La adquisición de libros electrónicos en las bibliotecas universitarias: datos de un estudio reciente

1 month 2 weeks ago

José Luis Herrera Morillas
Facultad de Ciencias de la Documentación y la Comunicación
Universidad de Extremadura

Novak, John; Ohler, L. Angie; Day, Annette (2020). Ebook collection development in academic libraries: examining preference, management, and purchasing patterns. [Middletown]: Choice. 58 p. Disponible en: <https://static.od-cdn.com/Choice-Incorporating_Ebooks_into_Collection_Development.pdf>. [Consulta: 21/07/2021]. 

Choice, una unidad editorial de la Asociación de Bibliotecas Universitarias y de Investigación (ACRL), realiza este estudio que suscribe OverDrive Professional, una división de OverDrive. El estudio se basa en una encuesta que tiene por objetivo conocer el estado actual de los libros electrónicos en las bibliotecas académicas, especialmente las tendencias sobre la adquisición, también los beneficios, las limitaciones y los obstáculos del uso de libros electrónicos dentro de la comunidad académica y sus bibliotecas. 

La encuesta fue realizada entre marzo y abril de 2020. Se envió a 8.412 miembros de la lista de contactos de audiencia de Choice. De un total de 8.412 destinatarios, la encuesta se cerró con 253 respuestas viables. Los destinatarios del envío fueron bibliotecas y los cuestionarios fueron completados por personal cualificado de los centros bibliotecarios. De tal modo que los datos aportados por los cuestionarios proporcionan información sobre lo que las bibliotecas perciben como factores importantes en la adquisición y el uso de libros electrónicos. Para obtener más utilidad y comprensión de estos resultados, los autores del informe recomiendan una encuesta complementaria destinada a los usuarios. 
Por otro lado, los autores explican que como la encuesta se llevó a cabo justo cuando estalló la pandemia del COVID-19 y la educación superior se vio obligada a cambiar al modelo en línea, se vio necesario llevar a cabo una breve encuesta de seguimiento, a fines de junio de 2020, con nuevas preguntas y con el propósito de medir los posibles efectos de la pandemia en las prácticas de adquisición de libros electrónicos. 

El estudio recogido en el informe refleja que los libros electrónicos constituyen una parte importante de la colección monográfica de cualquier biblioteca, y que las instituciones encuestadas han aumentado el gasto en este tipo de libros en los últimos años (82 % de las bibliotecas), aportando la siguiente información:

  • El 98 % afirma haber ofrecido a sus usuarios libros electrónicos.
     
  • Más del 50 % cree que los usuarios son neutrales sobre el tipo de soporte (electrónico o impreso).
     
  • Las cuatro ventajas principales de los libros electrónicos identificadas por las instituciones están todas relacionadas con el usuario: 
     
    • Acceso desde cualquier lugar.
       
    • Acceso en cualquier momento.
       
    • Mejora de la educación a distancia/en línea. 
       
    • Posibilidad de acceso multiusuario.
       
  • Algunos desafíos e inquietudes: 
     
    • Los libros electrónicos generalmente cuestan más que los impresos. 
       
    • Son necesarios conocimientos y habilidades para gestionar las complejidades de la adquisición a través de los múltiples métodos de adquisición.
       
  • Otros beneficios:
     
    • Pueden suponer un ahorro económico a largo plazo.
       
    • Implican un ahorro de espacio físico y de los gastos de mantenimiento asociados a la colección impresa (deterioro, pérdidas, recuento, etc.)
       
  • La gestión de múltiples plataformas y proveedores, así como los múltiples métodos de adquisición disponibles suponen una frustración; pero su uso y administración son necesarios para proporcionar todo el contenido relevante a sus usuarios de la manera más rentable disponible.
     
  • Las bibliotecas esperan hacer crecer sus colecciones de libros electrónicos y aumentar sus gastos en este formato en el futuro.
     
  • Las bibliotecas están comprando los mismos tipos de contenido en formato de libro electrónico que lo hacían en forma impresa, centrándose en la relevancia del contenido y no en el formato. El contenido supera cualquier otra preocupación de las bibliotecas en torno a las decisiones de compra.
     
  • Los usuarios son relativamente capaces de encontrar y utilizar libros electrónicos con éxito, sólo a veces necesitan ayuda, y se concluye que los usuarios de bibliotecas se sienten cómodos con el uso de diferentes plataformas para el contenido.
     
  • Las bibliotecas y los usuarios han integrado completamente los libros electrónicos en sus flujos de trabajo y prácticas, superando las posibles frustraciones y desafíos del nuevo formato.

Este informe se engloba, desde el punto de vista bibliotecario, en el marco de la colección que, tradicionalmente, ha sido uno de los ejes en torno al cual gira el trabajo bibliotecario: la colección va antes que el personal, los servicios y las instalaciones. La colección es un componente vivo que necesita crecer, mantenerse y conservarse. De ello se encarga el desarrollo de colecciones, que abarca el establecimiento de los principios y objetivos generales en torno a los cuales se va a ir construyendo la colección. Las bibliotecas en general, y las académicas especialmente, deben prestar atención al desarrollo de colecciones, y para ello es recomendable redactar un documento que plasme la política de desarrollo de colecciones, pues las bibliotecas académicas son objeto de numerosos retos. Los motivos los encontramos en las innovaciones tecnológicas y en los cambios de los modelos de enseñanza, aprendizaje e investigación. El aumento de los recursos en formato electrónico y el triunfo creciente del acceso abierto hacen imprescindible contar con un programa de desarrollo de colecciones que oriente a los profesionales de las bibliotecas y también que informe a los usuarios sobre los aspectos esenciales de las colecciones.

Además, el panorama al que se alude en el informe evidencia la necesidad de realizar un seguimiento frecuente y actualización de los objetivos, las estrategias y los procedimientos de trabajo sobre la colección, para dar respuesta a las necesidades actuales de los usuarios.

En el desarrollo de colecciones se engloba una de las tareas a la que se hace mención destacada en este informe: la adquisición, que tradicionalmente ha sido una de las actividades principales de las bibliotecas académicas. Se concibe como una tarea que se debe hacer según unos criterios y directrices establecidos.

La lectura del informe pone de manifiesto la importancia del desarrollo de colecciones, en este caso centrado en los libros electrónicos y se desprende cómo las bibliotecas dependen de su política general de desarrollo de colecciones para guiar las decisiones de adquisiciones, que en nuestros días deben abarcar y concretar los aspectos relacionados con la recopilación de libros electrónicos. En este contexto, el informe es significativo por aportar datos recientes que muestran el modo en que, en las bibliotecas analizadas, los libros electrónicos se han integrado con éxito en las actividades y flujos de trabajo de las colecciones generales, lo que significa que los presupuestos de libros electrónicos son parte de los presupuestos generales de las colecciones, y de la política de desarrollo de colecciones.

Otro aspecto que se debe destacar del informe es la mención a la pandemia del COVID-19. Hasta este momento, la convivencia de la colección impresa y electrónica en las bibliotecas académicas ha llevado a los autores a defender el concepto de biblioteca híbrida, pero como se menciona en el informe queda por ver qué efectos a largo plazo, si los hay, tendrá la pandemia del COVID-19 en el papel que van a jugar los libros electrónicos en la colección de las bibliotecas académicas.

José Luis Herrera Morillas

La desinformación como reto de futuro para profesionales de la información: aprendizajes de la COVID-19 para próximas pandemias e infodemias

1 month 3 weeks ago

Alexandre López-Borrull
Estudis de Ciències de la Informació i de la Comunicació
Director del grau d'Informació i Documentació
Universitat Oberta de Catalunya (UOC)

Salaverría, Ramón (2021). Entender y combatir la desinformación sobre ciencia y salud. [Madrid]: Ministerio de Ciencia e Innovación. 25 p. Disponible en: <https://hdl.handle.net/10171/60223>. [Consulta: 14/07/2021].

Como es sabido, la pandemia de la COVID-19 ha venido acompañada, ya desde los inicios, de lo que la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) llamaba infodemia, es decir una excesiva cantidad de información, mucha de la cual es falsa. Este hecho ha preocupado desde el primer momento a los gobiernos y las organizaciones internacionales, dado que en un momento de incertidumbre como han sido las diferentes olas, la gran cantidad de desinformación podía afectar a la gestión sanitaria de la crisis, al alejar a la ciudadanía de las medidas y recomendaciones que se estaban dando, a veces con más certezas y a veces por comparación con otras crisis sanitarias.

Este fenómeno ha sido muy relevante y ha conducido a diversos estudios tempranos a analizar qué tipo de rumores y fake news circularon, qué actores jugaban un papel y qué efectos pueden tener. Así pues, nunca como en esta crisis se ha sido consciente de la necesidad de una gestión eficiente y rápida de información de alto valor añadido. En relación con las redes sociales, donde la escala y la capacidad de viralización ha sido más elevada que nunca, encontramos este informe coordinado por Ramón Salaverría, profesor de comunicación de la Universidad de Navarra, y que ha sido un encargo del Ministerio de Ciencia e Innovación al Grupo de Trabajo Multidisciplinar que les asesora en relación con las materias científicas relacionadas con la COVID-19 y sus consecuencias futuras. También forman parte del grupo José M. Ordovás (presidente), Mariano Esteban, Rocío García-Retamero, Beatriz González López Valcárcel, Alfonso Gordaliza, Marco Inzitari, Pedro Jordano, Itziar de Lecuona, Laura M. Lechuga, Ramón López de Mántaras, José Molero, Agustín Portela, Diego Puga, José Javier Ramasco, Francisco Sánchez Madrid y Alfonso Valencia. En este informe concreto también ha colaborado Mª Jose Rementeria.

