Comunicar con perspectiva de género: una tarea inconclusa en las dos orillas del «charco»

 

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Zuliana Lainez Otero

Vicepresidenta de la Federación Internacional de Periodistas y de la Federación de Periodistas de América Latina y el Caribe (FEPALC)
Presidenta de la Asociación Nacional de Periodistas del Perú (ANP)

 
 

 

 

La ausencia del enfoque de género en la cobertura informativa puede responder a dos razones: morbo —en la que medios y plataformas informativas capitalizan lo atractivo que puede resultar algo desagradable, cruel, prohibido o que va contra la moral establecida— o falta de conocimiento o formación de las y los periodistas o fotoperiodistas —las facultades de comunicación o escuelas de periodismo no tienen incorporado en las mallas de la educación básica la formación en enfoque de género en las noticias; generalmente los periodistas nos formamos en género fuera de las aulas, cuando ya estamos en actividad—.

Tal como señala ONU Mujeres, "los medios de comunicación y las y los periodistas cumplen un papel clave en la prevención de la violencia contra las mujeres y niñas. Por un lado, una buena cobertura puede dar visibilidad y poner en la agenda pública los temas y causas sociales importantes, así como sensibilizar a la población y a las/los tomadores de decisión sobre la magnitud, causas y consecuencias de la violencia contra las mujeres, fomentando la creación y puesta en marcha de leyes, políticas públicas, programas e iniciativas para avanzar en la prevención, atención y sanción de la violencia".

La indignación generalizada frente a coberturas escandalosas —más notable en época de viralización en redes sociales— y las consecuencias de las malas decisiones editoriales han llevado a varias redacciones a incorporar la figura de editoras de género —como sucedió en Perú en 2020 y de la que Argentina es pionera—. Un paso importante para incluir la perspectiva de género de manera integral, al establecer una función editorial, que no solo trabaje como un filtro de calidad con los textos, sino también con las fotos y otro material audiovisual. Particularmente, la parte gráfica ha sido la gran olvidada en el enfoque de género. Textos respetuosos de este enfoque han colisionado con imágenes revictimizantes. Lo sugestivo es que, a pesar del aporte de una editora de estas calidades, solo el diario La República —en el caso peruano— la ha incorporado. No se ha producido el efecto de "imitar lo bueno" en ningún otro medio, incluidos los medios del Estado.

En América Latina algo más de recorrido hay en el desarrollo de esa figura en las redacciones. Esta surgió con el fin de garantizar que el contenido deje de promover estereotipos y analice las razones estructurales que hay detrás de la violencia contra las mujeres. La periodista Isabel Gonzales Ramírez señala con acierto que, en 2017, The New York Times se convirtió en la primera redacción en crear un puesto de edición de género. El diario El País (España) hizo lo mismo en 2018. En América Latina, el periódico brasileño Folha de São Paulo y las publicaciones argentinas Infobae y Clarín crearon nuevos puestos editoriales dedicados a la diversidad y el género en 2019.

Pero, incluso antes, ya se habían fundado medios de comunicación autodenominados feministas, como la revista Pikara (2010) en España, Cosecha Roja (2010) en Argentina y Agência Pública (2011) en Brasil. Desde 2017 numerosas iniciativas periodísticas feministas y de género han surgido en la región, como La Periódica, Latfem, Volcánica, Kaja Negra y Managua Furiosa, entre otras.

Hoy, frente a esos desarrollos, una tarea esencial es tender puentes entre editoras de género de uno y otro lado del "charco", para compartir desafíos en una actividad que aún mantiene resistencias en regiones en las que la cultura machista visible o invisiblemente impera.

Esa cultura machista es aún más evidente cuando medimos la presencia de las mujeres en los espacios de dirección de los medios de comunicación. El denominado techo de cristal es un "techo de concreto" en regiones como la latinoamericana-caribeña, en la que la profesión está feminizada en las aulas, sin traducirse ello en cargos de dirección de los medios. Una investigación publicada en 2018 por Comunicación para la Igualdad (Chaher; Pedraza, 2018) señala que en Argentina el 64 % de las personas que estudian comunicación son mujeres. Pero a la hora de llegar a trabajar en los medios los números se invierten: son apenas el 30 % en las empresas periodísticas. En la representación gremial pasa lo mismo: solo el 24 % de las personas afiliadas a sindicatos de prensa son mujeres. La mayor brecha de género aparece en los lugares de decisión y en puestos jerárquicos: el 78 % de los medios están dirigidos por varones, al igual que el 70 % de los sindicatos de comunicación.

