‘Storytelling’, redes sociales e historias de vida

 
 

 

Se puede considerar que las formas narrativas favorecidas por los contextos digitales —a veces en transformación, otras en continuidad y otras en remediación— han puesto de nuevo en primer plano la propuesta de Walter Benjamin en su ensayo de 1936 Die Erzähler (traducido al inglés como The Storyteller y en castellano como El narrador). En este ensayo, Benjamin destacaba las características distintivas de un modo de contar historias que tiene su origen en las tradiciones orales, y que quedaban en ese momento ya claramente diluidas ante la popularización de narrativas formales, conectadas con las industrias culturales, como la novela o el cine, en los que la esfera de la creación y la del consumo aparecen desvinculadas. Para Benjamin, esta separación descontextualizaba el acto de contar historias, con lo que se perdía su dimensión de práctica comunitaria, de experiencia compartida en la que las personas participantes podían contribuir y aprender.

Por este motivo, utilizar el anglicismo storytelling nos sirve para identificar una práctica narrativa situada, contextualizada, en la que no es solo importante el texto o el objeto narrativo, sino también el lugar, el momento, la temporalidad, las personas participantes, los objetos materiales e inmateriales que la conforman (desde soportes a plataformas o algoritmos) y los procesos de interrelación que tienen lugar durante el acto de contar una historia. No se trata, por tanto, de observar simplemente nuevas formas narrativas, sino que la mirada del storytelling también conlleva una aproximación distinta a los fenómenos narrativos. Así, por ejemplo, en el contexto de las redes sociales resultará tan importante el contenido como la conversación que tenga lugar, a lo largo del tiempo, en forma de comentarios, menciones, hashtags, valoraciones, hilos, reinterpretaciones, ubicaciones, cifras de seguimiento y otras posibles manifestaciones intertextuales.

Entre los múltiples cambios que esto implica, queremos destacar sobre todo tres aspectos que consideramos fundamentales. En primer lugar, la noción de autoría cerrada propia de la narrativa clásica se difumina en favor de una autoría más distribuida, algo que arrancó en el cambio de siglo con la llegada de las narrativas hipertextuales. En segundo lugar, y acentuada por las redes sociales, la dimensión de las historias se hace mucho más fluida y variable. Esto permite que nos fijemos en otro tipo de historias más cotidianas, informales, abiertas, efímeras, aparentemente triviales, a las que desde otras perspectivas no prestaríamos atención: una breve historia de vida compartida, una anécdota que conecta unas personas con otras, una historia destinada a desaparecer al cabo de unas horas por el propio diseño de una plataforma. Experiencias vitales expresadas en forma narrativa, en línea de los que Georgakopoulou (2017) define como "pequeñas historias". Y, finalmente, en el otro extremo, las historias pueden desbordar un único medio o forma de expresión, abrirse a formas híbridas y multimodales propias de las conocidas como "narrativas transmedia", que más allá de su diversidad en cuanto a elementos conectados a un mundo narrativo mantienen una estrecha relación con su público.

Aproximarnos a las historias desde esta perspectiva amplia ayuda a preguntarnos, y a intentar responder, cómo y por qué se cuenta una historia en un momento determinado. Y cómo se explica en un contexto particular, en función de su público, el momento o lugar elegidos, o el objetivo que se persigue. Porque, como indican Moezzi, Janda y Rotman (2017), "[l]a 'misma' historia se puede explicar de maneras muy distintas según la ocasión, incluso por parte del mismo narrador, lo que cuestiona la noción de historias como puntos de datos estables". Esta es la aproximación que hemos querido dar al monográfico Storytelling, redes sociales e historias de vida.

El monográfico que presentamos ha sido una oportunidad para poder conectar el hecho narrativo con dos disciplinas con las que dialoga de forma muy directa y entre las que se encuentra a caballo, la comunicación y la información. Esto se refleja en el papel de las personas participantes, la complejidad y vitalidad de las historias y la redefinición de los espacios de autoría y recepción. Así, nos encontramos con actos narrativos que reflejan el carácter informal, efímero y multimodal de las historias en redes sociales, como es el caso de la contribución "Yo creo que El Greco se está 'hasiendo' la 'vístima': transmedia y 'storytellling en TikTok en el Museo del Prado" de Álvaro Martín, o el storytelling como espacio para compartir historias colectivas de impacto social como muestra "Denuncia y autodefensa de acoso sexual y violencias en Uber: historias de usuarias en Twitter y Tiktok" de Fernanda Pires, Júlia Vilasís-Pamos, Ona Anglada-Pujol y Maria-José Masanet. Otros artículos del monográfico centran su atención en la construcción narrativa de perfiles divulgativos pero que aspiran a la profesionalización, como en el caso de los health foodies, convertidos en celebridades y prescriptores de alimentos saludables ("'Health foodies' como prescriptores saludables, gastronómicos y publicitarios" de Cristina Aznar-Íñiguez y Jesús Segarra-Saavedra). Finalmente, la importancia de las pequeñas historias cotidianas se recogen en la contribución "Implicaciones de las nuevas prácticas de publicación en medios digitales para la creación de relatos digitales personales" de Marc Fuentes-Alpiste, Núria Molas-Castells, Jordi Quintana y Miguel Herreros, en el ámbito educativo y, en el contexto de las bibliotecas públicas, "Apuntes para una visión crítica de las Bibliotecas Humanas dentro de la función social de la biblioteca pública" de Sergi Draper, que define la función social de la biblioteca pública y analiza el papel de las bibliotecas humanas en el desarrollo de dicha función.

Por último, en el apartado "Experiencias" se incluyen dos aportaciones en las que las tipologías de unidades de información, las bibliotecas públicas y los archivos se convierten en el canal para dar voz a la narración. La primera experiencia, "La Biblioteca Humana en los Países Bajos: un exitoso intercambio de historias", de Anne van den Dool, recoge los resultados de una investigación sobre los efectos de las bibliotecas humanas no solo en sus protagonistas, sino también en las personas-usuarios que los leen. La segunda, "Un nuevo reto para la gestión de los documentos: la gestión de la memoria ciudadana", de Núria Postico, muestra la actuación llevada a cabo por el Archivo Municipal de Barcelona para recoger, tratar y conservar la documentación resultado de las diversas muestras de solidaridad y duelo a raíz de los atentados del 17 de agosto de 2017 en las Ramblas de Barcelona, con el objetivo de preservar su memoria y hacerla accesible.

Por toda esta variedad de prismas a partir de los cuales observar y valorar en su contexto la función del storytelling en la comunicación contemporánea, os invitamos a leer y disfrutar del presente monográfico. ¡Buena lectura!

Este monográfico y la tribuna que le sirve de introducción están conectados con el proyecto de investigación Culturas narrativas: storytelling digital, acción social y creación de públicos (D-Stories, RTI2018-098417-B-I00).

Bibliografía

Benjamin, Walter (1991). El narrador. Madrid: Editorial Taurus.

Georgakopoulou, Alexandra (2017). "Small stories research: A narrative paradigm for the analysis of social media". En: Luke Sloan (ed.). The Sage Handbook of social media research methods. Beaverton, Estados Unidos: Ringgold, p. 266–281. <https://doi.org/10.4135/9781473983847.n17>.

Moezzi, Mithra; Janda, Kathryn B.; Rotmann, Sea (2017). "Using stories, narratives, and storytelling in energy and climate change research". Energy Research & Social Science, vol. 31, p. 1–10. <https://doi.org/10.1016/j.erss.2017.06.034>. [Consulta: 01/04/2022].

 

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