El diseño de la biblioteca universitaria del siglo XXI: ideas y tendencias

 

 
 

 

1 Introducción

"Between the birth of the world and 2003, there were five exabytes of information created. We [now] create five exabytes every two days" (King, 2013).

Una de las consecuencias principales que tiene el acceso a toda esa información generada es que el abanico de oportunidades para el aprendizaje autónomo informal es más amplio que nunca. Al mismo ritmo que el aprendizaje autónomo utiliza este creciente volumen de información en Internet, también genera una necesidad cada vez mayor de apoyo y tutorización académicos. En lugar de ver este cambio como un problema, en términos de catalogación y almacenamiento, hay que interpretarlo como una oportunidad: una oportunidad para las bibliotecas —sobre todo las universitarias— para reclamar su papel protagonista en el aprendizaje y, tal vez, para modelar el futuro del aprendizaje autónomo.

Así, ¿cómo deberían ser las bibliotecas en un mundo en el que los procesos de aprendizaje son uno de los factores que más se tienen en cuenta a la hora de diseñarlas, y por qué? Pensar en el futuro de un espacio siempre es arriesgado; de hecho, como apunta Stewart Brand (1995), cada biblioteca que se construye —o que se renueva— es una predicción del futuro. Si bien es cierto que cuando se inaugura una biblioteca los espacios han de tener una función determinada ya desde el primer día, también deben estar pensados para cubrir necesidades futuras. Precisamente, prepararse para el futuro es el mayor reto al que se enfrenta cualquier biblioteca, porque las predicciones sobre el futuro siempre son incorrectas, como apunta también Brand (op. cit.).

El objetivo de este artículo es analizar los cambios que se producen actualmente en la sociedad, el aprendizaje y la tecnología y que pueden tenerse en cuenta a la hora de diseñar las bibliotecas universitarias y prepararlas para el siglo xxi, fomentando y apoyando el aprendizaje fuera del aula.

 

2 Cambios en la sociedad

"Current systems of education were not designed to meet the challenges we now face. They were developed to meet the needs of a former age. Reform is not enough: they need to be transformed" (Robinson, 2013).

Seguir educando según un modelo industrial (op. cit.) es una opción cuestionable en el estado actual del desarrollo social descrito por Pink (2005), según el cual en los últimos doscientos años la sociedad ha hecho una transición de la agricultura a la industria y, más tarde, a la era de la información o del conocimiento. Muchas de las cosas que ahora leemos, los factores que determinan cómo configuramos las bibliotecas y todo lo que en ellas enseñamos, pertenecen a esta sociedad de la información, pero las metodologías docentes que empleamos provienen de los modelos educativos de la era industrial. Para Pink, sin embargo, la sociedad ha hecho además otro cambio significativo, y ha pasado de la era de la información o del conocimiento a la era conceptual, en la que atributos personales como por ejemplo la empatía o la creatividad se consideran los bienes sociales individuales y colectivos más preciados. Esta sociedad conceptual valora la capacidad creativa y las habilidades para generar nuevos pensamientos y nuevas ideas que impulsen la participación global del individuo y, a la vez, forjen el motor de la competitividad nacional: es una economía de las ideas.

La educación es el recurso en el que tenemos que ser competitivos en una economía de las ideas como la nuestra, y por tanto es esencial que repensemos cómo podemos cambiar el sistema educativo para abordar este reto. Como parte del sistema educativo, la biblioteca universitaria debe asegurarse de que la configuración de sus espacios es coherente tanto con las actividades de educación como con las de aprendizaje. Freeman entiende las bibliotecas como una extensión del aula y considera que: "library space needs to embody new pedagogies, including collaborative and interactive modalities" (Freeman, 2005). En la mayoría de las universidades, en los últimos veinte años se ha ido prestando cada vez más atención a los métodos de aprendizaje informal fuera del aula. Cuando se imparten clases magistrales en cursos en línea, como es el caso de los cursos en línea abiertos y masivos, el aprendizaje real es lo que pasa después. En este sistema, que podemos definir de educación masiva, con clases inversas, las bibliotecas tienen un papel más importante que nunca como centros de aprendizaje, por lo que necesitan un enfoque y una finalidad que tengan en cuenta los métodos de aprendizaje de los usuarios, al mismo tiempo que deben adoptar una actitud decidida, en los espacios que ponen al alcance, para contribuir realmente a un aprendizaje adecuado a la sociedad conceptual. Las bibliotecas del siglo xxi son la confluencia de las economías de la información y de las ideas, dado que valoran y fomentan la concepción del estudiante como productor, no como simple usuario, y que reconocen la realidad de la cultura de participación descrita por Jenkins (2013).