El informe se estructura en seis apartados. El primero sitúa el contexto de la desinformación y hace un recorrido histórico. Conceptualmente, hace una precisión muy relevante al diferenciar entre misinformation y disinformation, términos mucho más claros en la lengua anglosajona. En el primer caso, y teniendo en cuenta la dificultad por evitar que todo lo que llegue a la comunicación pública sea cierto, asume que en los procesos comunicativos tienen lugar confusiones, malentendidos y equívocos involuntarios. Estos forman parte de una cierta normalidad en la eficiencia del mensaje y es por ello por lo que los protocolos periodísticos deberían ser capaces de detectar la mayor parte, incluso rectificarlos a posteriori. En cambio, en el concepto de disinformation, la desinformación es premeditada, es una falsedad deliberadamente difundida. Y es esta la preocupante, y es precisamente la de este tipo que ha tenido un efecto y una escala muy elevada durante la crisis sanitaria de la COVID-19. En el recorrido histórico que se describe, se menciona que en el siglo XXI hemos visto cómo la desinformación ha tenido un efecto en los procesos electorales y de comunicación política en el caso del Brexit, las elecciones Trump-Clinton del 2016 y, evidentemente, el propio proceso independentista catalán.

En la última parte del primer apartado, se menciona el marco institucional y normativo de la desinformación, desde el ámbito judicial español, pero también el europeo, donde ha sido una preocupación relevante desde los trabajos del 2018 del grupo High-Level Expert Group on Fake News and Online Disinformation que dio lugar a la publicación del informe que marcaba las estrategias a seguir para enfrentarse al fenómeno de las fake news y la desinformación. Habría que añadir que también ha dado lugar a la creación del European Digital Media Observatory, el informe La lucha contra la desinformación en línea: un enfoque europeo y de los códigos de prácticas en desinformación. Desde mi punto de vista, también es relevante cómo sitúa con acierto la creación y el apogeo de los verificadores, unos actores muy relevantes que han llevado la verificación al nivel casi de servicio público en la época infodémica, como por ejemplo Maldita o Newtral, que han creado canales de verificación directa para la ciudadanía.

Por lo que respecta al segundo apartado, se centra en una vertiente más de descripción de la investigación llevada a cabo en el grupo de investigación del propio Salaverría.1 Así, dando una vuelta más al concepto de desinformación, sitúa el inicio del fenómeno fake news ligado a Donald Trump y también describe el estudio que llevaron a cabo en su universidad sobre los rumores en relación a la COVID-19, donde ya decía que no se podía hablar no solo de fake news, porque muchos de los contenidos llegaban fuera de los medios de comunicación. También se describe la distinción que hicieron de cuatro tipos de rumores: bromas, exageraciones, descontextualizaciones y engaños. Así mismo, se describe el efecto ingente de las redes sociales y los intentos de las plataformas para borrar contenidos falsos. Por lo que a los motivos se refiere, a pesar de la gran diversidad, habla de afán de notoriedad, voluntad de perjuicio a otro, y de forma interesante la aparición de intereses geoestratégicos en relación con la desinformación.

Un vez nos adentramos en el tercer apartado, se describen los factores diferentes que favorecen la desinformación sobre ciencia y salud. En lo que llamamos factores endógenos, se comenta la gran cuantidad de artículos que se han publicado en relación con la COVID-19 (el concepto de ciencia exprés), así como el efecto de los preprints no revisados por la comunidad científica. Además, relaciona algunos de los problemas de la propia comunicación científica, como la crisis de reproductibilidad y la insuficiente implantación de la ciencia en acceso abierto, sobre todo por la falta de un marco consolidado de ciencia abierta. Como factores exógenos, diferencia los de tipo tecnológico (como los algoritmos de recomendación), los de tipo psicosociológico (como las cámaras de eco y los filtros burbuja), factores políticos (polarización y negacionismo climático, por ejemplo) y de tipo mediático (saturación informativa y aparición de pseudomedios de comunicación) y factores educativos (insuficiente alfabetización mediática). A continuación, en el apartado cuarto se mencionan, a modo de ejemplo, una serie de noticias falsas y desinformación.

El capítulo de recomendaciones es uno de los más destacados, y en concreto sus sugerencias se centren en:

  1. Utilizar el término desinformación en lugar de fake news.
     
  2. Promover una cultura de transparencia desde las instituciones públicas y privadas.
     
  3. Activar sistemas de alerta temprana y respuesta rápida ante la desinformación.
     
  4. Impulsar la alfabetización mediática.
     
  5. Crear una base de datos o repositorio de acceso público sobre contenidos desinformativos en relación con la COVID-19.
     
  6. Impulsar estudios multidisciplinarios sobre la desinformación.

Finalmente, en el capítulo de referencias bibliográficas encontramos una recopilación actualizada de fuentes actuales relevantes en relación con la desinformación. 

Como informe breve y de trabajo, el estudio debe ser entendido como el inicio de un trabajo más profundo y digerido para entender lo que está teniendo lugar en relación con la desinformación y que de explorar más unas recomendaciones y un plan de acción más definido para un futuro. La próxima infodemia puede ser ya el cambio climático u otras pandemias todavía no conocidas, pero el aprendizaje en el uso de las redes sociales no puede hacernos pensar en un período muy lejano, el largo plazo para la alfabetización mediática ni dejarlo todo a la aproximación únicamente tecnológica si no incorpora la curación de contenidos realizada por profesionales de la información y la comunicación.

A modo de cierre, podemos decir que se trata de un informe interesante:

  • Para el colectivo científico, para ver cómo la desinformación en procesos de crisis sanitaria y pandemias puede afectar a los procesos habituales de comunicación científica.
     
  • Para las bibliotecas, tanto universitarias como generales por la necesidad de conocer un fenómeno que se sitúa en la raíz misma de la sociedad de la información y el conocimiento, donde ya no todo es un problema de cantidad (infoxicación) sino también de calidad, tal y como ya se entrevé en el próximo fenómeno de las deep fakes.
     
  • Para el colectivo de profesionales de la información en general, porque sigo pensando que de la misma forma que está siendo una oportunidad para los profesionales de la comunicación para repensar procesos y llegar a ser todavía más útiles, para los de la información puede resultar una nueva oportunidad de tener más centralidad social, política y científica.2

1 Salaverría, Ramón; Buslón, Nataly; López-Pan, Fernando; León, Bienvenido; López-Goñi, Ignacio; Erviti, María-Carmen (2020). «Desinformación en tiempos de pandemia: tipología de los bulos sobre la Covid-19». El profesional de la información, vol. 29, n.º 3, 15 p.

2 López-Borrull, Alexandre; Vives-Gràcia, Josep; Badell, Joan-Isidre (2018). «Fake news, ¿amenaza u oportunidad para los profesionales de la información y la documentación?». El profesional de la información, vol. 27, n.ª 6, p. 1346-1356. 

Alexandre López-Borrull

Las revistas en acceso abierto «diamante»: el viejo nuevo camino

2 months ago

Miguel Navas-Fernández
Centre de Documentació
Museu de Ciències Naturals de Barcelona

Bosman, Jeroen; Frantsvåg, Jan Erik; Kramer, Bianca; Langlais, Pierre-Carl; Proudman, Vanessa (2021). The OA diamond journals study. Part 1: findings. [Strasbourg]: Coalition S. 128, [44], 31 p. Disponible en: <http://doi.org/10.5281/zenodo.4558704>. [Consulta: 30/06/2021].

Becerril, Arianna; Bosman, Jeroen; Bjørnshauge, Lars; Frantsvåg, Jan Erik; Kramer, Bianca; Langlais, Pierre-Carl; Torny, Didier (2021). The OA diamond journals study. Part 2: recommendations. [Strasbourg]: Coalition S. 36 p. Disponible en: <http://doi.org/10.5281/zenodo.4562790>. [Consulta: 30/06/2021]. 

Según las declaraciones BBB (Budapest, Bethesda y Berlín), una revista de acceso abierto es aquella por la que no se ha de pagar para leer, entre otras cosas. No obstante, en el mundo occidental y sobre todo anglosajón, la fuente de ingresos se ha desplazado de este modelo de pagar por leer, a pagar por publicar, de manera que el término «OA journal» o «gold OA journal»1 se aplica principalmente y por defecto a las revistas que cobran APC (article processing charges), aunque el 72 % de las revistas existentes en el mundo no lo hacen.2 Así las cosas, y a pesar de la opinión de la «periferia científica» (América Latina y países emergentes), había que buscar un término para identificar las revistas en abierto que no cobraban por publicar, y se acuñaron palabras como «diamond», «platinum» o incluso «subsidized», que vienen impregnadas de una connotación de valor inferior respecto a «gold». Esto ha dado pie a mucha controversia sobre la supuesta mayor calidad de una revista OA por el simple hecho de cobrar por publicar, pero no es intención de esta reseña entrar en berenjenales de esta envergadura. 

Una vez sabemos qué significa «OA diamond journal» (una revista que no cobra ni por leer ni por publicar), y entendemos el sentido del subtítulo del informe («modelos de publicación colaborativos impulsados por la comunidad»), podemos adentrarnos en este estudio publicado en dos partes (hallazgos y recomendaciones) con la colaboración de bibliotecarios, investigadores y expertos de Science Europe, Coalition S, DOAJ y otros.

