La calidad de la información en la web

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La calidad de la información en la web

 

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Michael Buckland

Profesor emérito
School of Information
University of California, Berkeley

 

Todas las comunidades, todas las sociedades, todas las colaboraciones surgen y dependen de la interacción y la comunicación entre sus miembros. En la prehistoria ya debían de estar preocupados por la honestidad, la exactitud, la exhaustividad, la vigencia y la verificabilidad de las comunicaciones. La diferencia, hoy en día, radica tanto en el gran aumento de la cantidad de los mensajes y documentos como en la dependencia cada vez mayor que tenemos de ellos.

 

El aumento de documentos

Podemos considerar cuatro vectores diferentes de los avances técnicos: la escritura, la imprenta, las telecomunicaciones y la copia de documentos. Escribir, por el hecho de que queda grabado, proporciona una alternativa al discurso, que lo convierte en una cosa permanente o innecesaria. Así pues, escribir disminuye el efecto del tiempo y, por tanto, ofrece una alternativa a la memoria humana, una "memoria externa". Dentro de sus límites, la escritura, a modo de discurso o de gesto, tiene la ventaja enorme de ser capaz de contrarrestar los efectos del tiempo y, al ser portátil, de la distancia.

La imprenta ofrece la opción de multiplicar todo lo que queramos lo que hemos escrito, y por tanto amplía sus efectos y hace que esté disponible en muchos sitios a la vez. Eso añade seguridad, porque entre una cantidad tan grande de documentos, uno concreto no es tan vulnerable a la destrucción o falsificación.

Hasta el siglo xix, las telecomunicaciones eran alguien que viajaba a pie, a caballo o en barco para llevar noticias. El auge de los semáforos, los ferrocarriles, el telégrafo, el teléfono, la radio, el fax y ahora Internet ha logrado reducir los efectos de la distancia y disminuir, así, los retrasos en las comunicaciones. Se ha estudiado mucho el impacto de la escritura, la imprenta y las telecomunicaciones, pero no tanto el de la copia de documentos. Las tres técnicas esenciales fueron la copia fotostática (fotografía hecha directamente sobre papel sensibilizado), el microfilme y sus variantes, y la copia electrostática (también conocida como xerografía).

El efecto principal de estos cuatro vectores de la tecnología, cada uno de ellos amplifica los demás, es el de reducir los efectos tanto de tiempo como de espacio. Los documentos son cada vez más accesibles en cualquier lugar y en cualquier momento. Hoy en día es muy difícil imaginarse la vida sin la escritura, la imprenta, las telecomunicaciones o la copia de documentos. Pero esta explosión de documentos ha tenido dos consecuencias importantes. En primer lugar, para hacer frente a esta explosión hizo falta un quinto vector del desarrollo técnico para descubrir y seleccionar los documentos pertinentes en la medida y cuando fuera necesario, referido de varias maneras como bibliografía, documentación y ciencias de la información. En segundo lugar, los antiguos problemas de calidad y confianza se han vuelto más complicados porque las tecnologías que intervienen en el proceso nos alejan del contacto directo con las fuentes (mucho más extensas).

 

La división del trabajo y la necesidad de saber

Las culturas han desarrollado, desde la caza y la recolección hasta la agricultura, la industria y los servicios complejos. Este cambio se ha conseguido dividiendo el trabajo y aumentando la interdependencia. Ahora es raro que cultivemos nuestros propios cultivos, criemos nosotros mismos los animales que nos comemos o las vacas que nos dan la leche o que cultivemos los propios granos de café. Los alimentos que comemos los cultivan y los procesan otras personas antes de que lleguen a nuestras manos. De igual modo, nosotros mismos tampoco fabricamos la tecnología que utilizamos, ni construimos los edificios en los que vivimos ni generamos los recursos energéticos de los que dependemos. Hoy en día muy poca gente sabe cómo hacerlo.

Esta división del trabajo nos permite tener una calidad de vida mucho mejor, en general, gracias al desarrollo de conocimientos especializados, y tener una mayor eficiencia gracias a las economías de escala, pero nos hemos vuelto mucho más dependientes de los demás en muchos sentidos. Dependemos cada vez más de otras personas, de la tecnología y de las infraestructuras de transporte, de los servicios financieros, de las normas y de otros desarrollos que hacen que esta interdependencia sea posible. Otras personas, a su vez, dependen de nosotros.

El intercambio de bienes y servicios requiere mercados, y los mercados dependen de saber qué opciones hay disponibles y en qué condiciones. Los mercados son sistemas de información. Cuanto mejor informados estén los compradores y los vendedores, más "perfecto" se dice que será el mercado. Lo que no se explica tanto es que esta interdependencia también requiere un gran aumento de la comunicación y documentación. Si queremos utilizar el transporte público, tenemos que saber quién presta el servicio, las rutas, las tarifas y los horarios. Si debemos cumplir la ley, tenemos que saber qué dice la ley y las posibles consecuencias de ignorarla. Si queremos comprar bienes y servicios en vez de autoabastecernos, entonces tenemos que saber quién ofrece lo que queremos, cuánto tendremos que pagar y si lo que se ofrece es lo que pensamos que es. Podemos investigar, por descontado, pero básicamente dependemos (y cualquier persona a la que preguntemos también dependerá de ellos) de los documentos: las listas de precios, los contenidos, las garantías, la publicidad, etc. Como no podemos confirmar por nosotros mismos todo lo que nos gustaría saber, no tenemos más remedio que depender de lo que los otros nos dicen y, por tanto, debemos decidir en quién y en qué confiar. Patrick Wilson, en el libro Second-hand knowledge: An inquiry into cognitive authority (1983), lo expone de una manera excelente.