 

3 Contribución de la biblioteca al aprendizaje

Las bibliotecas universitarias han sido siempre centros de aprendizaje, en los que estudiantes e investigadores han podido explorar la información y el conocimiento que ofrecen sus fondos. La producción de cursos y materiales sobre el buen uso de los recursos y el acceso a los servicios ofrecidos ha sido otra de las funciones tradicionales de las bibliotecas, y se ha incrementado con la multiplicación de los recursos electrónicos. Así, a pesar de que las bibliotecas ya son una parte esencial del conocimiento, todavía les queda mucho camino por recorrer y reforzar su posición en el aprendizaje colectivo, social e individual ofreciendo apoyo a los estudiantes y, en particular, abandonando los métodos docentes tradicionales y centrándose cada vez más en el apoyo a la formulación de conceptos y conocimientos que necesita un aprendizaje sólido. Entender que el apoyo al aprendizaje vas más allá de la docencia es un primer paso muy importante si la biblioteca quiere asumir una función más destacada en el proceso de aprendizaje.

Esta transformación viene acompañada de otro cambio sustancial de perspectiva: en la biblioteca del siglo xxi los usuarios se convierten en productores. Como sugiere Dempsey (2010), la biblioteca importadora del pasado, que recopila recursos y los pone al alcance de los usuarios, tiene que convertirse en la biblioteca exportadora, que permite a los usuarios ser productores dentro de la biblioteca y ofrecer sus productos fuera del centro, con lo cual el fondo de la biblioteca pasa a nutrirse de adquisiciones y de producciones a la vez. Por otra parte, si dejamos de ver a los usuarios como simples consumidores de información y los concebimos como generadores y productores de conocimiento, al mismo tiempo debemos repensar la distribución y configuración de los espacios de aprendizaje de la biblioteca y la aportación que esta puede hacer al aprendizaje colectivo e individual.

 

4 Cambios en el aprendizaje

"Learning is a remarkably social process. In truth, it occurs not as a response to teaching, but rather as a result of a social framework that fosters learning" (Brown; Duguid, 2000).

La cuestión de la oralidad y la sociabilidad en el aprendizaje, que concibe el conocimiento como una construcción social y al mismo tiempo como un resultado de las interacciones sociales, proviene de la visión constructivista del mundo de Vigotski (Pass, 2004). Nuestra idea de sociabilidad no suele incorporar el aspecto del aprendizaje y se centra en la importancia de las interacciones que tenemos con otras personas en contextos informales, en los que sin embargo la actividad principal es la conversación. Como dice Seely Brown, "All learning starts with conversation" (Brown; Duguid, 2000).

Esta breve afirmación, que puede parecer trivial, en realidad describe una idea profunda y crucial que amplía la perspectiva que tenemos de la sociabilidad: hay que ir de la sociabilidad de la interacción a la sociabilidad del aprendizaje. La conversación, uno de los componentes fundamentales de la interacción humana, tiene un papel protagonista en cualquier actividad de aprendizaje (o de enseñanza) y se establece, no solo con compañeros y profesores, sino también con recursos, tecnologías y materiales (para un análisis más detallado del marco conversacional, véase Laurillard, 2002).