La primera parte, con 128 larguísimas páginas, está dividida en cuatro apartados. El primero, «Landscape», analiza la variedad, alcance e impacto de este tipo de revistas, por disciplinas y regiones. Los autores, dos bibliotecarios de la Universidad de Utrecht, aseguran que en el mundo hay unas 29.000 revistas en acceso abierto «diamante»,3 pero solo una tercera parte están registradas en el DOAJ.4 En comparación con las revistas en abierto basadas en APC, publican menos artículos en total (356.000, mientras que aquellas llegan a 453.000), con una tendencia a disminuir todavía más desde 2018. En cuanto a la distribución regional, cerca de la mitad de los títulos (45 %) se publican en Europa (y de estos, más de la mitad proceden de países del Este), el 25 % en América Latina, el 16 % en Asia, y el restante 5 % en el norte de América (EEUU y Canadá). En cuanto a la distribución temática, el 60 % corresponden a ciencias sociales e historia, el 22 % a ciencias, y el 17 % a medicina. En general, la mayoría de las revistas «diamante» publican pocos artículos, cuentan con autores principalmente nacionales, aunque sus artículos tienen impacto internacional, son más multilingües (38 %) que las que cobran por publicar (14 %), y la gran mayoría son «diamante» desde que nacieron (significa que no han cambiado el modelo). Estos datos no son en absoluto reveladores, pero son actuales y exhaustivos, y están bien presentados.

El segundo apartado, «Compliance», analiza el grado de cumplimiento del Plan S. Solo el 4 % de los títulos cumplen los seis criterios analizados, y solo el 37 % cumplen más de la mitad. Entrando en aspectos específicos, poco más de la tercera parte (37 %) utilizan una licencia CC BY, solo la mitad (49 %) indican licencias en los metadatos, y poco más de la mitad (55 %) disponen de DOI (cuantos más artículos tiene la revista, más probable es que tenga estos identificadores). En cuanto a la preservación digital, dos terceras partes (68 %) no disponen de una política al respecto, y este es un dato aterrador. Sin embargo, de las que sí tienen, el 60 % utilizan un sistema de archivo estándar conforme a los requerimientos del Plan S. Otro dato preocupante es que el 75 % de las revistas no suministran los contenidos en XML o HTML, tan solo en PDF. Aun así, el autor concluye que las revistas en acceso abierto «diamante» no cumplen completamente los requisitos del mencionado plan, pero están en el buen camino.

El tercer apartado, «Dynamics», intenta describir cómo funcionan las revistas en abierto que no cobran por publicar, y los retos que afrontan. Par empezar, justo es decir que, si bien la mayoría de revistas pertenecen a instituciones de investigación y sociedades, la mitad de ellas no lo reflejan en un documento legal. En la misma línea, la mitad de las revistas no proporcionan estadísticas de consultas o descargas, ni de producción. Aunque el 67 % manifiestan que el sistema de revisión utilizado es el de mayor calidad (el de doble ciego), solo la mitad de ellas gestionan todo el proceso por correo electrónico y, en general, tienen muchos problemas para encontrar revisores. El 78 % declaran cumplir con directrices de buenas prácticas como COPE (Committee on Publication Ethics), pero solo el 55 % utilizan sistemas antiplagio. La mitad de las revistas externalizan algunas tareas editoriales, como el copy-editing (29 %) y el typesetting (28 %). En cuanto a sistemas de gestión, el 60 % utilizan OJS (Open Journal System), pero en plataformas y servidores de continuidad y fiabilidad incierta. Par terminar, el autor indica que uno de los aspectos más desafiante es la visibilidad en índices internacionales.

El cuarto y último apartado, «Sustainability», analiza las fuentes de financiación de las revistas «subvencionadas» y cómo pueden resultar sostenibles. Vanessa Proudman, de SPARC Europe, informa que el 40 % de las revistas solo consiguen cubrir gastos, y el 25 % reportan pérdidas. Una tercera parte asegura no conocer su estado financiero (y esto es sorprendente), cuando una tercera parte de estas revistas pertenece a universidades (y esto todavía es más sorprendente). El 60 % de las revistas dependen del trabajo voluntario, y llegamos al 86 % si la dependencia no es total, pero es mediana o alta. No obstante, al mismo tiempo las revistas cuentan con fuentes de financiación tales como ayudas económicas y no económicas, donaciones, plataformas colectivas de financiación, infraestructuras compartidas, aportaciones de socios y miembros, y otros, aunque estos recursos solo consiguen cubrir una pequeña parte del gasto global. Así, el 53 % de las revistas solo cuentan con 1 ETC (equivalente a tiempo completo) para su tarea operacional, y el 70 % declaran un gasto anual menor de 10.000 €. Para terminar, un dato seguramente poco sorprendente pero no por ello menos importante: las universidades y centros de investigación desarrollan un rol en la provisión de recursos mucho más importante que las agencias de financiación.

La segunda parte del estudio proporciona unas recomendaciones basadas en los resultados obtenidos en la primera. Cada recomendación está dentro de un eje (soporte técnico, cumplimiento con el Plan S, fortalecimiento, eficacia, y sostenibilidad) y se dirige a unos agentes determinados (agencias de financiación, universidades y centros de investigación, asociaciones y sociedades, y organizaciones que prestan servicios a las revistas). 

Las recomendaciones relacionadas con el servicio técnico recogen aspectos como la mejora de la coordinación editorial y la calidad, la formalización de la institución responsable y la gobernanza, y la mejora de la capacidad de la estructura para apoyar la «bibliodiversidad» (se refiere a incorporar nuevas revistas y formatos). En cuanto a la adecuación al Plan S, se recomienda la implementación de licencias abiertas, los DOI, la preservación, permitir el autoarchivo, y hacer posible que el contenido esté disponible en una variedad de formatos. El fortalecimiento (capacity building) sería posible gracias a la creación de un centro u oficina especial y un marketplace. La eficacia se conseguiría gracias al aumento de la financiación mediante el partnership y la diversificación de fondos, el uso de servicios y plataformas compartidas, gestión óptima del presupuesto, registro de la revista en el DOAJ, y otros. En cuanto a la sostenibilidad, las recomendaciones se dirigen básicamente a las agencias de financiación: colaborar en estrategias compartidas, financiar e invertir en revistas «diamante». 

Las recomendaciones acaban con la conclusión «hacia un nuevo camino común del acceso abierto». Coincido con la apreciación que hace el informe sobre la necesidad de mantener lo que ya aportan las revistas «diamante» (un servicio a una comunidad diversa, en una gran variedad de idiomas y temas, aunque las revistas de humanidades y ciencias sociales son mayoría) y, al mismo tiempo, mejorar los procesos y servicios editoriales. La visión expuesta sobre este «new OA commons» habla de la importancia y protagonismo de la propia comunidad, pero es solo eso, una visión, y la realidad es que no es una comunidad sino muchas, con una gran diversidad de identidades, naturaleza, intereses y objetivos, y será difícil o imposible obtener esta centralidad y trabajo conjunto al que el informe apela. 

También justo es decir que el Plan S genera mucha polémica y diversidad de opiniones, de manera que es inevitable que este informe no lo haga. 

Para finalizar, me permito realizar una recomendación personal, dirigida a los editores de revistas en abierto: ponga en su vida un bibliotecario/a especializado/a en revistas y publicación en abierto, porque sabrá cómo aplicar muchas de estas recomendaciones oficiales. De hecho, lo sabía antes de la publicación de este informe.

1 Según las definiciones oficiosas BBB, «gold» o vía dorada se refería a revistas, mientras que «green» o vía verde se refería a repositorios. Por lo tanto, decir «gold oa journal» es una redundancia.

2 El Directory of open access journals (consultado el 30.06.2021) muestra que hay registradas 16.553 revistas, 11.839 de las cuales, es decir, el 72 %, no cobran por publicar.

3 Para identificarlas, han utilizado fuentes como Microsoft Academic, EBSCO, Scopus, Web of Science, ROAD, DOAJ, Ulrichs y MIAR, un viejo conocido de nuestra Facultat d’Informació i Mitjans Audiovisuals.

4 Véase la nota 2. Las cifras parecen ser consistentes.

 

 

Miguel Navas

¿Qué piensa el profesorado cuando se cancela la suscripción a un paquete de revistas?

2 months 1 week ago

Ángel Borrego
Facultat d’Informació i Mitjans Audiovisuals
Universitat de Barcelona (UB)

Cooper, Danielle; Rieger, Oya Y. (2021). What’s the big deal?: how researchers are navigating changes to journal access. [New York, NY]: Ithaka S+R. 42 p. Disponible en: <https://doi.org/10.18665/sr.315570>. [Consulta: 25/06/2021]. 

Las compras consorciadas de paquetes de revistas —los llamados big deals— han sido el modelo predominante de suscripción en las bibliotecas universitarias durante las dos últimas décadas. Este formato de compra permite, con un incremento marginal del precio respecto a lo que se pagaba por recibir los títulos impresos, acceder en línea al conjunto de revistas de una editorial. No obstante, factores como el aumento de los precios o las políticas en favor del acceso abierto están llevando a numerosas bibliotecas a explorar otros modelos de contratación. Este es el caso de los acuerdos transformativos, consistentes en que las instituciones paguen a las editoriales por la publicación en acceso abierto de su producción científica manteniendo el acceso a los contenidos que requieren una suscripción. También es cierto que, desde un punto de vista financiero, el modelo no es demasiado diferente y en ocasiones se denomina a estos contratos open access big deals.

