  • Anexos con el cuestionario, la hoja de recogida de datos para los casos prácticos y la relación de herramientas y servicios en DH de las bibliotecas

El informe viene a concluir que hay una clara implicación de las bibliotecas en la investigación en DH, pero que esta está todavía en una fase inicial en la que no hay modelos consolidados de colaboración. Queda claro también que las bibliotecas tienen un papel potencial importante en este tipo de investigación.

Añadido a este informe, aprovechamos para reseñar mínimamente una de las reuniones satélite de la IFLA de este año, que se dedicó a las Humanidades Digitales, organizada por la BBAW (la academia de ciencias y humanidades de Berlín-Brandeburgo), DARIAH-EU, DINI (la iniciativa alemana para la información en red), la IFLA (Academic and Research Libraries Standing Committee), LIBER y la biblioteca de la Humboldt-Universität de Berlín.

Los organizadores de la reunión expresaban como motivo de la reunión la importancia creciente de las DH para archivos, bibliotecas y museos, dado que estas instituciones proporcionan acceso a sus colecciones cada vez más de forma digital.

La reunión se inició con una keynote de Toma Tasovac, director del BCDH (centro para las DH de Belgrado): Libraries in the age of digital infrastructures (and other catastrophes). El resto de la reunión consistió en trece presentaciones de proyectos de DH de bibliotecas de: Alemania, Argentina, Brasil, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Italia y Suiza. Para los bibliotecarios que lean estas líneas puede ser interesante mirarse las presentaciones de Sally Chambers (Towards a DARIAH-EU "Libraries" Working Group) y de Lotte Wilms y Andreas Degkwitz (LIBER Digital Humanities Working Group).

El contenido de las presentaciones me pareció que no se alejaba demasiado de las experiencias que por aquí hemos denominado «bibliotecas digitales», es decir, digitalización de contenidos y bases de datos digitales sobre colecciones especiales.

Mi impresión es que la investigación que se realiza en artes y humanidades está cambiando más rápidamente de lo que lo estamos haciendo desde archivos, bibliotecas y museos y que deberíamos resucitar las sesiones de «Intensivo de Colecciones Digitales: intercambio de experiencias expertas en el desarrollo de colecciones digitales» que se «inventó» Ciro Llueca y que tuvo su última edición hace dos años bajo los auspicios del CSUC y de la Facultat de Biblioteconomia i Documentació de la Universitat de Barcelona.

 

Jordi Serrano
Universitat Politècnica de Catalunya
Servei de Biblioteques, Publicacions i Arxius

Brown, Karen; Malenfant, Kara J. (2017). Academic library impact on student learning and success: findings from assessment in action team projects. Chicago: Association of College and Research Libraries. 25 p. Disponible en: http://www.acrl.ala.org/acrlinsider/archives/13779. [Consulta: 19/05/2017].

Fundada en 1940, la Association of College and Research Libraries (ACRL) ofrece programas, productos y servicios para que la comunidad bibliotecaria del entorno universitario aprenda e innove. Una de las actuaciones más recientes ha sido este informe en donde se establece una correlación entre la biblioteca y los resultados académicos (mayo 2017).

Este informe ha sido realizado en el marco del programa "Assessment in Action" cuya finalidad es identificar de qué modo es posible medir el impacto en el aprendizaje por parte de las bibliotecas académicas, y en el cual participan 203 instituciones de Estados Unidos, Canadá y Australia.

A partir de diferentes equipos interdisciplinares vinculados con la formación, estos determinan, según el caso, el método de evaluación más apropiado como encuestas, entrevistas, focus group, etc. en el que incorporan los elementos de la biblioteca a evaluar, el perfil de usuario, disciplina, etc.

De los diferentes métodos de evaluación, se concluye que:

  1. El beneficio de las sesiones de formación en el primer año académico: se evidencia una importante diferencia en los resultados académicos entre aquellos que asistieron y los que no.  
     
  2. El uso de la biblioteca aumenta el éxito formativo: aquellos que usaron algún o algunos servicios de la biblioteca como el préstamo, el uso de sus instalaciones, accedieron a la biblioteca digital, etc. obtuvieron mayores niveles de éxito académico.
     
  3. El beneficio que representa para los estudiantes la colaboración e implicación de la biblioteca con los otros servicios que giran alrededor del estudiante: léase, complicidades con otras áreas como la gestión académica, los servicios TIC, los laboratorios, el apoyo a la docencia...
     
  4. También la alfabetización informacional (AI) refuerza los resultados: la adquisición de competencias básicas en el uso de la información y los recursos contribuye a la mejora de los resultados y genera un aprendizaje basado en la investigación y resolución de problemas, además de un uso eficiente de la información y pensamiento crítico.
     
  5. Finalmente, y se añade respecto a ediciones anteriores1, el uso del servicio de referencia también incide en la mejora de los resultados académicos.

Además, a partir de la información recogida, se evidencia también un importante impacto de la biblioteca en otros aspectos como la retención del alumnado, el impacto a largo plazo de la formación recibida, y también la biblioteca y sus instalaciones como elemento de relación académica y de implicación por parte del estudiante.

Otros resultados, que evidencian los diferentes informes de las instituciones participantes y respecto a la propia biblioteca y sus profesionales, son el compromiso institucional y la colaboración con otros servicios, además de la experiencia y conocimiento adquirido que implican un enriquecimiento profesional y personal importante.

A destacar también la diversidad de enfoques y metodologías empleados que aporta un amplio conocimiento sobre diferentes formas de evaluar la vinculación de la biblioteca con el rendimiento estudiantil. Es recomendable revisar los informes de cada institución o, como mínimo, los que encontramos de ejemplo en el documento.   

Se puede complementar el informe accediendo al portal web del proyecto en http://www.ala.org/acrl/AiA y a los diferentes informes de las instituciones participantes en https://apply.ala.org/aia/public.

1 Brown, Karen; Malenfant, Kara J. (2016). Documented library contributions to student learning and success: building evidence with team-based assessment in action campus projects. 23 p. Chicago: Association of College and Research Libraries. Disponible en: http://www.ala.org/acrl/sites/ala.org.acrl/files/content/issues/value/contributions_y2.pdf comentado recientemente también en el Blok de BiD por Valtencir Mendes de la Fundació Jaume Bofill en http://www.ub.edu/blokdebid/es/content/como-pueden-las-bibliotecas-contribuir-al-aprendizaje-y-al-exito-academico-construyendo.