La conversación está presente en un amplio abanico de actividades de aprendizaje que incluyen adquisición de conocimientos, investigación, debate, práctica, colaboración y producción. También es un factor clave en muchas teorías actuales sobre el aprendizaje, como por ejemplo el constructivismo social (conversaciones entre compañeros para poner a prueba sus conocimientos), el instruccionismo (clase magistral a cargo de un profesor) y el aprendizaje contextualizado (cocreación de conocimiento en los contextos en los que se aplicará). La conversación, hasta hace relativamente poco, nunca había sido una actividad bien vista en la biblioteca.

La importancia que tiene la conversación en un aprendizaje eficiente se pone de manifiesto en contextos tanto sociales como personales, al igual que es evidente que el énfasis actual en el aprendizaje social no pretende sustituir todo lo que le precede, sino más bien abordar la universalidad de las conversaciones unidireccionales que caracterizan la enseñanza. La oportunidad que tienen las bibliotecas, como centros de aprendizaje, es la de contribuir a este reequilibrio potenciando las conversaciones de todo tipo. El reto es, por medio de las instalaciones que creamos y de los servicios que ofrecemos en las bibliotecas y otros espacios de aprendizaje, restablecer la armonía de los sistemas educativos, tradicionalmente demasiado centrados en la enseñanza, y mantener al mismo tiempo una proporción adecuada, reconociendo el carácter sociopersonal y diverso del aprendizaje. El diseño cuidadoso de bibliotecas y espacios de aprendizaje social permite acoger todas las posibilidades conversacionales, desde el debate con otras personas hasta la reflexión individual; la creación de espacios sociales, por sí sola, no.

Paralelamente al concepto de diversidad conversacional, la investigación de Howard Gardner (2006, 1999, 1993) en el campo de la psicología de la educación deja claro que la inteligencia no es un concepto único y limitado, sino que cada persona tiene una serie de características propias y, por tanto, una inteligencia diferente, lo cual representa una segunda dimensión de la diversidad del aprendizaje. Estas diferencias individuales significan obligatoriamente necesidades diferentes y, en consecuencia, diversidad de espacios.

Ahora existe también la idea de que el aprendizaje tiene un componente emocional importante, en el sentido de que las emociones positivas o negativas pueden impulsarlo o dificultarlo. Jensen (2005) nos recuerda que las emociones no solo son decisivas en cuanto que motores u obstáculos en el proceso de aprendizaje, sino que siempre están ahí, conectadas a nuestro comportamiento, constantemente en tránsito. Así pues, se pone de manifiesto que la naturaleza dinámica de la necesidad es compleja e implica, como las emociones, los factores de personalidad e inteligencia. De ello resulta una multiplicidad de contextos personales de aprendizaje, que nos empuja constantemente a intentar comprender en términos empíricos qué ambientes pueden funcionar y cuáles no. Lo que determina si los espacios que creamos acaban siendo beneficiosos o perjudiciales para el aprendizaje son los efectos sutiles que estos tienen en las personas que los utilizan. Según Loris Malaguzzi, pedagogo y psicólogo italiano, el desarrollo de los niños depende de las interacciones, primero con los adultos (padres y maestros) y sus vidas, después con sus compañeros y, finalmente, con su entorno, entendiendo este último como un tercer profesor.

El cambio que se produce en las expectativas de los usuarios y en las nuevas ideas del siglo xxi en cuanto al aprendizaje conlleva un cambio también en los espacios que deberían ofrecer las bibliotecas. Lanke (2013) expresa claramente esta idea cuando dice: "Today's great libraries are transforming from quiet buildings with a loud room or two to loud buildings with a quiet room".

 

5 La importancia del espacio físico

Según dice Richard Florida (2003) en su trabajo con reuniones de grupo con personas creativas, lo que importa son las experiencias: "Experiences are replacing goods and services because they stimulate our creative faculties and enhance our creative capacities. This active, experiential lifestyle is spreading and becoming more prevalent in society".

