El regreso de las colecciones

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El regreso de las colecciones

 

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Bertrand Calenge

Jefe de Estudios
Département des Études et de la Recherche
ENSSIB École Nationale Supérieure des Sciences
de l'Information et des Bibliothèques
Université de Lyon

 

Reflexionando sobre estas palabras introductorias para la revista BiD: textos universitaris de Biblioteconomia i Documentació, he realizado un balance de veinte años de desarrollo de las políticas documentales. Veinte años que han sido agitados, sin duda, pero no hasta el punto de haber afectado las colecciones ni las prácticas de nuestros lectores. Con este balance he podido constatar transformaciones sorprendentes.

Ciertamente, no es ningún secreto que la imparable llegada de los flujos digitales, de entrada, ha trastornado la secular confianza ciega en nuestra riqueza: las colecciones; los miles de tesoros pacientemente organizados, ahora pierden el carácter de recurso indispensable. En pocos años, hemos abandonado la economía de la rareza, que convertía estas colecciones en recursos valiosos y únicos. Hemos modificado nuestro comportamiento y nos hemos preguntado sobre las razones que legitimaban la existencia y la acción de las bibliotecas. Esta experiencia cuasipsicoanalítica ha sido sin duda difícil, pero ha permitido reencontrar la auténtica función de las colecciones, su razón de ser: huellas de conocimientos cruzados y contrastados en disposiciones originales para los públicos, cuya riqueza requiere múltiples lecturas que también deben cruzarse para poder incluso existir. Esta concienciación permite reconsiderar las políticas documentales de una manera mucho más dinámica: ya no se trata de manipular entidades materiales que posee la biblioteca, sino de constituir ofertas de acceso a los conocimientos para públicos muy concretos.

Se habría podido leer en esta evolución el debilitamiento de la importancia de las colecciones como conjuntos localizados y estructurados. Pero la enormidad de los datos digitales que se van multiplicando en las redes ha planteado la necesidad de pensar en una estructuración inteligente. Y el antiguo oficio de los bibliotecarios de organizar y estructurar los datos de información vuelve a ser una ventaja indiscutible, hasta el punto que los gigantes de la web solicitan tanto sus técnicas como incluso a los mismos bibliotecarios. Por otro lado, los bibliotecarios han sabido apropiarse de las nuevas técnicas y los nuevos lenguajes (en particular, el XML) para repensar sus colecciones, ahora, por fin, digitalizadas, y dedicarse a conseguir las configuraciones más prometedoras. Cuando el alud de la web amenazaba la existencia misma de las colecciones, las bibliotecas digitales demostraron su carácter indispensable, innovador, significativo. Me impresiona ver hasta qué punto se recurre a la creatividad para proponer bases de datos tan ricas como Gallica, Hathi Trust, Online Gallery de la British Library, o Numelyo en Lyon.

Administrar una colección vuelve a ser un arte esencial, que se nutre a la vez de conocimientos técnicos y de exigencia intelectual, al servicio de una mediación que ha resultado central, tanto si afecta al patrimonio digital como a las colecciones aún vivas. Y es cuando se basan en estas colecciones que los bibliotecarios pueden repensar los nuevos objetos de lectura vehiculados por Internet (músicas, libros nativamente digitales, películas, etc.) para integrarlos en su oferta revisitada. Pero hay un punto que debe considerarse: para construir estas famosas bibliotecas digitales, los bibliotecarios se han basado en el único material que tenían disponible sin restricciones: el patrimonio que ellos administran desde hace generaciones. Totalmente libre de derechos, de dominio público, este patrimonio es la fuente valiosa de una información y de un conocimiento accesible sin límites, hecho que no se da en la producción contemporánea.

En efecto, las bibliotecas están ahogadas por una oferta comercial inadaptada a los usos de las bibliotecas y a los intereses del gasto público. Hasta finales del siglo xx, la situación era relativamente simple: las bibliotecas obtenían la plena propiedad de un ejemplar de una obra y después esperaban que caducaran los derechos de autor y derechos derivados ligados a la obra, antes de disponer de ella plenamente a través del ejemplar que poseían. Mientras tanto, negociaban —a veces encarnizadamente: ¡pensad en los debates europeos sobre el derecho de préstamo!— la puesta a disposición al público. Hoy en día, el modelo económico de la producción editorial contemporánea no les permite casi nunca adquirir realmente un ejemplar digital de una obra, sólo negociar el derecho de acceso, temporal y costoso. Y, paralelamente, los editores presionan para que la fecha de entrada de la obra mencionada en el dominio público sea cada vez más retrasada, para asegurarse de este modo una renta prolongada, sin que las bibliotecas puedan disponer -ni siquiera a la larga-con seguridad de los ejemplares que poseen.

La era del acceso, fuente de beneficios, tiende a reducir la parte de la información pública que defienden las bibliotecas. Nuestra inmensa biblioteca patrimonial, que ya se ha convertido en mundial, la que pertenece al ámbito de la propiedad colectiva de la humanidad sin que ningún interés particular pueda controlar su uso y la apropiación, esta gran biblioteca ¿se privará de las nuevas obras nativamente digitales? Ciertamente, el depósito legal sigue vigente, pero con unas condiciones de acceso que sólo pueden ser un obstáculo para la ambición de una oferta de conocimiento accesible a toda la población. La era digital nos enseña que, de hecho, la auténtica riqueza de las bibliotecas se fundamenta en el que constituye el bien común, es decir, el dominio público, y este dominio público es el que ahora no tan sólo debemos promover, sino defender contra la voracidad del mercado.

Hay que resistir, luchar, convencer, y persuadirnos que, tanto en versión impresa como en formato digital, "la pensée est plus impérissable que jamais; elle est volatile, insaisissable, indestructible. Elle se mêle à l'air. [...] Maintenant elle se fait troupe d'oiseaux, s'éparpille aux quatre vents, et occupe à la fois tous les points de l'air et de l'espace". (Victor Hugo, Notre-Dame de Paris).

Cita recomendada

Calenge, Bertrand (2013). "El regreso de las colecciones". BiD: textos universitaris de biblioteconomia i documentació, núm. 30 (juny) . <http://bid.ub.edu/es/30/calenge.htm>. DOI: http://dx.doi.org/10.1344/BiD2013.30.5 [Consulta: 27-09-2020].


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