En esta etapa de transición, algunas instituciones están cancelando sus suscripciones para hacer fuerza en las negociaciones con las editoriales (véase https://sparcopen.org/our-work/big-deal-cancellation-tracking/). Esto puede conllevar un largo periodo de tiempo sin acceso a las revistas. En la Universidad de California, por ejemplo, transcurrieron más de dos años desde la cancelación del paquete de revistas de Elsevier hasta la firma de un acuerdo transformativo con la editorial.

En este contexto, la consultora Ithaka S+R ha llevado a cabo, en colaboración con diez bibliotecas universitarias norteamericanas y una alemana, un estudio para conocer las percepciones de los investigadores y orientar la toma de decisiones en relación a las compras consorciadas. Cuando se ven inmersas en este tipo de negociaciones, las bibliotecas analizan los datos de uso de sus colecciones y recogen la opinión de los investigadores, pero, una vez cancelada una suscripción, los estudios sobre el impacto de la decisión son escasos. En este trabajo se pretendía conocer, a través de 89 entrevistas en profundidad, la percepción de los investigadores que han perdido el acceso a un paquete de revistas a causa de la cancelación de una licencia consorciada o porque las negociaciones con la editorial para la renovación del acceso se han estancado.

En primer lugar, cabe destacar que el impacto negativo a corto plazo de la supresión de una suscripción es escaso. Los investigadores califican la pérdida como una «traba» o un «inconveniente», pero la mayoría encuentra la manera de soslayar el problema recurriendo al préstamo interbibliotecario —aunque consideran el servicio lento—, los contactos personales, las redes sociales académicas o SciHub. La percepción es peor entre los investigadores que no han experimentado una cancelación, pero temen padecerla en el futuro, lo que indica que, al igual que les ocurre a los bibliotecarios, tienen dificultades para anticipar de manera realista los efectos de una decisión de este tipo.

Aunque este resultado puede parecer motivo de alborozo, hay que tener presente que la mayoría de las cancelaciones son recientes por lo que sólo se han observado sus efectos a corto plazo. A medio y largo plazo, el reto es más profundo: cuando los investigadores pierden el acceso a una colección de revistas, el valor de su afiliación institucional disminuye. Es decir, los académicos observan cómo sus colegas que pierden el acceso a determinadas revistas escriben a sus compañeros en otros centros para pedir copias de los artículos que necesitan. Este comportamiento, al margen de poco sostenible a largo plazo, transmite una sensación que puede afectar a la reputación de la institución que cancela sus suscripciones.

Algunos entrevistados explicaron que acceden a los artículos gracias a los bonos de cortesía que les ofrecen algunas editoriales para las que actúan como revisores. Los participantes sugirieron la posibilidad de estandarizar esta práctica, introduciendo de forma homogénea un incentivo para revisar manuscritos del que ahora muchos carecen.

La pérdida del acceso a las revistas no implica que los investigadores cambien sus hábitos de búsqueda de información o las estrategias para mantenerse al día en sus disciplinas. Como ya han puesto de manifiesto otros estudios de Ithaka S+R reseñados en este blog, hace tiempo que las herramientas de búsqueda facilitadas por la biblioteca han perdido relevancia frente a Google Scholar y las redes sociales.

Los investigadores piden que, en caso de cancelar una suscripción, se lleve a cabo una campaña de comunicación que vaya más allá del simple correo electrónico informativo y se recoja la opinión de los académicos mediante entrevistas con las direcciones de los departamentos, encuestas al conjunto del profesorado, revisiones conjuntas de títulos para decidir cuáles conservar, etc. Los investigadores creen que esta forma de actuar incrementa la transparencia y les ayuda a entender el modelo económico en el que se sustenta el sistema de comunicación científica. Los académicos son comprensivos con las decisiones de cancelación que adoptan las bibliotecas y la extinción de las licencias no afecta a su valoración del servicio.

Los investigadores son partidarios de ayudar a las bibliotecas a poner en cuestión el statu quo del actual modelo de comunicación científica. Sin embargo, ven con incerteza las estrategias que pueden adoptar las bibliotecas para avanzar hacia nuevos sistemas de comunicación, muestran confusión respecto a los modelos de publicación en acceso abierto y expresan frustración por las elevadas tasas de edición (article processing charges, APC) que aplican las editoriales.

El informe finaliza con una docena de recomendaciones articuladas en torno a tres ejes: evaluar el impacto de la cancelación (incluyendo la valoración del uso de preprints o el efecto a largo plazo de las cancelaciones si los colegas de otras instituciones también pierden el acceso a las revistas); comunicar las decisiones (con un plan robusto, que evidencie transparencia en la toma de decisiones y sirva para recabar el apoyo de los académicos); y prever el papel futuro de la biblioteca (incluyendo las alternativas para acceder a los contenidos o su rol en la gestión de las tasas de edición para la publicación en acceso abierto).

Àngel Borrego

¿Existe un paisaje común del libro latinoamericano?

2 months 2 weeks ago

Paula Vázquez
Cofundadora de la librería Lata Peinada

Rivera Mir, Sebastián (2021). Edición latinoamericana. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CLACSO; México DF: Casa Abierta al Tiempo. 99 p. (Palabras clave: lecturas para este siglo). Disponible en: <https://www.clacso.org.ar/libreria-latinoamericana/libro_detalle.php?orden=&id_libro=2332>. [Consulta: 11/06/2021]. ISBN 978-987-722-830-4. 

El campo editorial latinoamericano tiene una historia rica y diversa que Edición latinoamericana, de Sebastián Rivera Mir, toma como punto de partida para, desde allí, trazar una imagen de amplitud panorámica. El texto abre la colección «Palabras clave: lecturas para este siglo», un trabajo conjunto de CLACSO y la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) - Unidad de Cuajimalpa, en Argentina, nacido para abordar temas clave de las ciencias sociales desde Latinoamérica de un modo accesible al público no especializado.
 
El autor es investigador adscrito al seminario académico de Historia Contemporánea. Su línea de investigación prioritaria está centrada en la historia de la educación y la cultura. Este trabajo está estructurado en diez capítulos temáticos, en los que las líneas de estudio se continúan y superponen, conformando un material más cercano a un collage que a un conjunto de piezas individuales.

 
A modo de apertura, en el apartado dedicado al ecosistema del mundo editorial, el autor se detiene en los actores que forman parte de este universo y los modos de operar sobre determinada institucionalidad, integrada tanto por las regulaciones, normativas y políticas, como por organismos gubernamentales, espacios educativos y entidades especializadas. En particular, la idea de pensar el ámbito editorial como un ecosistema remite al concepto de bibliodiversidad, que encarna la defensa de lo heterogéneo del universo del libro que, según Rivera Mir, se ve amenazado por la monopolización, la homogeneización y los «regímenes autoritarios». 

Si bien el tono general del texto apunta a la descripción divulgativa de un estado de cosas en la industria editorial y su imbricación con los modos del poder, la concentración económica y los polos institucionales, puestos sobre este punto, el autor realiza ciertas aseveraciones sobre los regímenes populistas y autoritarios de Latinoamérica que, debido a la complejidad de la realidad de los países de nuestro continente y de la equívoca definición terminológica en sí misma, en este material de síntesis apretada generan en el lector la necesidad de mayores fundamentos o, al menos, de evitar definiciones tan rotundas apelando a conceptos que no se definen a priori.  
 
Uno de los ejes que atraviesa el texto es las tensiones entre las necesidades del mercado editorial y la relevancia cultural de los libros. En el plano regional, desde su fundación en 1971, el Centro Regional para el Fomento del Libro y la Lectura en América Latina y el Caribe (Cerlalc) ha realizado recomendaciones para los gobiernos acerca de cómo legislar en determinados aspectos. Al respecto, Rivera Mir sostiene que en lugar de la «inexistencia» de normativa sobre el campo editorial, como suele creerse, lo que muchas veces ocurre es una multiplicación de regulaciones específicas que, a ojos del autor, no impactan sobre el panorama de su conjunto.

Es usual preguntarse por la existencia real de un campo que podamos llamar latinoamericano. No existe un acuerdo unánime sobre las notas comunes que definen a ese territorio diverso en geografías, tradiciones y lenguas que llamamos Latinoamérica. En el texto de Rivera Mir, esas notas comunes podrían estar dadas por las políticas de Memoria de nuestro continente, fracturado por la violencia y las desapariciones, con las que los libros tienen un vínculo muy estrecho. En palabras del autor, los libros son «la posibilidad de restitución de los sentidos construidos en ese material hallado, un sentido que no ha desaparecido».

En el mismo horizonte, otra de las notas comunes que podrían definir nuestro espacio de comunidad es cierta forma de construcción de resistencia. Frente a los datos de concentración del mercado ‒los grandes grupos representan el 10 % del total de estas empresas, pero producen cerca del 60 % de los libros disponibles en el mercado‒ se opone el surgimiento y desarrollo de las editoriales independientes, un agrupamiento elusivo, que sólo pueden definirse por la negativa: las que no forman parte de un conglomerado transnacional, las que no dependen del Estado, las que no reciben recursos de alguna universidad, entre otras posibilidades. De modo complementario, nuestro continente tiene también una profusa historia de librerías independientes. A lo largo de América Latina se han multiplicado este tipo de proyectos. Según algunos censos, en Argentina existen más de 800, mientras que en México han empezado a agruparse en la Red de Librerías Independientes (RELI). Rivera Mir sostiene que es necesario fortalecer las pequeñas y medianas librerías, con la habilidad para detectar aquellas lagunas dejadas por las grandes cadenas, donde hay un pequeño espacio para vender libros y, también, para resistir.