Sobre lo que denominan economía de la experiencia, Pine y Gilmore (1999) describen una transformación de las necesidades del cliente que va de las mercancías a los bienes, después a los servicios y, por último, a las experiencias. Así, la oferta de experiencias de primera calidad debería ser una de las prioridades en el diseño de cualquier biblioteca o espacio de aprendizaje. El uso que puedan hacer los usuarios de las bibliotecas depende de la calidad y la distribución de los espacios que contiene y de los servicios que en ellos se ofrezcan. Si se quieren presentar experiencias óptimas, hace falta una planificación de los espacios y de los servicios pensada según las expectativas de los usuarios y que se adapte a sus necesidades a medida que estas cambien.

Entender las bibliotecas como experiencias es una concepción innovadora que exige un análisis riguroso de su aspecto. Florida nos recuerda que el espacio físico sigue siendo esencial para los miembros de la era conceptual y que no puede infravalorarse la importancia de concebir los edificios como experiencias. El diseñador Karim Rashid lo expresa con claridad en el punto 43 de su manifiesto: "Experience is the most important part of living, and the exchange of ideas and human contact is all there really is. Space and objects can encourage increased experiences or detract from our experiences" (Nickels, 2013).

Según este punto de vista, tenemos que dejar de operar como un servicio al cliente y debemos pasar a conocer a fondo a los usuarios de las bibliotecas y, por tanto, entender cómo las usan y qué utilidad sacan de ellas.

 

6 Ideas y tendencias: espacios de planificación abierta

La tendencia actual más común es ofrecer espacios de planificación abierta, que permiten abordar la incertidumbre del futuro con la posibilidad de reconfigurar continuamente los espacios a medida que el edificio aprende, a partir del uso que se hace de él y de las nuevas ideas que van surgiendo, qué necesidades hay en cada momento. En efecto, la flexibilidad es uno de los rasgos esenciales de estos espacios. No obstante, este modelo no está exento de críticas, basadas sobre todo en el exceso de ruido y la falta de privacidad. Pero una selección y distribución precisa del mobiliario y una ubicación determinada de las estanterías permiten reducir los niveles acústicos y crear espacios semiprivados (véase más abajo). Con este sistema, los espacios pueden rediseñarse, ya sea introduciendo nuevas estructuras y piezas de mobiliario o bien reorganizando el mobiliario (con un esfuerzo relativo) y las estanterías (con más esfuerzo) que ya hay para crear zonas de estudio en silencio, por ejemplo. Asimismo, en los casos más logrados de planificación abierta, en la implantación del modelo se ha cuidado mucho la conexión entre los diferentes espacios para evitar un tránsito innecesario por el edificio.

 

7 Variedad y flexibilidad

Desde el punto de vista del aprendizaje, un conjunto variado de espacios que tengan en cuenta las diferencias individuales, el aprendizaje conversacional y los factores emocionales reclama una nueva manera de entender qué ofreceremos en las bibliotecas y cómo lo ofreceremos. El mensaje es claro: hay tantas diferencias individuales entre los usuarios de las bibliotecas como entre las necesidades que estos tienen y que van cambiando con el tiempo. A partir de ahí, debemos diversificar los espacios que ofrecemos en las bibliotecas para que los usuarios puedan escoger el que más les interesa. Y no se trata de crear espacios aislados, sino de reconocer que somos animales sociales con aportaciones singulares y que creamos nuestro conocimiento en un sólido marco conversacional que incluye una serie de interacciones con recursos y tecnologías, por medio de la escucha, la participación, la contribución, la reflexión y la producción. El aprendizaje siempre será responsabilidad del individuo. Las bibliotecas, cuyo papel actualmente se limita a abastecer de recursos a los usuarios con sus fondos, tienen que hacer más para fomentar, estimular y alentar a los productores del conocimiento del futuro. Así pues, adaptar los espacios físicos a las actividades de los usuarios, como consumidores y productores de conocimiento al mismo tiempo, es el mayor reto al que se enfrentan las bibliotecas en esta era conceptual que acaba de empezar.