El nacimiento de los medios digitales ha reconfigurado el escenario —en cuestión de género en los liderazgos—. Casi la mitad de los medios digitales son fundados y dirigidos por mujeres (según el estudio de 2017 "Punto de inflexión" de SembraMedia, el 40 % de los medios nativos digitales en Latinoamérica fue fundado por periodistas mujeres). Esto genera mayor equilibrio en la foto, pero evidencia una realidad: las mujeres tenemos que fundar nuestros medios para poder dirigirlos.

El último reporte de 2020 del Proyecto de Monitoreo Mundial de Medios (GMMP, por sus siglas en inglés) precisa que se requieren 67 años para cerrar la brecha promedio de igualdad de género en los medios de comunicación.

Entre las buenas prácticas, que las hay, es indispensable destacar como pionera en el mundo la Ley 27635 sobre equidad de género en los medios de comunicación, aprobada en 2021 en Argentina y que busca promover en medios públicos y privados la igualdad real de derechos, oportunidades y trato de las personas, sin importar su identidad de género, orientación sexual o su expresión. En el caso de los medios públicos, la equidad es obligatoria en todos los estratos de la planta del personal. Además, se establece un cupo de 1 % de personas transgénero, transexuales, travestis. En los medios privados se establece un régimen de promoción.

Junto con los progresos en la incorporación del enfoque de género en el periodismo ha surgido una corriente de periodistas feministas, que tomaron mayor visibilidad a partir de las movilizaciones del Ni Una Menos y el 8M en todo el mundo. Entre quienes vienen del periodismo más clásico, autoidentificarse como periodista feminista contraviene el mantener alejado el activismo de la práctica periodística. Para quienes abiertamente abrazan el periodismo feminista, esa disyuntiva entre activismo y periodismo es falsa porque no hay forma de entender el periodismo sin la toma de posición por los derechos humanos, la equidad, la igualdad y el cierre de brechas. El impulso de un periodismo que hace hincapié en las demandas de las mujeres y otras poblaciones como la LGBTI+ sigue creciendo a contrapeso de los grupos conservadores y antiderechos que se visibilizan en varios de nuestros países.

Hoy, el periodismo con enfoque de género, el periodismo feminista, necesita construir una agenda transnacional y colaborativa no solo para desarrollar mejores prácticas profesionales, sino para identificar situaciones particulares de riesgo. La violencia en línea y fuera de línea es uno de los mayores desafíos y frente a ella deben asumir responsabilidad las plataformas digitales, los Estados y las empresas periodísticas.

El papel de las universidades también es esencial. Desde la formación en el tuétano de la profesión —dándole a la formación en enfoque de género igual peso que el que tienen otras materias medulares en la carrera— y estimulando a abordar los desafíos de esta desde el plano investigativo en pregrado y posgrado.

Esta no es solo una tarea del periodismo feminista, es una deuda pendiente de la prensa generalista: las coberturas no sexistas, iguales condiciones para acceder a cargos de responsabilidad a hombres, mujeres y diversidades, medidas para una real conciliación familiar, asumir el impacto que tiene el acoso a las mujeres periodistas en su progreso profesional y abordarlo como un tema de salud y seguridad en el trabajo.

 

Bibliografía

Argentina (2021). "Ley 27635, Equidad en la representación de los géneros en los servicios de comunicación de la República Argentina". Boletín Nacional, 08-jul-2021. <https://www.argentina.gob.ar/normativa/nacional/351817/texto>. [Consulta: 13/10/2022].

Chaher, Sandra; Pedraza, Virginia (ed. y coord.) (2018). Organizaciones de medios y género: igualdad de oportunidades para mujeres y personas LGTTBIQ+ en empresas, sindicatos y universidades. Córdoba: FUNDEPS; Buenos Aires: Asociación Civil Comunicación para la Igualdad.
<https://comunicarigualdad.com.ar/organizaciones-de-medios-y-genero/>. [Consulta: 13/10/2022].

GMMP (2020). 6th Global media monitoring project: Who makes the news?. <https://whomakesthenews.org/wp-content/uploads/2021/07/GMMP2020.ENG_.FINAL20210713.pdf>. [Consulta: 13/10/2022].

González Ramírez, Isabel (2020). "Por qué tener editoras de género". IJNet (14 enero 2020). <https://ijnet.org/es/story/por-que-tener-editoras-de-genero>. [Consulta: 13/10/2022].

ONU Mujeres (2020). Promoción de Editoras de Género.
<https://jobs.undp.org/cj_view_job.cfm?cur_job_id=94051>. [Consulta: 13/10/2022].

SembraMedia (2017). Punto de inflexión. Impacto, amenazas y sustentabilidad: estudio de emprendedores de medios digitales latinoamericanos.
<https://data.sembramedia.org/wp-content/uploads/2017/09/Punto-de-Inflexion-SembraMedia-span-7-24.pdf>. [Consulta: 13/10/2022].

 

 

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