El resultado del texto cumple con la declaración de principios de la colección en la que está inserto: es un buen primer acercamiento a los actores, conflictos y desafíos del mundo editorial, a partir de la mirada sobre las editoriales, librerías, lectores y líneas de gestión públicas que muestran el modo en que la política y el mercado del libro se tocan en nuestro continente.
 

Nota: Esta ressenya se publica simultáneamente en el Blog de l’Escola de Llibreria. 

Paula Vázquez

Seminario Maredata 2021: el valor de los datos

3 months ago

Carolina Andreu Ramos
Servicios documentales 

Candela Ollé
Profesora de los Estudios de Ciencias de la Información y la Comunicación (UOC)

Seminario Maredata (2021). Dando valor a los datos de investigación. Maredata. Disponible en: <https://www.youtube.com/watch?v=lMGtABR4Fbk>. [Consulta: 08.06.2021].

El 4 de junio se llevó a cabo el Seminario Maredata 2021, organizado por la Red Española sobre Datos de Investigación en Abierto (Maredata) integrada por siete instituciones: el Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA) del CSIC; el Instituto de Gestión de la Innovación y el Conocimiento (INGENIO) del CSIC y la Universidad Politécnica de Valencia; la Universidad de Alicante; la Universidad de Barcelona, la Universidad Carlos III de Madrid, la Universitat Oberta de Catalunya y la Universidad Politécnica de Valencia y con la colaboración de la Facultad de Información y Medios Audiovisuales de la UB y los Estudios de Ciencias de la Información y la Comunicación de la UOC. 

Maredata es una red temática financiada por el Ministerio de Economía y Competitividad que tenía por objetivo general aglutinar y consolidar la colaboración entre grupos de investigación españoles centrados en el estudio de los datos científicos y también establecer relación con aquellos sectores y disciplinas interesadas en esta temática. El proyecto finalizó el 30 de septiembre del 2018 tras más de dos años de trabajo y se organizaron siete seminarios y/o conferencias. También se creó el portal Maredata y el perfil de Twitter que hemos reactivado para el evento. La red elaboró una propuesta dirigida a investigadores y adaptada a la situación española sobre la gestión de datos en abierto, las Recomendaciones para la gestión de datos de investigación dirigidas a investigadores. 

La primera mesa redonda reflexionaba sobre las buenas prácticas en la gestión de datos de investigación y moderada por la investigadora del CSIC, Reme Melero. Alexandre López Borrull nos acercó a las Recomendaciones para la gestión de datos de investigación, lideradas por Reme Melero. José Manuel Calabuig explicó el procedimiento de gestión de datos en la Universidad Politécnica de Valencia. Alfonso Valencia resaltó la importancia de los datos médicos, seguido de Daniel Codina López quien complementó la interesante aportación acerca del potencial de los datos sobre salud con los modelos y predicciones de la COVID-19, ámbito en el que se ha realizado una gran labor de investigación y gestión de datos en el último año. Tony Hernández cerró la primera mesa con las buenas prácticas en gestión de datos de investigación dentro del proyecto MAREDATA, centrándose sobre todo en los problemas a la hora de reutilizar los datos. 

La segunda mesa, moderada por Antonia Ferrer, se centró en el valor político y evaluativo de los datasets. Eva Méndez abrió la ronda de ponentes con la Open Research Europe y los datos de investigación en la Universidad Carlos III de Madrid. Robert Fabregat, director del Departamento de Salud de la Generalitat de Catalunya, aportó el punto de vista de los retos y dificultades desde las perspectivas política y ética para acceder y trabajar con los datos de salud, y compartió el proyecto PADRIS (Programa de Analítica de Datos para la Investigación y la Innovación en Salud). Lluís Anglada se centró en las actividades de soporte a la publicación de datos FAIR en el sistema de investigación catalán, haciendo referencia a los planes de gestión de datos. Ciro Llueca cerró la segunda mesa con la recientemente estrenada Política de Conocimiento Abierto de la Universitat Oberta de Catalunya y compartiendo 10 lecciones y reflexiones sobre los datos. 

Podéis ver el vídeo completo del Seminario Maredata 2021 en Youtube y el hilo de tuits en https://twitter.com/maredataproject/status/1400712825773957120.

El Seminario Maredata 2021 se ha cerrado este año con un gran éxito de participación. Más de 200 personas inscritas, más de 150 visualizaciones en directo a lo largo de las más de 4 horas de jornada y más de 600 reproducciones de la grabación de las mesas redondas durante el fin de semana.

Carolina Andreu Ramos

El impacto de la inteligencia artificial sobre los profesionales de la información y documentación

3 months 1 week ago

Ángel Borrego
Facultat d’Informació i Mitjans Audiovisuals
Universitat de Barcelona (UB)

Cox, Andrew (2021). The impact of AI, machine learning, automation and robotics on the information professions. London: CILIP. 52 p. Disponible en: <https://www.cilip.org.uk/page/researchreport>. [Consulta: 30/05/2021].  

La inteligencia artificial ha sido señalada como el elemento central de la denominada Cuarta Revolución Industrial, caracterizada por la acumulación de grandes cantidades de datos, el uso de algoritmos para procesarlos y la interconexión masiva de sistemas y dispositivos digitales. Los relojes inteligentes, los asistentes virtuales o los coches sin conductor son ejemplos de productos de esta etapa.

El informe que reseñamos es un encargo del CILIP —la asociación profesional de bibliotecarios y documentalistas del Reino Unido— para entender cómo las tecnologías asociadas a esta revolución —inteligencia artificial, aprendizaje automático y robótica— están afectando a las profesiones de la información y documentación o es previsible que lo hagan en un futuro próximo. El trabajo se basa en una revisión bibliográfica y en entrevistas a una veintena de expertos. Se estructura en seis partes.

El primer capítulo sirve de acercamiento al fenómeno. En realidad, muchas de estas tecnologías ya están presentes en los entornos bibliotecarios. Es el caso de los sistemas de búsqueda de información que incorporan conceptos de la inteligencia artificial o los robots para la colocación de libros en estanterías. La idea de una máquina que piense o tenga un cuerpo similar al de un humano es antigua. Lo que ocurre es que en algún momento los cambios se aceleran y se vuelven disruptivos, convirtiendo estas tecnologías en ubicuas. Al margen de los sentimientos encontrados que estas tecnologías generan —entusiasmo por la mejora en el acceso a la información o temor por la pérdida de puestos de trabajo—, lo cierto es que su difusión no es universal. En diferentes sectores y lugares del mundo, la generalización de estas tecnologías adquiere ritmos distintos. Cabe pensar que las bibliotecas no serán un sector prioritario en la incorporación de estas tecnologías, sino que adaptarán aquellas herramientas que se evidencien exitosas en otros campos. Los expertos coinciden en que estamos en una era de inteligencia artificial «suave», en la que las máquinas son capaces de hacer mejor y más rápidamente que un humano algunas tareas concretas. Sin embargo, la inteligencia artificial «fuerte», capaz de interpretar diferentes contextos para la toma de decisiones o de sustituir completamente a un humano, es aún lejana.

El segundo capítulo analiza las promesas, riesgos y amenazas de la inteligencia artificial y la robótica. Por lo que a las promesas se refiere, el informe se centra en el impacto de la inteligencia artificial sobre el análisis de textos, que nos hará pasar de búsquedas en bases de datos estructuradas a consultas en texto completo combinando múltiples algoritmos. Se pasa de buscar un ítem concreto para consultarlo —un libro o un informe— a extraer el conocimiento disponible en una colección de textos. Ya existe la tecnología capaz de redactar un texto sin intervención humana a partir de la síntesis de la bibliografía. De manera similar, ha mejorado enormemente la capacidad de procesar la voz humana o de discernir el tema de un conjunto de imágenes y categorizarlas en respuesta a una búsqueda. Desde el punto de vista ético, la preocupación por el impacto de la inteligencia artificial sobre la sociedad es intensa: las injusticias y casos de discriminación que puede producir el uso de datos sesgados para entrenar a los algoritmos; el temor a la pérdida de la privacidad; los riesgos de seguridad y de robo de datos; la falta de transparencia en las decisiones tomadas por los algoritmos y la ausencia de encargados a los que pedir responsabilidades; etc. El apartado de las amenazas incluye la automatización de todo tipo de procesos. De momento, las tareas automatizadas son supervisadas por humanos, pero no es descartable que las máquinas los reemplacen completamente a medida que la tecnología sea más efectiva y barata.

El tercer capítulo se centra en las aplicaciones de la inteligencia artificial en el ámbito de la información. El trabajo parte de algunos ejemplos ya existentes y los amplía a otros en fase de desarrollo: la búsqueda en la web —a propósito de la cual se destaca la necesidad de ofrecer «alfabetización algorítmica» para entender los intereses comerciales detrás de los rankings de resultados o la personalización de las respuestas—; las nuevas interficies de los sistemas de gestión bibliotecaria; los chats de referencia; los sensores para monitorizar el movimiento, los niveles de ocupación o las condiciones ambientales en bibliotecas; etc.