 

8 Espacios semiprivados

Entre los elementos de mobiliario que pueden colocarse en un espacio de planificación abierta están los que sirven para crear zonas semiprivadas. Lo cual puede hacerse con dos finalidades. Por un lado, puede utilizarse para proteger a los usuarios de la biblioteca de los elementos menos armónicos, como por ejemplo las máquinas expendedoras, las impresoras o los carros de los libros, que pueden aislarse con alguna estructura. Por otro, se puede utilizar para habilitar espacios concretos parcialmente separados del resto, que pueden destinarse para trabajar en ellos individualmente o en grupo como en una sala privada.

En el primer caso, se pueden crear instalaciones específicas que centralicen estos elementos, no solo para ocultarlos, sino también para mejorar el ambiente: por ejemplo, dedicar un sitio concreto a las impresoras y fotocopiadoras aísla el ruido y el desorden de las máquinas, pero a la vez genera oportunidades alternativas, como es el uso de elementos gráficos dentro de las paredes de la instalación, sin dejar de estar en un espacio abierto.

En el segundo caso, en el que se trata de separar a usuarios específicos que quieren trabajar individualmente o en grupo, a menudo se resuelve disponiendo bancos o sillas alrededor de una mesa, colocando las estanterías de tal manera que formen "paredes de libros" o instalando estructuras diseñadas especialmente para ofrecer diferentes grados de privacidad y aislamiento acústico, como por ejemplo toldos, parasoles o iglús inflables, tal como se muestran a continuación (figura 1).

 

Figura 1. Representación de los parasoles e iglús inflables del Saltire Centre, en la Glasgow Caledonian UniversityFigura 1. Representación de los parasoles e iglús inflables del Saltire Centre, en la Glasgow Caledonian University

Figura 1. Representación de los parasoles e iglús inflables del Saltire Centre, en la Glasgow Caledonian University

 

Estas estructuras semiprivadas temporales son visiblemente diferentes del resto del mobiliario de la biblioteca y, tal como indican el uso continuado que se hace de ellos y la popularidad que han alcanzado, llaman la atención de los usuarios no solo por su capacidad de reducir el ruido. Permiten organizar el espacio según un modelo planificado y son útiles en términos de flexibilidad. Así, reconocer la capacidad de las estructuras para actuar como mobiliario y la capacidad del mobiliario para estructurar los espacios supone una infinidad de oportunidades en el diseño dinámico de espacios de planificación abierta.

 

9 Flujo

A la hora de crear una variedad de espacios, sin embargo, no se trata tan solo de mirar el alcance y el equilibrio que tienen —si bien son factores importantes—, sino que también hay que estudiar cómo se relacionan y qué flujo circula entre unos y otros. Es esencial garantizar la sensación de continuidad en los espacios y, en el caso en el que se reconfigure una zona, los nuevos elementos deben quedar integrados en el conjunto. Se ha escrito mucha literatura sobre la idea de la biblioteca como tercer lugar (Oldenburg, 1999), como un espacio que no es ni el domicilio ni tampoco el trabajo pero que tiene una significación especial para los que la visitan y la utilizan. Según Mikunda (2006), la creación de un tercer lugar debería contener un hilo dorado, un flujo, que lo recorriera completamente y que invitara a los usuarios a pasearse por las instalaciones, en referencia al paseo arquitectónico de Le Corbusier (What is an architectural promenade, 2015). Con pinceladas de suspense y revelación, estos espacios a menudo tienen un elemento emblemático o una atracción principal que estimula la curiosidad: es aquella admiración que siente alguien cuando ve un espacio o un edificio nuevo y que le empuja a explorarlo. Ejemplos de ello son las obras de arte públicas, o los atrios impresionantes y el mobiliario mismo que se exhibe en ellos. El flujo facilita el recorrido del usuario por el espacio; los elementos emblemáticos y las atracciones principales les ofrecen destinos.

En resumen, el diseño de bibliotecas y espacios de aprendizaje nuevos es una tarea creativa. En vez de ampararse en la comodidad que proporciona la certeza de un espacio que repite lo que ya se sabe, los nuevos proyectos tienen que utilizar las herramientas descritas hasta ahora para experimentar y reclamar su lugar en la evolución del ecosistema bibliotecario ofreciendo una plataforma para la innovación del futuro.

 

Bibliografía

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