La investigación evoluciona gracias a la interacción con las ideas de otras personas, pero en general las colaboraciones en el mismo campo son complicadas por muchas razones prácticas. La persona que formula ideas que nos interesan puede estar muy lejos en el espacio o el tiempo, o incluso podría estar muerta, de manera que lo mejor que podemos hacer es confiar en sus documentos. ¿Qué ha dicho, hecho o escrito esa persona? Sus documentos, tanto los que ha creado como los que hablan de su obra, incorporan su trabajo y sus ideas, al igual que la tecnología incorpora el trabajo de los inventores del pasado.

Los documentos se han convertido en la cola que permite que las sociedades se cohesionen. Los documentos se han ido convirtiendo en los medios para controlar y negociar las relaciones con los demás, e influir en ellos. Vivimos en una "sociedad de documentos" y tenemos que depender de nuestras valoraciones sobre la calidad y la fiabilidad de los documentos que encontramos en la web o en cualquier otro lugar.

 

Las prioridades de los demás

No son solo nuestras prioridades lo que nos debe preocupar, sino también las prioridades de los demás. Los gobiernos utilizan los pasaportes para indicar la identidad y confirmar la ciudadanía de la gente para controlar los movimientos transfronterizos. Hay otros ejemplos fáciles de encontrar. Las escuelas usan libros de texto para guiar nuestro aprendizaje; las religiones utilizan textos sagrados para inspirar las creencias; los pintores producen imágenes para complacernos y para desafiarnos; los comerciantes invierten mucho en publicidad para influir en lo que compramos; los políticos hacen declaraciones para buscar votos y donaciones de campaña; los artistas utilizan distintos medios de comunicación para entretenernos y ganar dinero a nuestra costa; los individuos usan mensajes (cartas, correo electrónico, etc.) para comunicarse y las redes sociales para atraer la atención; los museos utilizan la presentación y la interpretación selectivas de reliquias para explicar el pasado; los medios de comunicación transmiten constantemente programas para entretener, para influirnos y para satisfacer a los anunciantes, y las bibliotecas ofrecen acceso a las colecciones de documentos para facilitarnos lo que aprendemos. Esta lista podría alargarse indefinidamente. A nadie le costaría mucho hacer una lista como esta. A medida que la lista se va ampliando, vemos más parcelas de nuestras vidas incluidas y en todos los casos tenemos que recordar que la motivación principal de todas estas entidades es influir en nosotros de acuerdo con sus objetivos. A veces lo que quieren es engañoso o perjudicial. Esta lista caracteriza a la "sociedad de la información". Los ejemplos enumerados no son tan importantes como la constatación resultante: que nuestras vidas están impregnadas de mensajes, archivos y documentos.

 

Las prioridades en el ámbito de la biblioteconomía y la documentación

La investigación en el ámbito de la biblioteconomía y la documentación se ha centrado en el acceso a los documentos. Hemos evolucionado las técnicas y los procedimientos para recoger, describir, organizar, indexar y facilitar la búsqueda de documentos relevantes. Este énfasis es práctico, útil y necesario. Aun así, se ha prestado mucha menos atención a la calidad de la información. En el ámbito de las publicaciones, cuando añadimos libros a nuestras colecciones, incorporamos entradas a las bibliografías o simplemente leemos por interés propio, intentamos seleccionar elementos que tengan un nivel intelectual adecuado y tendemos a depender de la reputación de los editores, autores y críticos. Pero las pistas de las que dependemos en el entorno web, en el que cualquiera puede hacer una página web atractiva, son mucho menos evidentes.

La expresión sistema de información se puede interpretar de dos maneras: como sistemas de suministro de información (es decir, los datos y los documentos sean electrónicos o en papel) o como sistemas que informan. La diferencia estriba en el hecho de que los sistemas que informan deben cumplir unos requisitos adicionales, que tienen que ver con los aspectos cognitivos de estar informado. Un lector puede conseguir encontrar un documento, pero no estará informado si no lo entiende. El documento tiene que estar en un lenguaje adecuado, en un nivel adecuado y ser coherente. Aquí adecuado depende de lo que el lector ya sabe y de sus habilidades cognitivas. Además, un lector tiene que decidir hasta qué punto puede confiar en el documento. Aunque entienda lo que un escritor ha escrito, debo considerar hasta qué punto puedo confiar en ello. Eso también depende de la situación. Si estoy leyendo por placer, la fantasía es aceptable. A veces, la fiabilidad no me importará (me da igual cuántas lunas hay alrededor de Marte, por ejemplo). Pero si dependo de la información a la hora de tomar una decisión que es importante para mi salud, riqueza o felicidad, entonces la fiabilidad sí que es fundamental.

La calidad de la información no es fácil de definir, pero incluye la honestidad, la exactitud, la exhaustividad, la vigencia y la verificabilidad de lo que leemos. Eso es cierto en general y, sobre todo, en la web, en la que las bases para la evaluación de la calidad son más débiles.

 

Cita recomendada

Buckland, Michael (2013). "La calidad de la información en la web". BiD: textos universitaris de biblioteconomia i documentació, núm. 31 (desembre) . <http://bid.ub.edu/es/31/buckland2.htm>. DOI: http://dx.doi.org/10.1344/BiD2014.31.2 [Consulta: 19-02-2020].


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