El cuarto capítulo aborda los retos y las oportunidades de la inteligencia artificial en el entorno bibliotecario. El trabajo recoge una cierta desilusión entre algunos profesionales respecto a la aplicabilidad de algunas tecnologías y la sensación de que, a menudo, se empaquetan como nuevas herramientas ya existentes. El primer reto será, pues, la adquisición de un cierto nivel de formación que permita evaluar la idoneidad de las aplicaciones, valorar su utilidad y los potenciales beneficios para los usuarios y que evite dejarse obnubilar por tecnologías atractivas, pero con escaso impacto real. El segundo reto hace referencia a la ubicación de la inteligencia artificial dentro de la organización: en el departamento de informática, en el de gestión del conocimiento, en un departamento propio, etc. En tercer lugar, dado el elevado coste de muchos productos y servicios, hay un gran interés por las herramientas de código abierto y por cuestiones relacionadas con la propiedad intelectual de, por ejemplo, los textos sobre los que aplicar técnicas de minería de datos. El cuarto reto hace referencia a la preservación de los datos que alimentan los algoritmos. Otros desafíos se refieren a la formación y promoción de estas herramientas una vez implementadas o a los aspectos éticos y la necesidad de un uso responsable.

El quinto capítulo del informe delinea las competencias necesarias para aprovechar las oportunidades que brindan la inteligencia artificial y la robótica. Muchas de ellas son competencias ya adquiridas por los profesionales, como el liderazgo o la colaboración. Dos nuevos bloques de competencias serían las relativas al «pensamiento computacional» —abordar los problemas y sus posibles soluciones tal como lo haría un ordenador— y la «ciencia de datos».

El sexto y último capítulo del informe describe las fortalezas y debilidades de la profesión frente a la inteligencia artificial. Las primeras están relacionadas con el hecho de que los profesionales ya disponen de muchas habilidades útiles en este terreno: evaluación de contenidos, técnicas de búsqueda, gestión de datos, etc. Las segundas hacen referencia a la dificultad para trasladar algunas de las habilidades ya existentes al marco de la inteligencia artificial, la necesidad de reorientar la profesión respecto a la tecnología o la aún incipiente formación de los futuros profesionales en estas áreas. Para superar estas debilidades, se ofrecen trece recomendaciones dirigidas al CILIP —que debería definir la contribución de la profesión a la inteligencia artificial—, los centros de información y documentación y sus profesionales —que deberían experimentar con la tecnología— y los centros formativos —responsables de la adquisición de nuevas competencias por parte de los futuros profesionales.

El informe aborda un tema tan complejo como de actualidad. Diariamente, leemos noticias sobre las últimas novedades tecnológicas y sus efectos en cuestiones como la privacidad o el mercado de trabajo. Es evidente que estas tecnologías afectarán de lleno a profesiones que, como la nuestra, tienen la información como elemento definitorio de su actividad. El informe constituye un notable intento de discernir qué cambios se producirán en el corto y el medio plazo y cómo podemos afrontarlos.

Àngel Borrego

Si no lo paga nadie, ¿quién lo paga? Las Infraestructuras de la Ciencia Abierta

3 months 2 weeks ago

Lluís Anglada
Director del Àrea de Ciència Oberta
Consorci de Serveis Universitaris de Catalunya (CSUC)
 

Ficarra, Victoria; Fosci, Mattia; Chiarelli, Andrea; Kramer, Bianca; Proudman, Vanessa (2020). Scoping the Open Science Infrastructure landscape in Europe. [Apeldoorn]: SPARC Europe. Disponible en: <http://doi.org/10.5281/zenodo.4153809>. [Consulta: 30/05/2021]. 

En las últimas décadas, la ciencia ha pasado de ser una actividad modestamente retribuida a movilizar una cantidad considerable de recursos económicos.1 Esto ha atraído –lógicamente– a la empresa privada, lo que no sería malo en sí mismo si no fuera que se cree que la ciencia debería estar autogobernada y desarrollarse, exclusivamente, por criterios científicos.

La Ciencia Abierta es un movimiento que cree que la investigación mejora si hay un acceso libre a los resultados científicos, más colaboración entre investigadores y un acercamiento a la sociedad de la que surge y a quien regresa. ¿Esto es compatible con el hecho de que las herramientas e infraestructuras científicas –cada vez más complejas– sean gestionadas por empresas privadas?

La apertura e interoperabilidades de los datos, el software de código libre y la voluntad de no depender de empresas han permitido hoy que haya muchas infraestructuras sobre las que se sustenta la investigación que hayan sido creadas por entidades públicas o sin ánimo de lucro. ¿Cuáles? Pues, por ejemplo Crossref, DOAJ o repositorios cooperativos como TDX o institucionales.2 El espacio europeo de investigación que debe ser la EOSC tiene que ser un ecosistema de infraestructuras interconectadas y gobernadas por los investigadores.

El informe que reseñamos define las Infraestructuras para la Ciencia Abierta (OSI) como el conjunto de servicios, protocolos, estándares y software que el ecosistema de investigación necesita para operar a lo largo de todo el ciclo de la investigación. Lo edita SPARC Europe y ha sido financiado por las Open Society Foundations y la Invest in Open Infrastructure. El objetivo del informe es entender mejor cómo operan las OSI de cara a facilitar su viabilidad y permanencia. Las autoras señalan, en la introducción, que un estudio anterior de SPARC Europe señalaba que algunas OSI estaban en peligro de desaparecer por falta de financiación o con peligro de ser compradas por empresas privadas.3

El informe está elaborado a partir de las respuestas de diferentes OSI europeas a un extenso y completo cuestionario4 que recibió respuestas de 120 proyectos o servicios diferentes de 28 países. Al igual que muchos estudios, este puede leerse de forma extensa o concentrada. El resumen ejecutivo (p. 3-6) y las conclusiones (p. 50-52) proporcionan la información substancial de la investigación realizada, mientras que la mayor parte del informe (p. 6-50) da explicaciones extensas y gráficas de los diferentes apartados. Veamos las partes del informe y los principales resultados.

La primera parte del estudio se centra en la caracterización de las OSI europeas, y las principales conclusiones son que: 

  • Su motivación principal es la de favorecer los objetivos de la Ciencia Abierta y, más concretamente, el acceso abierto al conocimiento (acceso abierto a los artículos científicos, datos abiertos y software de código libre). 
     
  • Los servicios de las OSI se dirigen mayoritariamente a los investigadores, pero también de forma importante a las bibliotecas. En un 95 % de los casos las OSI proporcionan más de un servicio dentro del ciclo de investigación.
     
  • Las actividades más comunes son el servicio de alojamiento y acceso de contenidos y la promoción de identificadores. El contenido más común de estos servicios son las revistas y los datos.

La segunda parte está dedicada a la tecnología, concretamente a la gestión técnica de las OSI, a su integración con otros sistemas, al cumplimiento de los principios FAIR... Entre otros resultados, hay estos:

  • La mayoría se integran con servicios externos como ORCID, Crossref o DOAJ.
     
  • Más de la mitad utilizan de forma exclusiva o parcial software de código libre. 
     
  • La mayoría de OSI tienen una estrategia para cumplir los principios FAIR, y los requerimientos de la EOSC y del Plan S y los de COAR (SPARC).

La última parte se centra en temas de gobernabilidad. Entre los datos que se dan yo destaco los siguientes:

  • Las OSI que han contestado tienen mayoritariamente una misión clara, planes de trabajo y estatutos. Suelen tener también comités de dirección y comisiones asesoras.
     
  • Una parte importante (un tercio) inicia los ejercicios económicos sin tener un presupuesto aprobado; estos, en 22 casos, son inferiores a los 50.000 € / año, y para la mitad de los servicios el presupuesto anual es inferior al medio millón de euros.
     
  • Los servicios tienen mayoritariamente entre dos y cinco personas FTE (full-time equivalents). Las fuentes de ingresos principales son ayudas del gobierno y cuotas de miembros.

Las conclusiones de este estudio repiten en buena parte el resumen ejecutivo. Por mi parte, unas reflexiones finales: una, referente a las instituciones, y la segunda, a las OSI. 

La construcción de un ecosistema interconectado de diferentes componentes requiere que haya servicios comunes, es decir, que son para todos sin que sean de nadie, y estas infraestructuras hay que pagarlas. Pueden hacerlo las administraciones o las instituciones, pero hay que hacerlo. La gran debilidad de las OSI es su sostenibilidad económica. A las instituciones les cuesta mucho hacer aportaciones a iniciativas cooperativas, mientras que, al mismo tiempo, aceptan como inevitable pagar las facturas de los proveedores de software o de revistas. 

El objetivo de las OSI no es ser un contrapoder de las empresas, sino servir a la ciencia mejor que ellas. Esto tiene sus requerimientos que se llaman eficacia, innovación, buen gobierno... Cuanto más se concrete la interoperabilidad del espacio de investigación, cuanto más maduro esté este ecosistema, las exigencias sobre las OSI crecerán y los voluntarismos ya no valdrán. Las infraestructuras que servirán a (toda) la investigación deberán ser de confianza, y esto probablemente requiera que las diferentes iniciativas se concentren en pocas cosas y, en muchos casos, que se fusionen entre sí.

1 Pueden verse las inversiones anuales por países y regiones en esta página de la Unesco
2 La relación de entidades que han contestado el cuestionario en que se basa este estudio permite hacerse una idea de su número y variedad. Véase el Apéndice A.
3 Fosci, Mattia; Richens, Emma; Johnson, Rob (2019). Insights into European research funder open policies and practices
4 Lo certifico dado que lo rellené para MDC, RACO y TDX. Véase Proudman, Vanessa; Mounier, Pierre; Kramer, Bianca; Bosman, Jeroen (2020). Survey instruments: for the scoping the Open Science Infrastructure landscape in Europe study.

Lluís Anglada

Lectura, escritura y oralidad, tres herramientas para comprender y transformar la realidad

3 months 3 weeks ago

Montse Colilles Codina
Psicóloga y asesora en educación infantil

López, María Emilia; Sanjuán, Beatriz; Ventura, Antonio. Anidando entre palabras: orientaciones para el fomento de la lectura en la primera infancia. Bogotá: Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina (CERLALC), 2020. 115 p. Disponible en: <https://cerlalc.org/publicaciones/anidando-entre-palabras-orientaciones-para-el-fomento-de-la-lectura-en-la-primera-infancia/>. [Consulta: 14/04/2021].

En América Latina ya hace muchos años que invierten y se interesan por la promoción de la lectura en la primera infancia. En el año 2020, el CERLALC (Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe) publicó un documento titulado Anidando entre palabras: orientaciones para el fomento de la lectura en la primera infancia, donde M.ª Emilia López, Beatriz Sanjuán y Antonio Ventura formalizan los principios que deben tenerse en cuenta para la mediación de la lectura con niños menores de seis años, de forma muy cuidadosa y bien documentada. 

Estos tres especialistas, de solvencia demostrada en el ámbito de la literatura infantil, dan una importancia crucial a la mediación literaria, y por ello dirigen esta guía a bibliotecarias, maestros, familias y otras personas involucradas en la atención a la primera infancia. Ponen el énfasis en la influencia decisiva de las primeras experiencias lectoras para acompañar la construcción de la subjetividad, el desarrollo de la relación con los otros y para ayudar a crear pensamiento crítico. 

Destacan la importancia de la transmisión del legado artístico, cultural y literario desde el nacimiento y explican cuáles son los beneficios de la lectura y el contacto precoz con la oralidad y la cultura escrita. Explican cómo las experiencias de ampliación de las capacidades comunicativas y expresivas de los niños serán determinantes en los aprendizajes futuros de la lectura y la escritura. También señalan la transcendencia de la lectura para consolidar los vínculos afectivos del niño con el adulto cuando esta se ofrece como una experiencia satisfactoria. 

Los diferentes capítulos que componen esta publicación dan pistas a los adultos mediadores para poder seleccionar materiales de lectura así como referencias y recursos que facilitan aproximaciones creativas y placenteras de los niños a la lectura. 

El capítulo de Beatriz Sanjuán da cuenta de cómo toda la comunidad interviene en la educación y en la mediación lectora. Se centra en la vertiente educativa y social, formal y no formal, y desarrolla muy bien las características de la lectura infantil, que son muy diferentes de la lectura adulta. Parte de las capacidades, habilidades e intereses de los más pequeños y hace una crítica a la poca repercusión y reconocimiento que muchas veces tienen las profesionales que trabajan en esta etapa educativa tan importante. Menciona, también, la responsabilidad de los prescriptores, que deberían ser también mediadores, y recomienda que estaría bien que tuviesen contacto directo con los niños (cosa que no sucede a menudo). Desarrolla detalladamente las condiciones de tiempo, espacios y recursos de interpretación que hacen falta para poder crear entornos de mediación en casa, en la escuela, en la biblioteca, así como en cualquier espacio o institución dirigida a los más pequeños. 

Sabemos que el niño empieza a construir su psiquismo a partir de las interacciones con sus referentes primarios. Es por ello por lo que M.ª Emilia López dedica dos de los capítulos a la mediación con familias. La autora, especialista en educación precoz y literatura infantil, desarrolla los caminos del lenguaje y su acompañamiento basándose en su experiencia con familias. Los padres y las madres son los primeros mediadores que con su voz introducen al niño en el mundo del lenguaje y de la palabra. Los niños no pueden crecer sin la voz de quien le cuida ni pueden llegar a los libros si no hay un adulto que los pone a su alcance. Los niños empiezan a leer escuchando.

También es remarcable la importancia de la función de la biblioteca pública, por la gratuidad de su fondo y por la tarea de democratización de la lectura para llegar a todos los sectores socioculturales, sobre todo a los que tienen menos recursos. En la guía que estamos reseñando se detalla cómo adaptar sus instalaciones a los usuarios más pequeños. Y se anima a los mediadores de lectura a acercarse a los CAP (centro de atención primaria), tal y como hace ACCES en Francia y como se intentó aquí, hace unos años, con el proyecto «Nascuts per llegir» que no tuvo suficiente apoyo institucional para sostenerse. Este organismo francés ha promovido acciones de acompañamiento a la literatura desde 1982 y sus estudios demuestran la importancia de acercar los libros desde el nacimiento en contextos significativos afectivamente. Por lo tanto, podemos afirmar que es básico ayudar a los adultos que cuidan de los niños, en cualquier ámbito, a comprender el alcance y la necesidad de la lectura en un contexto placentero y sin esperar nada a cambio, por el puro placer de compartir lecturas. Cosa que debería continuar haciéndose en la educación primaria y en la secundaria.

Encontraréis la evolución lectora partiendo de las canciones de cuna, las carantoñas, los juegos de falda y los textos rimados como preludio de la lectura ‒en sentido amplio‒. En el último capítulo, Antonio Ventura detalla con esmero la importancia de la palabra poética, en todas sus vertientes. El texto nos abre preguntas interesantes: ¿en qué mundo de palabras nacen los niños en la actualidad? ¿Cuáles son las canciones infantiles que provienen de la tradición oral para cada niño, para cada mediador? ¿Cómo podemos iniciar al niño en el camino de la narrativa oral en un mundo saturado de pantallas? ¿Por qué la poesía es la cenicienta de la literatura? ¿Por qué cuesta tanto hacer propuestas literarias con poesía? El autor recomienda que la poesía tenga una presencia diaria en las vidas de los niños desde los tres años (y por qué no, en la guardería). El autor despliega ejemplos de juegos de palabras, trabalenguas, adivinanzas, canciones de corro y poemas para jugar, cantar y recitar que podrán memorizar y repetir a medida que crecen. Anima a los maestros a ser como el Frederick de Leo Lionni para que los niños puedan serlo para otros.

Los autores describen detalladamente cuáles deben ser las características fundamentales de las lecturas para las primeras edades y las claves de la experiencia lectora, y dan mucho valor a las diversas tipologías de libros que podemos ofrecer. Desde los primeros señaladores e imagiarios, a los libros de conocimientos, los álbumes, los libros ilustrados y las primeras narrativas. Destacan el valor de los diferentes formatos y dan mucha importancia a cómo están escritos (si hay texto) y cómo están ilustrados dado que hay mucha producción vacía de contenido que deberíamos descartar. 

La guía también da pistas para poder elegir y seleccionar el fondo literario que queremos ofrecer, dando mucho peso a la calidad más que a la cantidad, y sin olvidar que es necesaria una oferta variada por lo que se refiere a las tipologías, géneros y formatos. Con autores locales y de otras procedencias, de ficción, no ficción y con estilos variados de ilustración. 

Para construir una biblioteca para los más pequeños (municipal, de aula, de escuela, de casa...) lo primero que deberíamos hacer es deshacernos de los libros que no cumplen las características que estos autores nos recomiendan. Vivimos en un mundo en el que se ha priorizado la inteligencia emocional en detrimento de la inteligencia crítica, donde los libros «receta» inundan las mesas de las novedades editoriales. Estos libros que podríamos denominar «de autoayuda» deberíamos descartarlos de las selecciones, sobre todo porque van más dirigidos a los adultos que a los niños, y quedarnos con los libros que ofrecen experiencias lectoras interesantes, que contienen sorpresas, que pueden remover, motivar, abrir preguntas y no dejar indiferente al lector, sea pequeño o mayor. Podemos hablar de la mediación literaria desde la primera infancia cuando el objetivo no es moralizador, cuando tenemos presente la herencia cultural para que no se rompan los lazos que unen las personas al lugar y a la cultura a la que pertenecen. 

Sería muy interesante tomar como propia esta guía para poder incluir profesionales y proyectos de promoción de la lectura de nuestro país y animar a la Conselleria de Cultura de la Generalitat de Catalunya y a los ayuntamientos que inviertan en la mejora de la competencia de los mediadores en la primera infancia. Por desgracia, al ser una etapa educativa no obligatoria, no siempre se ha cuidado la valoración y la formación de los profesionales que se dedican a ello. Para dar a los mediadores los recursos necesarios para acompañar a los niños a crecer como ciudadanos formados y cívicos, que tengan las bases culturales mínimas, la capacidad de argumentación y el dominio de las exigencias lingüísticas elementales que nos ofrece la formación literaria desde la más tierna infancia. Guías como esta, que no infantiliza al público al que se dirige, pueden ser una herramienta para hacerlo posible. 

Es un texto imprescindible y muy útil para los mediadores que tienen un papel crucial en esta lectura compartida que es necesaria y previa a la lectura individual. Se dirige a los adultos que son conscientes y que quieren evitar los efectos censores de la selección y que tienen ganas de formar lectores polivalentes y con criterio.

Ahora haría falta que hubiera en nuestro país una apuesta política de inversión y de recursos para llevar a cabo formaciones e investigación en este ámbito, pero para que esto pase hay que dar a la etapa de educación infantil la importancia que tiene. ¿Será que no conviene, a la política imperante, formar ciudadanos críticos sino obedientes, que se dejen manipular y controlar, y sobre todo que no lean mucho no vaya a ser que se les volviera en contra? 
 

Nota: Esta reseña es publica simultáneamente en el Blog de l’Escola de Llibreria.

Montse Colilles Codina

Investigaciones sobre «dataficación»: comprensión y percepciones públicas de la vida entre datos

3 months 4 weeks ago

L. Fernando Ramos
CU Biblioteconomía y Documentación
Universidad Complutense de Madrid

Kennedy, Helen; Oman, Susan; Taylor, Mark; Bates, Jo; Steedman, Robin (2020). Public understanding and perceptions of data practices: a review of existing research. [London]: Nuffield Foundation; [Sheffield]: University of Sheffield. 65 p. Disponible en: <http://livingwithdata.org/current-research/publications/>. [Consulta: 02/05/2021].

Un grupo de investigadores británicos ha realizado una amplia recopilación y revisión de estudios llevados a cabo entre 2015 y 2019 en el que se analizan y valoran el significado que tienen los datos para los ciudadanos y el grado de confianza que les merecen. Los autores dan al término «data practices» el mismo significado que el de «dataficación», neologismo para referirnos a la recopilación, el análisis y el intercambio sistemático de datos y los resultados de estos procesos. De entre todos los tipos de datos, los más importantes son los datos personales, sobre cuya gestión existe una gran preocupación, de ahí que se hayan adoptado un gran número de iniciativas, tanto en el propio Reino Unido como en diversos ámbitos más amplios gubernamentales, profesionales y académicos.

El eje central de esta investigación consiste en revisar un gran volumen de estudios realizados, principalmente en el ámbito británico, y determinar cómo los ciudadanos perciben las prácticas de los datos, la dataficación. Se trata de sintetizar la evidencia existente y evaluar patrones o hallazgos generalizables, y para ello se ha tomado en consideración la bibliografía académica y la literatura gris (producida por organizaciones gubernamentales, tercer sector…) de ese periodo. Esta amplia revisión servirá de base para la investigación empírica del proyecto Living with data, cuyas preguntas de investigación plantean qué saben y sienten las personas en su relación con los datos en diferentes ámbitos de la vida cotidiana y qué consideran los «no-expertos» una práctica justa con los datos. 

El informe, de 65 páginas, desgrana diferentes aspectos de la relación que tiene la gente con los datos y los resultados, a veces contradictorios, que ofrecen algunos de los estudios analizados, desde enfoques cuantitativos y cualitativos. El conocimiento y la comprensión de las prácticas de los datos son variados porque esas personas interpretan su comprensión de distintas maneras, lo que lleva a mostrar una amplia evidencia de que las personas están preocupadas en su interrelación con los datos. Perciben unos efectos positivos, como la mejora de los servicios y otros perjudiciales, como una mayor vigilancia, menos privacidad y más formas de desigualdad. En primer lugar, desde una visión global del estudio sugiere a sus autores la conclusión general de que las cuestiones de datos son cuestiones humanas, cuya percepción se desenvuelve en un contexto dado de gran importancia para comprender las prácticas. En segundo lugar, es importante quién recopila datos, de quién y para qué. En tercer lugar, importan las desigualdades, las cuales inciden en el conocimiento de los datos, así como en el grado de confianza y los sentimientos sobre las prácticas. 

El estudio desgrana los resultados en un capítulo con diez apartados, además, dedica otra sección a una cuidada descripción metodológica y nos regala una bien depurada relación bibliográfica final, casi toda en acceso abierto. Aunque la investigación se llevó a cabo antes de la pandemia, los autores consideran que el contexto de la pandemia y las nuevas prácticas con los datos tendrán que ser también objeto de investigación.

A lo largo del estudio se mencionan informes que evidencian el conocimiento y la comprensión que las personas tienen sobre los datos que manejan y les afectan, si bien las conclusiones de esos estudios no ofrecen resultados claros y sugieren que algunos procesos y conceptos sobre los datos son complejos para mucha gente. En general, dicen los autores, es difícil ser concluyente sobre el grado de conocimiento y comprensión sobre las prácticas de datos entre el público.

Más incuestionable es la afirmación de que la gente está preocupada por las prácticas de datos; varias encuestas dejan claro que la gente está sensibilizada por la privacidad en línea. Es curiosa la conclusión del Oxford Internet Institute que atribuye a los jóvenes un mayor cuidado que en la gente mayor en cuanto a su privacidad en línea. Asimismo, las personas no solo están preocupadas: tienen voluntad propia, negocian o muestran resistencia a aceptar los datos y, a veces, tienen puntos de vista contradictorios en estas actuaciones, en donde se juega con un «derecho sobre los datos» para equilibrar los riesgos y beneficios de sus prácticas particulares. Como señala uno de los estudios citados, son favorables acerca de los beneficios de Internet y de estar más conectados, pero a la vez quieren mayor honestidad, transparencia y cumplimiento en cómo se utilizan los datos sobre ellos.

Por su parte, los sentimientos juegan un papel destacado en la comprensión y percepción del público de las prácticas de datos, aunque su importancia varía según los grupos demográficos. Este es un aspecto para tener en cuenta por los políticos y gestores que han de mejorar el conocimiento y la comprensión de los datos en diferentes grupos de población. En este punto, el estudio señala que la gente confía sus datos en algunos sectores más que en otros. Confían en la policía, por ejemplo, pero no en la toma de decisiones automatizadas. En tal sentido, las encuestas demuestran que la gente tiene más confianza en las instituciones de salud, seguidas de los bancos y de los ayuntamientos. Mientras que tienen menos confianza en las organizaciones de marketing y en las empresas de medios sociales.

En esta relación de las personas con los datos, los investigadores explican la «paradoja de la privacidad» por la cual, a menudo, las personas dicen que están preocupadas por la privacidad en línea y la protección de sus datos personales y, sin embargo, actúan de una manera que no es coherente con esa afirmación, de modo que sopesan riesgos con beneficios y deciden compensar. Esto no se interpreta como una aceptación del riesgo, se trata más bien de situaciones complejas en las que las personas están preocupadas por las prácticas de los datos y adoptan actitudes y opiniones contradictorias sobre ellas.

En la segunda de las preguntas de investigación planteada en el estudio, los autores analizan qué consideran los «no-expertos» como una práctica justa con los datos. Por ejemplo, uno de los estudios mencionados concluye con rotundidad que las personas no apoyan el uso de la inteligencia artificial para la toma de decisiones, en particular en el lugar de trabajo y en el sistema de justicia penal (el 60 % de las personas se opone o se opone firmemente a su uso en estos ámbitos). Las personas están más cómodas con el uso de la inteligencia artificial en la toma de decisiones en los servicios financieros y en la publicidad. Los investigadores encuentran muchas formas de insatisfacción con las formas actuales en que se utilizan los datos, al tiempo que han identificado prácticas más justas, como una mayor honestidad, transparencia y diálogo, así como una regulación más exigente en el cumplimiento, rendición de cuentas y reparación de daños.

Muchas de las investigaciones ponen de relieve la necesidad de que los gobiernos y la industria impulsen cambios para aumentar la confianza en la práctica de los datos. Las opiniones sobre lo que debe cambiar están condicionadas por la perspectiva de la disciplina desde la que se hace la investigación y la orientación adoptada. La bibliografía centrada en los sistemas, tal como la Interacción Persona-Ordenador (HCI), recomienda cambios en los diseños de los sistemas. En la bibliografía académica crítica y en alguna literatura gris señalan a los gobiernos como los factores más importantes del cambio, en aspectos como una más estricta regulación del sector, más transparencia sobre el uso de los datos y más educación como medio de empoderamiento ciudadano.

Al final de este pormenorizado estudio sobre la percepción de las personas sobre la dataficación, se aborda la desigualdad social en esa experiencia y la consiguiente necesidad de atajar las diferencias. El estudio señala que se necesita una mayor comprensión del problema. Algunas investigaciones referenciadas destacan que la dataficación afecta a los grupos desfavorecidos y marginados en formas desproporcionadas y negativas. Las diferencias son importantes en muchos aspectos: desigualdades sociales, diferencias en tipos de datos o contextos de uso. Los grados de conocimiento y comprensión influyen en las percepciones, además, las preocupaciones sobre las prácticas de datos difieren en importancia de otras preocupaciones. En todos estos aspectos, las investigaciones deben prestar atención a las diferencias y tener en cuenta las evidencias para las políticas de prácticas.

El último punto del informe incide en las diferencias que conllevan los métodos y distintos enfoques de cada investigación, así como las preguntas y la forma en la que se interpretan y presentan los resultados. En todo ello se pone de relieve que el enfoque disciplinar y la orientación política de los investigadores juegan un papel en los resultados de la investigación y en las afirmaciones que se hacen, lo que también se ha de tener en cuenta.

Luis Fernando Ramos-Simón
Checked
2 weeks 2 days ago
Reseñas de Biblioteconomía y Documentación
Subscribe to Blok de BID (esp) feed